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30-08-2016 : Análisis

La cría de especies salvajes: ¿ayuda o perjudica a las especies amenazadas?

La cría de especies salvajes se considera como una posibilidad de proteger a las especies en peligro de extinción, a la vez que les proporciona alimento e incrementa los ingresos de las zonas rurales. Pero algunos científicos en materia de conservación del medio ambiente argumentan que este tipo de prácticas no beneficia a la fauna amenazada.

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Hace más de una década, investigadores de África occidental, en su intento por frenar la disminución de las poblaciones de especies salvajes causada por la comercialización de su carne, intentaron buscar una fuente de proteína alternativa. Una de las carnes más populares y preciadas era la del puerco espín de cola grande, tanto en las zonas rurales como en las urbanas. ¿Por qué no cultivarla? Resultó que los puercos espines son animales generalmente solitarios y, cuando se juntan, tienden a luchar y no procrean. En cualquier caso, las hembras tienen solo una cría por nacimiento, por lo que difícilmente resulta una buena receta para lograr éxito comercial.

La ganadería basada en la cría de especies silvestres parece una idea tentadora, pero supone grandes y a menudo se basa en graves errores. Y, sin embargo, crece tanto como una realidad en el mercado como en su atracción para numerosas personas que verdaderamente se interesan por una alternativa potencialmente sostenible a la explotación indiscriminada de los recursos silvestres en todo el mundo.

Los consultores en seguridad alimentaria promueven la cría de especies salvajes como una forma de incrementar los ingresos de las zonas rurales y suministrar proteína a un mundo hambriento. Así, los expertos en salud pública son quienes ven en la cría en cautividad gestionada correctamente una manera de prevenir la aparición de enfermedades entre la fauna salvaje y su posterior propagación entre la población humana. Incluso Sea World participa en el proyecto, promoviendo la cría en cautividad a través de su organización sin ánimo de lucro Rising Tide como una manera de reducir la devastadora recolección de peces de los arrecifes de coral para la venta a los aficionados a los acuarios.

Cada vez más ecologistas se suman al debate sobre la cría de especies salvajes, con miras a evitar que el comercio de su carne y de especies exóticas como mascotas llegue a vaciar los bosques y otros hábitats. En un artículo publicado en la revista Conservation Letters, Dan Challender y Douglas C. MacMillan, investigadores del comercio de animales salvajes, argumentan que solo con leyes y sanciones no se puede acabar con la actual crisis de la caza furtiva. “A medio plazo, debemos bajar los precios”, escriben, a través de “mecanismos de venta sostenible”, tales como el comercio regulado, la ganadería y la cría de especies salvajes. Dicen que esto había funcionado en otros tiempos. El éxito de la introducción de la cría de cocodrilos en granjas, rigurosamente regulada, durante la crisis de la caza furtiva de mediados del siglo XX en África “redujo la caza furtiva de poblaciones salvajes, incluso en países con un gobierno débil”, señalan.

Pero otro artículo, publicado en abril en la revista Global Ecology and Conservation, plantea la siguiente pregunta: “¿Bajo qué circunstancias puede la cría de especies salvajes beneficiar a la conservación de las especies?”. La autora Laura Tensen, una genetista de conservación de la Universidad de Johannesburgo, proporciona una amplia revisión de los proyectos de cría de especies salvajes en todo el mundo y responde, en efecto, que “son pocas”.

Suazilandia ha propuesto legalizar el comercio con cuernos de rinoceronte en un intento de convertir la cría de rinocerontes en un negocio comercial.

Y una de las pocas historias de éxito que cita seguramente no guste a algunos ecologistas: el cambio en la década de 1930 de animales salvajes capturados a animales de granja fue una de las claves para recuperar muchas especies de mamíferos en América del Norte en el comercio de pieles de lujo.

El debate sobre las posibilidades de salvar animales salvajes mediante la cría en granjas probablemente atraiga una atención generalizada el próximo mes, cuando los 182 Estados miembros de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) se reúnan en Johannesburgo. Suazilandia, uno de los países vecinos, ha propuesto legalizar el comercio con cuernos de rinoceronte en un intento de convertir la cría de rinocerontes en un negocio. Casi seguro que este esfuerzo fracasará. Pero dada la realidad de que “las restricciones comerciales acordadas a través de la CITES a menudo fracasan”, como señalan Challender y MacMillan, la cría de otras especies de fauna salvaje es probable que desempeñe un papel cada vez más importante en el debate contra la caza furtiva.

La cría de especies salvajes no es nada nuevo. La acuicultura se remonta a 8.000 años atrás por lo menos, en pequeños estanques de anguilas que mantenían los aborígenes en el sudeste de Australia. Carpa, salmón, trucha y otros peces en piscicultura, así como moluscos y crustáceos, suministran ahora más de la mitad de todo el marisco producido para el consumo humano. Con ventas previstas de 203 mil millones de dólares para el año 2020, la acuicultura es, de lejos, el mayor sector del mercado de zoocriaderos.

La idea de la cría de especies silvestres como una herramienta de conservación tampoco es nueva. Los ganaderos de algunas partes del sur de África demasiado secas para el ganado doméstico comenzaron a implementar la cría de animales salvajes hace más de un siglo, para la caza de trofeos, el comercio de carne y el turismo. Esos ranchos cumplieron una función vital en la recuperación de una subespecie de cebra de montaña, ñus negros, rinocerontes blancos, así como antílopes sable y bontebok, entre otros, según Andrew Taylor, coautor de un reciente informe sobre la cría de fauna silvestre para Endangered Wildlife Trust, en Sudáfrica.

Lo que es diferente hoy en día es la urgencia del impulso comercial para la cría de especies silvestres en todo el mundo, y la extraordinaria variedad de especies que se crían. Un estudio piloto en Vietnam identificó el pasado año 185 especies criadas solamente en ese país, incluyendo puerco espines, zorros voladores, monos come-cangrejos, civetas de palmera asiáticas, gatos monteses y múltiples roedores y reptiles. La encuesta, organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), instó a la creación de un registro nacional de la cría de animales salvajes, la formación de los agricultores vietnamitas en seguridad alimentaria y prevención de enfermedades y el desarrollo de un sistema de atención veterinaria regular.

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Bruce Cowan/Flickr

Un mono come-cangrejos en Tailandia.

Tensen señala en su estudio que uno de los problemas con la cría en cautividad estriba en el hecho de que es inevitablemente más caro acoger, alimentar y cuidar a los animales en cautividad que cazarlos del medio silvestre. En algunas partes de Asia, donde comer animales salvajes es un símbolo de status social, las personas puede que estén dispuestas a pagar esa diferencia de precio. Pero no parece ser el caso en gran parte de África, donde los cazadores buscan carne de animales silvestres para su nutrición básica. Incluso los consumidores relativamente ricos e informados en los países del mundo desarrollado se muestran a menudo reacios a pagar por la sostenibilidad.

Por ejemplo, las personas que tienen acuarios de agua salada valoran el pez mandarín de colores llamativos. Según un sitio web para aficionados, los pescadores en Filipinas los capturan “con un miniarpón”, que dispara “ largas agujas dobles de coser en el lado de los peces”. Muchos peces mueren, y los machos llamativos y grandes heridos que sobreviven se ven afectados en su comportamiento reproductivo en el medio silvestre. De ahí que los peces mandarín están extinguidos comercialmente en muchas zonas.

Pero la cría en cautividad de peces mandarín fracasó en el mercado, según Scott Fellman, un proveedor de este sector, porque “el mercado de masas no quiere pagar 40 dólares por un pez criado en cautividad cuando lo podría conseguir por 12 dólares si fuese capturado en el medio silvestre”. Fellman lo bautizó como “extrema hipocresía”. Pero la historia del pez mandarín no es inusual. Los investigadores han logrado criar alrededor del 15 por ciento de las especies de los acuarios marinos en cautiverio. Pero solo alrededor del 6% se venden al por menor.

Las especies salvajes pueden ser muy difíciles de criar en cautividad, es por ello que los ganaderos de las especies terrestres suelen incorporar a su ganado también especies cazadas en libertad. Los estudios han demostrado que el 90% de las granjas de ratas de las cañas en Ghana, la mitad de las granjas de puerco espines en Vietnam y hasta tres cuartas partes de las granjas de pitones verdes en Indonesia siguen aceptando animales de la naturaleza. En un momento determinado, incluso la FAO parecía alegar que la cría del ciervo almizclero en Asia podría ser buena para su conservación – mientras que simultáneamente daba instrucciones para capturar al ciervo almizclero en el medio silvestre. En lugar de prevenir la caza furtiva, esta dependencia continua de la fauna salvaje, según Tensen, simplemente sirve para blanquear la carne ilegal de animales salvajes.

“Si se prohíbe la cría de especies salvajes, es justo lo que la gente hará”, comenta Peter Daszak, de EcoHealth Alliance.

“Se ha malgastado un montón de dinero para tratar de ayudar a la vida salvaje y conseguir reducir la recolección insostenible de alimentos”, comenta David Wilkie, director de Acciones para la Conservación y Comunidades de la Wildlife Conservation Society (WCS). Entre otros problemas, el índice de transformación del alimento, es decir, la cantidad de quilos de alimentos que consume un animal para producir un quilo de carne, “es terrible, especialmente en comparación con cerdos y pollos que llevamos criando desde hace 10.000 años. Sabemos perfectamente cómo criar pollos”, dijo, y, por lo tanto, las aves de corral son más prácticas de criar que las especies salvajes como fuente de proteínas para evitar que las comunidades consuman la carne de animales salvajes. El virus de Newcastle, el asesino más común de pollos, solía ser un impedimento para la cría de aves de corral en las zonas remotas, dijo, porque la única vacuna que existía necesitaba refrigeración. Pero un estudio de la WCS realizado en Zambia demostró recientemente que una nueva versión de la vacuna termoestable puede ayudar a impulsar la producción de aves de corral en las aldeas de cuatro a siete veces.

Juan Lubroth, jefe veterinario de la FAO, se hizo eco de este llamamiento a la “intensificación sostenible” de la producción ganadera. “Hemos recorrido un largo camino desde que lo promovíamos, ya hace 10 o 20 años”, dijo, en cuanto a comprensión de la dinámica y las dificultades de la cría de especies silvestres.

¿Cómo identificar los casos excepcionales en los que la cría de especies salvajes puede beneficiar realmente la conservación? Tensen enumera cinco criterios esenciales:

• El producto cultivado debe proporcionar un sustituto adecuado, para que los compradores potenciales no prefieran el equivalente salvaje.

• Debe cubrir una parte sustancial del mercado, y no aumentar la demanda para que el producto sea más popular o legítimo.

• Debe ser más rentable para evitar su venta a un precio más bajo en el mercado negro. (Esto significa que los animales deben estar predispuestos a crecer sanos en ambientes artificiales, tener una tasa elevada de reproducción y requerir relativamente poco alimento para producir la proteína, entre otros aspectos.)

• Los ganaderos no deben depender de la repoblación procedente del medio silvestre.

• Los animales salvajes criados en granjas no sirven para blanquear el producto ilegal.

Después de leer el artículo de Tensen, Peter Daszak, presidente de la EcoHealth Alliance, hizo algo como un conmovedor gemido de suplicio por el trabajo que queda por hacer. A través de su sitio web EcoHealthy Pets, su organización propone utilizar a los animales criados en cautividad para el comercio de mascotas como una medida tanto de salud pública como de conservación. “Cualquiera que trabaje en este campo sabe que hay argumentos a favor y en contra del fomento de la cría de especies salvajes”, indicó en una entrevista con Yale Environment 360. “Lo que ha hecho Tensen, en mi opinión, por primera vez, es intentar evaluar objetivamente la realidad de la cría de especies salvajes, lo cual revela realmente algunas cosas interesantes. Estoy de acuerdo con ella; en la mayoría de los casos, no se trata de una buena conservación. Es triste, pero cierto.

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“El mayor problema”, continúa Daszak, “es saber cuál es la alternativa. Si se prohíbe la cría de especies silvestres, es justo lo que la gente hará”. La respuesta, sugirió, tanto para el comercio de animales de compañía como de alimentación se centra en “una gama limitada” de especies criadas que reúnan los criterios de sostenibilidad, tal como hace ahora EcoHealthy Pets.

El desafío consiste en convencer a las personas acostumbradas a explotar todas las especies del planeta para conformarse con solo algunos centenares. De lo contrario, el peligro es que acabemos en un planeta sin ningún tipo de vida salvaje.

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Richard Conniff

ACERCA DEL AUTOR
Richard Coniff es un escritor ganador del premio National Magazine Award, cuyos artículos han aparecido en las revistas científicas Time, Smithsonian, The Atlantic, National Geographic, así como en otras publicaciones. Ha escrito varios libros, entre ellos The Species Seekers: Heroes, Fools, and the Mad Pursuit of Life on Earth. En artículos anteriores para Yale Environment 360, ha escrito sobre el precio de los servicios del ecosistema y sobre los nuevos avances que podrían ayudar a producir cultivos de alimentos que pudieran prosperar pese a los cambios climáticos.