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01-03-2016 : Galería

En México, los pescadores furtivos empujan a una especie de marsopas al borde de la extinción

El lucrativo mercado chino de partes del pescado amenaza a la vaquita marina, el mamífero marino en mayor peligro. Estas marsopas, que viven solamente en el golfo de California, quedan atrapadas por error en las redes de enmalle ilegales y mueren.

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En 2013, Song Shen Zhen, residente de 75 años en Calexico, California, intentaba volver a los Estados Unidos desde México cundo la policía fronteriza observó un extraño bulto bajo las alfombrillas de su Dodge Attitude. Las bolsas de plástico almacenadas bajo ellas no contenían cocaína, sino otro producto de gran valor: 27 vejigas natatorias de totoaba, un pez en peligro crítico de extinción. Este órgano se considera una exquisitez en China con supuestas facultades medicinales y puede llegar a pagarse a 20.000 USD la unidad. En un registro de la vivienda de Zhen, los agentes descubrieron una factoría improvisada que contenía otras 214 vejigas. En total, el material de contrabando ascendía a unos 3,6 millones de USD.

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Omar Vidal/WWF

La vaquita marina es el cetáceo más pequeño del mundo.

El floreciente mercado negro es atroz para la totoaba, pero supone una catástrofe aún mayor para la vaquita marina, una marsopa diminuta que habita exclusivamente en el extremo septentrional del golfo de California, la estrecha extensión de agua que va desde la península de Baja California hasta el México continental. Desde 1997, aproximadamente el 80 % de la población mundial de vaquitas marinas ha perecido accidentalmente víctimas de la pesca, sobre todo al quedar atrapadas en las redes de enmalle explotadas por los pescadores furtivos de totoabas.

En la actualidad, quedan menos de 100 vaquitas marinas, lo que les ha valido el cuestionable honor de ser el mamífero marino más amenazado del mundo. Los científicos temen que esta marsopa haya desaparecido en 2018. “La posible extinción de la vaquita marina es el problema más importante al que se enfrenta la población de mamíferos marinos en este momento”, advierte Barbara Taylor, bióloga de conservación del Southwest Fisheries Science Center de la National Oceanic and Atmospheric Administration estadounidense.

Este cetáceo es una criatura de superlativos. No solo es el más amenazado, sino también el de menor tamaño con una longitud inferior a 150 cm del morro a la cola, además de ser el más restringido geográficamente: habita en un espacio que cabría cuatro veces en los límites de la ciudad de Los Ángeles. La Phocoena sinus presenta unas marcadas manchas negras alrededor de los ojos y los labios que le confieren un aspecto cautivador, como el de un panda. Esta marsopa suele viajar en parejas o pequeños grupos y se comunica por medio de una serie de rápidos chasquidos. Es notoriamente enigmática; no hace mucho los conservacionistas pasaron dos años sin documentar ni un solo avistamiento. Algunos pescadores mexicanos insisten en que la vaquita marina ya se ha extinguido, a pesar de las pruebas fotográficas.

Por la forma afilada de su cabeza, atraviesan fácilmente la trama de las redes de enmalle, donde quedan atrapadas y se ahogan.

Esta esquiva marsopa comparte la parte superior del golfo con la totoaba, un pez de reproducción lenta con el tamaño de un defensa de fútbol americano que regresa cada año a las cálidas aguas de la región para desovar. En la década de 1920, se asentaron numerosas aldeas en el norte del golfo dedicadas a atrapar estos peces y exportar sus vejigas natatorias a China y su carne a los Estados Unidos. Pero tras décadas de sobreexplotación que diezmaron la población de totoabas, en 1975 México prohibió su pesca.

La prohibición ayudó a reducir la pesca accidental de vaquitas marinas que, por la forma afilada de su cabeza, atraviesan fácilmente la trama de las redes de enmalle destinadas a las totoabas, donde las marsopas quedan atrapadas y se ahogan. Sin embargo, las redes de enmalle continuaron utilizándose para pescar otras especies como el langostino, y siguieron matando vaquitas marinas. En consecuencia, su población no ha dejado de descender a lo largo de las décadas. En 1993, la administración pública mexicana por fin adoptó medidas y designó una “reserva de la biosfera” libre de redes de enmalle en el área donde tiempo atrás el río Colorado desembocaba en el golfo. La reserva distaba mucho de ser perfecta (por la proliferación de la pesca furtiva y la laxitud en la aplicación de la normativa), pero en 2005 se adoptaron nuevas normas, incluida la ampliación de la zona protegida. Además, la administración pública mexicana destinó millones de dólares a subvenciones para aquellos pescadores que cambiasen a aparejos seguros para las vaquitas marinas o, directamente, dejasen la pesca.

En 2011, las esperanzas de los profesionales dedicados a la conservación de las vaquitas marinas eran mayores que nunca. Si bien las cifras continuaban descendiendo, ya no lo hacían en caída libre. Los científicos estaban convencidos de que pronto su población iniciaría la recuperación.

Sin embargo, este breve momento de optimismo se vio aplastado por las fuerzas del mercado global. Durante la gran crisis, un paquete chino de medidas de estimulación económica inundó la nación de efectivo y alimentó toda clase de inversiones especulativas, incluida la de vejigas natatorias (o “buches”) deshidratadas, un popular ingrediente de la sopa cuyo precio registró un aumento exponencial. Si bien China obtenía tradicionalmente las vejigas de una corvina gigante nativa, denominada bahaba, la sobrepesca casi había exterminado la especie. Los inversores chinos pusieron sus miradas en México.

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Omar Vidal/WWF

Los científicos encontraron esta vaquita marina atrapada en una red de pesca ilegal durante un estudio de la población.

“Siempre ha habido algo de pesca furtiva de totoabas”, señala Lorenzo Rojas-Bracho, coordinador de investigación y conservación de mamíferos marinos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) de México. Sin embargo, la subida de los precios en 2011 “lo cambió todo”, añade. Los científicos comenzaron a encontrar en las playas cadáveres de totoabas pudriéndose con la vejiga extirpada; mientras, los pescadores compraban casas nuevas y matriculaban varios barcos con la misma licencia. “Fluía muchísimo dinero”, recuerda Rojas-Bracho. “Se podía ganar tanto dinero como con las drogas sin el temor de pasar años entre rejas en caso de ser descubierto”.

Este auge fue desastroso para las vaquitas marinas. Su población, que menguaba aproximadamente un 4,5 % al año, empezó a desplomarse a un ritmo alarmante del 18,5 % anual. En 2012, el equipo de Rojas-Bracho calculaba que solo quedaban unos 200 ejemplares de estas marsopas. Para cuando los científicos se reunieron en 2014, las cifras de la especie habían descendido a unos 97 individuos, solo la cuarta parte de ellos eran hembras adultas. El mundo había perdido la mitad de sus vaquitas marinas en tres años.

Los conservacionistas entraron en modo de crisis e instaron a la administración pública mexicana a intervenir con nuevas medidas. En abril de 2015, el Presidente Enrique Peña Nieto viajó a la aldea costera de San Felipe para anunciar un plan drástico de recuperación. Sus puntos destacados incluyen la ampliación del refugio de las vaquitas marinas; el refuerzo de la aplicación de la ley por parte de la armada mexicana; y una prohibición de dos años de todos los tipos de redes de enmalle en una franja de unos 13.000 km cuadrados del golfo. (Los científicos desean que esta prohibición sea permanente.) En lugar de este tipo de redes, se formará a los pescadores para utilizar redes y aparejos que no dañen a las vaquitas marinas, tales como trampas para peces como el mero o sistemas de arrastre ligeros para el langostino, una importante concesión en una región pobre donde la pesca constituye uno de los escasos recursos de subsistencia. “No se pude salvar a las vaquitas marinas a cambio de que se extingan los pescadores”, manifiesta Rojas-Bracho.

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NOAA

Las vaquitas marinas solamente existen en el extremo septentrional del golfo de California.

Según Omar Vidal, director de World Wildlife Fund de México, 30 de los 625 pescadores del golfo han realizado pruebas esta temporada con las redes alternativas diseñadas para evitar que las vaquitas y las tortugas marinas se enreden en ellas. “Probablemente, las redes de enmalle son más eficaces”, reconoce. “Pero los pescadores son gente de recursos y con tiempo y experiencia mejorarán sus prestaciones”.

También es importante la función de los consumidores estadounidenses. La pesca legal más valiosa de la parte superior del golfo es el langostino azul, un suculento crustáceo que se sirve en los restaurantes de lujo de los Estados Unidos. Según Sarah Mesnick, ecologista de la NOAA, aproximadamente el 80 % de los langostinos azules que se capturan en el golfo de California se exportan al país vecino. En opinión de Mesnick, si los compradores mayoristas estuvieran dispuestos a pagar más por los langostinos azules pescados con redes no perjudiciales para las vaquitas marinas, los pescadores tendrían más incentivos para adoptar los sistemas de arrastre ligeros.

A pesar de todo, si los pescadores furtivos de totoabas siguen sobreexplotando la región, ni todos los sistemas de arrastre para langostinos de México podrán salvar a las vaquitas marinas. La parte positiva es que las patrullas de la armada mexicana, dotadas de barcos nuevos y potentes, aeronaves ligeras y drones, han reducido drásticamente la cantidad de barcos ilegales que surcan el golfo. Los esfuerzos de la armada han recibido la ayuda del grupo de conservación marina Sea Shepherd, que retira las redes ilegales siempre que las encuentra. Sin embargo, en su carrera contra la aplicación de la ley, los furtivos son cada vez más astutos. Para evitar ser detectados, por ejemplo, los pescadores ilegales han empezado a sustituir las grandes boyas de señalización de colores vivos por vasos de poliestireno que apenas se ven.

Como explica Rojas-Bracho, el furtivismo persiste porque las recompensas superan con creces los riesgos. Los contrabandistas aprehendidos en los Estados Unidos se enfrentan a sanciones rigurosas: Song Shen Zhen, el contrabandista de Calexico, recibió una multa de 120.500 USD y fue sentenciado a un año de prisión. Pero las multas para los pescadores mexicanos son de tan solo 500 USD, una cantidad insignificante comparada con el valor de una sola vejiga. Esto podría cambiar pronto: una reciente propuesta de un grupo de pescadores mexicanos convertiría el furtivismo y el contrabando de pescado en un delito grave, equiparable al tráfico de drogas. Rojas-Bracho piensa que es prácticamente seguro que esta legislación se apruebe en algún momento, aunque no es prioritaria para el gobierno.

En resumidas cuentas, no será posible salvar a la vaquita marina a no ser que se paralice el mercado en China”.

Al otro lado del mundo, argumentan los conservacionistas, ni Hong Kong ni China están ejerciendo presión para luchar contra el contrabando. En una investigación de Greenpeace realizada en 2015, se identifican 13 comercios de Hong Kong que venden vejigas de totoaba, también denominadas Jin Qian Min, o “buche del dinero”. Greenpeace descubrió que habitualmente son los hombres de negocios chinos quienes adquieren el producto, no para su consumo, sino para coleccionarlos, como quien acumula oro. “Casi todos los comerciantes coinciden en que el servicio de aduanas de Hong Kong es laxo y posee conocimientos muy reducidos sobre las vejigas”, denuncia el grupo.

“En resumidas cuentas, no será posible salvar a la vaquita marina a no ser que se paralice el mercado en China”, explica Vidal de WWF.

El tiempo no corre a favor de esta marsopa. La vaquita marina tarda hasta seis años en alcanzar la madurez sexual y solamente pare una vez cada dos años, al contrario que la mayoría de las marsopas, que tienen una cría al año. Según Taylor, de la NOAA, se podrían tardar 40 años en recuperar los ejemplares que han muerto solo en el último lustro. La cría en cautividad se considera demasiado arriesgada pues existe la posibilidad de dañar a los pocos individuos que quedan durante su captura o transporte.

“Padecemos los dientes de sierra típicos de las especies en peligro de extinción”, confirma Taylor. “Damos varios pasos positivos solo para volvernos a estrellar”.

En 2006, Taylor presenció el último de esos fracasos: la desaparición del río Yangtsé del delfín baiji, que fue el anterior mamífero marino más amenazado del planeta. Durante un mes, Taylor y un equipo de investigación internacional navegaron corriente arriba y corriente abajo del río con detectores acústicos tratando de escuchar los silbidos del baiji. No escucharon nada más que motores de barcos y no vieron nada más que fábricas vomitando lodos verdes en el río. Al finalizar su expedición, los investigadores quedaron convencidos de que se ha extinguido, la primera extinción de la historia de un cetáceo provocada por el hombre.

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Aunque el futuro de la vaquita marina no es prometedor, Taylor señala que posee una ventaja fundamental respecto al baiji. En comparación con el río Yangtsé, el golfo de California ofrece un hábitat inmaculado, en su mayoría libre de tráfico naval y contaminación. Esto hace que la recuperación de la vaquita marina sea más viable… y la campaña contra la pesca accidental, más urgente. Como sentencia Taylor: “Si no conseguimos salvar a las vaquitas marinas aquí, donde únicamente existe una amenaza, ¿qué podemos salvar?”

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Ben Goldfarb

ACERCA DEL AUTOR
 
Ben Goldfarb
es un periodista medioambiental freelance residente en New Haven, Connecticut (EE. UU.) y corresponsal de High Country News. Aborda con frecuencia temas de ciencias marinas y conservación de la fauna. Ha escrito artículos para Orion Magazine, Scientific American y The Guardian, entre otras publicaciones. Puede encontrarlo en Twitter en
@Ben_A_Goldfarb.