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08-10-2013 : Informe

Traer de vuelta la noche: una lucha contra la contaminación lumínica

Es evidente que el uso excesivo de luz perjudica la fauna silvestre y afecta negativamente a la salud humana. Por ello han surgido nuevas iniciativas en Francia y otros países que pretenden desconectar las luces que invaden una parte cada vez mayor del planeta.

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El mes pasado, en Francia –incluyendo la Ciudad de la Luz– se hizo de noche antes de lo habitual, ya que entró en vigor una de las normativas de iluminación más amplias del mundo.

De la 1 de la madrugada a las 7 de la mañana, las luces de las tiendas se apagan y las de los interiores de los edificios de oficinas se deben desconectar en el plazo de una hora después de que los trabajadores hayan abandonado las instalaciones. La iluminación de las fachadas de los edificios de Francia no se puede conectar antes del anochecer. Durante los próximos dos años, las leyes que restringen la iluminación de los carteles publicitarios entrarán en vigor. Estas leyes se han creado para reducir las emisiones de dióxido de carbono en 250.000 toneladas al año, con el consecuente ahorro equivalente al consumo anual de energía de 750.000 familias y la reducción de la cuenta total de energía del país en 200 millones de euros (266 millones de dólares).

El Ministerio de Medio Ambiente de Francia afirma que una motivación no menos importante es la “reducción del impacto de la iluminación artificial en el ambiente nocturno”, un poderoso reconocimiento de que el uso excesivo de luz en muchas partes del mundo está poniendo en riesgo nuestra salud y la de los ecosistemas de los que dependemos.

La buena noticia, sin embargo, es que está en nuestras manos controlar la contaminación lumínica.

Hasta hace poco, los esfuerzos para restringir el uso de la luz se habían producido principalmente como respuesta a la contaminación lumínica astronómica que impedía la visión de noches estrelladas. Pero los investigadores están cada vez más centrados en los impactos de la conocida contaminación lumínica ecológica, y alertan de que el hecho de romper los patrones naturales de claridad y oscuridad y, consecuentemente, de las estructuras y funciones de los ecosistemas tiene graves consecuencias.

El problema está empeorando, ya que China, India, Brasil y muchos otros países están cada vez más urbanizados y tienen un peso mayor. Las imágenes de satélite de la noche terrestre muestran extensas áreas de América del Norte, Europa, Oriente Medio y Asia brillando con luz blanca, y solo las regiones más remotas del mundo –Siberia, el altiplano del Tíbet, el desierto del Sáhara, la Amazonia y el interior de Australia– permanecen en la oscuridad. Algunos países como Gran Bretaña y algunos estados de los EE. UU., como Connecticut y California, aprobaron leyes para reducir la contaminación lumínica, pero la mayoría de las naciones y ciudades siguen haciendo poco para reducir el uso excesivo de luz.

Los avances tecnológicos, como los diodos emisores de luz (LED), pueden mejorar nuestra capacidad para reducir y regular mejor la iluminación, pero al mismo tiempo pueden empeorar las cosas al contener altas dosis de luz blanca rica en azul, que es especialmente perturbadora para los ritmos circadianos.

Los científicos están investigando nuevas maneras de proporcionar a la sociedad la iluminación necesaria para la seguridad, el comercio y la estética, y al mismo tiempo reducir considerablemente el flujo de luz que interfiere cada vez más en la salud humana y en la capacidad de funcionamiento de muchas especies. Un grupo de investigación financiado por el gobierno alemán –Verlust der Nacht (Pérdida de la Noche)– coordina numerosos estudios sobre la contaminación lumínica, que van desde la investigación sobre los desafíos sociopolíticos de la reducción de la contaminación lumínica en el área metropolitana de Berlín hasta los efectos que esta provoca en los mamíferos nocturnos.

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Polución Luminosa San Francisco

Thomas Hawk / via Flickr

Vista nocturna de San Francisco

Cerca de un 30 % de los vertebrados y más de un 60 % de los invertebrados son nocturnos, y del resto muchos son crepusculares, es decir, están activos al amanecer y al atardecer. Según los científicos, todos están potencialmente afectados por el creciente uso de luz artificial. “Los niveles de luz actuales son centenares y miles de veces superiores al nivel natural durante la noche”, explica el astrónomo italiano Fabio Falchi, uno de los creadores del Atlas Mundial de Iluminación Artificial del Cielo Nocturno (World Atlas of the Artificial Night Sky Brightness), los mapas generados por ordenador que retratan de forma dramática el alcance de la contaminación lumínica en todo el mundo. “¿Qué pasaría si modificáramos el día y disminuyéramos la luz del día en cien o mil veces?” Eso sería mucho peor, admite. Pero lo que él quiere decir es que “No se puede modificar [la luz] la mitad del tiempo sin que haya consecuencias”.

Cada clic de un interruptor de luz contribuye a alterar los antiguos patrones de apareamiento, migración, alimentación y polinización, sin dar tiempo a las especies para que se adapten. En la isla caribeña de Tobago, un estudio del 2012 sobre la tortuga laúd, una especie que existe en la Tierra desde hace 150 millones de años, concluyó que “la iluminación artificial de las playas de nidificación es la mayor amenaza para la supervivencia de las crías y un factor importante en la reducción de las poblaciones de este tipo de tortugas.” Tras evolucionar para seguir la luz reflejada de las estrellas y de la luna de la playa al océano, las crías ahora siguen la luz de los hoteles y las farolas, por lo que acaban muriendo de deshidratación, devoradas por depredadores o arrolladas por coches.

Muchas aves migratorias desviadas de su ruta por la luz artificial se juntan hasta sumar una increíble cifra –entre 100 millones y 1 billón, realmente no lo sabemos– de animales muertos cada año por la colisión con estructuras humanas. Para las polillas, que ayudan a polinizar la flora del mundo, nuestras luces al aire libre son llamas irresistibles, que las mata al igual que a muchos otros insectos, con un efecto cascada en toda la cadena alimenticia.

Otros estudios recientes muestran que para los murciélagos, cuyo control natural de plagas beneficia la agricultura de los Estados Unidos en billones de dólares anualmente, según un estudio de 2011 de la revista Science, la luz artificial perturba sus patrones de desplazamiento y alimentación, ya que muchas especies de murciélagos evitan las áreas iluminadas. Artículos recientes acerca de varias especies reflejan una nueva conciencia de los efectos de la luz artificial en la Ecología. Por ejemplo, una investigación demostró que la iluminación pública tiene influencia en el patrón migratorio del salmón del Atlántico y que las luces brillantes también alteran la composición de comunidades enteras de insectos y otros invertebrados.

Cada clic de un interruptor de luz altera los antiguos patrones de apareamiento, migración y alimentación.

Claro que “los seres humanos también son animales”, explica Steven Lockley de la Unidad de Medicina del Sueño de la Facultad de Medicina de Harvard, “y por ello, cuando los ciclos de luz/oscuridad destruyen los patrones estacionales de los árboles o los ciclos de reproducción de los anfibios, no hay ninguna razón para creer que no hagan lo mismo con nosotros”.

En 1980 se pensaba que los seres humanos eran inmunes a los efectos de la luz artificial durante la noche. Pero los estudios han demostrado que la luz nocturna afecta a nuestro sueño, confunde nuestros ritmos circadianos –los procesos biológicos de 24 horas que regulan las funciones de nuestro cuerpo– e impide la producción de la hormona melatonina llevándola a niveles tan bajos que nunca antes se hubieran considerado posibles.

Cada vez más la luz que vemos por la noche, tanto si procede de los aparatos electrónicos como de la iluminación exterior, tiene más longitudes de onda azul, las más perjudiciales para los ritmos de nuestro cuerpo. Más que cualquier otra longitud de onda, la longitud de onda de luz azul avisa a nuestro cerebro de que la noche se ha acabado, que el cielo azul de la mañana ha regresado y que el día ha empezado, es decir, la información opuesta a la que queremos enviar a nuestro cerebro en medio de la noche. Los estudios sugieren que las consecuencias de la exposición excesiva a la luz durante la noche incluyen un aumento del riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. El año pasado, la Asociación Médica de los Estados Unidos (American Medical Association) divulgó un comunicado pidiendo que se investigara más sobre los “riesgos y beneficios de la exposición ocupacional y ambiental a la luz de la noche”, y recomendó “nuevas tecnologías de iluminación en casa y en el trabajo para minimizar la interrupción circadiana”.

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Bomba de Brillo

Kevin Wigell

Luz de la calle en el condado de Nueva York provocando la llamada “bomba de brillo”

De hecho, los investigadores están preocupados por el impacto de algunas de las nuevas tecnologías de iluminación. Por su capacidad de control por ordenador y direccionamiento, los ledes podrían ser una herramienta clave para reducir la contaminación lumínica; y, en cambio, estas luces en realidad empeoran mucho la situación. Anunciados como energéticamente eficientes y de color más claro, la mayoría de los ledes que se instalan son muchas veces más brillantes que las antiguas luces a las que están sustituyendo, de manera que aumentan aún más la contaminación lumínica. De hecho, Falchi y otros autores explican en un reciente artículo del Journal of Environmental Management, que los ledes podrían “multiplicar los efectos conocidos y los posibles desconocidos de la contaminación lumínica sobre la salud humana y la del medio ambiente” más de cinco veces.

Investigadores y defensores del cielo oscuro buscan la manera de mitigar los efectos nocivos de las nuevas tecnologías de iluminación y encontrar soluciones para la cantidad de luz que elimina la noche en muchas partes del mundo. La International Dark-Sky Association y la Illuminating Engineering Society of North America concibieron juntas el Modelo de Ordenanza Lumínica, que pueden adoptar todas las comunidades, tengan la dimensión que tengan. Este modelo recomienda límites para la cantidad de luz en cinco zonas diferentes de intensidad de iluminación. La ordenanza también recomienda la prohibición de iluminación desprotegida en todas las zonas.

En el Journal of Applied Ecology, los investigadores identificaron varios pasos prácticos para reducir la contaminación lumínica: alterar la composición espectral de la luz (especialmente de los ledes), limitar la duración de la iluminación, reducir la “transgresión” de la iluminación en áreas no destinadas a ser iluminadas, alterar la intensidad de la iluminación y evitar la iluminación artificial de ciertas áreas.

El simple acto de proteger nuestras luces –por medio de la instalación o adaptación de pantallas que direccionen la luz hacia abajo– es nuestra mejor oportunidad para controlar la contaminación lumínica. A pesar de que raramente dejamos nuestras luces interiores desprotegidas, seguimos sin proteger la mayor parte de la iluminación exterior, con lo que enviamos la luz directamente al cielo, a nuestros ojos, a las habitaciones de nuestros vecinos, etc. Hasta hace poco, los consumidores tenían pocas opciones de compra, pero esto está cambiando. Empresas como Lowe, cadena que comercializa artículos para el hogar, ya ofrecen líneas de luces protegidas. La iluminación pública, de estadios, de parkings y de gasolineras ya se pueden proteger.

La contaminación lumínica continúa creciendo hasta llegar a un 20 %, según la región.

El inconveniente es que necesitamos de toda esta luz para estar seguros y protegidos, con la justificación de que la luz equivale a seguridad y la oscuridad a peligro. Esta creencia común explica por qué muchas gasolineras y parkings tienen una iluminación más de diez veces superior que 20 años atrás y por qué la contaminación lumínica continúa creciendo hasta un 20 % por año, según la zona. De hecho, la cuestión de la luz y la seguridad durante la noche es compleja, con pocas pruebas convincentes que apoyen las hipótesis más comunes. Por ejemplo, las luces cada vez más brillantes en realidad pueden disminuir la seguridad, ya que causan un brillo que impide nuestra visión y crea zonas sombrías donde los criminales pueden esconderse.

Los especialistas afirman que es mucho más importante usar la luz con eficacia que con abundancia. Explicando las nuevas leyes sobre iluminación en Francia, Delphine Batho, hasta hace poco ministra de Medio Ambiente de Francia, describió el deseo del gobierno de “cambiar la cultura” para incluir un uso responsable de la luz. Este cambio debe ser aplaudido, pues lo que un número creciente de estudios indican, así como nuestros propios ojos, es que estamos usando mucha más luz de la que necesitamos y con un coste tremendo.

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Paul Bogard
ACERCA DEL AUTOR Paul Borgart es el autor de The End of Night: Searching for Natural Darkness in an Age of Artificial Light y el editor de Let There Be Night: Testimony on Behalf of the Dark. Natural de Minnesota, es profesor adjunto en la Universidad James Madison de Harrisonburg, Virginia, (James Madison University in Harrisonburg, Virginia) donde imparte escritura creativa y literatura ambiental.