English

17-02-2014 : Debate

La resurrección de especies extinguidas: por qué deberíamos recuperar al mamut lanudo

Gracias a los avances en tecnología genética puede que algún día seamos capaces de recuperar las especies que se extinguieron hace tiempo, como el mamut lanudo o la paloma migratoria. Vale la pena intentarlo, ya que ello aportará auténticos beneficios a la conservación y a la opinión que tenemos del entorno natural.

por

El ADN secuenciable se puede recuperar a partir de los especímenes que hay en museos y de algunos fósiles de especies extinguidas. Este descubrimiento, en 1980, impulsó la idea de que es posible revivir algunos animales extinguidos. La posibilidad de secuenciar a ciegas genomas vivos de forma cada vez más económica ha significado que el “ADN antiguo”, de condiciones considerablemente fragmentadas, no impidiera reconstruir el genoma completo de criaturas que desaparecieron hace tiempo. Paralelamente, el auge de la “biología sintética” desde el año 2000 está aportando herramientas de modificación de genomas de alta precisión.

Puede que podamos revivir genomas que desaparecieron hace tiempo. Puede que las especies extinguidas se paseen otra vez por la Tierra. Puede que otra vez crezcan en libertad.

Esta perspectiva me llevó a fundar una organización sin ánimo de lucro junto a mi mujer, Ryan Phelan (ella es la directora, yo escribo diatribas como esta), llamada Revive & Restore. La misión de la entidad es “mejorar la biodiversidad mediante el rescate genético de especies en peligro de extinción y ya extinguidas”. Nos hemos dado cuenta de que el rescate genético puede tener un amplio abanico de aplicaciones. La tecnología genómica que se desarrolla para recuperar especies se puede utilizar para prevenir la extinción de algunas especies en peligro.

Stewart-Brand

Stewart Brand

El mayor problema que afecta a las especies con un reducido número de población es su progresiva endogamia. Su fertilidad disminuye (a menudo debido a la creciente homocigosis de los genes nocivos) y carecen de la diversidad genética necesaria para adaptarse con garantías (muchas de sus valiosas variantes genéticas, llamadas “alelos”, se perdieron al caer en picado su población). Las nuevas técnicas de modificación genómica podrían recuperar bastante fácilmente la heterocigosis en los genomas vivos. Incluso se podrían revivir “alelos extinguidos” a partir de especímenes de museos o fósiles para devolver al resto de la población la fuerza adaptativa que una vez tuvieron.

Si lo logramos, la historia de la conservación podría pasar del llanto constante a la euforia y a un nuevo entusiasmo.

En el ámbito emergente de la conservación genómica, prevenir la extinción se mezcla y confunde con revertir la extinción. Si los alelos extinguidos se pueden hacer revivir, ¿por qué no se puede hacer lo mismo con todos los genomas extinguidos? Todo lo que se necesita es remendar el genoma vivo del pariente vivo más próximo del animal extinguido. En el caso de la paloma migratoria sería la paloma de collar; en el caso del mamut lanudo, el elefante asiático. (Tomaré estas dos especies como ejemplo, ya que son en las que se centra Revive & Restore. Se podría aplicar también al alca gigante, la cotorra de Carolina, el carpintero real, la foca monje del Caribe, la mariposa Glaucopsyche xerces, el Tympanuchus cupido cupido, el tilacino –tigre de Tasmania–, la rana Rheobatrachus, la moa de Nueva Zelanda, el Oo de Hawái, etc. Hay centenares de candidatos.)

¿Por qué hacerlo? ¿Por qué recuperar unas palomas que se extinguieron hace un siglo o elefantes peludos que desaparecieron hace cuatro milenios? La pregunta es: ¿Por qué protegemos y gastamos tanto dinero y esfuerzo en preservar a los elefantes pelados de África, a las sobreespecies de pandas chinos, a los peligrosos osos polares del Ártico o a cualquier otra especie en peligro de extinción?

Los conservacionistas replican (y la mayoría les da la razón) que protegemos a las especies en peligro para preservar la mayor biodiversidad posible, para conservar criaturas con papeles importantes a nivel ecológico, o que le gustan a la gente, o como emblema para proteger todos los ecosistemas en peligro. Protegemos a las especies en peligro para enseñar a la ciencia a protegerlas mejor. Las protegemos para reparar el daño que han causado los humanos.

counterpoint

La desextinción es un concepto fascinante pero una idea muy descabellada

El reconocido biólogo Paul R. Ehrlich argumenta que intentar reintroducir especies extinguidas arrebataría los recursos y los hábitats de las especies en peligro de extinción que todavía se conservan, y nos desviaría del ambiente crítico necesario para proteger el planeta.
Leer más

Todos estos son motivos para recuperar especies extinguidas, pero hay más, como la plena emoción que produciría ver manadas de mamuts retornando la sabiduría del colmillo al extremo norte o nubes de palomas migratorias tapando los rayos del sol. Sería un replanteamiento de posibilidades tan transcendental como fue para los humanos aterrizar en la Luna (pero con una diminuta parte de su coste). La biología de conservación saltaría a la vanguardia de la ciencia de la genética. La historia de la conservación podría pasar de lo negativo a lo positivo, desde el llanto continuo y la culpabilidad hasta la euforia y un nuevo entusiasmo.

La extinción de las palomas migratorias fue la más emblemática de América del Norte. Cuando su población se redujo de billones a cero a finales del siglo XIX, entendimos que lo mismo le estaba a punto de pasar al bisonte americano, y en ese momento la protección de especies en peligro se consagró como idea y como práctica. Sería magnífico revertir el error humano inicial que inspiró la conservación moderna, porque significaría que la biología de la conservación ha cerrado el círculo.

Aldo Leopold describió el papel que tuvieron las palomas migratorias a nivel ecológico como si se tratara de un incendio forestal: “Cada año la tormenta de plumas rugía por todos lados y por todo el continente, llevándose los frutos del bosque y la pradera, quemándolos en una rápida explosión de vida”. Su antiguo hábitat, que es ahora un bosque oriental caducifolio, hace tiempo que se ha recuperado, y puede que necesite que se reincorpore en él una importante especie de aves que solo los árboles más antiguos son capaces de recordar. (Es muy necesario también que se reincorpore el castaño americano, que una vez ocupó una cuarta parte del bosque y que ahora vuelve con fuerza gracias a las técnicas de la genética y los esfuerzos de la American Chestnut Foundation.)

El bosque oriental, que fue el hábitat de la paloma migratoria, ha sido recuperado, y ahora necesita que se reincorpore en él una especie de aves clave.

El mamut lanudo fue una de las especies más importantes, según Sergey Zimov, científico ruso que fundó el Pleistocene Park en el norte de Siberia. Cuando los humanos acabaron con las manadas de megaherbívoros del norte hace diez milenios, afirma Zimov, el mayor bioma de la Tierra, llamado “estepa de los mamuts”, pasó de ser una pradera a un bosque boreal y tundra. En el contexto actual de calentamiento global, el deshielo de la tundra desprende gases de Efecto Invernadero, mientras que las praderas estabilizan el carbono. Actualmente Zimov está recuperando las praderas en el extremo norte con bueyes almizcleros, bisontes y caballos de Yakutia, y aguarda pacientemente la vuelta de los mamuts. “Derribamos los árboles con tanques militares, pero estos no nos producen estiércol”.

La idea de una probable resurrección de especies extinguidas, o desextinción, saltó al discurso público el pasado marzo, cuando Ryan y yo organizamos una TEDxDeExtinction en la National Geographic Society, en Washington D. C., en la que participaron 25 científicos para hablar del tema. Se presentó y debatió sobre ello a fondo. Se fomentó el debate y, como era de esperar, se convirtió en un tema “controvertido”. Los argumentos contra la idea se basaron en tres modelos, dependiendo de quién expresaba sus dudas –el público general, los conservacionistas profesionales o los expertos en biotecnología.

Las preocupaciones del público se centraron en lo que pasaría cuando los animales ya extinguidos se introdujeran en la vida salvaje. ¡A ver si se propagarían sin control como una devastadora mala hierba! O no podrían sobrevivir porque el mundo ha cambiado demasiado desde que desaparecieron: su hábitat ha desaparecido, así que lo único a lo que podrían aspirar sería a vivir en zoos, lo cual sería patético. La naturaleza, dicho de otra manera, se ve generalmente como un elemento irremediablemente frágil o ya completamente roto.

Mamut lanudo

Flying Puffin/Wikimedia Commons

Los conservacionistas expresan poco este tipo de preocupaciones porque saben que es muy común, en estas décadas, reintroducir con éxito animales en la naturaleza después de una larga ausencia, tanto desde otras regiones como desde programas de cría en cautividad. El retorno de los lobos al Parque Nacional de Yellowstone, después de 70 años de ausencia, es visto como uno de los mayores logros conservacionistas más recientes. Los turones de pies negros han vuelto a los altiplanos de Estados Unidos. Los castores se han reintroducido en toda Europa y los lobos ahí se reintroducen a sí mismos, gracias a la reforestación generalizada de las tierras de cultivo abandonadas. El grupo especialista en reintroducción de la International Union for the Conservation of Nature and Natural Resources (IUCN) publica a menudo informes sobre los resultados de los estudios de casos en todo el mundo. La naturaleza no está rota, ni tampoco es particularmente frágil, dejando a un lado las islas oceánicas y algunos sistemas fluviales.

Dos cosas preocupan a los conservacionistas profesionales. Una es que la desextinción sea tan cara y de una visibilidad tan grande que desvíe dinero y atención de programas esenciales para proteger especies en peligro de extinción. Un editorial sin firmar de Scientific American concluyó: “Un proyecto costoso y llamativo para resucitar la flora y fauna extinguidas en nombre de la conservación parece irresponsable: ¿Deberíamos resucitar al mamut solo para que el número de elefantes disminuya? Claro que no.”

Me pregunto: ¿En qué mundo personas que se entusiasmarían rápidamente con los mamuts se mostrarían de repente indiferentes ante los elefantes en peligro? Si verdaderamente no hay ningún tipo de compensación económica por estos asuntos, podríamos asumir que los 35 millones o más de dólares gastados en la cría en cautividad y la reintroducción de los cóndores de California han mermado otros proyectos de conservación en el estado. Pero esto no ha sido así. Es más probable que la desextinción atraiga nuevas fuentes de financiamiento importantes e interés por la conservación.

Es probable que la resurrección de especies extinguidas atraiga nuevas fuentes de financiamiento importantes e interés por la conservación.

La otra preocupación entre los conservacionistas es que la gran advertencia “¡La extinción es para siempre!” perderá fuerza, y los políticos dejarán de financiar la protección de las especies en peligro de extinción con el siguiente argumento: “No pasa nada si tal o tal otra especie se extingue; las puedes recuperar más adelante.” Se vivió el mismo temor 35 años atrás, cuando Oliver Ryder fundó en el San Diego Zoo el Frozen Zoo para criopreservar células y ADN de animales en peligro de extinción. Más de un millar de especies se conservan allí, para el gran beneficio de la investigación en la protección de las especies en peligro de extinción y sin perjuicio aparente al apoyo político para protegerlas. La resurrección de especies extinguidas puede que traiga nuevos conocimientos y participación ciudadana para prevenir la extinción.

Los mejores argumentos contra la resurrección de especies extinguidas creo que son los más técnicos, centrados en la extrema complejidad de resucitar los genomas extinguidos. Aún no se ha hecho, a lo mejor es imposible.

Hasta ahora se han secuenciado a ciegas y reconstituido genomas enteros –“ADN antiguo” nuclear y mitocondrial– de ocho especies extinguidas. El mamut lanudo es una de ellas y a principios del próximo año la paloma migratoria será la novena. Pero, ¿cuán diferentes son sus genomas de los de sus parientes, el elefante asiático y la paloma de collar, respectivamente? ¿Se pueden identificar los genes importantes que se deben transferir del genoma extinguido al genoma vivo? ¿Y qué hay de los genes reguladores no codificantes? ¿Qué pasa si hay un número inverosímil de genes que deben ser transferidos? Se ha empezado a investigar sobre estas cuestiones, pero no es seguro que se llegue a respuestas esperanzadoras.

Seguidamente, hay que transformar los datos genéticos en genes vivos. Hoy la biología sintética hace esto de manera rutinaria, generalmente en microbios, pero cada vez más con vertebrados como los ratones. Trabajar con células madre pluripotentes inducidas (gracias al ganador del Premio Nobel Shinya Yamanaka) facilita el trabajo, y la máquina Multiplex Automated Genomic Engineering, desarrollada por el genetista de Harvard, George Church, puede escribir muchos genes a la vez. Sin embargo, todavía no se ha producido la transferencia de una serie de características extinguidas a un genoma vivo.

¿Y cómo se llega entonces al estadio de animal vivo? Con los mamíferos se deberá hacer clonación entre especies diferentes –la transferencia de núcleos de células somáticas del genoma reconstituido de la especie extinguida al óvulo enucleado de una madre sustituta y después la implantación del embrión en fase temprana en su útero. Este proceso extremadamente complicado solo se ha probado una vez, cuando una cría de banteng de Java (utilizando ADN del Frozen Zoo) fue concebida sin problemas por una vaca doméstica. Esta estrategia no funciona con las aves porque sus embriones no se pueden implantar; se mueven constantemente a lo largo del oviducto. Aun así, el Roslin Institute, en Escocia, ha desarrollado una técnica que podría servir. Se trata de crear padres quiméricos para las aves con las gónadas de las aves extinguidas, capaces de fertilizar y poner huevos de estas. Hasta el momento la única prueba del método es un pato quimérico que ha conseguido producir esperma de pollo y concebir un pollito.

Si se parece a una paloma migratoria y vuela igual, ¿es realmente el pájaro original?

Las herramientas de la biología sintética avanzan hoy en día mucho más rápido que la ley de Moore. Lo que parece imposible un año, es caro un par de años más tarde y después se convierte en algo común. La crítica técnica a los procesos de resurrección de especies extinguidas será a menudo completamente acertada, pero no necesariamente por mucho tiempo.

La pregunta definitiva será si el animal resucitado es realmente el animal extinguido. Si se parece a una paloma migratoria y vuela igual, ¿es realmente el pájaro original? No disponemos de ningún original vivo para hacer la comparación. (El experimento decisivo será transformar una paloma de collar, usando los mismos métodos, en un pájaro vivo conocido como la paloma torcaz.) ¿Basta con que sea casi una paloma migratoria? Kent Redford, exdirector científico de la Wildlife Conservation Society, señala que los bisontes americanos que tan ávidamente protegemos son solo casi bisontes, con bastantes genes de res. Supongamos que duplicamos el genoma de la paloma migratoria en su totalidad. ¿El genoma es el pájaro? ¿Tu gemelo idéntico es humano?

Para mí, uno de los mayores atractivos que se esconden en hacer retornar especies extinguidas es cuánto tiempo tardaremos en verlo. Aun si todo va bien, devolver a la vida a las palomas de collar (junto con otras especies, si las técnicas funcionan) supondrá décadas. Para que una cría hembra de mamut lanudo crezca y tenga una hija se necesitan veinte años. Devolver las manadas al subártico, hacer volver a la vida la estepa donde pace el mamut, será un proyecto de todo un siglo.

Quizás los niños que crezcan en este siglo conseguirán no tener una visión trágica de la relación de los humanos con la naturaleza, para variar.

Stewart Brand

ACERCA DEL AUTOR
Stewart Brand es cofundador de la The Long Now Foundation y de su proyecto de desextinción, Revive & Restore. Ha creado y editado Whole Earth Catalog, y ha escrito varios libros, el más reciente, Whole Earth Discipline. Brand estudió biología en la Universidad de Stanford (Stanford University), con Paul R. Ehrlich como asesor de su trabajo de campo.