English

21-12-2015 : Informe

Proteger la mariposa monarca, un plan para salvar los abetos sagrados

Los científicos mexicanos están luchando por plantar abetos oyamel a mayores altitudes en un esfuerzo de salvar la especie, así como su emblemático y volante visitante invernal, la mariposa monarca migrante, de los devastadores efectos del cambio climático.

por

Desde tiempos inmemoriales, las mariposas monarca llegan al Eje Volcánico Transversal de México a finales de octubre, cuando los autóctonos empiezan a celebrar el Día de los Muertos. Las familias llenan sus hogares de caléndulas, comen dulces con forma de calavera y ponen velas en las tumbas para indicar a las almas de los seres queridos difuntos el camino hacia su hogar.

Carlos Gottfried/UNESCO

Los bosques de oyamel proporcionan a las mariposas monarca en migración un microclima ideal para sobrevivir en invierno.

Según la creencia tradicional, estas brillantes mariposas naranjas son los espíritus de los ancestros que vuelven a la tierra a visitarnos.

A lo largo del arco volcánico, desde Jalisco hacia el este hasta Veracruz, hay desperdigadas cimas escarpadas cubiertas de abetos, pero la mayoría de las mariposas pasan el verano en solo algunas de ellas, en un área protegida como Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca. En el fresco aire enrarecido entre los 2900 y los 3290 metros se apiñan a millares en los abetos oyamel (Abies religiosa), habitualmente llamados “abetos sagrados” debido a su punta fina y cónica con aspecto de manos entrelazadas con los dedos apuntando hacia arriba, como cuando se reza. Estas densas coníferas de color verde oscuro protegen a las monarcas de las frías y lluviosas noches de inverno.

En su día, mil millones de mariposas aleteaban desde lugares tan lejanos como el sur de Canadá para pintar los abetos con una atolondrada colcha temblorosa de color naranja y negro con lunares blancos. Pero debido a la habitual letanía de factores destructores —desde la deforestación de los oyameles de México hasta la desaparición de los algodoncillos, principales plantas anfitrionas de los capullos de monarca en el norte—, sus cifras se han desplomado. En 2014 solo quedaban 33 millones. Aunque desde entonces han proliferado ligeramente, sus cifras siguen siendo peligrosamente bajas. Y ahora una amenaza más —las devastadoras repercusiones del cambio climático sobre el hábitat invernal de la mariposa en México— se hace clara con rapidez. Además de la deforestación, el oyamel padece unas condiciones climatológicas cada vez más cálidas y secas. Si el daño continúa y los árboles ya no pueden ofrecer refugio, las emblemáticas mariposas migratorias se enfrentarán a un desafío más.

Los científicos están en una carrera contrarreloj para salvar estos abetos y las mariposas que dependen de ellos.

Mientras los biólogos de EE. UU. urgen a los jardineros a plantar algodoncillos para contribuir a la recuperación del hábitat veraniego de las monarcas, los científicos mexicanos depositan sus esperanzas en un plan para trasladar la especie progresivamente a una posición superior de las laderas de las montañas locales en una carrera contrarreloj para salvar estos abetos y las mariposas que dependen de ellos. “Tenemos que actuar ya”, dice el arquitecto del plan, Cuauhtémoc Sáenz-Romero, genetista forestal de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. “Después será demasiado tarde, porque los árboles estarán muertos o demasiado débiles para producir semillas en cantidades suficientes para grandes programas de reforestación”.

Cuando llegó la estación de las lluvias el verano pasado se plantaron varios centenares de plantas de semillero a una altitud de 3440 metros, donde se espera que en 2030 se encuentre el hábitat adecuado para los oyameles. Para entonces, según el genetista jubilado del Servicio Forestal de EE. UU. Jerry Rehfeldt, que coescribió un artículo con Sáenz-Romero sobre el efecto del calentamiento global en los oyameles, las temperaturas de la reserva podrían aumentar respecto a los niveles anteriores a la era industrial 1,5 ºC en 2030, y el hábitat adecuado podría reducirse aproximadamente un 70 por ciento. El estudio de los científicos sugiere también que es posible que al final del siglo el hábitat que cubre las necesidades del abeto

Lincoln Brower/Sweet Briar College

Millones de mariposas monarca viajan cada invierno a los bosques de oyameles en peligro de México.

ya no exista en ningún lugar de la reserva. Los árboles tendrían que plantarse a mayores altitudes en las cimas a más de 160 kilómetros del hogar migratorio de la mariposa monarca.

El abeto sagrado es un ejemplo modélico para los árboles en apuros de todo el planeta. Los árboles son el hábitat de incontables especies, y apuntalan los ecosistemas así como las economías humanas, pero como grupo están en grave peligro. Un diagrama del informe del Grupo de Trabajo II de 2014 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático demuestra que de todas las formas de vida, los árboles son los que menos capacidad de respuesta tienen ante el rápido cambio climático. Arraigados en el suelo, no han evolucionado para trasladarse con rapidez. Muchos tardan décadas en madurar y reproducirse.

La vertiginosa velocidad del calentamiento global actual empequeñece todo lo registrado en los materiales fósiles, incluso lo que Lee Kump, profesor de geociencia de la Universidad Estatal de Pensilvania, ha denominado “el último gran calentamiento global” de hace 56 millones de años durante el máximo térmico del Paleoceno-Eoceno. En aquellos años, las temperaturas subieron 5 ºC en el transcurso de varios miles de años cuando se partió el supercontinente Pangea. En comparación, si las emisiones de carbono no se atajan pronto, los científicos advierten que es posible que presenciemos ese mismo calentamiento en cuestión de siglos, si no décadas. Sin la ayuda humana, lo más probable es que los árboles y muchas otras especies de plantas y animales no puedan migrar con suficiente velocidad como para adaptarse a las rápidas condiciones de cambio.

Existe una combinación de desafíos que los científicos emplean para identificar la flora y la fauna más amenazadas por el cambio climático, y el oyamel cumple la mayoría de ellos. Ya forzado a retirarse a altitudes mayores cuando el mundo se calentó tras la última Edad de Hielo, ahora se está quedando sin opciones con el aumento actual de temperaturas, que es aún mayor. Una vez más extendido, en la actualidad los oyameles están fragmentados en poblaciones reducidas y muy desperdigadas que carecen de capacidad de resistencia y tienen un alto riesgo de desaparición por acontecimientos aleatorios. Las medidas extraordinarias que se están adoptando en nombre del árbol son un caso de libro para entender cómo los esfuerzos para salvar especies amenazadas por los trastornos climáticos están cargados de complejidad.

El abeto se está quedando sin opciones con el aumento actual de temperaturas, que es aún mayor.

Durante los últimos años, Sáenz-Romero y sus compañeros se han preparado con meticulosidad para trasladar el oyamel a climas más adecuados. Los estudios preliminares determinaron que los árboles que crecen a una altitud concreta son diferentes genéticamente de las poblaciones de otras altitudes. Se recogieron semillas a una gradiente altitudinal determinada para capturar esta diversidad genética, y luego se germinaron. La siembra del verano pasado estaba pensada para probar cuál de 10 poblaciones genéticamente distintas —un traslado hacia arriba de casi 457 metros de altitud para algunas de las semillas germinadas— daría mejores resultados.

Dado que las condiciones previstas para 2030 aún no se dan en los lugares de la ladera de la montaña en los que se plantaron las semillas germinadas, están expuestos al riesgo de helada del clima actual. Y como el calentamiento global está provocando un clima más extremo de todo tipo, desde olas de calor y sequías hasta chubascos y olas de frío, es posible que se deban enfrentar a climas sin analogías con la actualidad. “Los árboles de hoy en día no están adaptados a esto”, afirma Sáenz-Romero. “Incluso si trasladamos las poblaciones al punto correcto, habrá numerosas bajas”. Para complicar aún más el asunto, a unos 3960 metros, por encima del límite del bosque, el suelo es muy pobre. Si resulta necesario trasladar los árboles a esa altura, será necesario transportar tierra orgánica hacia arriba por las laderas hasta las plantaciones.

A diferencia de la pequeña prueba de migración asistida de este verano, pronto se necesitará un esfuerzo de reforestación masivo. Sáenz-Romero espera que esta tarea la emprendan las comunidades locales que sobreviven gracias al ecoturismo basado en la mariposa monarca con la ayuda de gobiernos y grupos privados extranjeros. Sin embargo, sostiene que lo más difícil consistirá en convencer a tiempo a los ecologistas y a los conservacionistas de que la migración asistida es esencial.

Hasta hace poco, la mayoría de los ecologistas consideraban la migración asistida un concepto algo radical, cuando no inviable.

La migración asistida, también denominada “traslado gestionado”, ha encendido unas de las mayores controversias de las ciencia conservacionista contemporánea. Hasta hace poco, la mayoría de los ecologistas la consideraban un concepto algo radical, cuando no inviable. Algunos aún se oponen a introducir una especia en un nuevo entorno y lo consideran un empeño arriesgado porque las plantas, los animales y los patógenos invasivos no nativos pueden suponer una grave amenaza para las superficies naturales. Tal como apunta la bióloga de la Universidad de Minnesota Jessica Hellmann, una de los investigadoras líderes en ecología del cambio climático, “no dañar” es el eje rector de la profesión. Sin embargo, añade que “las actitudes han cambiado mucho”. Hace tan solo cinco años, muchos de sus colegas cuestionaban incluso si la migración asistida era un ámbito de investigación legítima. Ahora, sostiene, “se han publicado varias docenas de artículos en revistas serias”.

Los genetistas forestales señalan las especies emblemáticas de árboles que ya han sido masacradas por los trastornos climáticos, incluidas reliquias de la evolución raras y genéticamente únicas como las secuoyas gigantes. También les preocupan las caídas de productividad, potencialmente catastróficas, de especies clásicas de la industria maderera muy dispersas, como el pino ponderosa y el abeto de Douglas. Los responsables de la gestión de tierras “necesitan pautas YA”, asevera Rehfeldt, el genetista jubilado del Servicio Forestal de EE. UU.

TAMBIÉN DE YALE e360

Reliquias climáticas: en busca de pistas
De cómo algunas especies sobreviven

En rincones que abarcan desde las cimas de las montañas hasta los lodazales, los científicos descubren plantas y animales que han sobrevivido eras anteriores de cambio climático. Ahora, según los biólogos conservacionistas, estas “reliquias” climáticas podrían arrojar luz sobre cómo algunas especies pueden perdurar en los siglos venideros. Informa Carl Zimmer.
LEER MÁS

“Como ecologista, la migración asistida del abeto sagrado me inquieta”, admite el principal biólogo experto en la mariposa monarca Karen Oberhauser, responsable del laboratorio de la mariposa monarca de la Universidad de Minnesota y presidente adjunto de Monarch Joint Venture, una colaboración que trabaja para proteger la migración de la mariposa. “Pero cuando una especie se enfrenta a la destrucción total de su hábitat, es un elemento importante de nuestro juego de herramientas”.

Para que la migración asistida a gran escala se haga realidad, será necesario que lo apoyen más ecologistas y conservacionistas, según afirman los genetistas forestales. Un programa extenso de reforestación para el oyamel sería caro, apunta Rehfeldt, y sus posibilidades de financiación son nulas si se vislumbra tan solo un atisbo de controversia.

Entretanto, continúa la carrera contrarreloj para preparar el abeto sagrado para lo que le depare el futuro, a menos que este y otros incontables animales y plantas acaben siendo espíritus de difuntos recordados cada año, como los seres queridos en el Día de los Muertos.

, , , , , , ,

Janet Marinelli

ACERCA DE LA AUTORA
Janet Marinelli es una galardonada periodista independiente que fue directora de publicaciones científicas y de divulgación en el Jardín Botánico de Brooklyn durante 16 años. Ha escrito y editado varios libros sobre especies en peligro de extinción y los esfuerzos realizados para salvarlos. También aborda las estrategias ecológicas para crear paisajes y comunidades resistentes. Sus artículos han aparecido en diversas publicaciones, desde The New York Times y Audubon hasta Landscape Architecture y la revista Kew.