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27-11-2012 : Galería

La guerra sucia contra los rinocerontes africanos

La caza de rinocerontes ha aumentado de forma dramática, especialmente en Sudáfrica, el hogar del 75% de la población mundial de rinocerontes. La matanza está siendo orquestada por bandas organizadas que sin ninguna vergüenza trafican con los cuernos de rinoceronte negro en los mercados de China y del Sudeste Asiático.

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El 5 de noviembre, Chumlong Lemtongthai, un tailandés de 43 años, estampó su garabateada firma en una admisión formal de culpabilidad ante un tribunal sudafricano. Como acusado número 1 en el caso 143/2011, admitió haber organizado la caza ilegal de 26 rinocerontes y haber exportado sus cuernos a una empresa de Laos. El documento termina con una modesta nota: “Me disculpo humildemente ante el tribunal y ante los sudafricanos por el papel que he jugado en este caso. Comprendo que las emociones de todos los amantes de los animales de Sudáfrica estén a flor de piel y que yo formo parte del problema”.

“El problema” no precisó de mayores explicaciones para el juez, ni para la mayoría de sus compatriotas. Actualmente los compradores asiáticos, en su mayoría chinos y vietnamitas, pagan 50.000 dólares por kilo de cuerno de rinoceronte, a los que atribuyen poderosas propiedades curativas. La prohibición internacional de comercio con cuerno de rinoceronte ha disparado su demanda en el mercado negro y ha llevado a cazadores furtivos y bandas de traficantes a viajar a Sudáfrica, la casa de la mayoría de los rinocerontes del mundo, lo que ha generado consecuencias terroríficas.

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Rinoceronte africano

Wikimedia Commons

Un rinoceronte africano.

En 2007 sólo se cazaron furtivamente 13 rinocerontes en el país, aproximadamente la media anual desde 1990. En 2008 el número aumentó bruscamente a 83, en 2009 a 123, y así sucesivamente. En este año, que todavía no ha terminado, se han cazado de forma ilegal 585 rinocerontes en Sudáfrica.

Las noticias locales se hacen a menudo eco de macabros descubrimientos de cadáveres de rinocerontes con sangrientos agujeros en los hocicos, de tiroteos mortales ocurridos en lugares alejados entre guardas y cazadores furtivos fuertemente armados, o de detenciones de turistas asiáticos “pillados” dejando la región con maletas llenas de cuernos. Los ciudadanos, enojados, han creado grupos para presionar al gobierno, recolectar dinero para la protección del rinoceronte y manifestarse escandalosamente fuera de los juzgados en los que se llevan a cabo procesos contra los sospechosos de traficar con rinocerontes. Eso es lo que estaban haciendo cuando un impasible Lemtongthai con la cabeza rapada se levantó del banquillo para oír la sentencia más estricta jamás impuesta en la historia de los delitos contra la vida salvaje en Sudáfrica: considerando al rinoceronte como un símbolo africano y la caza furtiva como una ofensa al orgullo africano, el juez Prince Manyathi lo condenó a 40 años.

Los ecologistas estaban eufóricos y algunos calificaban esta condena como un freno necesario para terminar con la carnicería. Sin embargo, su alegría no duró mucho, en un único día se encontraron 11 rinocerontes en dos ranchos privados del noroeste de Johannesburgo. Los investigadores detuvieron en un barrio pobre cercano a varios sospechosos, entre los que había un guarda forestal, y encontraron a un bebé rinoceronte deambulando solo por la selva. La cría fue llevada a una reserva animal.

Rinocerontes del mundo

Existen cinco tipos de especies de rinocerontes y todas se encuentran en África o Asia. Haga clic aquí para ver una descripción de las diferentes especies y subespecies, dónde viven en libertad, el estado de su población y las amenazas a las que se enfrentan.

A pesar de que la caza furtiva se ha incrementado en otros países donde hay rinocerontes, Sudáfrica es el epicentro de la epidemia, ya que el 75% de los rinocerontes del mundo y el 93% de la especie más numerosa, el rinoceronte blanco del sur, viven en este país. Hay aproximadamente 18.000 ejemplares de rinoceronte blanco del sur y 2.000 de rinoceronte negro dentro de sus fronteras (los cazadores furtivos prefieren los rinocerontes blancos porque suelen ser menos agresivos que los negros y a menudo poseen cuernos más grandes).

En el pasado, los sudafricanos pobres mataban habitualmente rinocerontes utilizando las armas de fuego baratas que les proporcionaban los intermediarios en el mercado negro. Aunque este tipo de caza furtiva aún sigue siendo común, la mayor protección del rinoceronte y el aumento de los beneficios del tráfico del cuerno han propiciado la aparición de redes criminales más sofisticadas.

Ahora, las bandas de traficantes reclutan tiradores con antecedentes militares y equipados de rifles con silenciadores y visión nocturna. Gracias a pequeños helicópteros que vuelan por debajo del radar de control del tráfico aéreo, los cazadores furtivos entran y sacan los cuernos de las áreas protegidas de forma rápida. Los criminales sobornan a los veterinarios de animales salvajes para que les faciliten las ubicaciones de los rinocerontes desprotegidos o para que les proporcionen M99, una poderosa droga utilizada para sedar a los animales.

Las bandas de traficantes reclutan cazadores con antecedentes militares y equipados de rifles con silenciadores y visión nocturna.

Algunos tiradores con medios abaten a los rinocerontes con dardos de M99 y les cortan los cuernos de los hocicos con machetes o motosierras mientras están sedados pero aún viven. A pesar de que un rinoceronte herido de ese modo suele desangrarse hasta la muerte en un día, el hecho de que no mueran inmediatamente les da el tiempo necesario a los cazadores furtivos para escapar. Los guardas han aprendido a mirar si hay buitres volando en círculos, como alerta para encontrar animales muertos recientemente, pero un rinoceronte vivo, aunque esté mortalmente herido, no atrae a las aves carroñeras.

Muchos otros, además de Chumlong Lemtongthai, han abusado del sistema que regula las cacerías legales de rinocerontes para conseguir burlar la prohibición de comercio con cuerno de rinoceronte actualmente en vigor en virtud de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES). Desde 1968, Sudáfrica ha vendido una pequeña cuota de caros permisos de caza a cazadores de trofeos extranjeros, que se corresponde con el 1% de la población anual de rinoceronte blanco. Los millones de dólares recaudados gracias a dichas cacerías han beneficiado a los guardas y ampliado el área de protección. Los permisos se conceden con la condición de que el cazador, a nombre del cual se expide el permiso, sea el primero que dispare al animal. Los cuernos se exportan al domicilio del cazador debidamente tratados por taxidermistas, nunca para ser vendidos.

Lemtongthai solicitó múltiples permisos de caza a nombre de trabajadores del sexo tailandeses, a los que les pagaba por viajar a un rancho y posar como con un trofeo de caza con los rinocerontes que habían sido abatidos por sus cómplices sudafricanos. Los cuernos viajaban desde Sudáfrica al Sudeste Asiático como trofeos legales, con papeles oficiales que lo “probaban”.

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Rinoceronte negro descornado

Fotografía de Jo Benn/WWF

Un rinoceronte negro descornado con una cría.

La población de rinocerontes de Sudáfrica continúa aumentando a pesar de los violentos ataques de los cazadores furtivos. Los rinocerontes se reproducen bien en condiciones naturales y aproximadamente 1.400 rinocerontes blancos del sur nacieron en el último año. Sin embargo, este es un consuelo muy pobre para los ecologistas: una ola de cacerías furtivas entre 1970 y finales de 1980 redujo la población de rinoceronte negro en un 94% en el continente africano, pasó de 70.000 ejemplares a 3.800. Recientemente dos subespecies de rinoceronte han sido declaradas extintas por culpa de la caza furtiva, la subespecie de rinoceronte negro del oeste y la subespecie vietnamita de rinoceronte de Java. El rinoceronte blanco del norte podría ser el próximo en desaparecer para siempre, ya que solo se sabe de la existencia de siete animales de este tipo, todos ellos en cautividad. La última población en libertad fue eliminada en 2008 en la República Democrática del Congo. Según un investigador estatal, suponiendo que se mantengan las cifras actuales de caza ilegal, la población de rinocerontes africanos empezará a disminuir en 2016.

En Sudáfrica, la primera respuesta a la escalada de la caza furtiva ha sido aumentar la protección de los animales. Los guardas han mejorado sus armas para cazar a las bandas de cazadores furtivos y los militares, siguiendo una política no oficial de tirar a matar, han llegado al parque nacional de Kruger, donde se han perdido cientos de rinocerontes. Los propietarios de ranchos particulares, que controlan un cuarto de los rinocerontes sudafricanos, han instalado equipos avanzados de detección de intrusos y están empleando nuevos equipos de seguridad, algunos de ellos controlados por contratistas privados que han pasado por las guerras de Iraq y de Afganistán; otros están utilizando drones para patrullar sus tierras.

Muchos propietarios de rinocerontes han decidido quitarles los cuernos a sus animales, acortándoselos para que sean objetivos menos atractivos. Un cuerno de rinoceronte está compuesto principalmente de queratina, la proteína del pelo humano y de las uñas, y es similar a los cascos de los caballos. Si se corta con cuidado, sin dañar su sensible base, volverá a crecer en unos años. A algunos biólogos no les gusta esta opción, ya que el cuerno del rinoceronte es al fin y al cabo su medio de defensa, y a veces los cazadores furtivos matan a un rinoceronte por el pequeño cuerno que le queda. No obstante, muchos propietarios defienden que es una medida efectiva para disuadir a los cazadores. Otros les untan en los cuernos un pesticida de color brillante y antiestético.

Muchos propietarios de rinocerontes han decidido quitarles los cuernos a sus animales, acortándoselos para que sean objetivos menos atractivos.

El aumento de los medios de los cazadores furtivos ha incrementado de forma sustancial el coste y el riesgo de los propietarios de rinocerontes. Mantener un equipo de seguridad privada básico, permanente y armado, de dos personas, cuesta unos 11.000 dólares al mes. Los gastos del gobierno en la protección de este animal no se han calculado, pero puede que asciendan a decenas de millones de dólares. En 2011, se registró la muerte de 26 cazadores furtivos en tiroteos con las autoridades y todo apunta a que en 2012 morirán más.

John Hume es el mayor propietario privado de rinocerontes de África, con más de 800 animales. Es uno de los principales defensores de la legalización del comercio de cuernos, ya que alega que los compradores asiáticos no están interesados en los rinocerontes, sino en sus cuernos. Por lo tanto, ¿por qué no cortarles periódicamente los cuernos a los animales, dejarlos vivos y permitir que se saque un provecho notable de su conservación? La propuesta de Hume es atractiva pero las cosas no son tan simples. El comercio tendría que regularse cuidadosamente y las agencias del gobierno sudafricano son frecuentemente ineficaces y corruptas (prueba de ello son el número de policías y empleados de parques nacionales que han sido detenidos por caza furtiva). Los gobiernos asiáticos clave, China y Vietnam en particular, están dándole largas a la aplicación de las normas de CITES existentes y no está claro que quieran ser capaces de controlar un mercado oficial de cuernos.

Como ocurre con otros tipos de contrabando, las cifras concretas del tráfico ilegal de cuernos son imprecisas y no se sabe si una industria legal proporcionaría suficientes cuernos como para reducir los precios del mercado negro y desinteresar a los cazadores furtivos. Se estima que entre 2,5 y 3,5 toneladas de cuerno se rinoceronte salen de Sudáfrica cada año a causa de la caza furtiva, de los robos en los museos y de las “pseudocacerías” organizadas por Lemtongthai con trabajadoras sexuales tailandesas.

El debate de la legalización no existiría si hubiese un método efectivo para reducir la demanda de los compradores. Los ecologistas no se ponen de acuerdo en cuanto a la razón del repentino aumento de furtivos desde 2007, lo que hace que formular y coordinar una estrategia de reducción de la demanda efectiva sea tan extremadamente difícil. Hay quien dice que la reciente avalancha de demandas de cuerno de rinoceronte proviene de Vietnam, donde, hace unos años, circularon rumores de que un destacado político se había curado de un cáncer tomándolo. Muchos investigadores vietnamitas y periodistas afirman que esparcir polvo de cuerno de rinoceronte en la comida, esnifarlo como la cocaína o usarlo como remedio para la resaca se ha puesto de moda para mostrar el estatus de los nuevos ricos. Algunos miembros del personal de la embajada vietnamita de Pretoria fueron descubiertos con cuernos de rinoceronte en su posesión e incluso fueron grabados en 2008 por una televisión sudafricana comprándolos.

Algunos miembros del personal de la embajada vietnamita de Pretoria fueron descubiertos con cuernos de rinoceronte en su posesión.

Otros consideran que la creciente demanda en China es la causa principal de este virus de la caza furtiva. El cuerno de rinoceronte ha formado parte desde hace mucho tiempo de la farmacopea de la medicina china tradicional para tratar la fiebre y la inflamación. No obstante, China prohibió el comercio interno de cuerno de rinoceronte a principios de la década de 1990 y lo eliminó de su lista oficial de medicinas tradicionales bajo la presión de los ecologistas. Al menos un investigador destacado piensa que como este producto es cada vez más difícil de comprar, tras su prohibición en el mercado local, y que las reservas de los traficantes han bajado, el cuerno de rinoceronte restante en circulación ha aumentado de precio y ha hecho que se incrementen las operaciones furtivas en África.

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Librando la última batalla desesperada por salvar al rinoceronte de Java (Artículo en inglés)

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Los rinocerontes de todo el mundo están amenazados debido a la reducción de sus hábitats y a las matanzas anuales de cientos de ejemplares a manos de los cazadores furtivos, que buscan sus valiosos cuernos. Actualmente, en Indonesia, Rhett Butler afirma que los grupos de protección están llevando a cabo una lucha desesperada para salvar a los últimos 40 rinocerontes de Java de la Tierra.
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Otros ecologistas e investigadores señalan como razón el informe escrito en 2008 por Jian Quin, una importante investigadora en medicina china, que proponía la “utilización sostenible” del cuerno de rinoceronte y su legalización para uso medicinal. Los periodistas han descubierto que Jian trabaja para Longhui, una filial de una gran firma china llamada Hawk Group, que es principalmente un fabricante de armas. Longhui ha creado al menos dos granjas de rinocerontes en China con doce rinocerontes importados de Sudáfrica. Esta empresa está controlada por poderosos políticos del partido comunista y tiene un claro interés en promover el consumo de cuerno al precio más alto posible.

Este gran impulso para promover el consumo de cuerno ha preocupado a muchos ecologistas. Algunos creen que no habrá más opción que algún tipo de legalización del comercio de cuerno para reducir la presión de los cazadores furtivos. Esto dividiría a la comunidad protectora de África, ya que algunos consideran que el comercio legal se convertiría en una tapadera para el comercio ilegal y que la venta de cuerno es un reconocimiento tácito de que es cierto que tiene un uso medicinal, exactamente el mensaje opuesto al que los grupos ecologistas han estado intentando transmitir.

Las soluciones para el problema de la caza furtiva de rinocerontes son bastante complejas y pondrán a prueba la determinación de los ecologistas y los gobiernos de todo el mundo. Estas magníficas y primitivas bestias puede que solo consigan sobrevivir como animales semidomésticos con cuernos desfigurados, con seguimiento electrónico y vigiladospermanentemente.

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Adam Welz

ACERCA DEL AUTOR
Adam Welz es un escritor, fotógrafo y director de cine sudafricano afincado en Brooklyn, Nueva York. Entre sus trabajos figura una película ganadora de premios sobre unos excéntricos observadores de aves en la ciudad de Nueva York y publicaciones sobre delitos medioambientales en el sur de África. Welz es miembro del colectivo de directores Brooklyn Filmmakers Collective.