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24-11-2014 : Análisis

Los bonos verdes, ¿serán capaces de financiar una revolución de energía limpia?

Para desacelerar el calentamiento global, se tendrán que gastar varias decenas de billones de dólares en las próximas décadas en proyectos de energía renovable. Algunos bancos y gobiernos emiten bonos verdes para financiar esta transformación; no obstante, permanece una pregunta importante sin respuesta: ¿este instrumento de financiación podrá cambiar las reglas del juego?

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Por una parte, el cambio climático es un problema de infraestructura. Para limitar el calentamiento global a 2 grados Celsius y evitar los efectos más graves del cambio climático, harán falta inversiones de alrededor de 44 billones de dólares en proyectos de bajas emisiones de carbono, tales como parques eólicos, paneles solares, energía nuclear, captura del carbono y edificios inteligentes, hacia el 2050, según pronósticos de la Agencia Internacional de la Energía, es decir, más de un billón de dólares al año, aproximadamente cuatro veces más que las inversiones actuales.

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Leaflet/Wikimedia Commons

Los bonos verdes pueden financiar proyectos de energía renovable a gran escala, como parques eólicos.

¿De dónde se puede sacar tanto dinero? Quizá de los bonos verdes, como afirman banqueros y ecologistas. Los bonos verdes, que también se conocen como bonos ecológicos, representan inversiones de renta fija, que están diseñadas para financiar proyectos respetuosos con el medio ambiente. Entre los pioneros de este desarrollo figuran bancos internacionales: el Banco Europeo de Inversiones emitió el primer bono ecológico en el 2007, seguido del Banco Mundial un año más tarde. Actualmente son gobiernos estatales y locales (Massachusetts, Hawái, Nueva York, y municipios como Estocolmo y Spokane (Washington), entre otros), así como grandes empresas (Bank of America, Unilever y la compañía francesa suministradora de energía GDF Suez), quienes emiten estos bonos.

Los ingresos generados por los bonos se utilizan para múltiples propósitos. El Banco Mundial vendió bonos verdes a fin de recaudar fondos para la ingeniería geotérmica en Indonesia distribuir gratuitamente lámparas fluorescentes compactas entre la gente pobre en México. Massachusetts reunió dinero para limpiar a fondo un enorme vertedero (superfund). Los bonos verdes de la compañía de energía EDF financiaron parques eólicos en Francia, y Toyota destinó los ingresos procedentes de los bonos verdes a préstamos para compradores norteamericanos de coches híbridos.

Todo indica que el mercado de bonos verdes está en auge. En el 2013 se emitieron por valor de 11 mil millones de dólares, y este año ya alcanzaron la cifra de 34 mil millones, según la Climate Bonds Initiative (CBI), una organización sin ánimo de lucro con base en Londres, que hace un seguimiento del mercado. Algunos expertos pronostican que en el 2015 se venderán bonos verdes por valor de 100 mil millones de dólares. “En los mercados, el impulso lo es todo”, señala Sean Kidney, el director ejecutivo de Climate Bonds Initiative.

Los inversores institucionales preocupados con el impacto medioambiental de sus carteras se hacen con bonos verdes

Se observa una fuerte demanda por parte de inversores institucionales, sobre todo de los que se preocupan del impacto medioambiental o social de sus carteras, que quitan los bonos verdes de las manos de sus emisores. “Es más fácil venderlos que comprarlos”, constata Stephen Liberatore, principal gestor de carteras de inversiones de renta fija de responsabilidad social de TIAA-CREF, una organización compradora de bonos verdes. Rachel Kyte, vicepresidenta del Banco Mundial y entusiasta de bonos verdes, comenta: “Los bonos verdes han generado un nuevo flujo financiero, que será esencial para afrontar el cambio climático.” El Banco Mundial ha emitido bonos verdes por un valor superior a 7 mil millones de dólares en 17 monedas diferentes desde el 2008.

Pero los bonos verdes no pueden cumplir con todo lo que se espera de ellos, por varias razones. En primer lugar, no hay un consenso sobre lo que es un bono verde. Las inversiones en ferrocarriles, ¿son verdes? ¿Qué pasa si los trenes llevan carbón? ¿Y qué sucede con las centrales nucleares o biocombustibles? En segundo lugar, y quizá más importante, es difícil saber si los bonos verdes financian proyectos que también se habrían llevado a cabo sin ellos. Si los bonos verdes no atraen nuevas inversiones en proyectos de bajo nivel de emisión de carbono, no harán mucho más que tranquilizar nuestra conciencia.

Cary Krosinsky, autor de tres libros sobre inversiones sostenibles y docente de un seminario sobre negocios y medio ambiente en la Universidad de Yale (Yale University), afirma que algunas empresas aplican una etiqueta ecológica a bonos que habrían emitido igualmente. “Hay quienes luchan en el mundo corporativo, financiero y de inversores por una solución al cambio climático, pero para otros esto es puro marketing. Existe el peligro de que este tema se plantee con cinismo.”

Por otra parte, los bonos verdes no son ninguna novedad; son simplemente un ejemplo reciente de bonos temáticos orientados a un objetivo, destinados a una finalidad concreta. En la Guerra de Secesión, los bonos de guerra, vendidos por 2.500 agentes y presentados en anuncios patrióticos en periódicos, fueron una fuente de financiación para el ejército de la Unión. Estrellas de Hollywood como Bette Davis y Rita Hayworth vendieron bonos de la Segunda Guerra Mundial. También se han emitido bonos por valor de billones de dólares para financiar autopistas, hospitales y escuelas.

Evidentemente, una autopista es una autopista, pero la definición de “verde” es difícil. De hecho, una autopista tal vez podría considerarse verde “si contribuyera a descongestionar el tráfico actual”, explica Sean Kidney de CBI. Su organización sin ánimo de lucro, que colabora con científicos y economistas, ha lanzado una serie de iniciativas para aportar claridad al sector. CBI ha publicado estándares para la energía renovable y los edificios, el grupo se centra en el transporte, los biocombustibles y el uso de la tierra, pero no en la energía nuclear. “No es probable que consideremos la energía nuclear para el futuro previsible”, declara Sean Kidney, aludiendo a la oposición de los ecologistas. Otras áreas grises incluyen la modernización de las centrales de carbón para reducir las emisiones y el aumento de la eficiencia energética en las exploraciones de petróleo y gas.

En el futuro, es posible que las entidades emisoras se sientan animadas a informar sobre el impacto medioambiental de los proyectos que financian.

En enero del 2014, un grupo de bancos de inversiones presentó los principios de los bonos verdes, titulados Green Bond Principles, que, según manifiestan, promoverán “la transparencia, la apertura y la integridad”. Las directrices voluntarias identifican un amplio espectro de proyectos adecuados, como la energía renovable y los edificios energéticamente eficientes, pero no pretenden arbitrar en cuestiones controvertidas, por ejemplo sobre las supuestas ventajas medioambientales del etanol de maíz.

Marilyn Ceci, directora gerente de JPMorgan Chase, que elaboró los principios junto con ejecutivos de Bank of America Merrill Lynch, Citi y Crédit Agricole, señala que los principios están diseñados para fomentar transparencia e información. Según observa, los científicos y las ONG no logran ponerse de acuerdo sobre lo que es verde; por eso los banqueros decidieron abstenerse en esta cuestión. La definición se deja en manos de los emisores y “después, le toca al mercado determinar cuán ecológico es de verdad el bono verde de una entidad emisora”, concluye Marilyn Ceci.

En el futuro, es posible que las entidades emisoras se sientan animadas a informar sobre el impacto medioambiental de los proyectos que financian. Manuel Lewin, director de inversiones responsables de la compañía aseguradora Zurich, que se ha comprometido a invertir 2 mil millones de dólares en bonos verdes, opina que estos informes pueden ser útiles para los compradores: “Cuántos megavatios de energía renovable se generan? ¿Cuál es la repercusión en las emisiones de CO2? ¿Cuántas hectáreas de tierra se pueden reforestar?”

Un grupo llamado International Capital Market Association ha convocado a emisores, compradores y corredores de bonos verdes para actualizar y perfeccionar los principios. “Es importante saber que una inversión es indudable y categóricamente un bien para el medio ambiente, sea por reducir los gases invernaderos o por mejorar la calidad del agua de un río”, resume Cheryl Smith, un socio gerente que dirige las inversiones de renta fija de Trillium Asset Management, compradora de bonos verdes.

Más difícil es saber en qué medida los bonos verdes impulsan nuevos proyectos, un concepto conocido de modo menos elegante como “adicionalidad”. Este otoño, MIT refinanció una serie de bonos utilizados originariamente para construir edificios energéticamente eficientes en su campus y destinó 370 millones a nuevos bonos considerados verdes. Esta es una práctica estándar: la refinanciación juega un papel vital en los mercados de bonos y libera dinero para otros propósitos, pero no ofrece nuevas ventajas para el medio ambiente.

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Los defensores de los bonos verdes argumentan que toda la polémica que generan ya vale, por sí misma, la pena, porque contribuyen a la concienciación respecto a las inversiones ecológicas. Afirman que los gobiernos y las empresas están entablando contactos con inversores con sensibilidad medioambiental. Si los inversores en el mercado de renta fija, cuyo volumen de ventas anuales en bonos se estima entre 80 y 100 mil millones de dólares, trasladan solamente una mínima parte de sus compras hacia los bonos verdes, aportarán financiación nueva y muy necesaria en infraestructuras de bajas emisiones de carbono. Si las inversiones en bonos verdes continúan, es posible que su retorno, es decir, el interés que generan y que actualmente equivale al de los bonos simples, caiga, por lo que sería más barato llevar a cabo proyectos verdes.

“Lo que estamos intentando hacer es utilizar los dólares de los inversores para reducir los costes de capital para la energía alternativa”, explica Stephen Liberatore de TIAA-CREF, que supervisa el fondo Social Choice Bond Fund (TSBRX) de la empresa, que está abierto a inversores minoristas, y añade: “Así vamos haciendo posible el cambio a lo largo del tiempo.”

Mindy Lubber, presidenta de Ceres, un grupo que defiende la sostenibilidad, señala que precisamente ahora el mercado está tomando forma. “Todos quieren hacerlo bien, y hasta ahora funciona bien”, concluye. Al fin y al cabo, verde es un color que Wall Street debería entender.

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Marc Gunther

ACERCA DEL AUTOR
Marc Gunther es editor colaborador de Fortune, un escritor con amplia experiencia en Greenbiz.com y un bloguero en www.marcgunther.com. Su libro, Suck It Up: How Capturing Carbon From the Air Can Help Solve the Climate Crisis, está disponible en Amazon Kindle Single. En sus artículos anteriores en Yale Environment 360, nos habló de los sistemas que se están desarrollando para eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera y de cómo la tecnología puede ayudar a los consumidores a elegir productos más ecológicos.