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23-02-2017 : Artículo

En la frontera suroeste, el bagre de Yaqui se enfrenta a sus últimos días

A pesar de los esfuerzos cooperativos de los agentes federales y los ganaderos de Arizona, el bagre de Yaqui actualmente se encuentra al borde de la extinción en los Estados Unidos. La sombría perspectiva para este pez nativo aparece justo cuando los republicanos en el Congreso intentan debilitar la Ley de Especies en Peligro de Extinción.

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Es la simple crudeza declarativa de la frase la que llama la atención: “Su extinción en los Estados Unidos está prevista para el 2018.” La especie en cuestión es el bagre de Yaqui, del cual pocos americanos han oído hablar, ni mucho menos han visto (o comido). Sin embargo, es el único bagre nativo al oeste de la División Continental capaz de crecer incluso más de 60 cm en longitud, con sus conocidos bigotes cayéndole hacia abajo desde la barbilla y su parte inferior aplanada, características del bentónico de bagres.

En Estados Unidos, el resto de la población, en el refugio nacional de fauna silvestre de San Bernardino y sus alrededores, en el sureste de Arizona, ha disminuido en un 15%, según un nuevo estudio publicado en la revista Biological Conservation. Ese descenso ha continuado a pesar de que el esfuerzo cooperativo para restaurarlos de agentes federales y propietarios privados de tierras ha conseguido proteger otras especies acuáticas. Respecto al bagre, con un repoblamiento “básicamente cero” (en el sentido de que las generaciones más jóvenes no sobreviven), los coautores concluyen que los últimos individuos ancianos que todavía viven representan el final de la especie en ese país.

Solo 20 adultos del bagre de Yaqui sobreviven en el refugio nacional de fauna silvestre de San Bernardino y sus alrededores, y todos están llegando al final de sus vidas. W. RADKE/US FWS

Además, la amenaza de su extinción en Estados Unidos coincide con los problemas de la mayor población de bagre de Yaqui en el norte de México. Su extenso hábitat, que se extiende al suroeste desde la frontera hasta el golfo de California, está experimentando la misma destrucción por los embalses de ríos y el drenaje de los acuíferos, que anteriormente se había producido en el lado estadounidense de la frontera. La introducción del bagre de canal no nativo por toda la zona mexicana también amenaza de dejar los últimos remanentes del bagre de Yaqui en el olvido.
La amenaza a la supervivencia de la especie coincide con una iniciativa tomada en el Congreso estadounidense, dominado por los republicanos, para “modernizar” la Ley de Especies en Peligro, en virtud de la cual el bagre de Yaqui está protegido por estar en peligro de extinción. En una sesión pública de la semana pasada, el senador John Barrasso (R-WY) propuso eliminar “la cinta roja y los obstáculos burocráticos que han afectado a nuestra capacidad de crear empleos” y han impedido los planes de ordenamiento territorial, la construcción de viviendas y el pastoreo de ganado.

En 1982, el Departamento de Pesca y Fauna de Estados Unidos pensó principalmente en proteger y restaurar especies acuáticas como el bagre de Yaqui al adquirir un rancho de casi 1.000 hectáreas con el fin de crear un refugio de fauna silvestre en el valle de San Bernardino, un área donde anualmente los arroyos, pantanos y praderas eran habitados por una gran variedad de fauna autóctona. Los álamos, sauces y demás tipos de vegetación solían absorber el agua de la lluvia que fluía lentamente por el paisaje relativamente plano, explica William R. Radke, director del refugio de San Bernardino y el autor principal del estudio del Biological Conservation. Pero el sobrepastoreo del ganado a finales del siglo XIX desnudó el paisaje. Una sequía prolongada y la actividad sísmica también transformaron la zona, con el resultado de que las lluvias ocasionales se convirtieron en aguas torrenciales, generando profundos canales en la superficie.

Los ganaderos pioneros “no entendían que los recursos del Oeste no eran inagotables”, constata Radke. Y añade: “Solo pensaban ‘esta hierba estará aquí siempre, vamos a utilizarla. Esta agua estará aquí siempre’. Encontraron agua artesiana, excavaron un pozo y dejaron que corriera como si se dejara un grifo abierto”. El cauce del río en algunos lugares “disminuyó unos 6 metros respecto al siglo XIX”, indica. La capa de agua freática también disminuyó y los ríos y arroyos, que anteriormente existían durante todo el año, se secaron.

El refugio de San Bernardino se ha beneficiado de los ganaderos vecinos que han colaborado en la protección de especies en peligro de extinción.

Pero en los últimos 20 años, los ríos del refugio de San Bernardino y sus alrededores han empezado a recuperarse. En otros lugares, los terratenientes particulares suelen resistirse a los programas de recuperación de especies en peligro de extinción. Pero el refugio se ha beneficiado, explica Radke, de un grupo de ganaderos vecinos con “una increíble ética medioambiental, y que llevan a cabo todo tipo de acciones para ayudar a las especies en peligro de extinción”.

La construcción de barreras rocosas para contener el flujo de agua, combinada con otros trabajos de restauración en pantanos y zonas ribereñas, ha acabado generando una frontera verde de renaciente vegetación.

“Hemos observado un enorme cambio”, comenta Josiah Austin, un ganadero local que participó en el programa de restauración. “En algunas zonas el cambio se ha producido de una estación a otra y, en general, se ha observado un gran cambio en un período de 10 años”, en el que los picos y valles de los antiguos ciclos de inundaciones se han equilibrado y se han vuelto menos extremos. “El agua solo permanecía en el sistema durante más tiempo. En lugar de permanecer ahí durante dos o tres horas, estaba durante tres o cuatro meses.”

En el Oeste que se está quedando sin agua casi en todas partes, Radke añade: “es uno de los pocos lugares en los que puedo pensar que realmente está aumentado las capas freáticas”.

Los nuevos estanques han formado el hábitat para los amenazados peces endémicos, como el guatopote de Yaqui, la carpa púrpura y el hermoso pez luna. El bagre, reintroducido en la zona en la década de los noventa, también parecía que se estaba recuperando razonablemente bien durante un tiempo. El refugio recibía informes alentadores —por ejemplo, de un gestor de tierras de propiedad privada “que no sabía nada acerca del bagre”, explica Radke, pero que describió exactamente su comportamiento natural, en el que las crías “se juntan formando una bola del tamaño de una pelota de baloncesto que cambia de forma como si de una ameba se tratara”. No han aparecido ejemplares jóvenes, pero “muchas cosas entran en juego cuando intentas pescar un bagre”, afirma Radke. “¿Están hambrientos? ¿Se están moviendo? ¿Cuál es la temperatura del agua? ¿Hay vegetación en el agua que les permite esconderse?” Así que los ecologistas locales aún tienen esperanza.

No obstante, los nuevos análisis lo estudiaban más de cerca, utilizando una técnica estándar de marcaje y recaptura: los investigadores analizan una masa de agua y marcan cada bagre que sube a la superficie, lo devuelven al agua y, a continuación, calculan el total de la población basándose en la frecuencia con la que los peces marcados aparecen en muestreos ulteriores. El estudio concluyó que quedaban menos de 20 bagres adultos en el refugio y sus alrededores, y puesto que todos son supervivientes de los 1.824 individuos introducidos en los años noventa, todos se están acercando al final de su vida.

¿Qué salió mal? Otras especies de peces han sido capaces de adaptarse al estanque hábitat en lugar de sus ríos nativos. Pero al bagre parece que le falta algo, indica el coautor Grant Harris, un ecólogo del Departamento de Pesca y Fauna. Es posible que los estanques sean simplemente demasiado pequeños o les falte algún estimulante para que procreen como, por ejemplo, un impulso repentino de agua o un cambio en la temperatura del agua. O quizás el bagre se reproduzca satisfactoriamente, pero algo en el sustrato o la ausencia de troncos, rocas o cavidades prive a las crías de los escondites necesarios para sobrevivir hasta la madurez.

Los científicos tienen sus dudas sobre por qué el bagre de Yaqui está luchando por sobrevivir en los arroyos y estanques del refugio de San Bernardino. STEVE HILLEBRAND/US FWS

El nuevo estudio no es necesariamente una sentencia de muerte. Los investigadores continúan buscando ese factor desconocido, y la recuperación del bagre aún podría ser posible con un coste relativamente bajo, indica Radke. Antes que nada, los investigadores de ambos países deben localizar poblaciones de bagre intactas y no hibridadas en México. El terreno escarpado e inaccesible —y en ocasiones escenario de la violencia de los cárteles de la droga— complica la práctica convencional de transportar en la mochila el equipo para recoger muestras de masas de aguas remotas mediante la emisión de descargas eléctricas.

Así pues, el plan es viajar ligero de equipaje y simplemente tomar una pequeña muestra de agua de cada sitio. Dichas muestras inevitablemente contienen cantidades microscópicas de piel escamada, heces, moco y otros productos corporales de los peces que nadan por el lugar. Eso puede ser suficiente para los económicos métodos de secuenciación genética utilizados en el laboratorio para identificar a las especies de peces actuales, una técnica de muestreo no invasiva conocida como análisis de ADN ambiental. Si los investigadores pueden encontrar peces no hibridados, el siguiente paso será transportarlos a un criadero y a una serie de hábitats protegidos en ambos países. “Podemos hacerlo sin incurrir en grandes gastos”, indica Radke. Y añade: “No estamos hablando de cientos de miles de dólares. Probablemente estamos hablando de decenas de miles de dólares”.

Vale la pena el gasto, explica, porque el bagre de Yaqui es parte del patrimonio nacional y regional, una fuente de alimento tradicional para los indígenas y potencial base para la pesca recreativa. Su genoma puede contener rasgos —por ejemplo, una mayor tolerancia al calor— que podrían mejorar la capacidad de la piscicultura comercial de otras especies. El aumento del nivel freático que beneficia al bagre y otras especies también ha favorecido a la agricultura y la ganadería locales, afirma Radke. Así que no es una simple elección de la preservación de la especie frente a la economía.

El deterioro de las relaciones entre México y los Estados Unidos podría retrasar un esfuerzo cooperativo para salvar al bagre de Yaqui.

Por encima de todo, el bagre de Yaqui es una parte importante, aunque insuficientemente entendido, del ecosistema. Cuando se trabaja en un coche, “no se arranca el capó y se empiezan a descartar piezas”, dice Radke. Y añade: “Quizá se pueda continuar durante un tiempo sin una parte del coche. Pero si se tiene un accidente, quizá esa fuera la parte que impide que salgamos a través del parabrisas. No sabemos qué papel juega el bagre de Yaqui en la cuenca, pero creo que no sabemos lo suficiente sobre nuestro ecosistema para desechar precipitadamente las piezas.”

La probabilidad de recuperación del bagre de Yaqui es, sin embargo, escasa, y cada vez disminuye más. El fracaso de todos los esfuerzos realizados hasta ahora también podría convertirse fácilmente en un argumento de algunos congresistas críticos que sostienen que la Ley de Especies en Peligro de Extinción no funciona. La Administración de Trump también ha mostrado su aversión a proteger las especies en peligro, por lo que a principios de este mes ha retrasado el inicio de la protección de especies amenazadas como el abejorro Bombus affinis, que ha perdido gran parte de su hábitat a causa de las grandes explotaciones de monocultivo y la urbanización. El deterioro de las relaciones entre los Estados Unidos y México también podría retrasar un esfuerzo cooperativo para salvar al bagre de Yaqui.

Aún es posible que los investigadores encuentren especímenes intactos en México, antes de que el pez gato de canal lo hibride y lo extinga. Y quizás el nivel freático en el refugio de San Bernardino se recupere suficientemente rápido para realizar un segundo programa de restauración más exitoso. Pero con la presión de la fecha prevista del 2018, lo más probable es que este pedazo de patrimonio natural de América del Norte, en gran parte desconocido y desapercibido, pronto desaparezca para siempre.

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Richard Conniff

ACERCA DEL AUTOR
Richard Coniff es un escritor ganador del premio National Magazine Award, cuyos artículos han aparecido en las revistas científicas Time, Smithsonian, The Atlantic, National Geographic, así como en otras publicaciones. Ha escrito varios libros, entre ellos The Species Seekers: Heroes, Fools, and the Mad Pursuit of Life on Earth. En artículos anteriores para Yale Environment 360, ha escrito sobre el precio de los servicios del ecosistema y sobre los nuevos avances que podrían ayudar a producir cultivos de alimentos que pudieran prosperar pese a los cambios climáticos.