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15-06-2015 : Opinión

Más allá de la sequía perfecta: la verdadera crisis del agua en California

El récord de sequía en California no se debe principalmente a las bajas precipitaciones. Tres factores –el aumento de las temperaturas, el agotamiento de las aguas subterráneas y el encogimiento del río Colorado– harán que el estado más poblado de EE. UU. tenga que enfrentarse en las próximas décadas a la escasez de agua, circunstancia a la que deberá adaptarse.

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La actual sequía que sufre California sin duda es histórica, pero no a causa de los bajos niveles totales de precipitación. De hecho, en términos de precipitación total y de nieve acumulada de la primavera, en los últimos tres años no se han batido récords, según datos meteorológicos correspondientes al siglo pasado. Del mismo modo, los estudios del paleoclima muestran que la sequía actual no es excepcional dadas las variaciones naturales de las precipitaciones de los últimos siete siglos. Tampoco se puede afirmar con seguridad que la sequía actual lleve la huella inequívoca del cambio climático producido por el aumento de los gases de efecto invernadero, ya que el bajo nivel de las precipitaciones se encuentra dentro de los límites de la variabilidad natural.

La presa del Lago Oroville, en el norte de California, estaba a menos del 25% de su capacidad el mes pasado.
Dicho esto, también es evidente que esta sequía es excepcional y debe considerarse como un punto de inflexión histórico. De hecho, California deberá afrontar nuevos —y preocupantes— retos por tres razones: aumento del calor, lo que provoca el aumento de la evaporación; la continua disminución de las aguas subterráneas, y la creciente escasez de agua del río Colorado, la principal fuente externa de agua del sur de California.

Hace una década, escribí por primera vez acerca de California y la sequía “perfecta”. Ahora bien, a no ser que se adopten medidas audaces para hacer frente a una creciente crisis del agua, California se enfrentará a un futuro de sequías perfectas.

En primer lugar, está el calor. A pesar de que el actual déficit de precipitaciones no puede atribuirse al cambio climático global, sí que puede al récord de altas temperaturas del 2014. Estas elevadas temperaturas producen un aumento de la evaporación de los embalses y agravan la necesidad de irrigación. El índice de severidad de sequía de Palmer, que se utiliza habitualmente, combina la temperatura y las precipitaciones, con lo que se demuestra que el 2014 es un año del todo excepcional. Esta combinación de bajas precipitaciones y altas pérdidas por evaporación avivan la crisis que se afronta ahora.

La actual sequía en California podría ser considerada la precursora de las sequías que han de venir.

Los modelos climáticos no proporcionan un consenso sobre los cambios en las precipitaciones que podrían tener lugar en California durante el siglo XXI. En adelante, puede que no exista ni aumento ni disminución significativos de las precipitaciones medias anuales. Sin embargo, los modelos coinciden en afirmar que las temperaturas van a seguir subiendo. Por lo tanto, la demanda de agua para satisfacer las pérdidas por evaporación aumentará considerablemente. Existen también evidencias de que la duración y gravedad de las sequías aumentarán a finales del siglo XXI. En cuanto a las altas temperaturas y persistencia de las condiciones extremas, la actual sequía podría muy bien considerarse como la precursora de las sequías que han de venir.

En segundo lugar, el mayor aprovechamiento de las aguas subterráneas ha sido un mecanismo importante en California para superar las sequías pasadas. Sin embargo, el recurso de las aguas subterráneas del estado muestra claros signos de insostenibilidad. Durante los últimos 150 años, la agricultura y extracción doméstica han provocado que la profundidad de las capas freáticas descendiera 30 metros o más en algunos casos, y que el ya bajo nivel del acuífero cayera aún a más profundidad en zonas del valle de San Joaquín, una de las áreas agrícolas más productivas del mundo. En algunos lugares la misma superficie de la tierra ha descendido más de 6 metros. La actual sequía ha dado lugar a un aumento de la demanda de aguas subterráneas en regiones como el valle de San Joaquín, donde se concedieron más de 2.400 permisos para pozos en 2013, mientras la sequía asolaba la zona.

El análisis de estas tendencias y los nuevos datos sobre las aguas subterráneas recogidos por el satélite GRACE de la NASA ha inducido al hidrólogo de la NASA Jay Famiglietti a sugerir que el colapso de las reservas de aguas subterráneas de San Joaquín podría tener lugar en tan solo unas décadas. En el año 2014, fueron comunicados más de 1.400 problemas de suministro de agua doméstica en gran medida relacionados con las aguas subterráneas en California, y más de la mitad procedían del valle de San Joaquín. En el transcurso de este siglo, según indican los pronósticos, el valle de San Joaquín experimentará altos grados de calentamiento de la tierra, lo que aumentará en gran medida la demanda de agua agrícola en la región. La estrategia de alivio de la sequía a través de una mayor explotación de las aguas subterráneas aquí y en otros lugares del estado ha llegado al límite.

El tercer motivo de preocupación es el río Colorado. El Colorado es la mayor fuente de agua del sur de California, pero se alimenta sobre todo de las precipitaciones de fuentes lejanas en Wyoming, Utah y Colorado. El agua del Colorado ha servido para mitigar los efectos de las sequías. Cada año, más de 20 mil millones de metros cúbicos de agua del río Colorado se distribuyen a los estados de la cuenca del Colorado y México. California se ha adjudicado la mayor parte de las aguas del río, aproximadamente unos 5,5 mil millones de metros cúbicos cada año. Antes del 2004, California podía reclamar más aguas “excedentes”, que podían ascender a un total de 1,2 mil millones de metros cúbicos o más de agua al año.

Ahora, sin embargo, hay varios retos que se oponen a esta potencial fuente de alivio de la sequía. El reparto original de 18, 5 mil millones de metros cúbicos fue concebido en la década de 1920 basado en una descarga estimada anual de 21 mil millones de metros cúbicos. Durante el siglo XX, sin embargo, el promedio a largo plazo de descarga del río solo ha sido de 18,5 mil millones de metros cúbicos. Por lo tanto, hay una sobre-asignación sistémica de los recursos hídricos, y en 2003 California aceptó una reducción de su asignación a una cantidad no superior a 5,5 mil millones de metros cúbicos.

La salvación de la sequía que ofrecía el río Colorado es cada vez más improbable debido al calentamiento del planeta.

Al igual que gran parte del suroeste, la cuenca del río Colorado en general también ha sufrido altas temperaturas y aridez en los primeros años del siglo XXI. El cauce del río Colorado ha disminuido y el agua almacenada en su enorme sistema de embalses ha caído vertiginosamente. El lago Mead, el embalse más grande de los EE. UU., ahora se encuentra al 37% de su capacidad máxima.

Según pronósticos recientes del Bureau of Reclamation, para enero del 2017 superficie del lago Mead caerá por debajo de unos 325 metros sobre el nivel del mar. Esto provocará una declaración de emergencia hídrica federal y la reducción de las asignaciones de agua en un 4,3%, en Nevada, y un 11,4%, en Arizona. Aunque California, con sus privilegios, no sufrirá ninguna restricción, cabe la posibilidad de que la opinión pública y los políticos ejerzan presión sobre este estado, en relación con dichos privilegios. En la historia de la gestión de los recursos hidrológicos del lago Mead y el río Colorado, nunca ha habido una declaración de emergencia por escasez de agua.

Las recientes investigaciones llevadas a cabo por el Bureau of Reclamation estiman que el calentamiento global futuro dará lugar a un aumento del 10% de evaporación del agua en el lago Mead, a lo largo del siglo XXI. Al igual que en el caso de las aguas subterráneas de California, el río Colorado ha sufrido el exceso de demanda, y la salvación de la sequía que ofrecía este río es cada vez más improbable debido al calentamiento del planeta.

Hace diez años, mis colegas y yo consideramos esta situación como la sequía perfecta, que afectaba las precipitaciones locales del sur de California, a las reservas extrarregionales del norte de California y a las fuentes de suministro externas del río Colorado por períodos superiores a uno o dos años. Lo que estamos viviendo hoy es, en efecto, la sequía perfecta, pero también es algo que va más allá de eso.

No podemos depender de las aguas subterráneas o del suministro de agua externa para vencer futuras sequías.

Hemos observado las sequías perfectas del sur de California como acontecimientos aislados. Aunque es cierto que las sequías son, hidrológicamente, sucesos aislados, y la actual llegará, tarde o temprano, a su fin, esta sequía debería centrar nuestra atención por el hecho de que las cosas han cambiado respecto al contexto en el que estas sequías se producen. El aumento de las temperaturas hará aumentar año a año la demanda de agua, en particular, en el sector agrícola, que gasta alrededor del 80% del agua del estado. Debido a las crecientes tasas de evaporación, cada futura sequía tendrá un impacto más fuerte que el de la anterior.

Entonces, ¿qué se puede hacer? A nivel doméstico, podemos seguir cambiando nuestro paisaje, mezcla de césped y otras plantas con necesidades intensivas de agua, con plantas nativas que consuman menos agua. A nivel municipal, podemos incrementar el uso de agua reciclada y la desalinización, que probablemente darán lugar a un coste más elevado del agua. La captura de aguas pluviales también ayudaría a escala doméstica y municipal.

Pero el gran objetivo, por supuesto, es la agricultura. En muchos casos ya se han instalado tecnologías de irrigación que ahorran agua. Ahora, habrá que tomar decisiones difíciles para obtener las mejores cosechas en un entorno caracterizado por escasez de recursos hidrológicos. Estas opciones plantean cuestiones serias acerca de la justicia económica y medioambiental rural y la seguridad alimentaria. Se pueden obtener ventajas mediante infraestructuras adicionales para la captura, almacenamiento y distribución de agua. En algunos casos, sin embargo, estas estrategias en materia de infraestructuras provocan graves problemas medioambientales e intereses opuestos, como el conflicto en el delta de California entre las necesidades de agua del valle de San Joaquín y el sur de California, y los derechos de agua de los agricultores locales y la protección de especies de peces en peligro de extinción.

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No importa lo que decidamos hacer, no podremos depender, como lo hemos hecho en el pasado, ni de las aguas subterráneas ni del suministro de agua externa para vencer futuras sequías. Si el lago Mead desciende hasta más abajo de las tomas de las turbinas y los desagües profundos de la presa de Hoover, a unos 270 metros de altitud, como algunos han pronosticado, el hecho de que California tenga derechos prioritarios sobre el agua no servirá para nada. Con las aguas subterráneas, estamos frente a un cataclismo agrícola en el caso de que efectivamente desciendan los acuíferos en el valle de San Joaquín y otras partes del estado.

Tenemos que abordar la situación actual como si fuera la sequía del mañana, una mirada hacia el futuro hidrológico de California y el oeste de los EE. UU. No hay duda de que vamos a ver sequías climáticas similares durante el próximo siglo. La pregunta es: ¿tendremos la previsión para aprender todo lo que podamos de la actual sequía y la voluntad de poner en práctica los cambios en las infraestructuras, las políticas y las actitudes del público necesarias para hacer frente a la próxima? Tanto si el invierno que viene es seco otra vez como si llueve lo nunca visto, el reloj hidrológico corre hacia un cada vez más difícil siglo XXI. El momento adecuado para afrontar los retos a largo plazo en materia de agua es ahora.

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Glen MacDonald
SOBRE O AUTOR Glen MacDonald é titular da cátedra John Muir de Geografia e professor emérito da Universidade da Califórnia, em Los Angeles. Sua pesquisa centra-se na mudança climática e ambiental e em seu impacto sobre os ecossistemas e os seres humanos.