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18-05-2017 : Notas de Campo

La desaparición de Borneo: salvar uno de los últimos lugares auténticos del mundo

La magnífica selva tropical de Borneo está siendo diezmada para abrir paso a las plantaciones de aceite de palma. Los consumidores de la infinidad de productos elaborados con aceite de palma –desde pasta de dientes hasta tabletas de chocolate– son clave para proteger el bosque más antiguo del planeta.

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Retroceso del bosque en la ladera de una montaña situada al oeste de la provincia de Kalimantan Occidental, en Borneo

El aceite de palma es el segundo aceite más importante en la sociedad de consumo moderna, después del petróleo. Su producción representa un negocio de 50 mil millones de dólares al año. Está presente en multitud de productos de consumo en los hogares de Norteamérica, Europa y Australia: margarina, pasta de dientes, champú, lápiz de labios, galletas o Nutella, entre muchos otros. Los doritos se elaboran también con aceite de palma. Este aceite saturado es también el que proporciona a las tabletas de chocolate su apariencia apetitosa; de lo contrario, tendrían un aspecto similar al del barro. La cocina de la India ha reemplazado el ghee, que obstruye las arterias, por el aceite de palma extraído de las nueces de los árboles de aceite de palma, los Elais guyanensis, originarios de África occidental, pero que ahora se cultivan pantropicalmente, principalmente entre los diez grados en latitud al norte y al sur del ecuador.

Indonesia y Malasia apostaron por el aceite de palma como su principal motor económico después de su independencia, en los años 1960, y representan el 85 por ciento de la producción mundial, que, según pronósticos, se duplicará hacia el año 2050. El aceite de palma va ganando terreno, ya que es el que genera más beneficios. Los campos de soja rinden mucho menos que las plantaciones de aceite de palma. Además, se tienen que replantar cada año, mientras que las palmas siguen produciendo enormes racimos de nueces ricas en aceite durante 20 años y, transcurrido este tiempo, se pueden sustituir. En 2015, 17 millones de hectáreas de palmas de aceite produjeron un total de 62 millones de toneladas de aceite, mientras que los 120 millones de hectáreas de plantaciones de soja proporcionaron tan solo 48 millones de toneladas. El aceite de palma no pierde sus propiedades cuando se calienta, ni se rancia a temperatura ambiente, y es apto para múltiples usos industriales. No desaparecerá, ya que es el aceite vegetal comestible preferido.

Borneo es la ‘zona cero’ para la devastación por palmas oleaginosas. En ninguna otra parte ha habido una desforestación de bosques autóctonos mayor que aquí. La tercera isla más grande del mundo, alrededor del 73% de Borneo, las partes meridional y central, pertenece a Indonesia –el territorio de Kalimantan– y la parte septentrional se divide en dos estados en Malasia –Sarawak y Sabah–, separados por el pequeño sultanato de Brunéi, rico en petróleo. El cincuenta por ciento de la selva tropical en las tierras bajas de Borneo, que antaño cubría toda la isla hasta una altura de 3.000 metros, ha desaparecido, pero aun así es la tercera más grande del mundo, después de Amazonia y África ecuatorial. Es parte de la selva tropical más antigua de la tierra: 130 millones de años, es más del doble de la edad que tiene la del Amazonas, y posee la mayor densidad de especies de plantas altas, unas 15.000 especies de plantas de flor. Cada nueva expedición botánica o entomológica regresa con nuevas especies. Solamente en el Parque Nacional de Gunung Mulu, en Sarawak, se han encontrado también unas 20.000 especies de insectos.

Todavía hay cazadores-recolectores en la isla que cazan con cerbatanas y tienen 1.200 nombres para diferentes árboles.

Borneo es la capital mundial de dipterocarpeas, árboles con frutos de dos alas que crecen en las tierras bajas tropicales y tienden a ser “emergentes”, subiendo individualmente por encima de la forestal. Tiene 380 de las 500 especies que existen, de las cuales 250 son endémicas, solo se encuentran en la isla de Borneo, incluyendo la Shorea faguetana, el árbol tropical más alto que existe, que llega a una altura de casi 90 metros. Diez de las nuevas especies de dipterocarpeas tienen madera dura, hermosa, y son buscadas por las empresas madereras, la mayoría chinas. China es ahora el principal mercado para la madera de Borneo. Anteriormente lo era el Japón.

Fantásticas mariposas y polillas, como la gigantesca Trogonoptera brookiana, han llegado a surgir en este bosque primigenio. Y el jabalí barbudo de Borneo, los elefantes y rinocerontes pigmeos de Borneo, y los Pongo pygmaeus, una especie diferente de orangután de Sumatra. También es fácil vivir una experiencia con esta especie de orangutanes ya que comparten el 97 por ciento de nuestros genes y son imitadores faciales fantásticos.

Todavía hay cazadores-recolectores en el corazón de la isla que cazan con cerbatanas y dejan unas 100 señales diferentes, formadas por ramas dobladas y hojas plegadas, para advertir a los demás en el bosque y distinguen con nombre entre 1.200 árboles diferentes y sus correspondientes espíritus. Hasta hace dos generaciones creían que este era solo uno de los nueve mundos diferentes en el cosmos. Cada día, durante todo el año, empieza y termina con el sonido de las cigarras a las seis de la mañana y de la tarde, los coros ululados inolvidables de los gibones, las fantásticas arias de los bulbules y la biofonía desenfrenada del crujido y zumbido de los insectos y los pájaros cantando con toda su plenitud.

El corazón de Borneo, zonas montañosas densamente pobladas, fue uno de los últimos puntos negros en los mapas, terra incognita, hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Las tribus más remotas de cazadores nómadas con cerbatana no fueron localizadas por los misioneros hasta finales de los años 1970. Ahora todos son cristianos y viven en modernas longhouses con televisores y electricidad, pero todavía se adentran en el bosque durante varios días cuando van de caza y algunas tribus siguen vagando por la selva y construyen nuevos campamentos con cabañas cada pocas semanas. Incluso los pueblos más tradicionales y aislados en las tierras altas centrales son muy conscientes del mundo moderno. Los madereros están acabando con sus grandes árboles, sus ríos se están contaminando y son invadidos por represas hidroeléctricas.

En los años 1950, cuando se puso fin en gran parte al negocio del caucho natural para sustituirlo por el sintético, llegaron a Borneo las motosierras y los tractores Caterpillar. La década siguiente, comenzó de pleno la erradicación de la selva. En primer lugar se talaron y extrajeron los dipterocarpeos comerciales, después se quemó el resto de bosque destruido, unos días antes de las esperadas lluvias. Pero a veces la lluvia no llegó y el bosque turboso, con hasta 6 metros de materia vegetal combustible en descomposición en su suelo más profundo, quemó durante meses.

Ocurrió en 1997, cuando una cortina de humo, procedente de los incendios de turba en Kalimantan, asfixió el sudeste asiático y se desvió hacia el este, en dirección a Japón. Ese año, los incendios de turba liberaron 2,5 mil millones de toneladas de carbono. Lo mismo se repitió en los períodos de 2003-2004 y 2015-2016, cuando miles de orangutanes murieron de hambre y miles de personas en Kalimantan fueron hospitalizadas por inhalación de humo. Los incendios de turba de Indonesia son una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero.

En los 1980, la tasa de deforestación en Borneo fue la más alta del planeta, y la más alta jamás registrada en la historia, y esto sigue siendo así en el nuevo milenio. En los últimos 20 años los orangutanes han perdido el 90 por ciento de su hábitat. Solo quedan unos 30.000, y muy poco bosque disponible para liberar los que están enjaulados en los centros asistenciales.

El consumidor individual puede hacer mucho. Puede ayudar a Orangutan Foundation International a conseguir bosques tropicales donde puedan liberar a sus cientos de orangutanes rescatados. Apoyar a la campaña contra el aceite de palma conflictivo de la Rainforest Action Network para presionar a los gigantes de productos snack para que se comprometan con la no deforestación o a eliminar el trabajo infantil o forzoso en las empresas concesionarias entre sus proveedores de aceite de palma. Nestlé, Mars, Unilever, Cargill (el mayor consumidor de aceite de palma en los Estados Unidos) y otros gigantes productores de alimentos tipo snack ya se han comprometido, pero PepsiCo continúa siendo un rezagado, por lo que hay que boicotear sus productos. Prescinde de los Doritos. Averigua si el aceite de palma está presente en lo que comes y en lo que utilizas –tiene 19 alias– y reduce o elimina el consumo de estos productos. Alrededor del 70% de lo que se denomina “aceite vegetal” es aceite de palma.

Las especies siguen siendo aniquiladas incluso antes de que las descubran, el tipo de la extinción más trágico.

Hay que prohibir definitivamente la tala y quema de bosques de turba. Pero el control sobre el terreno para que no haya más deforestación y se dejen franjas de bosque como corredores para la vida silvestre y a lo largo de los cursos del agua es un grave problema con toda la corrupción que rodea este lucrativo producto. Mientras tanto las especies siguen siendo aniquiladas incluso antes de que las descubran; se trata del tipo de extinción más trágico. Aún queda un largo camino por recorrer hasta lograr un aceite de palma verdaderamente sostenible.

Debemos apoyar a las investigaciones de Bruno Manser Fonds, una ONG suiza que ha seguido el rastro de los beneficios blanqueados procedentes del aceite de palma y la tala de árboles en Sarawak desde el antiguo primer ministro y los miembros de su familia y amigos hasta un elegante centro comercial y complejo de condominios en Ottawa, y un campo de golf en el desierto de Arizona. Hay que mantenerse al corriente de los últimos acontecimientos ocurridos en la isla de Borneo y la propagación del cultivo de palma de aceite alrededor del ecuador. Lo triste es que son pocos los consumidores modernos conscientes de este holocausto biocultural lejano o de su complicidad.

Se han registrado algunos hechos alentadores, especialmente en Sarawak, donde se ha elegido a un nuevo primer ministro, que apoya más a los cerca de 40 grupos étnicos y ha cancelado la enorme presa de Baram. Los 20.000 habitantes de la selva que habrían sido desplazados por culpa del agua del embalse vuelven a ser propietarios de sus tierras. Se ha cancelado el proyecto de construcción de la presa de Sarawak, que habría sido un gigantesco desastre ecológico. Pero en Indonesia y Papúa Nueva Guinea se sigue destruyendo el bosque tropical prístino. Es una batalla global por la diversidad cultural de los trópicos. No debemos rendirnos.

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Alex Shoumatoff

Alex Shoumatoff es el editor de “Dispatches from The Vanishing World”,
que se dedica a documentar y resaltar la diversidad biocultural del planeta y
concienciar a la gente sobre el peligro de su rápida desaparición. Colabora
desde hace mucho tiempo con las revistas
The New Yorker
, Vanity Fair,
Smithsonian,
Outside
y Rolling Stone,
entre otras. Acaba de publicar su undécimo libro titulado


The Wasting of Borneo: Dispatches From A Vanishing
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