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27-03-2014 : Informe

Tierras de arenas bituminosas devastadas: grandes retos para su recuperación

La explotación de las arenas bituminosas de Canadá ha destruido amplios humedales sensibles en Alberta. Las empresas que explotan las arenas bituminosas han prometido recuperar esta tierra, pero ha habido poca recuperación hasta ahora y muchos científicos afirman que es prácticamente imposible reconstruir estos ecosistemas complejos.

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Cuando las empresas encargadas de la explotación de las arenas bituminosas de Alberta celebraron su 40 aniversario en 2007, sobresalió un dato entre muchos otros que medía el éxito económico y el impacto medioambiental: ni un solo acre de tierra explotado se había confirmado como “recuperado” según los estándares del Gobierno.

Desde entonces, las principales empresas de extracción bituminosa como Suncor o Syncrude han empleado una enorme cantidad de tiempo, dinero y esfuerzos en relaciones públicas para convencer al público de que han devuelto las tierras afectadas a un estado “igual o mejor al anterior a verse afectadas”.

Menos de una milla cuadrada de tierra afectada por la extracción de arenas bituminosas se ha confirmado como recuperada.

Las empresas han rellenado pozos de extracción gigantes, han replantado árboles, han modificado marismas y han llevado a pastar al bisonte a los matorrales boreales que se han confeccionado a partir de la tierra excavada y la vegetación de marisma. Sin embargo, hoy en día, menos de una milla cuadrada de las 296 millas cuadradas de tierra afectadas por la explotación de las arenas bituminosas se ha confirmado como recuperada por la provincia de Alberta. Para poder confirmar la recuperación de los humedales, el Gobierno ha definido, aunque de manera pobre, algunas directrices, pero es que además faltan planes claros por parte de las empresas que muestren cómo lograr y evaluar la recuperación.

TarSands

Jennifer Grant/The Pembina Institute

La explotación minera de las arenas bituminosas implica decapar la superficie de la tierra a profundidades de hasta unos 76 metros.

Los retos a la hora de restablecer un paisaje desarraigado por la práctica destructiva de la extracción de arenas bituminosas —que implica la extracción de minerales del suelo a profundidades de hasta unos 76 metros— son enormes. La extracción de arenas bituminosas se da principalmente en ecosistemas complejos en pantanos, ciénagas, tremedales y turberas boreales que se formaron hace miles de años y que dan refugio a una cantidad importante de biodiversidad. Muchos expertos dudan de si es técnica o incluso económicamente posible recrear a larga escala algo parecido a los entornos sensibles que existieron en el pasado. Incluso aunque fuera posible, otros se preguntan si el Cambio Climático y la rápida expansión de la extracción de las arenas bituminosas en Canadá —el volumen de extracción de arenas bituminosas se espera que sea prácticamente el doble en el año 2021— boicoteará los esfuerzos para cumplir con ello a amplia escala en el futuro.

“A estas peticiones de recuperación tanto del Gobierno como del sector las defino como blanqueo ecológico”, afirma Suzanne Bayley, ecologista especializada en humedales de la Universidad de Alberta (University of Alberta) quien hace poco escribió un artículo en colaboración sobre las enormes pérdidas de turberas en la región de las arenas bituminosas. “La tierra que el sector ha recuperado hasta ahora puede dar una buena imagen en los periódicos, revistas y anuncios de televisión, pero no es el paisaje rico en humedales que antaño dominaba con terrenos pantanosos boscosos y arbustivos”.

Lee Foote, ecologista especializado en humedales de la Universidad de Alberta (University of Alberta) que trabajó en el sector de las arenas bituminosas y asesoró al Gobierno de Alberta sobre las políticas de recuperación de humedales, está de acuerdo en que la recuperación se ha hecho hasta ahora más como espectáculo de cara a la galería que para crear ecosistemas viables.

“La predisposición mental es dar grandes cantidades de dólares a los diseñadores para que conciban humedales que sean verdes pero no tan funcionales como fueron en el pasado”, afirma Foote. “El objetivo principal es obtener la aceptación social necesaria para que estas empresas sigan funcionando.”

Mientras tanto, los trabajadores de Suncor afirman que es demasiado pronto para determinar si los esfuerzos de recuperación de sus tierras van a tener éxito, pero son optimistas ante el hecho de que se pueden concebir turberas. Hay en marcha proyectos piloto iniciales prometedores, según afirma la empresa.

“Es sencillo etiquetar algo que nunca se ha hecho antes como imposible, y construir un terreno pantanoso entra en esa categoría”, explica la portavoz de Suncor, Kelli Stevens. “Pero lo intentamos porque creemos que es importante hacerlo. Veremos en el transcurso de la fase de monitorización el éxito que ha tenido. Pero, hasta ahora, un primer control nos indica que vamos en la dirección correcta.” Las plantas habituales de las zonas pantanosas —como juncias, musgo, pastos y arbustos— han arraigado con éxito, destaca la portavoz. Según prosigue, si las zonas pantanosas siguen soportando las plantas de humedales y agua suficiente, y se acaba acumulando turba, “este piloto en los terrenos pantanosos será considerado un éxito.”

La redacción de las directrices es tan ambigua que no permite demostrar que el sector sea el responsable.

La cuestión de la recuperación en las regiones de arenas bituminosas ha sido fuente de discusión desde la década de 1970, cuando el Gobierno de Alberta invirtió 100 millones de dólares en la creación de la ahora extinta Alberta Oil Sands Technology and Research Authority para iniciar una explotación más comercial de las arenas bituminosas.

Incluso entonces, los científicos implicados en la investigación advirtieron de que “las futuras arenas bituminosas se construirían con probabilidad sin un conocimiento adecuado de los posibles efectos sobre el aire, el agua, el terreno que les rodea o el impacto sobre varios métodos de recuperación de tierras”.

Lo que siguió fueron lastres medioambientales cada vez mayores como estanques efluentes gigantes, paisajes expuestos por la erosión y poblaciones de flora y fauna en declive. Los gobiernos de Canadá y Alberta lo ignoraron hasta que los pueblos autóctonos que vivían río abajo de las arenas bituminosas ejercieron sus derechos en virtud de los tratados y emprendieron recusaciones en los tribunales. Enfrentado a una exposición legal creciente, así como a presiones públicas, el Gobierno de Alberta estableció las directrices de compensación de las zonas pantanosas en 2007 para obligar a las empresas a reestablecer “un humedal de manera natural con un ecosistema de funcionamiento natural cuyas características fueran lo más cercanas posibles a las condiciones previas al drenado o a otra alteración”.

Aunque en esa época sonaba prometedor, la redacción de las directrices ha demostrado ser tan vaga que casi todo el mundo está de acuerdo en que falta una definición legal y, por lo tanto, no se puede demostrar que el sector sea el responsable. En lugar de recrear turberas, el sector ha concebido en muchos casos humedales que no son en absoluto complejos desde el punto de vista biológico.

Antes de que irrumpieran las empresas que explotan las arenas bituminosas, las turberas ocupaban al menos el 50%, y quizás tanto como dos tercios, del paisaje boreal de la región. Estas turberas tenían una amplia variedad de plantas, entre ellas muchas de las orquídeas más raras y salvajes del oeste de Canadá; cientos de especies de aves; una innumerable cantidad de especies de insectos; así como gran variedad de grandes mamíferos, como el caribú, el alce, lobos y osos pardos.

A los humedales recuperados les falta la biodiversidad de un ecosistema de turbera y no absorben el carbono de un modo tan eficaz.

No se conoce en realidad la gran diversidad biológica de estos ecosistemas porque nunca se llevaron a cabo inventarios ni evaluaciones.
Hasta hace unos pocos años, se creía que era imposible recuperar las turberas (que también desempeñan un papel ecológico vital en el filtrado del agua y a la hora de absorber las grandes cantidades de carbono). La recuperación de las turberas requería agua y químicas del suelo que se desarrollaran solo cuando el agua freática fluye a través de capas ricas en nutrientes de esfagno y otros musgos que se han descompuesto a lo largo de milenios.

En lugar de intentar recuperar lo que había antaño, el sector contrató a expertos en recuperaciones para sustituirlo con bosques de tierras altas y humedales con matorrales capaces de tolerar las sales, los metales y los ácidos generados por la extracción de las arenas bituminosas y presentes en los suelos modificados y en el agua freática que pasa por debajo.

Estos humedales pueden quedar bien en las fotos, y pueden soportar algunos patos y otras aves acuáticas que anidan, pero les falta la biodiversidad de un ecosistema de turbera y no absorben el carbono de manera tan eficaz, afirman los ecologistas especializados en humedales. Esto es especialmente importante porque los cambios en los paisajes causados por las operaciones de extracción de arenas bituminosas ya aprobadas liberarán entre 11,4 y 47,3 millones de toneladas métricas de carbono, según un estudio de la Universidad de Alberta (University of Alberta), dirigido por Bayley y sus compañeros. Estos cambios también reducirán la antigua capacidad de los humedales de absorber el carbono a niveles de 7,2 millones de toneladas métricas anuales.

“Estas pérdidas no se han cuantificado previamente”, afirma Bayley. “Se deberían incluir en las estimaciones ya altas de emisiones de carbono de las que el sector de las arenas bituminosas es responsable.”

Ante las preocupaciones y protestas crecientes sobre la extracción de arenas bituminosas, el Gobierno de Alberta exige al sector que recupere más turberas. Pero, dado que no se ha hecho antes, el Gobierno debe estar satisfecho por ahora de ver lo que ha logrado a una escala piloto. Los costes por la recuperación de las zonas pantanosas, afirma Foote, son altos, estimados entre los 4.000 y los 13.000 millones de dólares, o un 6% de los beneficios netos generados por la minería en estas zonas.

“No se puede recrear lo que ha tardado miles de años en formarse”, afirma un científico.

“Cuando dispones de 300.000 millones de dólares en infraestructuras y un gran proyecto de ingresos procedentes de la zona, los beneficios sociales derivados de una zona relativamente pequeña de humedales son ínfimos”, afirma Foote. “Por eso, los humedales siguen estando al límite y pasan a un segundo plano. El sector va a gastar mucho dinero en intentar concebir algo parecido a lo que había antaño, pero no lo conseguirá porque no se puede recrear lo que ha tardado miles de años en formarse.”

El hidrólogo de la Universidad de Waterloo (University of Waterloo) Jonathan Price forma parte del grupo de científicos de todo Canadá que acaba de recibir 6,7 millones de dólares de financiación del Gobierno y el sector para recuperar las tierras de arenas bituminosas propiedad de Suncor. El proyecto para la recuperación incluye el transporte por carretera de turba almacenada, la construcción de un acuífero, el desvío de aguas y la separación física de los depósitos de residuos bituminosos de las turberas para que los contaminantes —más de 840.000 millones de litros de subproductos líquidos tóxicos se acumulan actualmente en embalses abiertos— no se filtren por las aguas subterráneas.

Price reconoce que se tardará al menos una década o más en ver resultados concretos y toda una vida antes de que alguien confirme el éxito. También duda de que sea económicamente factible hacerlo a gran escala. Pero no hacer nada, avisa, no es la manera de avanzar.

“Diseñar un paisaje como este necesita agrupar una amplia gama de disciplinas intelectuales y académicas”, afirma Price. “Tratar de hacerlo te hace apreciar lo complicado y precioso que es el entorno y lo difícil que es recrearlo. Pero el hecho es que la extracción de recursos es inevitable. Intentamos sacar lo mejor de una situación difícil.”

El ecologista Brett Purdy trabajó en la recuperación de arenas bituminosas para el Gobierno de Alberta antes de entrar en Alberta InnovatesEnergy and Environment Solutions, una organización de investigación fundada por el Gobierno de la provincia.  Sugiere que podría ser poco realista esperar que unas comunidades de plantas y animales similares a las que se encontraban antes en los terrenos vírgenes se establezcan en todos los terrenos recuperados.

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Bayley mantiene que el Environmental Protection Security Fundcreado hace varios años para garantizar que las empresas de recursos recuperan la tierra de arenas bituminosas— es insuficiente para lidiar con los lastres provocados por las empresas que explotan arenas bituminosas y que no cumplen con sus obligaciones. Actualmente, el fondo dispone de 875 millones de dólares para más de 70.000 hectáreas de tierra afectada. Según el Pembina Institute, perro guardián medioambiental y servicio de asesoría del sector, costaría más de 15.000 millones de dólares recuperar dichas tierras.

“Sea como fuere, la deuda de la recuperación va en aumento y seguirá haciéndolo a medida que las empresas que explotan las arenas bituminosas vayan doblando la producción”, afirma Bayley. “Si esto continúa sin una política de recuperación clara de los humedales, tendremos más del 65% menos de turberas y muy poco de la flora y fauna que había antaño.”

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Ed Struzik

ACERCA DEL AUTOR
El escritor y fotógrafo canadiense Ed Struzik lleva tres décadas escribiendo sobre el Ártico. En artículos anteriores para Yale Environment 360, escribió acerca de cómo el deshielo marino podría ejercer nuevas presiones en la pesca en el Ártico y cómo el deshielo del Ártico está cambiando el modo de vida del pueblo inuit, los esquimales canadienses.