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22-09-2016 : Informe

Presión creciente para reformar la cultura de usar y tirar la ropa

Los estadounidenses desechan cerca de 12,8 millones de toneladas de productos textiles anualmente, es decir, casi 40 kilos por cada hombre, mujer y niño. En los Estados Unidos y en todo el mundo, un número creciente de ecologistas y directivos de la industria textil coinciden en que ha llegado el momento de poner fin a la cultura del desperdicio textil y están empezando a fabricar a gran escala nuevas prendas de vestir elaboradas con material usado.

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Ilustración por Luisa Rivera para Yale E360

El año pasado H&M, empresa de moda rápida con un crecimiento veloz, que cuenta con más de 4.000 tiendas en 62 países, vendió camisetas, pantalones, chaquetas y vestidos por valor de 24,5 mil millones de dólares. También recabó 12.000 toneladas de ropa. En un brillante vídeo, en el que participan gran diversidad de modelos, H&M afirma: “Tan solo existe una regla en el mundo de la moda: recicla tu ropa”.

El reciclaje se ha convertido en el lema de la industria textil, y H&M ha liderado esta iniciativa. La empresa sueca convocó un concurso de 1 millón de euros con el objetivo de buscar ideas para transformar la ropa vieja en nueva, dinero que se invertirá en Worn Again, empresa que desarrolla tecnología de reciclaje de residuos textiles, y también fichó a la artista de hip-hop M.I.A. para producir un vídeo musical llamado Rewear. Este vídeo pretende “destacar la importancia de la recolección y el reciclaje de ropa”. Junto con Nike, H&M es socia global de la Ellen MacArthur Foundation, cuya misión es impulsar la transición a una economía circular: un sistema industrial en el que todo, al llegar al final de su vida útil, se convierta en algo nuevo, al contrario de la economía de hoy, en la que la mayoría de los bienes de consumo son producidos, usados y luego desechados.

“Tenemos que cambiar la forma de hacer moda”, afirma Karl-Johan Persson, director general de H&M, y continúa: “Es preciso que pasemos de un modelo lineal a un modelo circular, y tenemos que hacerlo a escala”.

No es solo H&M. American Eagle Outfitters, Eileen Fisher, Levi-Strauss & Co., Nike, The North Face, Patagonia y Zara recaudan prendas viejas (o zapatos, en el caso de Nike) en sus tiendas, en algunos casos incluso de cualquier fabricante. Las empresas start-up Ambercycle, Dutch Awareness y Evrnu están desarrollando procesos químicos para extraer el algodón, el poliéster o prendas mezcladas y transformar estos materiales en nuevas fibras. “El objetivo último es recolectar nuestra materia prima del armario de nuestros consumidores”, afirma Michael Kobori, vicepresidente de Gestión Ambiental de Levi Strauss.

Eileen Fisher, diseñadora de ropa, ha acusado a la industria textil de ser “la segunda más contaminante del mundo, solo superada por la del petróleo”.

Que H&M esté encabezando la lucha por una economía circular no es una ironía. Su ropa a bajo coste —tienen a la venta camisetas para mujer por 5,99 dólares y vaqueros para hombre por 9,99 dólares— es uno de los motivos por los que la industria de la moda está creciendo tan rápido y recibiendo ataques de los activistas ambientales. Se calcula que la industria textil mundial genera hasta 2,5 billones de dólares en ingresos anuales, cifra que se duplicará en el próximo decenio. Además, a pesar de los esfuerzos de los distribuidores y organizaciones sin ánimo de lucro como Goodwill Industries por recoger la ropa vieja, la inmensa mayoría de prendas finalmente terminan en vertederos, al menos en los EE.UU. Los estadounidenses desechan cerca de 12,8 millones de toneladas de productos textiles anualmente, lo que equivale a aproximadamente 40 kilos por cada hombre, mujer y niño, según estima la Environmental Protection Agency de EE.UU.

Eileen Fisher, fundadora de la compañía textil que lleva su nombre, ha dicho que la industria textil es “la segunda más contaminante del mundo, solo superada por la del petróleo”, afirmación que no se puede verificar porque son escasos los datos fiables sobre el impacto global que tiene la moda. Pero no hay duda de que se necesitan grandes cantidades de agua, energía y productos químicos para fabricar ropa —hasta 200 toneladas de agua, por ejemplo, para fabricar una tonelada de tela, según el Natural Resources Defense Council . En países donde la reglamentación ambiental es laxa, los productos químicos son vertidos sin tratar en ríos y arroyos. La industria textil ha sido durante mucho tiempo una de las más contaminantes de China, y también ha contaminado ríos y arruinado campos agrícolas en la India, Camboya y Bangladesh. [Para más información sobre la contaminación del agua, véase ¿Los procesos de tintado sin agua pueden limpiar el sector de la confección?

El cultivo de algodón, el tejido más usado en el mundo de la moda, requiere agua y productos químicos agrícolas (no el algodón orgánico). Aunque el algodón se cultiva en solo el 2,4% de las tierras cultivables del mundo, representa el 24% y el 11% de las ventas mundiales de insecticidas y pesticidas, respectivamente, según el World Wildlife Fund. La Sustainable Apparel Coalition, una alianza de distribuidores, marcas y organizaciones sin fines de lucro, ha estado trabajando durante cinco años para medir y reducir el impacto medioambiental del sector.

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Montones de ropa descartada lista para ser reciclada.

A la larga, según afirman los directores de gestión ambiental, la industria deberá adoptar medidas más radicales, especialmente si quiere mantener las actuales tasas de crecimiento.

Nike, para lograr el objetivo moonshot (literalmente, ‘disparo a la Luna’, que actualmente designa objetivos difíciles de alcanzar pero que impulsan a la sociedad hacia el futuro) de reducir su impacto ambiental a la mitad, al tiempo que duplica su negocio, “deberá olvidar el modelo lineal y pasar a uno circular”, afirma Hannah Jones, directora de Sostenibilidad de la empresa. “Con el incrementalismo y las medidas para aumentar la eficiencia no lo conseguiremos”. Anna Gedda, directora de Sostenibilidad de H&M, afirma que la compañía quiere “desligar el crecimiento del uso de recursos, a fin de que el desarrollo económico y social pueda tener lugar, pero dentro de los límites planetarios”.

Esta será una ardua tarea, ya que el comportamiento de los consumidores llega a ser un obstáculo. La mayoría de las personas no devuelven su ropa vieja a las tiendas, a pesar de los incentivos ofrecidos. En los Estados Unidos, H&M, Levi-Strauss y The North Face han ofrecido una variedad de descuentos, a veces de hasta un 20% en futuras compras, pero recogen muchísima menos cantidad de prendas de las que venden, según admiten sus directivos. (H&M no dice cuántas toneladas de ropa vende, pero las 12.000 toneladas que recuperó en 2015 son claramente una mínima parte de lo que vendió la empresa.) San Francisco es una de las poquísimas ciudades que ha colocado contenedores de ropa usada en la calle.

Algunos expertos afirman que la publicidad que se está haciendo sobre cerrar el ciclo en el ámbito de la moda va por delante del avance real. John Mowbray, fundador de MCL Global, una empresa de telecomunicaciones centrada en el sector textil y que el año pasado publicó un informe de 100 páginas titulado “Closing the Loop” (‘Cerrar el ciclo’), declara: “La industria tiene un tremendo camino que recorrer para llegar a una escala significativa, a pesar de lo que diga la gente de marketing”.

Para descubrir por qué es tan difícil el trabajo que queda por hacer, es clave distinguir entre reciclar y cerrar el ciclo de vida útil. Con el reciclaje convencional de ropa no se crea la materia prima necesaria para fabricar prendas nuevas. Por otro lado, las prendas que pueden volverse a usar se venden en tiendas de segunda mano o se recopilan para venderlas a granel en el extranjero por unos pocos céntimos. (Incluso aplicando los precios más bajos, el año pasado Estados Unidos exportó ropa usada por un valor de 705 millones de dólares, a menudo en detrimento de las economías locales.) Las prendas de ropa que no se pueden volver a usar se venden como retales; se reutilizan como parte de productos de aislamiento, relleno de alfombras y de juguetes; se incineran para producir energía o se envían a vertederos.

“Nuestro objetivo consiste en no utilizar ningún producto virgen para crear las fibras y no generar residuos”, destaca un directivo.

Por el contrario, un ciclo cerrado o una economía circular son “reparadores y regenerativos por definición”, afirma la Ellen MacArthur Foundation. Para la industria textil, esto significa diseñar un sistema que mantenga los recursos textiles en uso durante tanto tiempo como sea posible y, a continuación, que recupere los materiales al final del ciclo de vida para fabricar con ellos nuevos productos de alto valor. Hoy en día ninguna empresa lo está llevando a cabo a escala comercial, pero varias lo están intentando.

La londinense Worn Again comenzó con el suprarreciclaje (en inglés upcycling) hace una década, convirtiendo residuos textiles —incluyendo uniformes de McDonald’s usados, asientos de aviones de Virgin Atlantic y mantas de cárcel— en ropa, zapatos y bolsos. Pero su fundadora, Cyndi Rhoades, pronto se dio cuenta de que fabricar productos coherentes con varios materiales era “un trabajo muy difícil”. Se focalizó en reciclar algodón y poliéster, lo que plantea una serie de obstáculos diferentes. Reciclar mecánicamente el algodón reduce su calidad, porque las fibras picadas se acortan y se vuelven menos suaves; además, cuesta más reciclar el poliéster que fabricarlo de nuevo. Más difícil aún es reciclar la ropa fabricada a partir de una mezcla de telas, que hay que separar.

Después de varios años de investigación, Worn Again unió fuerzas con H&M y la división de PUMA de Kering para desarrollar procesos químicos con el fin de extraer poliéster y algodón de tejidos usados que han sido descompuestos a nivel molecular. Rhoades destaca: “La clave está en un proceso que puede separar las fibras combinadas, recuperar las materias primas y reintroducirlas en la cadena de suministro a un precio competitivo ante sus homólogos vírgenes”. La tecnología ha sido probada en un laboratorio, pero Rhoades se negó a predecir cuándo será desplegada más ampliamente.

Levi Strauss lanzó recientemente, en cooperación con la start-up Evrnu, con sede en Seattle, el primer par de pantalones fabricados con restos de algodón usado. Una primera evaluación del ciclo de vida del producto generó resultados alentadores, según Paul Dillinger, vicepresidente y director de Innovación de Productos para el mercado mundial de Levi Strauss.

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¿Los procesos de tintado sin agua pueden limpiar el sector de la confección?

Uno de los sectores más contaminantes del mundo es el del teñido de textiles, que en la China y en otros países asiáticos llegan a producir billones de litros de aguas residuales contaminadas químicamente. Sin embargo, las nuevas tecnologías de tintado sin agua, si se adoptan a gran escala, podrían rebajar drásticamente la contaminación del sector de la confección de ropa.
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“Respecto al cultivo del algodón versus Evrnu, estamos observando un 98% de reducción del uso del agua”, afirma Dillinger, y señala que el algodón se cultiva en lugares como China, India y Pakistán, que tienen o podrían tener pronto escasez de agua.

Stacy Flynn, exdirectora de Target y cofundadora de Evrnu, destaca que su tecnología patentada purifica los restos de una prenda de algodón, los convierte en una pasta y los comprime para crear nuevas fibras limpias, que son más suaves que la seda y más fuertes que el algodón. Evrnu espera poder anunciar pronto colaboraciones con dos vendedores más, uno de los cuales quiere fabricar camisetas de punto a partir de residuos textiles. La otra se centrará en el calzado.

Flynn destaca: “Nuestro objetivo —al que todavía no hemos llegado— consiste en no utilizar ningún producto virgen en la creación de las fibras y no generar residuos”.

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Marc Gunther

ACERCA DEL AUTOR
Marc Gunther es editor colaborador de Fortune, un escritor con amplia experiencia en Greenbiz.com y un bloguero en www.marcgunther.com. Su libro, Suck It Up: How Capturing Carbon From the Air Can Help Solve the Climate Crisis, está disponible en Amazon Kindle Single. En sus artículos anteriores en Yale Environment 360, nos habló de los sistemas que se están desarrollando para eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera y de cómo la tecnología puede ayudar a los consumidores a elegir productos más ecológicos.