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13-10-2014 : Punto/Contrapunto: 2ª parte

Una propuesta contra el comercio legal de marfil llevará al asesinato de más elefantes

Los partidarios de suavizar la prohibición mundial sobre el marfil ignoran el hecho de que fue un mercado legal de marfil el que llevó a los elefantes a la extinción hace solo unas décadas. Lo que se necesita ahora no es un mercado de marfil legal, sino mejorar la regulación y aplicación de la prohibición existente.

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Existen ciertas verdades universales sobre cualquier negocio. El negocio legal de cualquier producto proporciona un mecanismo de blanqueo para los productos ilegales. Por ejemplo, existe un comercio masivo de tabaco y alcohol en el mercado negro que genera millones de dólares para los criminales. Y cualquier comercio llega consigo el deseo de maximizar los beneficios y aumentar la demanda, lo que inevitablemente lleva a su vez al marketing destinado a estimular la demanda y aumentar las ventas.

Pero el marfil no se puede hacer crecer en plantaciones ni puede madurar en destilerías, cuando existe una demanda creciente en el mercado. Únicamente se puede obtener de elefantes muertos.

Defender el comercio legal del marfil como una forma de proteger a los elefantes salvajes se basa en suposiciones de voluntad política, mejores prácticas y cumplimiento estricto en un mundo libre de corrupción y ambición. Sin duda alguna, la realidad queda lejos de esta visión.

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Arno Meintjes/Flickr

Elefantes en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica.

Sin tener en cuenta si se está a favor o en contra del comercio de marfil, vale la pena recordar que hace solo cuatro décadas ya existía un floreciente comercio legal de marfil, pero estaba tan fuera de control que los elefantes en África estuvieron a punto de extinguirse.

Cualquier esfuerzo para regular ese comercio fracasó. Y debido a este fracaso, en 1989 se adoptó la prohibición internacional sobre el comercio de marfil bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), lo que dio un respiro a muchas poblaciones de elefantes y permitió así su recuperación. Cayó el mercado de marfil, disminuyó su comercio y —aunque fuera por menos de una década— se respetó completamente la prohibición.

Pero en 1999, CITES acordó permitir una venta “experimental” a Japón del marfil que había almacenado. Esta decisión produjo un sentimiento general de que la prohibición dejaba de ser efectiva. En la convención CITES de 2002, China culpó a la decisión de 1999 de confundir a la gente y señaló la venta “experimental” como la principal causa de la creciente cantidad de marfil ilegal que entraba en sus propias tierras.

Los propios comerciantes coinciden en que la cantidad de comercio legal de marfil no cubre la demanda actual.

Hacia el 2005, China decidió que también quería una parte del pastel y empezó a hacer campaña a favor de otra venta del marfil almacenado de la que se beneficiaría. La caza furtiva había empezado a aumentar, así como la cantidad de incautaciones a gran escala de marfil ilegal, muchas de las cuales iban destinadas a China. Con el contexto de fondo de la crisis por el aumento de la caza furtiva, la CITES acordó una nueva venta en 2008, esta vez tanto a China como a Japón.

Uno de los argumentos a favor del comercio ha sido que si se dispone de un suministro regular de marfil, se proporciona seguridad a los comerciantes, ya que se elimina el incentivo que representa la búsqueda ilegal de piezas. A todos los efectos, eso es lo que estipulaba la venta de 2008. De hecho, el gobierno chino decidió limitar la comercialización de sus 60 toneladas o más de marfil a 5 toneladas al año hasta el 2016-2017. Pero en marzo de 2013, representantes chinos afirmaron en la convención CITES que necesitaban 200 toneladas de marfil al año para satisfacer la intensa demanda de productos elaborados con esta substancia en China.

¿Qué cantidad es suficiente? Los propios comerciantes coinciden en que la cantidad de comercio legal de marfil no cubre la demanda mundial actual. Y esta demanda sigue aumentando.

PUNTO

Una propuesta a favor del comercio legal de marfil: podría ayudar a detener la masacre

El autor John Frederick Walker argumenta que una revocación parcial de la prohibición sobre el comercio de marfil beneficiaría a los elefantes de África ya que crearía un comercio legal que reduciría la demanda de marfil ilegal y disuadiría a la caza furtiva.

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Pensar que el marfil de los elefantes de África gracias a la mortalidad natural y prácticas de gestión puedan cubrir esa cantidad es ingenuo. Actualmente, la mayoría de países de África con poblaciones de elefantes se oponen al comercio de marfil. Si el suministro legal se basa en el suministro de unos pocos países que apoyan el comercio, las poblaciones de los países que se oponen al comercio seguirán siendo objetivo de dicho mercado ilegal, que seguirá progresando.

Esto estaría ocurriendo en un momento en el que las poblaciones de elefantes de África se enfrentan a otras amenazas, especialmente a la pérdida de su hábitat y al cambio climático, y parece casi inevitable que el número de elefantes disminuya como resultado de todos estos factores.

La venta de 2008 fue un importante punto de inflexión. A pesar de las pruebas que indicaban lo contrario, China convenció a la comunidad internacional de que había desarrollado un sistema de registro y control sólido sobre el marfil que aseguraría que no entrara marfil ilegal en el mercado legal. La comunidad internacional también creyó que inundando el mercado con marfil barato no habría nada que siguiera motivando el comercio ilegal. La esperanza era que esto pusiera fin a la caza furtiva, que se encontraba en un momento de crisis en sitios como el sud de Tanzania.

Nada más lejos de la verdad. El marfil almacenado de cuatro países se subastó y fue adquirido por una media de 160 $ el kilogramo por China y Japón. En China, este marfil legal se vendió a comerciantes y distribuidores autorizados a un precio desde 450 $ hasta 1.500 $ el kilogramo. Una vez llegó a las tiendas minoristas autorizadas, parte del marfil se vendió por el equivalente a 7.000 $ el kilogramo aproximadamente. En 2010, yo mismo vi un colmillo pequeño pulido —no esculpido— en una tienda Friendship en Guangzhou propiedad del gobierno chino por 35.000 $. Lo acompañaba la documentación correspondiente en la que constaba su peso: 5,2 kg. En la misma tienda había otros ejemplares con precios en la misma línea.

El hecho de que sea difícil hacer cumplir algo no significa que la solución sea legalizarlo.

El comercio de marfil ilegal tiene una alta rentabilidad y bajo riesgo, y los criminales actúan con impunidad en la mayoría de casos. El lobby pro-comercio puede argumentar que el intento de regular de forma efectiva este comercio ha fracasado. Pero con ello se asume que la legislación sobre la fauna y otras leyes relacionadas realmente se cumplen. Pero claramente no es así. Sin embargo, el hecho de que sea difícil hacer cumplir algo no significa que la solución sea legalizarlo, ya que eso solo sirve para legitimar a los criminales, puesto que serán esos mismos criminales quienes se dedicarán al comercio legal y buscarán la manera de incrementar la demanda.

Los mercados legales paralelos presentan un tremendo reto. El sistema chino de regulación y control sobre el marfil, ampliamente anunciado, ha resultado ser un fracaso monumental y finalmente se ha reconocido como tal. Existen pruebas documentadas del abuso generalizado del sistema de comercio legal en China. La asignación gubernamental del suministro legal a propietarios de empresas autorizadas es limitada, de modo que incluso los comerciantes autorizados por el gobierno infringen el sistema. En 2011, descubrieron que un comerciante autorizado chino utilizaba su licencia oficial para encubrir marfil ilegal a través del sistema.

¿Cómo distinguen las autoridades el marfil legal del ilegal?

Esta es una pregunta para la cual los partidarios del marfil legal no tienen respuesta alguna. Está claro que los sistemas jurídicos y reguladores actuales no funcionan.

Los mercados legales también conllevan unos costes. Estos costes incluyen la administración, el proceso de los sistemas de registro y control, la producción de trámites y permisos, y el coste de la implementación, la aplicación y persecución. Estos costes se incluyen en el precio del producto, lo que incrementa los precios, que al final se cargan al consumidor.

¿Cómo distinguen las autoridades el marfil legal del ilegal?

Las prohibiciones también tienen un coste. Pero son más directas e inequívocas. Si se prohíbe un producto, todo el mundo sabe que, por definición, si está en el mercado es ilegal. El trabajo del personal encargado de hacer cumplir la ley —policía, agentes de aduana, reguladores del comercio y poder judicial— se simplifica al instante.

A veces las tradiciones o los comportamientos a los que dábamos mucha importancia se convierten en insostenibles o perjudiciales, ya sea para una sola persona o para la gran mayoría. Si valoramos un futuro con elefantes libres, en lugar de gastar recursos escasos para crear mecanismos comerciales poco realistas para salvarlos, lo que debemos hacer es centrar nuestros esfuerzos y recursos en implementar los compromisos adquiridos para mejorar su protección y las leyes a todos los niveles. Y quizás aceptar que, en los tiempos que corren, el precio final que hay que pagar para que haya un mercado de marfil es demasiado alto.

Es hora de cambiar las palabras por acciones aplicadas por ley, no por extinción.

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Mary Rice

Mary Rice es directora ejecutiva de la Environmental Investigation Agency (EIA), una organización de defensa. Trabaja en la EIA desde 1996, año en el que empezó como voluntaria. Rice se encarga de dirigir la gestión estratégica a largo plazo de la EIA y encabeza su campaña a favor de los elefantes.