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02-10-2017 : Artículo

Prueba contundente: un mundo más cálido está provocando más incendios forestales y más graves

Según los científicos, el aumento de los incendios forestales observado este verano desde América del Norte hasta el Mediterráneo o Siberia está directamente relacionado con el cambio climático. Y cuanto más se caliente el mundo, mayor riesgo de incendios forestales habrá en casi todos los continentes

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En un único día seco y caluroso este verano, se produjeron 140 espectaculares incendios en la Columbia Británica. “El viernes 7 de julio fue una locura”, explica Mike Flannigan, director de la asociación de bomberos forestales de la Universidad de Alberta (University of Alberta). Se declaró el estado de emergencia. A finales de verano, se habían desencadenado más de 1.000 incendios en toda la provincia canadiense, quemando un récord de casi 3 millones de acres de bosque —casi 10 veces más el promedio de la última década en la Columbia Británica. A medida que los incendios crecían y se volvían más virulentos, incluso los medios aéreos eran inútiles. “Es como escupir sobre una fogata”, indica Flannigan. Y añade: “No hace mucho más que ser una impactante imagen para los periódicos”.

Los incendios forestales son naturales, pero no lo son el número y la magnitud de los incendios que se producen hoy en día. Estos incendios están provocados por el hombre, o como mínimo ayuda a empeorarlos.

“Cada vez hay una evidencia más clara,” explica Flannigan, de que el cambio climático está extendiendo los incendios por todo el mundo. A nivel mundial, la duración de la temporada de incendios aumentó en casi un 19% entre 1978 y 2013, a causa de las largas temporadas de clima cálido y seco en una cuarta parte de los bosques del planeta. En el oeste de los Estados Unidos, por ejemplo, la temporada de incendios ha aumentado de cinco meses en 1970 a siete meses actualmente.

Las estadísticas ahora muestran que ha aumentado el riesgo de incendio en casi todos los continentes, afirma Flannigan, aunque la mayor parte del trabajo se ha centrado en América del Norte, donde se destina más financiación para estas investigaciones. En el oeste de los Estados Unidos, donde los incendios devastaron Oregón este verano, el promedio de área quemada anual ha pasado de menos de unas 100.000 hectáreas en 1985 a casi 500.000 hectáreas en el 2015. El cambio climático causado por el hombre se considera el culpable de duplicar la superficie total quemada durante ese tiempo.

Asimismo, en el caso de la Columbia Británica devastada por los incendios, un análisis del mes de julio de este año estima que el cambio climático ha hecho que los incendios extremos ocurridos en el oeste de Canadá sean entre 1,5 y 6 veces más probables.

Así que, ¿hasta qué punto van a empeorar las cosas?

Echar la culpa de cualquier suceso ambiental específico al cambio climático es un tema delicado, aunque la ciencia de atribución del clima ha crecido a pasos agigantados en las últimas décadas. Los incendios forestales individuales todavía están cerca de la parte inferior de la lista de cosas que se pueden vincular fácilmente a un clima cambiante, gracias a todo el resto de factores en la mezcla. Si el hombre divide los bosques en trozos más pequeños mediante la tala o la agricultura, se puede limitar la propagación de los incendios forestales; pero por otro lado, algunos árboles queman más rápido que otros (los árboles más jóvenes están más verdes, de modo que queman más lentamente), y los arbustos bajo el follaje de los árboles pueden hacer que el fuego sea más intenso. Un año especialmente lluvioso paradójicamente puede aumentar el riesgo de incendio si la lluvia se produce en primavera, ya que aumenta el volumen de la vegetación disponible para quemar más adelante en la estación. Los patrones climáticos naturales como El Niño pueden tener un efecto dramático sobre las precipitaciones y, por tanto, sobre el fuego.

“Si la temperatura es alta, existe una mayor probabilidad de que se produzcan incendios y de que el fuego se propague y se intensifique.”

La gestión de los incendios es también un gran factor, que conduce a algunas tendencias sorprendentes en el área quemada total a nivel mundial. Globalmente, los incendios forestales disminuyeron en un 7% durante la primera mitad del siglo XX, probablemente debido a los crecientes esfuerzos para erradicarlos en lugares como los Estados Unidos (aunque los incendios han aumentado desde 1960 en la zona oeste de los Estados Unidos, el área quemada entonces era igual de mala que a principios del siglo XX, antes de que se empezara la lucha contra los incendios). En la última mitad del siglo XX dicha tendencia global se revirtió, con un aumento de la superficie quemada del 10%, en parte por el aumento de los incendios en los trópicos para despejar tierras. Los últimos 18 años el área quemada ha vuelto a disminuir, en casi un 25%, debido principalmente a que la agricultura se ha apoderado de los pastizales propensos a incendios en zonas como la sabana africana.

Todo esto dificulta precisar por qué se ha producido un incendio o incluso por qué en una región puede haber más incendios, a pesar de que se han llevado a cabo una gran cantidad de estudios de atribución. Sin embargo, sigue existiendo un claro vínculo entre las tendencias climáticas generales —especialmente las altas temperaturas— y un aumento del riesgo de incendio. “Si la temperatura es alta, existe una mayor probabilidad de que se produzcan incendios y de que el fuego se propague y se intensifique. Esto es física básica”, explica Stefan Doerr, geógrafo de la Universidad de Swansea (Swansea University), en Gales, y redactor jefe de la International Journal of Wildland Fire. El aire caliente retiene más agua. Por lo tanto, a medida que sube la temperatura del aire, el aire sediento absorbe más humedad de la vegetación, lo que la convierte en una excelente leña. Las temperaturas más cálidas también producen más relámpagos, lo que provoca algunos incendios forestales destructivos. Se cree que por cada grado de calentamiento los incendios aumentan en un 12%. La temprana nieve derretida alarga la temporada de incendios. Y un mundo más cálido es un mundo más ventoso, lo cual resulta un ventilador para las llamas.

En la Columbia Británica se produjeron más de 1.000 incendios este verano, incluyendo este en la región de Cariboo. B. C. WILDFIRE SERVICE

Aunque el cambio climático también podría traer más lluvia en algunas zonas, se necesita mucha agua para contrarrestar los efectos de la temperatura. En Canadá, un estudio muestra que se necesita un 15% más de lluvia para compensar el aumento de riesgo de incendio debido al aumento de temperatura de 1 °C. Los modelos climáticos prevén un incremento del 10% de lluvia así como un grado más de calentamiento en Canadá, lo que no es suficiente para contrarrestar el efecto de secado.

El año pasado, John Abatzoglou, de la Universidad de Idaho (University of Idaho), publicó un estudio que demostraba que el calentamiento causado por el hombre desde 1970 ha sido el culpable de casi la mitad del aumento de la sequía de los bosques del oeste de los Estados Unidos en los últimos 30 años. Cuánto más seco era el clima, más bosques se quemaban. Según Abatzoglou: “Es un tema complicado. Pero tal como lo vemos nosotros, la sequía de los combustibles explica unas tres cuartas partes de la variabilidad interanual [incendios]”. Por el tren de la lógica seguida por Abatzoglou y sus colegas, el cambio climático es el culpable de duplicar la superficie que ardió en el oeste de los Estados Unidos entre el 1984 y el 2015, aumentando en unos 4 millones las hectáreas de árboles carbonizados.

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, del 2014, solo pudo aportar pruebas contundentes de los importantes efectos que el cambio climático ha tenido sobre los incendios forestales en tres zonas: Alaska, algunas partes del Mediterráneo y el este de África. Pero eso fue hace algunos años, y según los investigadores de incendios se trataba de una visión conservadora, incluso en ese momento.

Los efectos del calentamiento de las temperaturas por culpa del fuego se han extendido. Incluso Groenlandia ha sufrido un importante número de incendios este año

Hoy en día, los investigadores están de acuerdo en que los efectos del calentamiento de las temperaturas por culpa del fuego se han extendido. Incluso Groenlandia ha sufrido un importante número de incendios este año, señala Flannigan, quien indica las muchas áreas donde el cambio climático está teniendo o tendrá un impacto: “En Alaska y todo Canadá boreal ya están experimentando los cambios, y estos van a continuar. En el oeste de los Estados Unidos, seguro que también. En el sureste de los Estados Unidos, tal vez. En el Mediterráneo, también. En Escandinavia, posiblemente. En Suecia se produjo un gran incendio en el 2014 que les dejó perplejos. Chile tuvo la peor temporada de incendios en años, con diferencia. Australia, sin duda también. Y también China, en las zonas del norte”.

Siberia está sufriendo sus peores incendios en 10.000 años, probablemente debido al aumento extremo de temperatura en esa región. Curiosamente, el nuevo clima y los incendios parece que están cambiando los tipos de árboles que crecen en el paisaje siberiano y ahora encontramos especies más resistentes al fuego, como el alerce caducifolio de las coníferas. Los investigadores piensan que los incendios en esta zona pueden llegar a estancarse.

Australia, que ha sufrido terribles incendios en los últimos años, añadió una nueva categoría en el nivel superior de la escala de riesgo de incendio en el 2009: “catastrófico”. Pero por ahora, los científicos afirman que es difícil decir si el cambio climático es el responsable o en qué medida lo es. El riesgo de incendio en Australia se ve muy afectado por los patrones climáticos naturales como El Niño, y las poblaciones se están trasladando a zonas de mayor riesgo. “La interacción humana es probablemente más importante que el cambio climático”, afirma Doerr. No obstante, se espera que el cambio climático traiga un clima más seco y cálido en algunas partes de Australia, lo que ampliaría la temporada de incendios y aumentaría la cantidad de días en los que el riesgo es especialmente alto.

Una imagen por satélite muestra docenas de incendios en Siberia el 23 de junio del 2017. OBSERVATORIO TERRESTRE DE LA NASA

Aunque está claro que un mundo cálido probablemente sea más ardiente, los detalles son difíciles de precisar. En general, los modelos climáticos mundiales muestran un mapa desigual del riesgo de incendios en el futuro, con mayor zonas de más riesgo respecto a las áreas con menor probabilidad de incendio. Las zonas de mayor riesgo se distribuyen por las altas latitudes, como Alaska, donde el cambio climático tiende a estimular el crecimiento de la vegetación. Las zonas de menor riesgo se encuentran principalmente en los trópicos, donde las selvas tropicales, por ejemplo, recibirían más lluvia. Un estudio del 2008 predijo que en el 2100 el área quemada en Alaska y Canadá podría aumentar entre 3,5 y 5,5 veces respecto a los niveles de 1990.

El incremento del riesgo de incendios significa que debemos cambiar nuestra forma de gestionarlos, argumentan Doerr y muchos otros. Desde la Segunda Guerra Mundial, América del Norte se ha centrado principalmente en luchar contra los incendios forestales, al estilo militar. En los Estados Unidos, según un informe del 2016, gracias a las agresivas políticas de supresión de incendios solo queman el 0,4% de los incendios forestales, ya que el resto son abordados por los bomberos. Pero la estrategia de apagar todos los incendios solo funciona cuando hay menos incendios y cuando ocurren en años más húmedos y fríos. Inyectar cada vez más dinero para luchar contra los incendios tiende a tener solo un pequeño efecto: un estudio canadiense demostró que para cumplir con un aumento del 15% en la lucha contra los incendios, los funcionarios tendrían que duplicar con creces sus presupuestos de lucha contra incendios.

Más incendios significan más dióxido de carbono emitido a la atmósfera y más humo, con los consiguientes problemas de salud que ello conlleva

Una alternativa es permitir la quema del paisaje para consumir el exceso de combustible y fragmentar los bosques en trozos más pequeños y quemables. Cuando se producen más de 100 incendios en un solo día, como sucedió en la Columbia Británica el 7 de julio, no hay más opciones que hacer un triaje y evaluar qué incendios hay que atacar y cuáles hay que abandonar: “Era imposible disponer de suficiente personal para luchar contra todos ellos, así que tuvieron que elegir”, explica Flannigan. Pero eso es lo que deberían hacer todo el tiempo, añade, utilizando mejores modelos para predecir el crecimiento del fuego y evaluar el potencial de cada incendio para dañar bienes valiosos como cuencas hidrográficas y edificios. Flannigan está trabajando para conseguir algoritmos de inteligencia artificial que puedan predecir mejor los días calurosos, secos y ventosos, que son particularmente propicios para propagar los incendios. “Permitir que haya más fuego en el paisaje es bueno”, comenta Flannigan, siempre que existan los recursos y sistemas de alerta para atacar a los amenazadores.

Otras opciones sensatas incluyen restringir el tipo de vegetación plantada cerca de las zonas urbanas, y usar la quema y la tala prescritas para romper intencionadamente el paisaje. Pero los investigadores señalan que integrar todas las diferentes jurisdicciones y empresas involucradas en la gestión de la tierra es una gran tarea, más fácil de decir que de hacer. El incendio que en 1988 quemó la mitad del Parque Nacional de Yellowstone, explica Flannigan, sirvió de mucho para ayudar a cambiar las actitudes sobre el fuego y dejar de verlo como algo malo a verlo como algo natural: los científicos lo utilizaron como trampolín para hablar sobre los efectos saludables y rejuvenecedores del fuego en un paisaje. Pero las políticas oficiales no cambiaron mucho, y todavía hay un largo camino por recorrer en el cambio de opiniones, afirma.

A pesar de las acciones que se adopten, ante el cambio climático tendremos que aceptar la idea de más incendios en nuestras vidas. Eso significa más dióxido de carbono emitido a la atmósfera a medida que se quemen árboles y vegetación; más humo, con los consiguientes problemas de salud, desde neumonía hasta enfermedades cardíacas; más sustancias químicas retardantes del fuego en nuestro paisaje y cuencas hidrográficas; más tóxicos como el mercurio propagándose de los incendios forestales y las turberas; y más partículas negras oscureciendo los casquetes polares del planeta.

“Estimamos que habrá más años como este”, advierte Abatzoglou.

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Nicola Jones

ACERCA DE LA AUTORA
Nicola Jones es una periodista freelance residente en Pemberton, British Columbia, en las afueras de Vancouver. Con conocimientos de química y oceanografía, escribe sobre las ciencias de la física, en gran parte para el periódico Nature. También ha colaborado con medios como Scientific American, Globe and Mail y New Scientist y ejerce de periodista científica residente de la Universidad de British Columbia (University of British Columbia).