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12-06-2014 : Informe

¿Los procesos de tintado sin agua pueden limpiar el sector de la confección?

Uno de los sectores más contaminantes del mundo es el del teñido de textiles, que en la China y en otros países asiáticos llegan a producir miles de millones de litros de aguas residuales contaminadas químicamente. Sin embargo, las nuevas tecnologías de tintado sin agua, si se adoptan a gran escala, podrían rebajar drásticamente la contaminación del sector de la confección de ropa.

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Todos los años, un sector global engulle miles de millones de litros de agua dulce, junto con grandes cantidades de química. Las aguas residuales de estas fábricas se vierte, a menudo sin tratar, a ríos que llevan su contenido tóxico al mar, donde se extiende por todo el globo.

¿Qué sector es ese? El del teñido de textiles, cuyos coloridos productos contradicen la realidad de que se trata de un contaminador egregio, especialmente en la China, donde según algunos cálculos produce, y luego vierte, aproximadamente un 40% de todos los productos químicos de tintes del mundo.

En la actualidad, se desarrollan y se emplean tecnologías de tintado sin agua, lo que podría ayudar a reducir las enormes cantidades de contaminación que genera el teñido de textiles.

Lu Guang/Greenpeace

El teñido de textiles produce miles de millones de litros de aguas residuales todos los años, especialmente en la China.

En los últimos años, tres empresas diferentes han desarrollado principalmente una tecnología de tintado sin agua. Dos son norteamericanas (AirDye y ColorZen) y la tercera es holandesa, DyeCoo, cuyo proceso es utilizado por Adidas, uno de sus socios.

Aunque los tres procesos difieren mucho entre sí, los resultados son bastante parecidos. El uso de agua se reduce casi a cero, lo que disminuye drásticamente la contaminación. La cantidad de sustancias químicas también se ve reducida, mientras que unos ciclos de teñido más rápidos suponen un recorte todavía mayor del consumo energético.

A pesar de estos beneficios, las principales incógnitas siguen sin resolverse respecto a si estas nuevas tecnologías podrán cambiar el curso de la lucha para reducir la contaminación del sector textil. El agua se ha usado para teñir tejidos durante siglos y las marcas textiles por lo general han sido reacias a adoptar cambios. Las nuevas máquinas de tintado sin agua también tienen una instalación cara y las tecnologías a menudo solo pueden usarse en determinados tipos de tejidos, como el poliéster.

“Por lo que respecta a ColorZen, de hecho, es una nueva aplicación de una tecnología que lleva veinte años funcionando y que todavía no ha sido aceptada por el sector textil”, afirmaba Long Lin Professor de la Universidad de Leeds (University of Leeds), un centro puntero de la tecnología textil y la ciencia del color.

“El sector del tintado ha hecho que la ropa sea bonita pero ha convertido el agua limpia en negra”, afirma un funcionario chino.

La necesidad de reformar el sector del tintado textil es urgente, sobre todo en la China, Bangladesh, la India, el Vietnam y Tailandia.

El sector textil de la China vierte alrededor de 2.500 millones de litros de aguas residuales en sus ríos anualmente, según un informe de 2012 del Institute of Public & Environmental Affairs(IPE), una organización sin ánimo de lucro. Entre estos residuos se encuentran muchos elementos químicos peligrosos: tributilestaño (TBT), éter difenílico polibromado (PBDE), ftalatos, perfluoro-octano-sulfónico (PFOS) y anilina, que están prohibidos o estrictamente regulados en otros países porque son tóxicos, persistentes, bioacumulativos, disruptores hormonales y pueden provocar cáncer.

“El sector del tintado ha hecho que la ropa sea bonita pero ha convertido el agua limpia en negra”, afirmaba Sunyun Yao, un secretario delegado de la prefectura de Shaoxíng, en la China, en el 2010 al iniciarse la operación Green Storm, que multó o cerró empresas que vertían ilegalmente aguas residuales sin tratar. Más del 30% de las tintorerías de la China se encuentran en esa región.

Según las estadísticas del 2012 del Ministerio de Supervisión chino, los accidentes por agua contaminada en las zonas industriales se han incrementado en más de 1.700 casos anuales, unos cinco al día. Pero esa no es la mayor preocupación según Ma Jun, un líder ecologista chino y fundador del IPE, que creó el mapa de la contaminación del agua en la China.

“Estos vertidos tóxicos constituyen situaciones de emergencia, pero la liberación de sustancias peligrosas es por sí misma un desastre en curso”, afirma Ma. “Algunos proveedores de marcas como Ralph Lauren, Abercrombie & Fitch, Hugo Boss y Victoria’s Secret son grandes contaminadores, pero estas marcas no quieren hacer frente a la realidad de la contaminación en su cadena de suministro. Desde mi punto de vista este comportamiento es de una gran irresponsabilidad”.

El desarrollo cada vez más intenso de los procesos de tintado sin agua encierra el potencial de cambiar la situación si las tecnologías se adoptan a gran escala, afirman los expertos en el ramo del textil.

Las máquinas de DyeCoo utilizan dióxido de carbono, que se calienta y se comprime hasta que llega al estado supercrítico, entre el gas y el líquido. Así actúa como solvente y soluto al mismo tiempo. Como resultado, los pigmentos del color penetran con mucha más rapidez en las fibras textiles y no se necesitan ni elementos químicos ni sales. Como el tiempo de tintado se rebaja a la mitad y el tejido sale seco de la máquina, el gasto energético se reduce al 50%, según el exconsejero delegado de DyeCoo, Reinier Mommaal.

Esencialmente, no hay aguas residuales. Una vez tintado cada lote, solo quedan unos pocos residuos que consisten sobre todo en pigmentos de color y aceite.

Una traba es el coste de las máquinas de tintar sin agua, que pueden llegar a costar 4 millones de dólares cada una.

Según Mommaal, alrededor de un 95% del dióxido de carbono puede reciclarse y volverse a utilizar en las máquinas. Al usar menos energía y sustancias químicas, al final, el proceso de DyeCoo reduce los costes de producción entre un 30 y un 50%, afirma la compañía. Por el momento, el Yeh Group de Tailandia utiliza las máquinas de DyeCoo para fabricar piezas de ropa de Adidas y la taiwanesa Far Eastern New Century tiene estas máquinas para confeccionar ropa para Nike.

AirDye ha tomado otro rumbo. Sus prendas ya no se sumergen en el tradicional baño lleno de agua y tinte, sino que se colocan en prensas: la presión y el calor se usan para transferir tintes especialmente formulados del papel al tejido de poliéster. “La molécula del tinte se une a la molécula de la fibra, lo que le da un color más duradero”, según Rita Kant, Assistant Professor del Instituto de Moda y Tecnología de la Universidad de Punyab (Institute of Fashion Technology at Panjab University), en la India.

Este proceso es más rápido que el tradicional y también consume un 95% menos de agua y un 86 menos de energía, según AirDye.

ColorZen ha desarrollado un método que cambia la composición molecular de las fibras de algodón, que las hace más receptivas al tinte. Después del tratamiento, el proceso de tintado utiliza un 90% menos de agua, un 95% menos de sustancias químicas, un 75% menos de energía y la mitad de tinte que los procesos convencionales, según la empresa fabricante.

Sin embargo, la adopción generalizada de tecnologías de tintado sin agua se enfrenta a unos obstáculos desalentadores.

Ajoy Sarkar, un Associate Professor del Fashion Institute of Technology and Vocational Development de Nueva York, afirma que el pretratamiento de los tejidos incrementa los costes, así como la logística. “ColorZen tiene una única instalación en la China, lo que implica que las empresas tienen que transportar sus fibras hasta allí para que las traten y luego llevarlas a una hilatura para que las hilen”, afirmaba Sarkar.

AirDye tiene cinco operaciones acreditadas (Coco Prints, Eco Printsy y Tex Prints, entre otras) en los Estados Unidos, Europa y Asia, que también necesitan del transporte de los tejidos a larga distancia hasta fábricas que utilicen el proceso sin agua. La empresa se declaró en bancarrota el año pasado pero sigue operativa con otros propietarios.

El sector del teñido de textiles de la China despegó porque las principales organizaciones internacionales abrieron fábricas de confección en ese país.

A pesar de que los procesos de DyeCoo y AirDye han demostrado su éxito, hoy por hoy solo pueden usarse con poliéster, y no con algodón.

Los expertos como Sarkar ven otro principal obstáculo para la expansión: el coste de las máquinas de tintado sin agua. Las máquinas de DyeCoo cuestan entre 2,5 y 4 millones de dólares, por ejemplo. “El precio tiene que bajar considerablemente”, comenta Sarkar. “Si no, solo las empresas con grandes presupuestos, como Nike o Adidas, podrán realizar esas inversiones, pero no la mayoría del sector… Sin embargo, estoy encantado. Es la primera innovación en teñido que no utiliza ni una gota de agua y eso supone un gran avance”.

El sector del teñido de textiles de la China ha despegado en las últimas décadas porque las principales organizaciones internacionales han abierto fábricas de confección en ese país. Ese incremento también agudizó el problema de la contaminación del agua.

A medida que el precio de la ropa importada a los Estados Unidos caía un 25% en las dos últimas décadas, los telares asiáticos recortaron los costes solo con enviar las aguas residuales sin tratar a los ríos.

Eso degradó enormemente los suelos y el agua alrededor de las agrupaciones textiles, según varios informes de Greenpeace, el Institute of Public & Environmental Affairs (IPE) chino, la World Wildlife Fund y el Federal Institute of Aquatic Science and Technology suizo.

El panorama general es aún más desalentador. Aparte de las tintorerías, el cinturón industrial alrededor de los principales ríos chinos, como el Yangtsé o el río de las Perlas, alberga plantas químicas, refinerías de petróleo, plantas nucleares de procesamiento del combustible, fundiciones y fábricas de equipamientos eléctricos.

“Es descorazonador ver el alcance de la tragedia”, afirma Ake Bergman, un experto en sustancias químicas disruptoras hormonales y Professor de la Universidad de Estocolmo (Stockholm University) y la Universidad de Tongji (Tongji University) de Shanghái. Bergman y sus colegas realizan actualmente un seguimiento de los vertidos en el río Yangtsé, que recibe alrededor de unos 30.000 millones de litros de aguas residuales al año, muchas de ellas sin tratar.

Los riesgos de la exposición a sustancias químicas peligrosas siempre serán mayores en áreas fabriles, afirma Daniel Fagin, un Professor de Periodismo Científico de la Universidad de Nueva York (New York University). Pero Fagin, autor del libro galardonado con un premio Pulitzer Toms River, acerca de un cúmulo de casos de cáncer en la ciudad de Nueva Jersey relacionados con el vertido de sustancias peligrosas por parte de una planta química, también afirma que “dicha exposición no está confinada a la ciudad de la planta química. Está por todas partes. Necesitamos inventar nuevos modos de medir este riesgo y responder a él”.

Las sustancias químicas del tinte se extienden por todo el mundo al exportar la ropa con residuos.

Las sustancias químicas del tintado textil también se extienden de un modo muy diferente: al importar ropa con residuos. Friends of the Earth, World Wildlife Fund y Greenpeace han examinado gran variedad de ropa que demostró contener elementos químicos nocivos, como anilina, ftalatos y etoxilato de nonilfenol (NPE). Se encontraron bastantes sustancias químicas usadas en el tintado, el acabado y la impermeabilización en las chaquetas de todas las estaciones, la ropa sin arrugas y las camisetas con estampados plastificados.

“La gran mayoría de estas sustancias se eliminan con un único lavado y acaban en nuestros canales”, afirma Kevin Brigden, un químico que trabaja en los Laboratorios de Investigación de Greenpeace en el Reino Unido. “Si miras la cantidad total de ropa que se vende por país, decenas de centenares de toneladas de sustancias químicas cuyo uso se ha prohibido en la fabricación de ropa en Europa se importan por esta vía”.

El Gobierno chino ha anunciado un plan de 320.000 millones de dólares para afrontar el problema de la contaminación del agua. Se han establecido nuevos criterios para los vertidos de las aguas residuales del sector del teñido de textiles, incluido un límite de la cantidad de agua dulce utilizada para producir cada tonelada de tejido. Si estas leyes se aplicarán en el ámbito local es una gran pregunta.

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Bangladesh, un gran exportador textil, lidia con sus propios problemas relacionados con el uso del agua en el proceso de tintado. Todos los años, el nivel freático de Dacca, la capital del país, disminuye entre uno y dos metros, en parte debido al uso del agua en las fábricas textiles. En su vecina India, el Gobierno ha cerrado centenares de pequeñas plantas de tintura porque no cumplían los mandatos de los tribunales de eliminar por completo los vertidos líquidos.

Las empresas de tintado sin agua afirman que sus tecnologías han implicado una reducción significativa del uso de agua y de emisión de contaminación. En el último año, por ejemplo, Adidas anunció que al usar casi un millón de metros del tejido de DryDye[N1] , la empresa se ahorró 25 millones de litros de agua. Aún así, estos ahorros todavía constituyen una pequeña porción de los 6.000 millones de litros de agua dulce que se calcula que usa actualmente la industria textil global.

Para que la tecnología del tintado sin agua se use ampliamente, el precio de las máquinas debe reducirse considerablemente, según el Professor de la Universidad de Leeds, Long Lin.
“El sector jamás aceptará una nueva tecnología como esta a menos que sea bastante más barata”, afirma Lin. “El sector del tintado trabaja con muy poco margen, lo que es una desgracia porque ahora solo puede hacer dinero cargándose al medio ambiente”.

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Lydia Heida es una periodista y fotógrafa independiente que vive en Holanda. Está especializada en noticias de reciclaje, energías renovables y recursos como el agua y los combustibles fósiles. Sus artículos e imágenes se han publicado, entre otros, en el diario De Volkskrant, en la revista Professional Engineering y en Spektrum der Wissenschaft.