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03-11-2015 : Reportaje Especial de E360

Historia de dos ciudades del norte de Europa: superar el reto del aumento del nivel del mar

Durante siglos, Rótterdam y Hamburgo han tenido que hacer frente a la amenaza de mareas tormentosas e inundaciones. Ahora, a medida que el nivel del mar aumenta, los planificadores buscan formas innovadoras de reforzar la resistencia de estas ciudades, a partir de nuevos

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Fotos de ALEX MACLEAN

Vista del centro de Rótterdam (Países Bajos) “Luchar contra el agua es una batalla perdida”, afirma un oficial holandés. Ver galería

El agua rodea Rótterdam, la segunda ciudad más grande de los Países Bajos, en la confluencia de los ríos Rin, Mosa y Escalda, a unos 30 kilómetros del Mar del Norte. La ciudad, fundada por mercaderes, es actualmente el mayor puerto de Europa. Pero el agua, que durante mucho tiempo ha beneficiado a Rótterdam, también supone una amenaza. El noventa por ciento de la ciudad se encuentra por debajo del nivel del mar. Una franja de diques se extiende a lo largo del litoral de la ciudad, como recordatorio de las tormentas que podrían inundar Rótterdam en cualquier momento.

Hamburgo, el segundo puerto más grande de Europa, se sitúa en un delta interior del río Elba. Los cargueros atestados de contenedores rojos, naranjas y azules se deslizan por el Elba, cerca del centro de la ciudad. Pobladores y conquistadores construyeron Hamburgo sobre bajos acantilados de la orilla norte, donde apenas existe peligro de inundaciones. Pero los barrios que se encuentran en la base de la meseta o en algunas islas están a nivel del mar, o por debajo de este.

Los habitantes de estas dos grandes ciudades portuarias han luchado contra el agua durante siglos. Las inundaciones han devastado edificios y, en ocasiones, ahogado a cientos de personas. De sus ruinas, estas ciudades vulnerables han aprendido a lidiar con el riesgo permanente de inundación. Pero, según Henk Ovink, Enviado especial para Asuntos internacionales del agua por los Países Bajos, “la lucha contra el agua es una batalla perdida”, y eso es especialmente cierto hoy día, si tenemos en cuenta que se prevé que el nivel del mar mundial aumentará cerca de un metro este siglo.

“Las sociedades en su conjunto deben replantearse las cosas”, afirma Ovink.

Alemania y los Países Bajos son líderes en conocimientos y estrategias de control de inundaciones, pero otras naciones que buscan ayuda en ellos no encontrarán soluciones fáciles. Estos dos países están reforzando antiguas barreras para la prevención de inundaciones, como diques y compuertas, tal como se muestra en esta impactante serie de fotografías aéreas de Alex MacLean. Pero estas actualizaciones pueden ser carísimas e imponer un peaje medioambiental muy elevado para los ecosistemas costeros.

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Fotos de ALEX MACLEAN

El distrito HafenCity de Hamburgo (Alemania), con un paseo en alto y una carretera elevada detrás. Ver galería

Hoy día, los ingenieros y planificadores costeros alemanes y holandeses prueban nuevas ideas que permitan fortificar las líneas de costa a un coste financiero y ambiental más bajo. Experimentan con la ciencia de “construir con la naturaleza”, la práctica de domesticar las fuerzas de la naturaleza, como el viento y el agua, y emplear materiales naturales, como arena y vegetación, para frenar al mar. Pero estos enfoques también son costosos y pueden cobrarse su propio peaje ambiental.

Muchos funcionarios dedicados a la protección del litoral de todo el mundo han solicitado asesoramiento y asistencia técnica de los expertos de los Países Bajos. Después que el huracán Sandy devastara el litoral de Nueva York y Nueva Jersey en 2012, por ejemplo, los funcionarios estadounidenses contrataron a Ovink para que ayudara a planificar las futuras medidas de control de inundaciones.

Los expertos señalan que mientras que los Países Bajos, Alemania, Estados Unidos y otras naciones industrializadas disponen de los medios necesarios para hacer frente, si no dominar, al aumento del nivel del mar y la intensificación de las mareas tormentosas, los países del mundo en vías de desarrollo, desde el Cairo hasta Bangladesh, en general carecen de ellos. Y uno de los debates más importantes que tendrá lugar en el encuentro sobre el clima de Naciones Unidas en París el próximo mes será precisamente el de cuánta ayuda pueden facilitar las naciones industrializadas a los países más pobres en su lucha para contener el mar.

Hamburgo: innovaciones en protección frente a inundaciones

El 9 de noviembre de 2007 un temporal del Mar del Norte provocó una subida de la marea de casi seis metros sobre el nivel normal en la costa alemana, haciendo que una tromba de agua se abriera paso hasta Hamburgo, a más de 30 kilómetros de la costa. El puerto cerró y un torrente de agua inundó los barrios de las zonas bajas. Pero HafenCity, un barrio en construcción sobre dos islas del río, se mantuvo seco gracias a un innovador programa de protección frente a inundaciones.

Thorsten Gödtel, planificador urbanista, observó cómo las aguas subían en HafenCity. Sentado en un café, Gödtel se sintió tan seguro como si estuviera contemplando un acuario, aun cuando el remolino de aguas limosas llegaba ya a media altura de de las ventanas extra gruesas del restaurante, a unos pocos centímetros de su aquilina nariz. Salió del restaurante por una carretera elevada sin mojarse los pies.

Hace unos veinte años, los funcionarios municipales constataron que se podía dar un mejor uso a las islas, por aquel entonces un distrito industrial lleno de depósitos y naves próximo al centro de la ciudad. Pero, señala Gödtel —que realiza visitas guiadas del proyecto—, las mareas de los temporales inundaban las islas. Rodear sus tres kilómetros de costa con diques habría resultado prohibitivo y además habría arruinado las vistas.

En lugar de eso, los planificadores crearon una zona de desarrollo especial, demolieron los viejos edificios y establecieron normas específicas relativas a las inundaciones para los nuevos. El ayuntamiento construyó las carreteras y los espacios públicos abiertos en terrazas de arena a casi 8 metros sobre el nivel normal de la marea. La línea de costa de HafenCity se dejó a su altura original, algo por encima del nivel de marea alta. Se permitió que los promotores construyeran a ese nivel, pero se les exigió impermeabilizar las estructuras hasta el nivel de la calle, situado más arriba, y tener entradas desde este.

Ahora que ya se ha completado cerca de un 30% de HafenCity, en el barrio tienen su hogar casi 2.000 residentes y trabajan 10.000 personas. Una crecida del Elba “se vive más como un acontecimiento” que como un desastre, afirma Gödtel. Reconoce que para otras ciudades podría resultar difícil elevar el suelo para evitar las inundaciones, y dice que su diseño, que es caro, fue posible gracias a su privilegiada situación junto al centro de la ciudad.

La sección Wilhelmsburg de la ciudad —una isla en forma de almendra con cerca de 55.000 habitantes al sur de HafenCity— no cuenta con el lujo de carreteras elevadas y edificios a prueba de inundaciones. Parte de Wilhelmsburg se encuentra a casi siete metros por debajo del nivel del mar y la protección del barrio se basa en diques de tierra. “Sin diques”, asegura Henning Cordes —un “Señor de los diques”, o representante local, que supervisa la protección frente a las inundaciones— “Wilhelmsburg estaría bajo las aguas dos veces al día”.

Los diques actuales de Wilhelmsburg se elevaron cerca de metro y medio en los años sesenta, tras un temporal espantoso que rompió los diques y dejó 300 muertos. La ciudad actualmente está aumentando los diques en otros ochenta centímetros, una costosa renovación que debería mantener Wilhelmsburg a salvo hasta mediados de siglo. Los funcionarios municipales no han decidido todavía cuál será su siguiente actuación. Los diques de tierra necesitan muchos centímetros de anchura adicional por cada centímetro que se añade a su altura, y esto exige más tierra de la que dispone Wilhelmsburg. “Tenemos que buscar otras soluciones”, afirma Cordes.

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Fotos de ALEX MACLEAN

Esta ensenada próxima a la sección de Wilhelmsburg de Hamburgo se creó para permitir que entrara agua del río y mitigar algo las inundaciones. Ver galería

Una opción es confiar más en la técnica conocida como “construir con la naturaleza”, que trata de aprovechar las barreras naturales, como dunas o llanuras inundables, para reconducir la crecida de las aguas. En 2012, por ejemplo, se perforó con retroexcavadoras una margen del río que separa el Elba de una marisma en forma de medialuna en Wilhelmsburg. El agua del río brotó a través del canal, creando una ensenada y añadiendo 30 hectáreas de llanura inundable. El estanque experimental reduce ligeramente la altura máxima de una crecida.

Antje Stokman, directora del Instituto de Planificación del paisaje y Ecología de la Universidad de Stuttgart, defiende el ensanchamiento del río a una escala mucho mayor, utilizando los valles de las zonas bajas que discurren paralelos al cauce inferior del río desde Hamburgo, como válvula de escape para las inundaciones. “Tenemos que pensar en formas de crear más llanuras inundables, más espacio para el río, no solo en levantar diques” , afirma Stokman.

Hans Von Storch, director emérito del Instituto de Investigación Costera en Geesthacht (Alemania), ha estudiado alternativas a elevar la altura de los diques, entre otras el aumento de llanuras inundables. Asegura que dichas soluciones implicarían obstáculos económicos y políticos desalentadores. “La gente se sublevaría”, dijo, “si Hamburgo intentara fortificarse convirtiendo toda el suelo agrícola de las tierras bajas en embalses de retención”.

Rótterdam: más allá de diques y barreras

Al igual que ocurre en Hamburgo, el fantasma de una inundación catastrófica acosa y da nueva forma a Rótterdam. El 31 de enero de 1953 una fuerte tormenta azotó los Países Bajos. Decenas de diques se rompieron, inundando cerca de 137.000 hectáreas y cobrándose 1.800 vidas humanas.

Tras el desastre, el gobierno holandés diseñó el Plan del Delta, un programa de construcción de largo alcance para evitar que el desastre volviera a repetirse. En lugar de reforzar miles de kilómetros de diques que bordean ríos y afluentes propensos a provocar inundaciones, el plan ordenó la construcción de sólidos diques en forma de anillo alrededor de grandes extensiones de territorio y el represamiento de bahías con enormes compuertas. La zona más grande y más densamente poblada, rodeada por el dique en anillo del sur de Holanda, o Dike Ring 14, englobaría Rótterdam, Ámsterdam y otras zonas urbanas.

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Fotos de ALEX MACLEAN

Las enormes compuertas de la Barrera Maeslant pueden cerrarse para proteger Rótterdam y otras áreas de las mareas tormentosas. Ver galería

La piedra fundamental del Plan del Delta, la Barrera Maeslant, es una compuerta móvil en la desembocadura del Rin. Cuando una marea tormentosa alcanza los tres metros sobre el nivel normal del mar, las dos puertas gigantescas de la estructura giran sobre sus ejes desde las dos orillas del río para encontrarse en la mitad de la corriente como en un apretón de manos. Se encuentran entre los objetos móviles más grandes del mundo, cada una mide 240 metros de largo y pesa 6.800 toneladas. Tras el huracán Sandy, algunos ingenieros propusieron construir compuertas similares en el Verrazano Narrows para proteger la ciudad de Nueva York.

Jan Mulder, un ingeniero costero de la gran firma holandesa de consultoría sobre temas de agua Deltares, afirma que los diques se han convertido en barreras visuales omnipresentes, y que el problema se agudiza cada vez que se aumenta su altura. Señala que el Plan del Delta también causó graves daños en la costa. Se amputaron completamente tres brazos de un gran estuario del mar con compuertas impenetrables, transformándolos en lagos de agua dulce artificiales. Los peces, moluscos y vegetación de la marisma que habitaban allí han desaparecido. Floraciones de algas han asolado los medios acuáticos. Incluso la Barrera Easterscheldt, que permite cierto flujo de las mareas, ha degradado seriamente los humedales que hay detrás.

“El enfoque tecnológico no nos ha ofrecido una solución sostenible”, afirma Mulder.

Los ingenieros, para mantener Rótterdam y otras tierras próximas seguras frente al aumento del nivel del mar, necesitarán reforzar el litoral, donde una franja prácticamente continua de dunas de arena mantiene a raya al mar, afirma Mindert de Vries, otro ingeniero de Deltares. Al igual que Mulder, De Vries aboga por “construir con la naturaleza”. En lugar de acero, cemento y arcilla compactada, él preferiría ver que se utiliza más arena y hierbas pantanosas para proteger las líneas de costa. También le gustaría aprovechar las fuerzas de la naturaleza, como el viento y las corrientes, en lugar de utilizar equipos pesados de movimiento de tierra, para llevar la protección a su sitio. El ejemplo más importante hoy día se llama Motor de arena, que implica verter arena dragada en el fondo del mar de los campos de dunas del litoral, para estabilizar la costa al impedir que las olas erosionen el litoral.

Los equipos empezaron a mantener la línea de costa en su sitio con sedimentos dragados del Mar del Norte en los años noventa. En un principio vertieron cerca de 5,6 millones de metros cúbicos de arena al año, más del doble del volumen de la Gran Pirámide Giza. En 2008, el organismo asesor para la protección frente a las inundaciones del Gobierno concluyó que para mantenerse al día frente al aumento del nivel del mar en 2050, el país debería distribuir 85 millones de metros cúbicos de arena al año a lo largo de los 320 kilómetros de costa. Los investigadores están aún tratando de imaginar el modo de mover ese ingente volumen de material de forma económica.

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Fotos de ALEX MACLEAN

Proyectos de estabilización de playas y un dique detrás de la arena protege un pueblo del norte de los Países Bajos. Ver galería

Al llegar en su coche a Ter Heijde, un pueblo turístico de la costa, Mulder señala hacia una península en forma curva de arena tostada que se extiende en el mar como un brazo doblado sacando músculo, es el Motor de arena. En 2011, los investigadores depositaron aquí 21 millones de metros cúbicos de arena en una franja de 800 metros. Según su proyecto, los potentes vientos y las corrientes que existen alrededor de Ter Heijde extenderán la arena a lo largo de 9 kilómetros del litoral durante 20 años. A algunos científicos les preocupa que un movimiento tan masivo de sedimentos pueda dañar la fauna y flora del litoral, pero Mulder asegura que el experimento incluye una cuidadosa supervisión de posibles problemas ecológicos.

Afirma, asimismo, que el montículo se ha extendido ya más de 3 kilómetros desde que empezó el experimento. “El proceso de redistribución”, señala, “va muy bien”.

¿Es inevitable que la costa retroceda?

En los próximos años, muchas más ciudades tendrán que asumir la lucha que llevan lidiando Hamburgo y Rótterdam más de 1.000 años. El año pasado, el Departamento estadounidense para la Vivienda y el Desarrollo Urbanístico anunció siete planes para proteger la costa de Nueva Jersey y Nueva York de huracanes como Sandy, y asignó casi 1.000 millones de dólares como financiación inicial. Cinco de los proyectos financiados, que incluían el uso de diques, recuperación de marismas para ralentizar las mareas tormentosas y embalses naturales para el almacenamiento temporal de aguas tormentosas, fueron presentados por grupos que contaban en sus filas con firmas holandesas de ingeniería y diseño.

Pero ¿qué ocurre con las ciudades y países que carecen de los recursos financieros de Hamburgo, Rótterdam o Nueva York? Los expertos afirman que o bien tendrán que recibir ayuda financiera masiva del mundo desarrollado o bien alejarse de las costas. Jan Mulder afirma que, hasta cierto punto, las técnicas de “construir con la naturaleza” podrían ser un modo eficaz y económico para que los países en desarrollo protejan sus líneas de costa. Por ejemplo, la recuperación de los manglares de la costa de la India y Bangladesh podría ralentizar la acción de olas destructivas y atrapar sedimento, contribuyendo así a elevar la línea del litoral a medida que sube el mar.

Pero Klaus Jacob, un científico investigador del Lamont-Doherty Earth Observatory, de la Universidad de Columbia, afirma que lamentablemente la sociedad todavía no es consciente del aumento del nivel del mar que se habrá producido a finales de siglo, y que afectará tanto a los países en desarrollo como a los industrializados.

“Estamos todavía en la fase de negación, convencidos de que podemos ingeniárnoslas para hacerle frente”, dice Jacob. “La única solución realmente fiable es retirarse de las zonas bajas”.

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El autor Daniel Grossman y el fotógrafo Alex MacLean recibieron apoyo para este proyecto del Pulitzer Center on Crisis Reporting y de la Whole Systems Foundation.

Daniel Grossman
ACERCA DEL AUTOR Daniel Grossman é um jornalista da imprensa escrita e produtor de rádio e internet que informou sobre os sete continentes. É autor de Deep Water: As Polar Ice Melts, Scientists Debate How High Our Oceans Will Rise. Este artigo foi produzido em colaboração com a Food & Environment Reporting Network, uma organização sem fins lucrativos de jornalismo investigativo. Para este projeto, Grossman recebeu o apoio da Whole Earth Foundation, da Society of Environmental Journalists e do International Centre for Integrated Mountain Development.