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19-03-2015 : Análisis

Suprimiendo las aletas de los menús, queda un atisbo de esperanza para los tiburones

Durante décadas, la matanza de tiburones –apreciados por sus aletas y carne– ha sido terrible. Pero la prohibición de mutilarlos y una nueva actitud en Asia respecto al consumo de sopa de aleta de tiburón nos hacen ser optimistas respecto al futuro de estos icónicos depredadores del océano.

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Los tiburones aparecieron 450 millones de años antes que nosotros. Sin embargo, en la última mitad de siglo algunas poblaciones se han visto mermadas en un 90%.

De las aproximadamente 1.200 especies conocidas de tiburones y rayas (las rayas pueden considerarse como tiburones cuyas aletas pectorales se han transformadas en alas), se estima que el 17% está amenazado con extinguirse según la International Union for Conservation of Nature. Pero el porcentaje es sin duda más alto porque faltan datos sobre casi la mitad de las 1.200 especies, de las cuales el pez ángel o el cazón picudo se considera que están en “grave peligro de extinción”. El tiburón de Pondicherry probablemente ya se ha extinguido.

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Dean Grubbs

Un tiburón coralino nada en aguas del Atlántico cerca de Bimini, en las Bahamas.

Los tiburones no pueden recuperarse rápidamente como otros peces. Muchos dan a luz a crías del tamaño de un perro, y los que ponen huevos no expulsan un gran número. El tiburón trozo madura a la edad de 16 años, entonces pare de ocho a 12 crías cada dos años como máximo. Los embriones de pez toro nadan dentro de los dos úteros, atacando y comiéndose a sus hermanos hasta que solo dos sobreviven. Los tiburones areneros no maduran hasta los 20 años, y luego tienen de tres a 16 crías cada tres años.

La crisis del tiburón empezó con el boom económico en China y otros países del este asiático. Antes, la mayoría de los asiáticos no podían permitirse la sopa de aleta de tiburón.

La massacre ha sido increíble. Muchos países en África, Asia y Oriente Medio no participan en los tratados de protección a nivel mundial, y aunque así fuera, no tienen recursos para seguir la pista de las especies pescadas y en qué cantidad. Algunos países que sí tienen estos recursos están “haciendo trampas, falsificando los números y pescando ilegalmente”, tal como afirma el biólogo especializado en tiburones Greg Skomal de la División de Pesca Marítima de Massachusetts.

La disminución de tiburones es peligrosa de una manera que solo podemos empezar a comprender. No se trata solo de tiburones. Dean Grubbs, científico especialista en tiburones de la Universidad Estatal de Florida (Florida State University) señala que las cadenas alimentarias marinas son tan complejas que son difíciles de documentar las “cascadas tróficas”, las cuales tienen lugar cuando la extinción de depredadores provoca que partes del ecosistema caigan una tras otra como fichas de dominó.

En una encuesta en China, el 85% de encuestados declaró que había dejado de comer sopa de aleta de tiburón.

Lo que es seguro es que las cascadas tróficas están ocurriendo. Entre los ejemplos mejor documentados se encuentra la proliferación de depredadores de nivel intermedio tras la reducción de tiburones. Así, estos depredadores hacen mermar los peces loro, que se alimentan de algas, y entonces estas asfixian el arrecife. Y donde el tiburón tigre se ha visto mermado, los cerdos marinos y las tortugas verdes marinas buscan comida en lechos de vegetación marina más grandes y abundantes, seguramente dañándolos, a estos y a las comunidades que sostienen.

En los años 80 y 90 se perpetraron algunas de las carnicerías más repugnantes e inútiles en los Estados Unidos, que, habiendo reducido especies como el bacalao, la merluza, la platija, el atún y el pez espada, promovieron la explotación del tiburón al considerarlo un recurso “infra-aprovechado”. A la matanza se sumaba que en la década de los 80 había un acuerdo comercial con China y una obsesión con los tiburones entre los pescadores deportivos promovida por la película de 1975 Tiburón.

Con la creciente demanda en Asia, barcos pesqueros de otros países escasamente regulados y pescadores ilegales saquean las poblaciones de tiburones en todos los mares, especialmente en el Mediterráneo y el Indopacífico.

Recientemente, no obstante, ha habido buenas noticias acerca de los tiburones. Peter Knights, director de WildAid —grupo internacional comprometido a poner fin a la dolorosa comercialización ilegal de fauna silvestre— ha llegado a proclamar que “la tendencia podría invertirse”.

El comercio de aleta a nivel mundial está disminuyendo. Durante los dos últimos años en China, Hong Kong y Malasia se ha prohibido la sopa de aleta de tiburón en actos gubernamentales. Cinco cadenas de hoteles se han comprometido a no servir sopa de aleta de tiburón, y 26 aerolíneas han acordado no transportar aletas. WildAid informa que al menos 76.000 personas en Malasia y 70.000 en Hong Kong han firmado el compromiso “I’m FINished with Fins” (Basta de aletas…).

En Beijing, Shanghái, Guangzhou y Chengdu, el 85% de las personas que respondieron al sondeo de WildAid declaró que había dejado de comer sopa de aleta de tiburón. La demanda ha caído de forma tan abrupta que, según los comerciantes de aletas en Guangzhou, “la aleta de tiburón está ahora al mismo precio que el calamar”.

Estados Unidos, la Unión Europea y la India han prohibido la mutilación de aletas, que ahora es ilegal en unos 100 países.

Trinidad-Tobago y Nueva Zelanda, grandes exportadores de aletas de tiburón, prohibieron la mutilación de aletas en agosto y octubre, respectivamente. Los Emiratos Árabes Unidos impusieron la prohibición en septiembre. Australia, la India, los Estados Unidos, la Republica Dominicana, toda Centroamérica y la Unión Europea la han prohibido también. Ahora cortar aletas es ilegal en unos 100 países. Algunos de ellos describen en qué consiste esta práctica: se trata de rebanar aletas y abandonar los tiburones al mar, algunas veces aún con vida. La India, Sudáfrica, México, Canadá, Argentina, la Unión Europea y los Estados Unidos, por ejemplo, autorizan el cercenamiento de aletas solo si se lleva primero los cadáveres a la orilla. Eso crea dificultades respecto a su manejo y almacenamiento, lo que hace que la venta de aleta sea mucho menos rentable.

Se ha prohibido no solo la mutilación de aletas sino también el comercio de aletas de tiburón en las Islas Cook, Brunei, las Bahamas, las Islas Marianas Septentrionales, Egipto, Fiyi, la Polinesia Francesa, Guam, las Islas Marshall, y los siguientes estados de Estados Unidos: Massachusetts, Hawái, Oregón, Washington, Illinois, California, Maryland, Nueva York y Delaware.

En septiembre la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, formada por 180 países, protegió al tiburón cailón, el tiburón oceánico, y el tiburón martillo gigante, liso y común, y todas las especies de mantarrayas con la prohibición de comerciar sin la certificación de que la captura fuera legal y sostenible.

En noviembre los 120 países miembro de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres ampliaron el “Apéndice II protección” (un compromiso para trazar estrategias de gestión) al tiburón sedoso, dos especies de tiburón martillo y las tres especies de zorro marino. Se garantizó la misma protección, sino superior, a las nueve especies de mantas y a todas las especies de pez sierra. La presidenta de Shark Advocates International, Sonja Fordham —una férrea defensora de los tiburones, y no muy proclive a ensalzar las iniciativas internacionales sobre los tiburones y las rayas— anunció que estaba “entusiasmada con este abrumador compromiso”.

Simultáneamente a las mejoras en la gestión global de los tiburones ha habido mejoras relativas a actitudes públicas. En 1980 cubrí un concurso de pesca de tiburones en Bay Shore, Nueva York. En un muelle de cemento cubierto de bilis, sangre y contenidos estomacales se amontonaban cerca de 200 tiburones trozo, marrajos, tiburones blancos, areneros, azules, y otras especies, tan despedazados que fui incapaz de identificarlos. Cuando el público rompió el cordón para robar los dientes, el presentador tuvo que gritar: “Atrás, atrás. ¿Están sordos?” Después de la entrega de premios, tiraron los cadáveres en camiones de basura.

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Fordham/Shark Advocates International

Aletas de tiburón para vender en el Mercado de Hong Kong.

Todavía se asesinan tiburones en concursos de pesca, pero gracias a los rigurosos límites en la captura impuestos por las naciones más ecologistas la mayoría son liberados. Ahora la competición es normalmente por conseguir el pez grande más que el mayor peso total. Una iniciativa internacional en favor de los tiburones patrocinada por la Humane Society of the United States, la Pegasus Foundation y la Guy Harvey Ocean Foundation, está reduciendo la mortalidad de estos animales obteniendo compromisos de puertos deportivos para prohibir o disuadir la descarga de tiburones muertos. En el momento de escribir este artículo, 205 puertos deportivos y 103 otros negocios alrededor del mundo se han unido a esta iniciativa.

En los Estados Unidos, el National Marine Fisheries Service (NMFS), que se ocupa de la gestión de organismos marinos, ha avanzado mucho en reforzar las protecciones para los tiburones.

En marzo de 1996, asistí a un encuentro sobre tiburones en Philadelphia organizado por la Mid-Atlantic Fisheries Management, uno de los ocho cuerpos regionales encargados del asesoramiento del NMFS. John Musick, del Virginia Institute of Marine Science, uno de los más insignes biólogos especialistas en tiburones, se dirigió a la reunión, con un discurso, en el que explicó que, en su plan de tiburones, el NMFS había asumido una tasa de recuperación tres veces superior “de lo biológicamente posible” y que “es muy frustrante para los que, desde la comunidad científica, trabajamos con estos animales asistir a estos encuentros y presentar datos, para que al final el NMFS haga caso omiso”.

Un antiguo crítico dice que la gestión del tiburón en Estados Unidos actualmente está “entre las mejores del mundo”.

Pero este mes pregunté a Musick cómo lo está haciendo actualmente el NMFS en comparación con cuando él lo criticaba hace 19 años. Describió el cambio de rumbo como de 180 grados, manifestando que la gestión del tiburón en los Estados Unidos está hoy en día “entre las mejores del mundo”.

Esta buena noticia ha sido motivo de entusiasmo e inspiración, pero parece también que ha creado un optimismo excesivo. Demian Chapman, científico marino de la Universidad del Estado de Nueva York Stony Brook (Stony Brook University) afirma que la disminución del tráfico de aleta es real pero ha sido exagerada por los medios. “La nueva ruta que pasa por Vietnam en vez de Hong Kong puede ser una explicación,” sugiere. Y, mientras que un estudio publicado en el número de abril de 2015 de Biological Conservation demostraba que el comercio mundial ha bajado cerca de un 25% en la última década, la coautora y experta en tiburones Shelley Clarke advierte que la demanda de carne de tiburón está aumentando.

Aunque en algunas zonas marinas los tiburones costeros se recuperan, es cuando emigran a países donde no se les protege que se ven machacados. Es peor para las especies pelágicas asesinadas en alta mar.

Finalmente, los Estados Unidos y otros países necesitan una prohibición del comercio de aletas, no solo de lo que ellos llaman “aleteo” (mutilación de aletas). E incluso la mejor gestión de tiburones podría mejorarse. Por ejemplo, los tiburones areneros han sido protegidos por una prohibición de pesca norteamericana desde 1999; pero están muriendo en palangres calados para atún y pez espada. Las especies se recuperarían más rápido a lo largo de la costa norte, central y sur de América si los pescadores comerciales y deportivos de Estados Unidos no hubieran rechazado en 2013 una propuesta del NMFS para crear una reserva libre de palangres así como un límite mínimo de 2,5 metros para todos los tiburones.

La recuperación del tiburón que transita entre numerosos países del hemisferio occidental podría terminar rápidamente si triunfan los exagerados esfuerzos para debilitar la Ley americana Magnuson-Stevens de conservación y gestión de zonas pesqueras. En 2006 el Congreso de Estados Unidos introdujo en esta ley medidas muy necesarias.

En muchos países, los tiburones tienen más valor vivos que muertos debido al turismo.

A día de hoy, para el NMFS básicamente es ilegal permitir la sobrepesca, lo cual ha sido la norma para les especies que gestionaba. La fortalecida ley exige que la agencia establezca límites anuales de captura basados en evaluaciones biológicas de científicos independientes seleccionados por los ocho consejos regionales, en vez de que las recomendaciones vengan de los propios consejos. Tradicionalmente, los consejos estaban dominados por intereses particulares que se aprovechaban de la pesca, los cuales siempre acusan a las encuestas científicas sobre pesca de subestimar de forma escandalosa las poblaciones.

La ley vuelve a estar a punto para su nueva aprobación, y estos mismos intereses particulares están presionando para introducir “flexibilidad”, un eufemismo para emasculación. Liderando la causa contra Magnuson está la Recreational Fishing Alliance (RFA), una organización financiada por la industria que describe la ley como el trabajo sucio de “los grupos ecologistas antipesca” que dan un regalo envenenado a los inocentes pescadores deportivos. En 2014 el Congreso intentó volver a legalizar la sobrepesca con una fallida propuesta de ley respaldada por la RFA llamada la “Ley de Fortalecimiento de las Comunidades Pesqueras y Aumento de la Flexibilidad en las Zonas Pesqueras”.

¿Es una buena idea una pesquería de tiburones —incluso, o especialmente, aquellas que las naciones del primer mundo permiten? No, según Ken Hinman, presidente del grupo de defensa marina con sede en Virginia Wild Oceans. “Las nuestras no producen tanto”, comenta, y añade: “Su gestión cuesta un dineral… pierden dinero. De todas formas, no se puede sostener ningún tipo de esfuerzo concertado”.

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Y lo que es más, en muchos países los tiburones tienen más valor vivos que muertos. Teniendo en consideración las encuestas de 2002 a los visitantes, la bióloga Rachel Graham de Mar Alliance —una ONG cuyas raíces se asientan en Belize que asesora poblaciones y pesquerías de tiburones y rayas y el turismo relacionado— estimó el valor de las excursiones para ver tiburones y ballenas durante la temporada de seis semanas en 3,7 millones de dólares. Y un estudio australiano constató que durante su vida un solo tiburón coralino puede contribuir con 1,9 millones de dólares procedentes del ecoturismo a la economía de Palau.

Aun así, los humanos están matando estos peces prehistóricos más rápidamente de lo que se reproducen. La investigación de la Universidad Dalhousie (Dalhousie University), de Canadá, indica que 100 millones de tiburones son masacrados cada año. Si la tendencia realmente se está “invirtiendo”, tiene que hacerlo con mayor rapidez.

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Ted Williams, ávido caçador e pescador, escreve exclusivamente sobre a preservação dos peixes e da vida selvagem. Ele é colaborador de longa data da revista Audubon, onde escreve a premiada coluna Incite, e é editor de ecologia da revista Fly Rod & Reel. Anteriormente para a Yale e360, ele informou sobre os novos desafios para a recuperação da população do pelicano-pardo e sobre como as balas de chumbo estão ameaçando o Condor-da-califórnia