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17-12-2013 : Informe

India sin vertederos, controversia por la incineración

India tiene la intención de quemar más desechos para generar la tan necesitada electricidad. Pero tal y como demuestra el caso de una planta de incineración en Nueva Delhi, los críticos están preocupados por la permisividad de los controles de contaminación del aire y el impacto de la incineración sobre las personas que intentan sobrevivir hurgando en los vertederos de basura.

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Durante años, Sujata Das ha empezado su jornada laboral subiendo hasta la cima de un vertedero en Nueva Delhi a la espera de los camiones de basura. Después de su llegada, y una vez han descargado, ella y otros centenares de recolectores de residuos hurgan en los escombros en busca de plástico, papel y chatarra que se pueda vender para reciclar. Das solía ganar unas 5.000 rupias al mes (80 dólares) por su trabajo, lo suficiente para dar de comer a sus tres hijos y llevarlos a la escuela.

Pero hace dos años que el contenido de los camiones de basura cambió de repente.

En vez de dejar basura y algún preciado tesoro ocasional, como una camiseta o un recipiente de metal, los camiones ahora descargan montones y montones de cenizas. La basura ya no proviene directamente de las calles de Delhi sino de la planta de incineración Timarpur Okhla. Desde finales de 2011, la planta ha recogido 1.950 toneladas de escombros al día, una cuarta parte de la ciudad de Delhi, y las ha quemado para convertir la energía en electricidad. Las cenizas son lo único que queda de ello.

Ragpicker Sujata Das

David Ferris.

Una planta de conversión de basura en energía es una amenaza para la vida de los recolectores de residuos de Nueva Delhi, como Sujata Das y su familia.

“Antes encontrábamos mucho plástico y papel”, nos cuenta Das, una mujer alegre de 35 años con la cabeza cubierta con una tela morada, desde un callejón embarrado del barrio de chabolas donde vive. Aquí los edificios están construidos con cartón y lonas. “Pero ahora lo queman todo, así que ya no encuentro nada. ¿Qué haremos con las cenizas?”.

Vaporizar la basura y usar la energía producida para generar electricidad parece ser la solución ideal para la India, donde los vertederos van en aumento, con sus consecuentes hedores, y las luces se apagan unas horas cada día. Sin embargo, los críticos sostienen que la planta de Timarpur, la primera del país que en funcionar completamente, contamina el aire al mismo tiempo que limpia el territorio.

La planta de Timarpur, con un coste de 44,6 millones de dólares, es una décima parte de cualquier instalación similar en Europa.

La tecnología de incineración utilizada en la planta de Timarpur no es tan moderna como la de las incineradoras para la producción de energía de última generación que funcionan actualmente en Europa. Un análisis hecho en marzo por el Comité de Control de la Contaminación de Delhi indicaba que la instalación producía niveles de dioxinas y furanos 30 veces por encima del límite legal. Desde que se inauguró la planta, los vecinos han observado una capa negra de cenizas en sus terrazas. Este hecho, junto con la preocupación por la contaminación que llega a los hospitales y el santuario Kalindi Bird, fue el detonante para que una asociación de vecinos interpusiera una demanda, cuyo resultado han sido dos órdenes judiciales contra la planta. Sin embargo, Timarpur, construida y operada por el grupo Jindal, el cuarto complejo industrial más grande de India, sigue quemando.

Las grandes ciudades de la India están listas para acoger el boom de la construcción de plantas de transformación de residuos en energía, sin embargo se utilizan incineradoras baratas construidas en China, con controles de contaminación menos rigurosos, y que operan en un nuevo sector casi desprovisto de regulación. La planta de Timarpur, con un coste de 44,6 millones de dólares, supone una décima parte de cualquier instalación similar en Europa, de acuerdo con las informaciones proporcionadas por los medios indios.

Una segunda planta está a punto de inaugurarse en Delhi y otra más está en proyecto. Hay tres más en construcción en el estado de Andhra Pradesh, una en Gujarat y muchas otras están proyectadas en Chennai, Mumbai y Bangalore, afirma Ranjith Annepu, coordinador indio para el Consejo de Investigación en Incineradoras y Tecnología de Desechos a Energía.

El incremento de las plantas de incineración ha desembocado en una lucha por los residuos y ha supuesto un enfrentamiento entre las incineradoras para producir energía y algunas personas pobres del segundo país más poblado del mundo, para las cuales dichos residuos suponían una salida económica a su situación. Nueve meses después de la inauguración de la planta se observó un cambio drástico en la suerte de los 450 recolectores de basura que trabajaban en el vertedero de Okhla, un pequeño subgrupo de entre 40.000 o 50.000 recolectores de residuos que trabajan en Nueva Delhi. Una encuesta realizada por Chintan, una organización sin ánimo de lucro de Delhi que trabaja con recolectores de residuos en Okhla, reveló que este grupo disminuyó unas dos terceras partes, hasta 150, a medida que los trabajadores se veían forzados a desplazarse para buscar un jornal, incluso menor. Muchas de las familias que se quedaron afirmaron que sacaban a sus hijos de la escuela para poder disponer de más manos que hurgaran en las pilas de cenizas en busca de un valioso trozo de metal.

Los recolectores de residuos actúan como un ejército informal de reciclaje en un país en el que prácticamente no hay contenedores de reciclaje en las calles.

En cada ciudad de la India, se puede observar a los recolectores de residuos asomando por las pilas de basura, actuando como un ejército informal de reciclaje en un país en el que prácticamente no hay contenedores de reciclaje en las calles. Trabajan muchas horas al día, cargan grandes sacos y recogen plástico, papel y metal de las pilas de basuras de las callejuelas, de los desbordados contenedores, centros de recogida regionales y vertederos.

La basura es un problema omnipresente en la India moderna. Se encuentra esparcida por la mayoría de calles, atrayendo alimañas y enfermedades, o bien es quemada por los vecinos en aparcamientos o patios vacíos, produciendo contaminación tóxica atmosférica. Los vertederos se llenan de forma anárquica y muchas veces no se cubren con mantillo, lo que incrementa las emisiones de metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.

“Se parece a como era Estados Unidos en los años veinte, cuando se tiraban los desechos a la vista, pero Estados Unidos siempre ha dispuesto de tierra, y las ciudades han tenido suficiente dinero como para transportarlos lo bastante lejos”, comenta Annepu, y añade: “Aquí las ciudades no tienen suficiente dinero, ni tierra, y aunque construyeran un vertedero en algún lugar, las ciudades se expanden tan rápidamente que dentro de cinco o seis años el vertedero ya estaría rodeado de población.”

En una tarde nublada a principios de año, visité la planta de incineración de Timarpur que funciona a pleno rendimiento. En la pasarela entre sus edificios de seis plantas reinaba un zumbido muy parecido a un rugido. El aire desprendía un vago olor a sustancias químicas, pero no la pestilencia de la basura. Miré en una de las tres fosas de recogida de 10.000 toneladas, donde una garra de acero gigante, tan grande como una furgoneta de UPS, cogía un montón de basura y la transportaba a la cima de una pila de cuatro pisos de altura, perturbando al grupo de palomas ahí instaladas.

La basura ya había sido inspeccionada por imanes en busca de metal, se había pasado por una malla para eliminar los guijarros, y se habían retirado a mano los objetos que no arden (ladrillos y cerámica) y los que no deberían arder (caucho y plástico PVC). Entre los restos había residuos como el cartón y otros tipos de plástico, que arden a altas temperaturas, lo que los convierte en preciadas materias primas. Al lado, la garra metía la basura a la incineradora, alimentada con gasóleo hasta que alcanza una temperatura estable de 850 °C (1.562 °F). El humo sobrecalentado se elevaba por una chimenea rodeada de bobinas con tubos llenos de agua. El agua se convierte en vapor, que hace girar una turbina y crea electricidad. Dentro de una sala de control, una gran pantalla de lectura mostraba la potencia eléctrica de salida: 16 megavatios por hora, a plena capacidad, lo que asciende a menos del 0,3% de la demanda máxima de energía de Delhi.

La planta consume un cuarto de la basura de una ciudad de 11 millones y la convierte en electricidad.

Previamente, en una sala de reuniones, el gerente de operaciones, Sandip Dutt, explicó las características de la planta sin ocultar su orgullo. Después de todo, la planta no solo consume un cuarto de la basura de una ciudad de 11 millones de personas y la convierte en electricidad, sino que además es la primera del país en hacerlo con éxito. En las últimas décadas, más de una docena de plantas de compostaje e incineradoras a gran escala han fracasado.

“Cuanto más (un vertedero) fermente, más gas metano generará y más dañará a la atmósfera”, afirmó Dutt. “Estamos incinerando los desechos, de forma que estas áreas de los vertederos se puedan recuperar. La parte negativa siempre estará ahí, una moneda siempre tiene dos caras. Puedes decir ‘De acuerdo, los recolectores de basuras ya no tienen tanto trabajo’. Pero, luego, en el beneficio común de la sociedad, creo que son muchos más los beneficios que ofrecen estas plantas incineradoras que el sustento que puedan proporcionar a los recolectores de basuras.”

Casi al final del tour, mi guía señaló al par de chimeneas de 196 pies (59,74 m) de altura. “¡No hay humo!” dijo. Pero, cuando miré mi libreta, me di cuenta de que estaba cubierta por una fina capa de polvo de cenizas procedentes de la planta.

La India no tiene las leyes ni los órganos de gobierno para regular este nuevo sector de la incineración de residuos para la obtención de energía.

La dirección de la planta asegura que los depuradores de las tuberías de la planta están en funcionamiento, lo que supone tecnología adicional de control de la contaminación que el Ministerio de Medio Ambiente de la India no exige, y esas emisiones de sustancias contaminantes como óxidos de azufre y óxidos nitrosos están por debajo de los límites legales. Los responsables de la planta han afirmado que las emisiones de dioxinas y furanos -sustancias químicas tóxicas emitidas por la incineración de PVC- están a cero, aunque esta declaración se contradice con los exámenes del Comité de Control de la Contaminación de Delhi.

Este “límite legal” podría ser arbitrario, señala Ra vi Agarwal, responsable de Toxics Link, una organización ambientalista india. La tecnología para supervisar de forma adecuada la chimenea de una planta así no existe en la India, añade, como tampoco existen leyes u órganos de gobierno que regulen este nuevo sector.

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En cualquier caso, la planta se vendió a precio de ganga en comparación con las planta incineradoras europeas. Dutt afirmó que la planta compró su equipamiento al Grupo Hangzhou Boiler en China y que se basó en los diseños de Martin, un calderero alemán. Se han hecho públicos pocos documentos sobre el diseño y la construcción de la planta. Pero la baja calidad de los filtros y depuradores podría explicar por qué la planta de Timarpur emite más contaminación que las incineradoras de bajas emisiones que se usan de forma extensa en el norte de Europa. En general, los funcionarios gubernamentales de Nueva Delhi han elogiado la planta de Timarpur.

Mientras tanto, la pila de restos negros de cenizas se aproxima a los otros montículos del vertedero de Okhla, incontrolado y a la merced del viento. Das y sus compañeros colectores de basura siguen peinando el lugar, aunque lo que más encuentran es metal, convertido en escoria en los hornos de la planta. Ya no hay más botellas de plástico.

“El poco dinero que hacíamos venía de eso, pero ahora ya no es así y me veo en dificultades para mantener a mi familia”, dice Das, y añade “No me puedo permitir dar una buena alimentación a mis hijos o llevarlos a la escuela. Así están las cosas ahora.”

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David Ferris

ACERCA DEL AUTOR
David Ferris es un periodista freelance que investiga cómo la tecnología energética está cambiando nuestras vidas. Es autor de la columna ‘Innovate’ para la revista Sierra, de blogs para Forbes, y ha colaborado en reportajes sobre la energía en Smithsonian, Popular Mechanics, Popular Science y The New York Times.