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13-10-2014 : Punto/Contrapunto: 1ª parte

Una propuesta a favor del comercio legal de marfil podría ayudar a detener la masacre

Aunque la mayoría de ecologistas se oponen a ello, permitir el levantamiento parcial de la prohibición de comercializar con marfil beneficiaría a los elefantes de África. Con el control adecuado y la aplicación de la ley, el comercio legal podría terminar con la demanda ilegal de marfil y disuadir a los cazadores furtivos, culpables de diezmar la población de elefantes del continente.

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Como persona que se preocupa por los elefantes, me resulta muy duro leer sobre la cantidad de estas magníficas criaturas asesinadas actualmente en África por sus colmillos, y más duro es aún ver imágenes de sus cuerpos desplomados y sus caras marcadas por el paso de la motosierra. Como muchos otros, creo firmemente que a menos que se haga algo para detener tal carnicería, los elefantes acabarán desapareciendo de la mayoría de sus hábitats tradicionales.

No hay demasiadas dudas sobre qué es lo que origina esta alarmante matanza ilegal: el exceso de demanda de colmillos de elefantes en Asia, especialmente en China, país con un mercado legal de marfil caracterizado en las decrecientes existencias del gobierno. Pero China tiene un mercado ilegal mucho más grande que satura el comercio legal y absorbe la mayoría de la exportación de marfil extraído furtivamente de África.

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USFWS

Todo este marfil confiscado formaba parte de unas reservas que el gobierno de los Estados Unidos destruyó el año pasado.

Las recientes respuestas al reto de la caza furtiva han sido varias, desde el fortalecimiento de la protección de las manadas en África hasta el aumento de la vigilancia en los puertos, medidas más estrictas contra los contrabandistas y el uso de perros rastreadores en los aeropuertos. Es cierto que son bien intencionadas, pero no bastan para detener las matanzas. ¿Qué más se puede hacer? Aunque puede parecer contradictorio, lo que se necesita es un mercado legal de marfil organizado para poder acabar con la demanda de marfil ilegal, actualmente cubierta por las redes criminales, desde los campos de matanza hasta las tiendas de venta al por menor.

Puesto que en África debe haberse asesinado a unos 100.000 elefantes entre el 2010 y el 2012, lo lógico sería que la mayoría de ecologistas estuvieran abiertos a cualquier posible estrategia para reducir la caza furtiva. Pero los defensores de los elefantes se oponen a la idea de suprimir la demanda de marfil ilegal levantando parcialmente la prohibición del comercio internacional, que la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas) impuso en 1990. Muchos de ellos han aceptado una emotiva agenda más simplista contra el marfil, perfecta para recaudar fondos pero totalmente inadecuada para hacer frente a la realidad mundial.

Si no existiera la caza furtiva, aun habría suministros de marfil procedentes de los elefantes que mueren por causas naturales.

Reabrir el comercio legal de marfil a nivel internacional va totalmente en contra de la opinión general, y aún más de la ideología, de que el comercio de colmillos debería estar siempre prohibido en todo el mundo. Cualquier propuesta de comercio se denuncia como algo que divide y desvía del camino y amenaza con debilitar el objetivo de una prohibición a nivel global.

Pero ¿es realista —y deseable—la prohibición del comercio de marfil? El marfil ha sido objeto de comercio desde la prehistoria, y su uso está profundamente arraigado en muchas culturas. Su atractivo puede disminuir, pero no desaparecerá. Prohibir el comercio legal de marfil aumentará su demanda en el mercado negro, dejando el comercio únicamente a manos de los criminales.

Ni demonizar el marfil promoviendo la cuestionable destrucción de las existencias nacionales de marfil, o bien acabando con las anteriores ventas de marfil legal en los Estados Unidos, la Unión Europea y otras partes, ni exigiendo la eliminación de las obras de arte hechas con marfil de las colecciones públicas: ninguna de estas acciones ha conseguido reducir la caza furtiva, al contrario, incluso puede que la hayan incrementado.

Los adversarios del comercio de marfil basan su postura para prohibir el marfil en el lema engañoso de que “tras cada pieza de marfil hay un elefante muerto”. Con eso, el público asocia “muerto” con “asesinado”, y no siempre es así. Analicémoslo: si no existiera caza furtiva, aún habría una cantidad considerable de marfil procedente de los elefantes muertos por causas naturales.

¿Cuánto de ese marfil libre de culpa, es decir, sin caza, está disponible? Una población de elefantes libre de explotación produce, aproximadamente, 0,2 kilogramos de marfil por animal y año. La caza furtiva, junto con la dificultad de recuperar los colmillos de entre los arbustos, reduce la cantidad obtenida. Aun así, se encuentran unas 20 toneladas al año, las cuales se guardan en almacenes de los parques de los estados del África subsahariana con población de elefantes.

Puesto que al recopilarlo no se dañó a ningún elefante, la CITES considera legales dichas reservas de marfil, junto con el marfil procedente de elefantes eliminados por razones justificables de gestión (como el control de animales que causan problemas), lo que contribuye a aumentar las reservas africanas con aproximadamente la misma cantidad anual. Ningún “marfil de sangre” recuperado de los cazadores furtivos puede venderse bajo las leyes de la CITES, que es como debería ser; por desgracia, los centenares de toneladas de marfil legal y libre de culpa tampoco pueden venderse porque los gobiernos firmantes de la CITES no pueden saltarse la prohibición comercial actual.

CONTRAPUNTO

Una propuesta contra el comercio legal de marfil llevará a más matanzas
La ecologista Mary Rice argumenta que los partidarios de levantar la prohibición mundial de comercio con marfil ignoran el hecho de que fue el mercado legal de marfil el que llevó a los elefantes a la extinción hace solo unas décadas.
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Esto es una tragedia para los africanos, que no pueden beneficiarse de una fuente natural propia, y también para los elefantes, que podrían beneficiarse de ello si hubiera nuevos ingresos destinados a programas de conservación, actualmente sin fondos.
Esa es la razón por la que CITES está estudiando las implicaciones de reanudar el comercio de marfil y ha invitado a las partes interesadas a compartir su opinión. El asunto volverá a tratarse en la próxima reunión, que tendrá lugar el 2016 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

Los activistas alarmados por dicha posibilidad argumentan que la demanda de marfil no puede controlarse y el suministro sostenible de marfil nunca será suficiente. Pero la demanda de cualquier material se puede manipular, determinar y gestionar mediante leyes y con una educación destinada a estigmatizar el uso ilícito de marfil. La certificación tecnológica (a través de tests de ADN), el rastreo, el registro y los impuestos de las ventas legales de marfil —combinado con acciones efectivas para criminalizar el tráfico, el blanqueo de capital, las ventas y posesiones ilegales de marfil— pueden ser de gran ayuda para conseguir reducir el tráfico ilegal de colmillos.

Al igual que los regímenes reguladores de todo el mundo que permiten y controlan el consumo legal de alcohol, tabaco y drogas, y que al mismo tiempo han eliminado los usos ilegales, un sistema de comercio de marfil bien gestionado sería autorregulador y gravaría fuertemente los productos finales de marfil para hacer caer la demanda de los consumidores. El dinero de estos impuestos podría ayudar a financiar las leyes, la educación y la conservación en los países de origen.

El comercio legal de colmillos no significa volver al sistema fácilmente abusivo de cuotas que la CITES estableció antes de la prohibición de los años 80. Tampoco sería un sistema stop-and-go de ventas únicas, como el que hubo en 1999 y 2008, que fracasó porque no había garantías de un suministro continuado para los compradores.

En lugar de eso, el comercio estaría basado en subastas regulares de marfil legal procedente de países de África con poblaciones estables de elefantes y suficientemente motivados para organizar sistemas fiables de recuperación y almacenamiento. Los países compradores se limitarían a los que tienen leyes transparentes y la misma motivación de prevenir el tráfico ilegal. La CITES podría revocar el estatus de comprador o vendedor de un país en cualquier momento.

La mejor solución apelaría al interés propio de la nación para sacar partido del marfil, sin matar a los elefantes.

¿Y qué hay de la afirmación que el marfil legal simplemente ofrece una tapadera al marfil ilegal? Eso es lo que ocurre en los países en los que las leyes son tolerantes (como, principalmente, China).

Y relacionado con dicha afirmación también se dice que el comercio legal no puede funcionar porque los países de la cadena de suministro —desde los de origen, pasando por los intermediarios hasta los consumidores finales— simplemente son demasiado corruptos. Si dichos países son tan poco de fiar que regular el comercio legal con ellos sería imposible, ¿qué hace pensar a los activistas anti-marfil que esos mismos gobiernos ejecutarían una prohibición total en el uso del marfil, asumiendo que se les pudiera persuadir (coaccionar o sobornar) para que declararan el fin del comercio de marfil en sus países? Sería mucho mejor encontrar una solución que recurriera al puro interés propio en beneficiarse del marfil sin tener que asesinar elefantes.

Analicemos la China. Es muy poco probable que la segunda mayor economía del mundo acceda a formar parte de esta conversión masiva repentina y aceptar la propuesta de prohibir de inmediato cualquier comercio de marfil. Sí, el gobierno autoritario de China tiene el poder de imponer un cambio tan draconiano. Pero el significado cultural de su tradicional industria de tallado de marfil se considera muy valioso, y nada indica que piensen en ponerle fin.

La solución de la comunidad internacional para terminar con el tráfico ilegal de marfil de China es dar acceso al país al flujo de marfil legal para su legítima industria de talla, si —y solamente si— China demuestra que ha acabado con el comercio ilegal, lo cual puede hacer sin problema.

Sin la posibilidad de vender los colmillos de contrabando en el mercado chino, disminuirían las recompensas a los cazadores furtivos, los contrabandistas y los oficiales corruptos africanos.

¿El resultado? Menos caza furtiva de elefantes, lo que beneficiaría a las especies, a los gobiernos y a los habitantes de África.

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John Frederick Walker

John Frederick Walker es el autor de Ivory’s Ghosts: The White Gold of History and the Fate of Elephants. Ha viajado a África y desde allí ha estado informando desde 1986 sobre la conservación y el comercio de marfil para The Washington Post, National Geographic News, World Policy Journal y muchas otras publicaciones.