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08-11-2016 : Informe

La gran batalla de la ciencia forense contra el comercio de animales salvajes

Desde análisis genéticos rápidos hasta la espectrografía, se usan herramientas de alta tecnología de todo tipo para rastrear y procesar a los perpetradores del comercio ilegal de animales salvajes. Los nuevos avances en la ciencia forense ofrecen una esperanza prometedora para poner fin al tráfico de las especies en peligro de extinción.

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TRACE, red de ciencia forense de fauna salvaje

Un experto forense muestra a una técnico cómo extraer ADN del marfil en Bangkok.

Feisal Mohammed Ali, un miembro importante de la comunidad empresarial keniana, fue condenado el pasado mes de julio por traficar con dos toneladas de marfil de elefante encontrado en un aparcamiento de Fuji Motors en Mombasa. Esta resolución tan relevante llegó tras dos años de trifulcas: el viaje en avión de Feisal a Tanzania, su captura y repatriación, la desaparición de nueve vehículos que eran pruebas básicas del caso y las acusaciones de alteración de las pruebas.

Este veredicto de delito sobre la fauna salvaje (y una condena de 20 años para Feisal) marca un hito y en parte provino de una voluntad política, de un seguimiento en el juzgado por parte de varias ONG y del trabajo policial. También fue clave, afirman los expertos, la capacidad de utilizar pruebas genéticas para relacionar los colmillos de elefante comercializados ilegalmente en varios envíos con el cártel dirigido por Feisal.

“Al relacionar genéticamente los colmillos, pudimos determinar que había una probabilidad entre un cuatrillón de que esos dos envíos provinieran de cualquier otra persona [que no fuera el acusado]”, explica Samuel Wasser, director del Centro para la Conservación Biológica de la Universidad de Washington en Seattle, que actuó como asesor con los fiscales del caso Feisal. “Eso puede usarse directamente en las acusaciones y cada vez se hace más.”

En los últimos años, el progreso técnico de la medicina forense humana (genética, espectrográfica, química, analítica) ha llegado a la ciencia forense y a la investigación sobre fauna salvaje y plantas. En 2013, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES por las siglas en inglés) reconoció la importancia de la ciencia forense de animales salvajes y, en septiembre, en la reunión más reciente de CITES que se celebró en Johannesburgo, la ciencia forense fue el tema principal. Varios talleres conferencia y seminarios de diversas ONG mostraron a los agentes de los aeropuertos y de la policía varias técnicas forenses de animales salvajes, como la extracción de muestras de tejido, la recopilación de información y el uso de pruebas genéticas. Las partes también aprobaron una resolución que anima a los miembros de CITES a crear y mantener colecciones de referencia de muestras de madera que los científicos forenses puedan utilizar al analizar madera que sospechan que se ha comerciado de manera ilegal. Los expertos también presentaron el primer estudio global de la historia sobre los laboratorios forenses que trabajan con animales salvajes.

Hasta hace poco, los investigadores en los delitos contra la fauna salvaje se centraban sobre todo en incautar el contrabando, identificar las especies de una remesa incautada y procesar a aquellos que pillaban con las manos en la masa (normalmente furtivos muy abajo en la cadena alimenticia criminal).

Sin embargo, el desarrollo de la ciencia forense de la fauna salvaje posibilita a los investigadores realizar pruebas con las que solo soñábamos hace una o dos décadas.

En muchos países en los que se caza furtivamente o se comercia con la fauna salvaje en peligro de extinción la ciencia forense está empezando a ganar terreno.

Al separar los marcadores genéticos y químicos de muestras físicas como el cuerno de rinoceronte o un trozo de palisandro, los científicos forenses a menudo pueden saber la edad de la muestra, exactamente de dónde proviene el animal o la planta, cuál puede ser su familia y qué relación tiene con otras remesas incautadas. A veces, los forenses incluso pueden arrojar luz sobre la estructura de las redes delictivas detrás del comercio demostrando dónde se mata furtivamente a los animales y las plantas y qué puertos se utilizan para transportarlos.

En los últimos años, el comercio con fauna salvaje en peligro de extinción se ha disparado. Algunos científicos calculan que se mataron 40.000 elefantes africanos por sus colmillos al año, casi un 10% de la población salvaje estimada de 400.000 ejemplares. Solo quedan 5.000 rinocerontes negros y 3.900 tigres en estado salvaje. Las muertes por caza ilegal de rinocerontes se han cuadruplicado desde 2010. Y esas son solo las más carismáticas de los miles de especies con las que se trafica: monos narigudos, palisandro, folidotos (un mamífero parecido al armadillo) y muchas otras sufren presiones similares.

En muchos países en los que se caza furtivamente o se comercia con la fauna salvaje en peligro de extinción, la ciencia forense está empezando a ganar terreno. Los expertos se lamentan de la falta de fondos, equipos y cooperación internacional. Pero existen casos esperanzadores que demuestran el profundo impacto que podría tener este ámbito:

  • Wasser dirigió a un equipo que creó una base de datos genética de 28 grandes incautaciones de colmillos de marfil entre 1996 y 2014. Al relacionar estadísticamente los genotipos de poblaciones de elefantes conocidas a 16 ubicaciones a partir de muestras genéticas de colmillos incautados, el equipo de Wasser pudo demostrar en un artículopublicado en 2015 que la mayoría de elefantes se mataban solo en cuatro áreas del continente africano. Y la mayoría de las incautaciones más importantes provenían solo de dos regiones: elefantes de sabana cazados furtivamente en el sureste de Tanzania y la vecina Mozambique y elefantes de bosque en Gabón y las zonas colindantes del Congo y la República Centroafricana.

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Foto: Wasser et al., Science

Mapas que muestran los orígenes del marfil enviado a Singapur.

“¿Cuántos de esos casos fueron perseguidos?”, se pregunta Wasser. “Casi ninguno. Nadie quiere cavar más hondo, y eso tiene que cambiar. Se trata de un delito transnacional y, así como nuestro enfoque ha cambiado en el caso de los narcóticos, también tiene que cambiar para los delitos contra la fauna salvaje.”

  • Se han mapeado las poblaciones de tigres en el Nepal y el Sureste Asiático utilizando información genética presente en los excrementos. Como solo quedan entre 40 y 50 poblaciones de tigres salvajes en todo el mundo, los ecologistas esperan poder usar esta información para repartir mejor los recursos para luchar contra la caza furtiva. Los tigres son de talante solitario y difíciles de rastrear. Si saben dónde están las poblaciones y qué relación tienen, los guardabosques pueden predecir mejor dónde estarán también los cazadores furtivos. El pasado mes de abril, la World Wildlife Fund anunció que el número de tigres está aumentando por primera vez en 100 años y atribuyó parte de esta responsabilidad a la mejora de los estudios.
  • Las aletas de tiburón, que se utilizan para preparar la exquisitez china de sopa de aleta de tiburón, pueden ser difíciles de identificar una vez separadas del tiburón, peladas y procesadas. Un estudiopionero realizado en el 2015 utilizaba marcadores genéticos para demostrar que, incluso en lugares en los que la sopa es legal, aparecen aletas de tiburón de comercio ilegal, es decir, de especies de tiburón protegidas por CITES. También se han utilizado datos genéticos similares en acusaciones en los EE. UU., Australia y otros países.
  • En Sudáfrica, la Universidad de Pretoria ha compilado una base de datos genética de muestras de ADN de rinocerontes blancos y negros de todo el país. Basándose en las bases de datos humanas que utilizan los cuerpos policiales estadounidenses, llamadas Offender Data Information System (ODIS), la universidad creó una base de datos de rinocerontes (rhODIS), que puede ayudar a relacionar cuernos de rinocerontes recuperados con rinocerontes concretos y con rinocerontes cazados furtivamente comparando la genética del cuerno incautado con las muestras de la base de datos. En 2012, los datos de rhODIS ayudaron a poner diez años entre rejas a un traficante zimbabuense, puesto que los fiscales pudieron demostrar que tres cuernos que se encontraban en su posesión estaban genéticamente relacionados con un incidente de caza furtiva en el que se había sacrificado a un rinoceronte blanco hembra y a su cría.
  • El sistema de parques de Gabón, en el centro de uno de los lugares con más caza furtiva del continente, está compilando una base de datos de ADN de elefantes cazados furtivamente que los agentes del parque esperan que será útil en los casos de acusación.
  • El mes pasado Tailandia anunció un sistema de registro de ADN de todos los elefantes domesticados, de modo que puedan distinguirse de sus homólogos salvajes, a los que los comerciantes a veces hacen pasar como elefantes para fines domésticos.

Shark Fins

Rebecca Johnson/Museo Australiano

Los científicos pueden analizar genéticamente las aletas de tiburón para determinar si se han obtenido de un modo ilegal.

A pesar de todas estas promesas de avances, el primer estudio internacional de capacidad forense para la fauna salvaje, presentado en la última reunión de CITES, da que pensar.

“Sigue sin haber la capacidad suficiente para realizar estudios forenses individuales para la fauna salvaje, sobre todo en regiones donde más necesidad hay de que se identifiquen las especies de comercio enumeradas por CITES”, afirma el informe.

La encuesta, preparada por la Sociedad para la Ciencia Forense de la Fauna Salvaje y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, registró 110 preguntas de 39 países. Los investigadores descubrieron que solo una tercera parte de los laboratorios cooperaba en el ámbito internacional, solo la mitad operaba según un estándar de calidad, solo una cuarta parte afirmaba estar involucrado en algún caso legal y solo seis laboratorios forenses de fauna salvaje en todo el mundo han sido auditados por una agencia certificadora externa.

El informe destaca que la estandarización en el campo sigue estando en un estadio inicial y expresa la esperanza de que estos números aumenten en los próximos cinco años. Sin embargo, la ciencia forense de fauna salvaje necesita desarrollar muchas cuestiones (información compartida, estándares de laboratorio y de recopilación de muestras, presupuestos) para alcanzar su potencial, según los expertos.

En 2013, CITIES pidió formalmente a los países que incautaban envíos de colmillos de elefante de más de media tonelada que entregaran muestras en un periodo de 90 días.

“Por ahora, recibimos muestras varios meses o años después de la incautación y las relaciones son de un gran interés porque dan indicaciones del movimiento de los productos, más que pruebas en los casos de acusación”, afirma Cindy Harper, directora de Onderstepoort Veterinary Genetics Laboratory, el laboratorio que gestiona la base de datos rhODIS en la Universidad de Pretoria. Declaró que era vital relacionar rápidamente todas las incautaciones de productos de la fauna salvaje con las bases de datos internacionales.

En los últimos cinco años, muchos países han empezado a invertir en laboratorios forenses de animales salvajes, como Malasia, Tailandia, Vietnam, Botsuana, Kenia y Sudáfrica. La Sociedad para la Ciencia Forense de la Fauna Salvaje ahora cuenta con unos 150 miembros de 60 laboratorios de todo el mundo y ha empezado a hacer circular un test internacional para certificar los laboratorios.

Ante un palé de madera, es posible averiguar cuál de los troncos o tablas provienen de árboles salvajes protegidos.

Mientras, no paran de surgir nuevos métodos de los laboratorios forenses.

Ante un palé de madera que viene de Asia, ahora es posible averiguar cuál de los troncos o tablas provienen de árboles salvajes protegidos y cuáles de plantaciones de árboles cultivados para aliviar la presión de los bosques salvajes en peligro de extinción. Una técnica DART-TOF (golpear muestras de madera con helio supercalentado para crear partículas con una firma química que puede medirse con espectrografía) permite poner a prueba las muestras rápidamente. Se ha utilizado recientemente para identificar varios tipos de robles, eucaliptos y palisandros. Las investigaciones afirman que esperan que sea útil en futuros casos de acusación de traficantes de madera.

Una nueva técnica presentada en la última reunión de CITES permite a los agentes de las fuerzas policiales medir los isótopos en el marfil para datar la edad del marfil incautado. Las pruebas nucleares atmosféricas de las décadas de 1950 y 1960 liberaban carbono-14 que era asimilado por las plantas de todo el mundo. Ese carbono-14 sigue estando ahí, disminuyendo gradualmente en una cantidad conocida año tras año. Cuando los elefantes comen plantas, parte de ese carbono-14 pasa a sus colmillos y los científicos pueden precisar el año de la muerte de un animal midiendo la cantidad de carbono-14 que hay en un colmillo. Si hay uno que data después de 1989 (cuando se prohibió el comercio de marfil global) probablemente sea ilegal. A pesar de que este método se ha utilizado en algunos casos, no está muy extendido.

Encontramos más avances técnicos en los trabajos. La secuenciación de nueva generación (NGS por sus siglas en inglés) es un método que permite secuenciar todo el código genético de un organismo de un modo rápido y relativamente barato y que posibilitaría la identificación de animales concretos con más rapidez y menos dinero, afirman los científicos.

Una empresa de Oxford (Reino Unido) está desarrollando MinION, un secuenciador genético de mano. Los expertos declaran que podría ser útil porque permitiría identificar rápidamente especies cazadas furtivamente o incluso a un ejemplar en el campo. Pero es caro y se necesita formación para utilizarlo.

Wasser acababa de recibir una beca del Wildlife Crime Tech Challenge para un proyecto que utilizará NGS para rastrear pangolines, un animal parecido al armadillo y codiciado como exquisitez culinaria e ingrediente de la medicina tradicional.

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Quiere utilizar la NGS para crear un mapa de incidentes de caza furtiva de pangolines similar al que compiló para los elefantes.

Dada la extrema epidemia de caza furtiva de fauna salvaje, los expertos forenses afirman que deben usarse herramientas como el análisis genético para ayudar a cambiar el curso en la batalla para salvar a elefantes, rinocerontes, tigres y otras especies.

“Necesitamos más conciencia de que existe tecnología que puede ayudar a contestar este tipo de preguntas”, afirma Eleanor Dormontt, que trabaja en cuestiones de comercio de madera ilegal en la Universidad de Adelaida (Australia).

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