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20-12-2016 : Informe

En las laderas del Kilimanjaro, el cambio climático afecta a la cosecha de café

El aumento de las temperaturas y la variabilidad en las precipitaciones están cobrando un alto precio a las fincas de café de todo el mundo, incluyendo las plantaciones alrededor del monte Kilimanjaro. Si la humanidad quiere mantener su hábito de dos mil millones de tazas al día, afirman los científicos, deben desarrollarse nuevas especies resistentes al clima.

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En octubre, Melkseveck Mushi explicaba sentado en el porche de su casa de ladrillos en las laderas del Kilimanjaro, en Tanzania, las perspectivas de su cada vez más asediada finca de café. Mushi posee 2.000 cafetos, plantados entre los plátanos y judías en varios acres de tierra que heredó de su padre. También es secretario de Okaseni, una cooperativa de 80 pequeñas granjas de café alrededor del Kilimanjaro.

Alternando entre inglés y suajili, Mushi recuerda cuando el clima de la región era ideal para el cultivo de café, con temperaturas estables que rondaban los 21 °C y precipitaciones estables. Pero en las últimas décadas —afirma— el clima se ha vuelto cada vez más inhóspito. Las temperaturas aumentan y las lluvias a menudo llegan demasiado tarde para transformar las delicadas flores blancas en bayas, el fruto del cafeto. En lugar de ello, estos días las flores suelen marchitarse, lo que condena la cosecha de la temporada.

El periodo de las “lluvias cortas”, como lo llaman los tanzanos, se esperaba hace unas semanas, pero no se ha producido. “Hasta el momento no ha aparecido, como se puede ver”, lamentó dirigiendo la mirada hacia el cielo. Si las lluvias no llegan pronto, teme perder el ingreso que genera la cosecha y con el que sostiene a su familia. Incluso algunos de sus árboles podrían morir.

La situación de Mushi es cada vez más común en las regiones productoras de café de todo el mundo, la mayoría ubicadas en las estribaciones de las montañas de los trópicos, como la cordillera de Los Andes. Las zonas montañosas de Tanzania, Kenia y Etiopía también han sido bendecidas con el clima perfecto para producir grandes cantidades de café. Pero un clima rápidamente cambiante está amenazando a estas áreas productoras de café en muchos países, donde millones de personas dependen del café como fuente importante de ingresos.

Una investigación publicada recientemente concluye que pronto el cultivo de café ya no será económicamente viable para los agricultores en las laderas del Kilimanjaro y en muchas regiones más. En Tanzania, por ejemplo, el calentamiento nocturno ha disminuido la productividad en un 50% desde 1960, según Alessandro Craparo, estudiante de doctorado en la Universidad de Witwatersrand (University of the Witwatersrand), en Johannesburgo, y experto en producción de café de Tanzania. Peter Läderach, experto en agricultura tropical en el Centro Internacional de Agricultura Tropical, constata que muchos de los aproximadamente 70 otros países que cultivan café también sufrirán las graves consecuencias del aumento de las temperaturas, el cambio en los patrones de precipitación y los brotes de insectos.

“Las zonas aptas para producir café se reducirán drásticamente”, afirmó, haciéndose eco de los resultados de un informe del 2014 en el que colaboró. En dicha publicación se pronostica una disminución global del 50% en la cantidad de tierra apta para el cultivo de café hacia el 2050.

Los científicos que estudian el impacto del cambio climático en la cosecha de café mundial avisan de la urgente necesidad de que los agrónomos investiguen cuál de las casi 125 especies de café conocidas en todo el mundo podría ser capaz de sobrevivir en un mundo más caliente.

El café arábica prospera únicamente donde las temperaturas medias oscilan entre unos 17,5 °C y 21 °C anualmente.

En este punto, parece improbable que las dos especies de café plantadas más a menudo, arábica y robusta, sigan produciéndose si las temperaturas globales siguen aumentando.

El café es el segundo producto más valioso en el comercio mundial, después del petróleo. Cada día cientos de millones de personas beben un total de más de 2 mil millones de tazas de esta infusión hecha a partir de la amarga semilla. Y, según el Banco Mundial, entre unos 20 y 25 millones de familias de campesinos obtienen parte de sus ingresos del cultivo de café.

Tanzania es un productor relativamente pequeño en el comercio de café —el número 13 en sacos exportados—, pero el café juega un papel importante en la economía de la pequeña nación. El grano de café (en realidad, la semilla de la baya) es el tercer producto agrícola que más se exporta en Tanzania, por detrás del tabaco y los anacardos, y genera 162 millones de dólares al año.

Los cafetos son muy sensibles a la temperatura y las precipitaciones. El café arábica —la especie más lucrativa, que supone el 70% de la producción de Tanzania y que representa aproximadamente el 60% de la producción mundial— crece únicamente cuando las fluctuaciones de temperatura son pequeñas, oscilando en términos medios anuales entre unos 17,5 °C y 22,5 °C. El arábica requiere unas precipitaciones abundantes (o el equivalente en agua de riego), lo que equivale a 1.500 mm al año, así como también de dos a cuatro meses de clima seco entre los períodos de lluvias. Hay pocos lugares en la tierra que cumplan con estos requisitos.

El café robusta, una especie menos valiosa que se utiliza principalmente para los aromas y el café instantáneo, puede resistir altas temperaturas, pero necesita más agua y una temperatura más estable entre las estaciones.

Según un artículo del 2015 publicado en la revista Agricultural and Forest Meteorology, las condiciones para cultivar café arábica en el norte de Tanzania —donde se encuentran el Kilimanjaro y otras zonas montañosas—, han empeorado progresivamente en las últimas cinco décadas. El artículo se centra en la temperatura más baja del día, durante la noche. Se ha descubierto que otros cultivos, como el maíz, la soja y el arroz, sufren de manera desproporcionada el aumento de las temperaturas durante la noche, aunque los científicos no saben por qué. Desde el 1961 hasta el 2010, las temperaturas nocturnas en la región septentrional de Tanzania, donde se cultiva el café, aumentaron alrededor de 1,4 °C, según indicaba el artículo.

Suzana Mbwambo, jefa del Crop Productivity and Quality Improvement, en el Tanzania Coffee Research Institute (TaCRI), afirma que las temperaturas más cálidas han afectado a las franjas de menor altitud de las zonas montañosas de Tanzania, aproximadamente donde se encuentra la plantación de Mushi, “que ya no es apta para la producción de café”.

coffeecherries_kbDaniel Grossman/Yale e360

Cerezas de café que crecen en el norte de Tanzania.

Basándose en las previsiones de temperatura, Craparo, principal autor del artículo, predice que para el 2030 las huertas de arábica de las zonas montañosas de Tanzania solo tendrán una tercera parte de la productividad de la que tenían en el 1960. En el 2060, será casi imposible el cultivo del café arábica, afirma. Las precipitaciones han disminuido ligeramente desde el 1960, pero Craparo explica que hasta ahora el efecto ha sido mínimo. Por otra parte, duda de que los cambios en la precipitación tengan un impacto significativo en las cosechas de café en las próximas décadas.

En principio, los agricultores podrían desplazarse a zonas más altas donde las temperaturas permanecen lo suficientemente frescas. Hoy en día, el café se cultiva en las laderas del Kilimanjaro, a una altura de unos 1.800 metros, muy por debajo de su cumbre de 5.895 metros. Allí y en otras zonas montañosas de Tanzania se encuentra una tierra desocupada y potencialmente adecuada. Pero las nuevas granjas podrían invadir zonas boscosas biológicamente importantes que albergan fauna salvaje como búfalos, galágidos y monos. Goodsteven Maro, geotécnico del TaCRI, afirma que en el futuro los agricultores se verán paulatinamente atrapados entre el aumento continuo de zonas aptas para el cultivo del café y el parque protegido del Kilimanjaro.

Los problemas a los que se enfrentan los caficultores son ahora de alcance mundial. A comienzos de este año, un artículo de la revista Climatic Change predijo un 90% de “disminución de idoneidad” de la tierra en la que se cultiva el café en Nicaragua para mediados de siglo. Actualmente el café representa el 13% de las exportaciones de Nicaragua.

Estas y otras previsiones sobre el café anticipan el futuro mediante la identificación de áreas en las que, según los modelos climáticos, la temperatura será apta para el café arábica y robusta. Raras veces tienen en cuenta las precipitaciones. Son difíciles de predecir con exactitud en las pequeñas regiones, y es imposible hacer un pronóstico ahora a escala mundial. Aaron Davis, botánico de los Jardines Kew de Londres, uno de los principales centros de investigación y conservación de plantas, explica que los resultados de los diferentes proyecciones de precipitaciones son tan diferentes que cuando se representan juntos “son más como una obra de arte abstracto”.

Las estimaciones sobre las futuras cosechas de café generalmente tampoco tienen en cuenta los posibles cambios en las enfermedades y plagas de los cultivos, aunque los expertos dicen que los efectos pueden ser devastadores.

Los insectos son muy sensibles a la temperatura. Si hace demasiado frío, no pueden reproducirse. Dentro de la gama de zonas templadas en las que medran, se multiplican más rápidamente y causan más daño cuando el clima es más cálido. Pero es difícil anticipar con precisión cómo responderán los parásitos a un clima más cálido, porque su comportamiento depende también de la variedad de huéspedes y depredadores que se alimenten de ellos, lo cual también podría cambiar.

La plaga del café más destructiva del mundo, la de la broca del café, ha empezado a invadir territorios que hace poco eran demasiado fríos para estos escarabajos.

La plaga del café más destructiva, la de la broca del café, está invadiendo territorios que hace poco eran demasiado fríos para estos escarabajos.

Del tamaño de una semilla de sésamo, el escarabajo del café entra en la cereza y pone sus huevos en el interior de la baya. Las plagas graves pueden destruir un tercio de la cosecha. En el monte Kilimanjaro, la altitud máxima en la que pueden vivir las brocas del café ha aumentado unos 305 metros desde el 2000, lo que ha expuesto a más comunidades al insecto. Desde Etiopía se ha informado de nuevas plagas atribuidas al calentamiento. Uno de los pocos pronósticos sobre las plagas de café, un estudio de la broca en África oriental, auguran que para el 2050 el insecto será “especialmente perjudicial en las actuales zonas de producción de café de alta calidad de la especie Coffea arabica”. El artículo advierte, a nivel mundial, de las “graves consecuencias para la industria del café”.

Más del 90% del café de Tanzania es cultivado por pequeños agricultores que normalmente poseen menos de una hectárea de tierra. La mayoría son pobres. Según una encuesta, una tercera parte de ellos ni siquiera poseen una radio, y una bicicleta es un lujo para casi todos. Emanuel Mbise, de mediana edad y padre de 11 hijos, posee 700 cafetos en las laderas de un pequeño volcán extinguido que domina la ciudad de Kikatiti, en el norte de Tanzania. Explicó que el retraso en la llegada de esta temporada de las “lluvias cortas” le había preocupado y que una sequía amenazaba de desecar las flores embrionarias que habían surgido. Pero una llovizna esa mañana le había dado “esperanza”.

Mbise obtiene la mayor parte de sus ingresos vendiendo el café arábica. A principios de este año la cosecha era pobre; cosechaba unos 106 kg de granos de café, muy por debajo de los casi 1.000 kg que recogía en los años buenos. Esos años pobres se han vuelto más comunes desde su juventud, cuenta. La lluvia es menos fiable, lo que reduce la probabilidad de una buena cosecha. Teme que el deterioro continúe y se generen unas “condiciones terribles en el futuro”. Pero no sabe de qué otra forma puede ganar dinero para pagar la escuela y comprar lo necesario en la tienda. “Somos agricultores. No hay otra forma de acceder al dinero”, se lamentó.

Davis, el botánico del Real Jardín de Kew, considera exageradas las predicciones sobre la desaparición del café. “Obviamente hay motivos de preocupación”, afirma Davis, que lidera el programa de investigación sobre café de la institución. Y añade: “El cambio climático ya está afectando enormemente al café”. Sin embargo, Davis opina que “una cartera diversa” de medidas de adaptación podrían salvar dicha bebida, su cosecha y los campesinos que la cultivan. Codificada en los genes de algunas especies de café podría encontrarse la capacidad para crecer bajo las condiciones del 2050 o más allá. “Muchas de estas especies que desconocemos son tolerantes a la sequía”, informa. Antes de que puedan cultivarse a nivel comercial, es evidente que “tienen que ser aceptadas por los consumidores”, un requisito que exigirá una exhaustiva investigación. Davis señaló que las preferencias en el café ya cambiaron en el pasado. “El paisaje de cultivo de café del mundo ha cambiado en los últimos 100 años, y cambiará en los próximos 50 años”, augura Davis.

Con financiación del Reino Unido, Dinamarca y Noruega, Davis está estudiando de qué formas los productores de café de Etiopía pueden responder al calentamiento.

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Hace varios años, publicó un artículo que pronosticaba que en el 2080 el café arábica autóctono podría ser incapaz de crecer en Etiopía, donde se encuentra una extensa franja del hábitat nativo de esta especie. Predijo un futuro “profundamente negativo” para el cultivo de arábica en Etiopía, responsable de hasta un tercio de los ingresos de exportación del país. Crear nuevas cepas de árboles podría llevar décadas y no hay mucho tiempo que perder. “Hace ya unos 20 o 30 años que estamos inmersos en el cambio climático y no ha pasado nada”, indicó Davis.

Maro, el geotécnico del TaCRI con sede en Tanzania, explicó que sus colegas están analizando una nueva línea de cafetos arábica tolerantes a la sequía y la temperatura que “han sobrevivido donde otros no lo han hecho”. Aún está por ver si podrán resistir las condiciones a las que se enfrentarán los agricultores de Tanzania en el 2050.

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Daniel Grossman

ACERCA DEL AUTOR
Daniel Grossman, periodista de prensa escrita y productor de radio y web, ha informado desde los siete continentes. Es autor de Deep Water: As Polar Ice Melts, Scientists Debate How High Our Oceans Will Rise. Este artículo se ha escrito en colaboración con la Food & Environment Reporting Network, una organización sin ánimo de lucro de periodismo de investigación. Para este proyecto, Grossman ha recibido el apoyo de la Whole Earth Foundation, la Society of Environmental Journalists y el International Centre for Integrated Mountain Development.