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17-07-2017 : Artículo

Patrimonio en peligro: cómo la elevación de los niveles marinos amenaza las históricas ruinas en las costas

A lo largo de la costa de las Orcadas de Escocia se encuentran una multitud de ruinas que se remontan a la Edad de Piedra. Sin embargo, después de perdurar miles de años, estos hallazgos arqueológicos, junto con muchos otros desde la Isla de Pascua hasta Jamestown, están afrontando una amenaza existencial por el cambio climático.

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Ruinas en la costa de la isla escocesa de Rousay, que se está erosionando como consecuencia del aumento del nivel del mar y de tormentas cada vez más intensas. ADAM MARKHAM

Situados en la impresionante costa atlántica de Mainland, la isla más grande del archipiélago escocés de las Orcadas, se encuentran los vestigios del asentamiento de Skara Brae, que datan de la Edad de Piedra, hace unos 5.000 años. A una distancia de pocos metros del mar, Skara Brae es uno de los poblados neolíticos mejor conservados del mundo: un conjunto de antiguos fundamentos, paredes y pasillos a ras de suelo, excavado de las dunas playeras de la bahía de Skaill. Fulmares y gaviotas de las enormes colonias de aves marinas planean sobre los prados costeros de esta escarpada isla a unos 25 km de la costa septentrional de la tierra firme escocesa. En días soleados, las bahías y ensenadas circundantes se presentan con un resplandor azulado aguamarina.

Más antiguo que las pirámides egipcias y Stonehenge, Skara Brae fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que también incluye los dos círculos icónicos de piedras erectas —el Anillo de Brodgar y las Rocas de Stenness— y Maeshowe, una tumba magníficamente estructurada con cámaras famosa por sus “grafitis” vikingos y la manera en que sus arquitectos de la Edad de Piedra alinearon la entrada para captar los rayos del sol durante el solsticio de invierno. Estos yacimientos, ubicados a pocos kilómetros de Skara Brae, forman parte de un ataviado paisaje ritual construido por los primeros labradores de las Orcadas.

Skara Brae y los yacimientos cercanos han resistido durante milenios los duros inviernos y tempestades feroces de las islas, pero es posible que no sobrevivan el cambio climático de la era moderna. A medida que sube el nivel del mar y se intensifican las tormentas, afligiendo a esta parte del mundo con olas cada vez más altas, crece la amenaza para Skara Brae, donde la tierra en los extremos de su dique de protección, construido en los años 20 del siglo XX, se está erosionando. En la actualidad, a consecuencia del cambio climático, la agencia gubernamental Historic Environment Scotland, responsable de la preservación de Skara Brae, lo considera uno de los yacimientos históricos más vulnerables de Escocia.

Igual que en el resto de Escocia, el clima en las Orcadas está cambiando a un ritmo más rápido que nunca desde que existen las mediciones instrumentales.

A lo largo de nuestras costas se está extendiendo una crisis global para el patrimonio cultural, pero tan solo un puñado de arqueólogos, conservacionistas y científicos expertos en el clima están prestando atención a esta amenaza. En el 2014, por ejemplo, en un estudio realizado por el Institut für Klimafolgenforschung de Potsdam se llegó a la conclusión de que 136 patrimonios de la humanidad corren peligro por el aumento del nivel del mar, entre ellos la Estatua de la Libertad y la Ópera de Sídney. El U.S. National Park Service ha detectado amenazas de erosión para numerosos yacimientos arqueológicos, incluyendo el asentamiento histórico de Jamestown, en Virginia. Según una investigación reciente, algunas de las impresionantes estatuas moáis de la Isla de Pascua están en peligro de derrumbarse al mar como consecuencia de la erosión costera.

La amenaza también es grave en el Ártico, donde el hielo protector del océano está desapareciendo y el permafrost se está fundiendo. Las tormentas hacen estragos en la línea costera llevándose restos de asentamientos, campamentos de cazadores y artefactos insustituibles. Los arqueólogos se apuran para excavar el yacimiento de Walakpa, cerca de Barrow, Alaska, antes de que desaparezca, a fin de salvar los vestigios de 4.000 años de presencia humana.

También se encuentra en riesgo crítico la arqueología en yacimientos de la costa ártica de Canadá, Siberia y Groenlandia. Los recursos para la investigación y la excavación son escasos.

Teniendo en cuenta la costa erosionada de las Orcadas y la elevada densidad de testimonios antiguos, con toda su riqueza, muchos arqueólogos ven en el archipiélago la capital del mundo de la “arqueología de erosión”. La arqueóloga Hazel Moore, que lleva observando los impactos de la erosión en las Orcadas y las islas Shetland, situadas aún más al norte, desde principios de los años 90 del siglo pasado, afirma: “En términos de la amenaza directa y por erosión, miles de sitios en las Orcadas y las islas Shetland corren riesgo, y probablemente hay muchos que no conocemos y que ni siquiera están registrados”.

Restos del asentamiento neolítico de Skara Brae en las islas Orcadas, amenazados por el aumento del nivel del mar. ADAM MARKHAM

Moore dirige una de las excavaciones de rescate” que se están llevando a cabo en las Orcadas, en el sistema dunar expuesto a la rápida erosión llamado los Links of Noltland, en la isla de Westray, a 90 minutos en transbordador de la isla Mainland. Ahí se han encontrado hasta ahora al menos 35 estructuras de piedras datadas entre el 3300 y 1000 a. C., aproximadamente. En una de ellas, los arqueólogos hallaron en el 2009 la Venus de las Orcadas, la representación más antigua de un ser humano que se conoce de Escocia. Los asentamientos neolíticos son todo menos frecuentes, y el estado de preservación en Noltland es comparable con el de Skara Brae, aunque el área de Noltland es considerablemente más grande. Cada verano, el equipo de excavación regresa sin saber en qué estado encontrará el lugar azotado por los temporales de invierno.

Igual que en el resto de Escocia, el clima en las Orcadas está cambiando a un ritmo más rápido que nunca desde que existen las mediciones instrumentales. La temperatura media ha subido en 1 °C desde 1961, y las lluvias intensas y las fuertes tormentas ahora se repiten con mayor frecuencia. Mientras tanto, el aumento del nivel del mar se ha acelerado en los últimos 20 años, lo que a su vez aumenta las graves inundaciones en las zonas costeras de Escocia, tal como indica Jim Hansom, geomorfólogo experto en costas de la Universidad de Glasgow (University of Glasgow).

Hasta la década de 1980 las dunas de Noltland estaban cubiertas en gran parte por plantas, pero estas han sido arrancadas por las tempestades, lo que hace avanzar la erosión eólica. (La explotación de la arena y el daño causado por los conejos también han hecho mella.) Los vientos invernales cada vez más fuertes y frecuentes se han llevado arena y tierra, de modo que en algunos lugares las dunas se han desplomado unos seis metros. Por primera vez en miles de años, un antiguo muladar, donde se acumulaban conchas, caparazones de caracol, espinas de pescado, granos de cereales y restos quemados de huesos de animales desechados por los labradores de la Edad de Bronce, se encuentra en la superficie directamente expuesto a los elementos. Algunas de las partes más expuestas están situadas a una distancia de poco más de 90 metros del mar y a poca altura encima de su nivel. Moore insiste en que la velocidad de la excavación es primordial, porque “la naturaleza está destapando el lugar muy rápidamente.”

Las evidencias de presencia humana en las Orcadas se remontan como mínimo a 9.000 años; aunque las consideramos hoy en día islas remotas, durante varios milenios eran cruces marítimos y culturales con vínculos estrechos en diferentes épocas con Irlanda, Escandinavia, Groenlandia y el continente europeo. En la Edad Media, las Orcadas se encontraban a tan solo dos o tres días de travesía de los puertos escandinavos.

Los primeros habitantes de las Orcadas tenían que adaptarse a cambios climáticos, como el ascenso postglacial del nivel del mar. El mar que rodea las Orcadas alcanzó su nivel actual hace aproximadamente 4.000 años, quizá 500 años después de que se abandonara Skara Brae. Es probable que la expansión de la arena y las frecuentes nieblas salinas procedentes del mar hicieran que la agricultura fuera especialmente difícil tan cerca del océano.

La arqueóloga Julie Gibson en la isla de Rousay, que cuenta con yacimientos arqueológicos que se remontan a más de 5.500 años. ADAM MARKHAM

Hacia el 3500 a. C., la mayoría de los bosques de las Orcadias se habían talado y la piedra, fácilmente extraída de las canteras de piedras areniscas de color rojizo en estratos, se convirtió en el material de construcción por excelencia. Gracias a la construcción en piedra, las islas cuentan con un repositorio extraordinariamente rico de información arqueológica desde el periodo neolítico hasta los vikingos y épocas posteriores. En otros yacimientos arqueológicos de Europa, en los que se construía con madera, quedan pocos restos de edificios, ya que el material orgánico se ha descompuesto; en las Orcadas, en cambio, la preservación de las antiguas estructuras es formidable y brinda una representación vivaz de la vida en el neolítico. Ejemplo de ellos son las casas de Skara Brae, que disponían de camas de piedra, aparadores, estantes y depósitos para almacenar pescado.

“Los edificios de Skara Brae indican un patrón de cómo vivía la gente”, explica Julie Gibson, arqueóloga del Condado de las Orcadas y docente de la Universidad de las Tierras Altas e Islas (University of the Highlands and Islands) de Escocia. “En las excavaciones cerca de Stonehenge, los arqueólogos se encuentran con casas construidas con madera, pero siguiendo el mismo modelo que en las Orcadas. Sin las pruebas en 3D de Skara Brae, habrían tardado mucho más en tener conocimientos sobre la vida de la gente de los alrededores de Stonehenge.”

Como en Skara Brae, la mayoría de hallazgos arqueológicos en las Orcadas se encuentran en la costa o cerca de ella, a poca altura sobre el nivel del mar. El aumento acelerado de este nivel ya está causando un impacto, según Gibson. Hace 60 años, los niños locales jugaban dentro de edificios magníficamente conservadas de la Edad del Hierro en la isla de Westray. Desde entonces, el mar ha subido entre 12 y 20 centímetros, por lo que estos antiguos restos han sufrido daños por la entrada de agua. Es un “desastre arqueológico”, constata Gibson, y solo es cuestión de tiempo hasta que el agua y las olas se lo lleven todo.

La iglesia medieval Saint Mary Kirk, en la isla de Rousay, es otro ejemplo de yacimiento arqueológico amenazado por el cambio climático en la costa de las Orcadas. ADAM MARKHAM

El informe del 2013 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático pronostica un aumento medio del nivel del mar de entre 50 cm y 100 cm hacia el 2100, pero según los datos científicos más recientes esta estimación es conservadora. El gobierno británico prevé un posible aumento del nivel del mar de casi 1,90 metros hacia el 2100.

En las islas de las Orcadas, las enormes olas de las profundas aguas del Atlántico irrumpen sin obstáculo en la orilla y golpean la costa. La mayoría de estudios demuestran que la actividad tormentosa en la parte septentrional del Atlántico Norte se ha intensificado, y casi todos los análisis del cambio climático coinciden en que la intensidad de las tormentas continuará aumentando.

Además, las olas son cada vez más dañinas. “En el Atlántico nororiental, la altura representativa de una ola (la altura media de un tercio de las olas de mayor altura) ha aumentado durante los últimos 40 años unos dos centímetros por año”, dice Hansom. Pero no son las olas medias las que causan el mayor daño, sino las más grandes. Se han observado olas extremas de hasta 17 metros en la costa occidental de Mainland.

Las tormentas también parecen formarse con más frecuencia, según Hansom. “El daño que causan las tormentas depende en gran medida de los impactos de la tormenta anterior”, explica. “Si una playa ha quedado mermada por una tormenta y la golpea otra tormenta pocas semanas después, esta última es mucho más destructiva”. La evaluación nacional del cambio costero del 2017 constató que las tasas de erosión costera de Escocia se han duplicado desde 1970. Todo ello podría tener consecuencias desastrosas para la arqueología costera de las Orcadas.

Un equipo internacional se apresura a aprender tanto como pueda acerca del recién descubierto yacimiento de la Edad de Piedra antes de que sea tragado por el mar.

Un ejemplo de lo que está en riesgo es una extraordinaria zona arqueológica en la costa suroeste de la isla de Rousay. Gibson vive cerca de este yacimiento desde que se trasladó a finales de la década de 1970 para estudiar la arqueología vikinga. Caminando unos pocos cientos de metros se puede recorrer toda la historia “asentada” de las Orcadas desde el 3500 a. C. hasta el siglo XX, incluyendo una de las más importantes tumbas con cámaras de Escocia, varias torres redondas de la Edad del Hierro (brochs), los restos de una sala nórdica, rampas para barcos vikingos y las ruinas de la iglesia Saint Mary’s Kirk, que en la Edad Media era el centro de Rousay.

En la bahía de Swandro, la playa cercana a la iglesia dedicada a la Virgen María, un equipo internacional se apresura a aprender tanto como puede acerca del recién descubierto yacimiento de la Edad de Piedra, que alberga una tumba con cámaras donde posiblemente yacen numerosos restos mortales sepultados en la Edad de Piedra. Asimismo, el proyecto tiene como propósito conocer mejor los mecanismos de la erosión en los yacimientos arqueológicos de la costa. También en Skara Brae, se han adoptado medidas para registrar e investigar, con los medios más avanzados, la tasa de erosión. Un equipo del Historic Environment Scotland utiliza escáneres de láser para obtener un detallado reconocimiento digital en 3D de Skara Brae y su costa.

Gibson ve en los impactos del cambio climático no solo una amenaza, sino también una oportunidad. Como autora del libro publicado en el 2008 y titulado Rising Tides Revisited: The Loss of Coastal Heritage in Orkney, informa de que la mitad de los yacimientos conocidos en las Orcadas están amenazados por el cambio climático. No obstante, no es del todo pesimista: “Esta es una oportunidad para enfocar las investigaciones en la arqueología expuesta a la erosión, en lugar de buscar nuevos yacimientos”.

Opina que algunos de estos yacimientos costeros amenazados, si se protegen y se conservan, no solo pueden aportar conocimientos inestimables sobre el pasado, sino que también pueden contribuir a impulsar el desarrollo económico en las Orcadas atrayendo más visitantes a estas islas alejadas.

Tanto Gibson como Moore guardan la esperanza de que sea posible proteger, por lo menos, algunos de los importantes hallazgos arqueológicos en la costa que actualmente corren riesgo de desaparecer. Esto puede requerir nuevas escolleras, rompeolas o restaurar las dunas en algunos lugares. Lo que más se necesita, según Gibson, son la voluntad política y los recursos financieros para excavar y estabilizar los tesoros arqueológicos de las Orcadas.

Quien contemple las antiguas casas de Skara Brae desde las orillas del mar en un día soleado sentirá una afinidad con la gente que vivía allí hace 5.000 años. Pero el vaivén de las olas que rompen en la playa recuerda que el tiempo se está agotando para este lugar extraordinario y tantos otros sitios de la costa de las Orcadas.

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Adam Markham

Adam Markham es director adjunto del área Clima y Energía de la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados, UCS por sus siglas en inglés) en Cambridge, Massachusetts. En sus publicaciones plantea el impacto climático sobre la biodiversidad, la conservación y los recursos culturales, así como la política internacional en materia de clima. Es el principal autor del informeWorld Heritage and Tourism in a Changing Climate
publicado en el 2016 por la UNESCO, PNUMA y UCS.