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08-10-2013 : Informe

En el delta del Mekong, el boom del arroz tiene un elevado coste ecológico

Vietnam se ha convertido en uno de los principales productores mundiales de arroz gracias a la construcción de una elaborada red de diques y canales de irrigación. Pero estos extensos proyectos de infraestructura en las terrazas del delta del Mekong tienen un alto coste ecológico.

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Phan Dinh Duc se inclina sobre sacos amarillos de arroz recién recogido. Es una cálida tarde de primavera en el delta del Mekong, en Vietnam, y Duc, un agricultor local, espera a que lleguen los comerciantes en camión para comprar su producto y venderlo en el mercado de materias primas. Se encuentra delante de los arrozales, dispuestos en forma de escaques como si de un enorme tablero de ajedrez se tratara, cada uno lleno de agua y rodeado por una red de canales y diques de tierra de aproximadamente 3 metros de altura, que hace posible un cultivo de arroz a lo largo de todo el año en un área en la que medio siglo atrás vastas llanuras normalmente quedaban en barbecho durante la mitad del año y los agricultores producían una cosecha anual de arroz que crecía en tándem con las inundaciones estacionales.

Aquí en el sur de la provincia de An Giang, un baluarte de la industria del arroz en auge de Vietnam, los rendimientos se cuadruplicaron en las últimas cuatro décadas. El primer aumento se experimentó gracias al desarrollo de variedades de arroz de alto rendimiento y a la construcción de los denominados “diques de agosto”, que prolongaron el final de la temporada de cultivo de arroz de junio a agosto y permitieron a los agricultores plantar una segunda cosecha anual. Los diques más grandes construidos en los años 90 del siglo pasado y a principios de la primer década del nuevo milenio permitieron a agricultores como Duc plantar una tercera cosecha en la misma gleba. En una generación, Vietnam ha dejado de ser un país pobre, donde el gobierno racionaba arroz y otros alimentos básicos, para transformarse en un país con rentas medio-bajas, que figura ahora entre los mayores productores de arroz del mundo.

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Dique marítimo de hormigón Charles Howie_1

Charles Howie

Un “dique elevado” evita que las crecidas inunden los arrozales en el delta del Mekong.

Pero los científicos dicen que la continua construcción de diques y de infraestructura de irrigación en todo el delta del Mekong y a lo largo de la costa del Mar de China Meridional, ha destruido sistemas ecológicos complejos del delta del río. En las áreas río arriba, por ejemplo, los diques elevados bloquean las inundaciones naturales y privan a las granjas y pesquerías en las vegas río abajo de nutrientes esenciales. Los productos químicos agrícolas también contaminan los canales de irrigación y causan la acidificación del agua y del suelo, lo que, según los científicos, ha contribuido a un declive de las poblaciones de peces y a una pérdida generalizada de la biodiversidad.

A lo largo de la costa sur de Vietnam, esclusas y diques –construidos para permitir el cultivo de arroz en agua dulce e impedir el flujo río arriba de agua salada durante la estación seca– han restringido el intercambio de material orgánico entre aguas dulces y ambientes acuáticos salinos. Esto llevó a la extinción en masa de la palmera Nypa, una especie de palmera endémica de amplio uso comercial. También amenaza grandes áreas de manglares costeros porque los diques del litoral interrumpen el flujo equilibrado de nutrientes de aguas dulces y saladas. Los científicos advierten que si los manglares mueren Vietnam será aún más vulnerable a la intensificación de tempestades y al aumento del nivel del mar, consecuencia de los cambios climáticos.

Estos enormes problemas ecológicos han provocado que unos científicos nacionales e internacionales hagan un llamamiento al Gobierno de Vietnam para que apruebe medidas que beneficien tanto la economía como el medio ambiente a largo plazo. Sus recomendaciones incluyen el abandono de la tercera cosecha de arroz, la implementación de inundaciones controladas en el delta río arriba para inducir la sedimentación, el desplazamiento de los diques marítimos costeros más hacia el interior para permitir que los manglares florezcan, y la creación de “costas dinámicas” que permitirían un mejor equilibrio de los sistemas de aguas saladas y aguas dulces. El Gobierno comunista de Vietnam afronta ahora un reto difícil: continuar promoviendo el arroz como principal producto de exportación y sufrir las consecuencias ecológicas y sociales de suelos y ecosistemas degradados o renunciar a la tercera cosecha de arroz y a más obras de infraestructura para el control del agua.

Los científicos piden la creación de “costas dinámicas” que permitan un mejor equilibrio entre los sistemas de aguas saladas y de aguas dulces.

El Gobierno está cuestionando los beneficios de su apuesta incondicional por el arroz, que ha contribuido a una intensificación constante de la producción de arroz, pero los incentivos para mantener el status quo son elevados. El crecimiento de la población y una economía estancada presionan fuertemente a las autoridades provinciales para que aumenten las exportaciones y los beneficios en corto plazo. Y el sector agrícola de Vietnam es dominado por empresas estatales con conexiones políticas que quieren continuar cosechando grandes beneficios procedentes del superávit de exportación.

“Es un análisis económico: ¿A quién daña?”, cuestiona Martijn van de Groep, economista de Holanda, que dirige un proyecto holandés-vietnamita conocido como el Plan del Delta del Mekong, para crear un hoja de ruta centenaria para el desarrollo de la región, y añade: “La cuestión fundamental es si Vietnam quiere continuar siendo un importante exportador de arroz… o centrarse en otras cuestiones.”

El delta del Mekong, que abarca Camboya y Vietnam y es aproximadamente del tamaño de Suiza, es un sistema de mareas extremadamente complejo. El río Mekong empieza en el altiplano tibetano y fluye centenares de kilómetros a través de China y Laos antes de dividirse en nueve brazos que desaguan en el Mar de China Meridional. Cada otoño inunda sus orillas y deposita sedimentos en las llanuras aluviales del delta, ricas en nutrientes. Durante la estación seca, de diciembre a abril, el agua salada del océano penetra hasta 29 kilómetros río arriba.

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Abarcando Camboya y Vietnam, el Delta del Mekong es aproximadamente del tamaño de Suiza.

Yale Environment 360

Abarcando Camboya y Vietnam, el Delta del Mekong es aproximadamente del tamaño de Suiza.

En la década de los sesenta, los Estados Unidos y el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (International Rice Research Institute ) ayudaron al Gobierno del antiguo Vietnam del Sur a impulsar la producción de arroz a través del uso de semillas híbridas y la construcción de canales de irrigación y diques. Las nuevas semillas aumentaron significativamente el rendimiento, y los diques permitieron a los agricultores mantener las crecidas controladas durante los períodos de lluvia y obtener agua durante las temporadas secas.

La campaña para controlar la hidrología del delta cobró impulso en la década de los noventa, cuando el Gobierno construyó una red de diques más elevados alrededor de granjas y esclusas en la desembocadura de los ríos y canales. Estas compuertas río arriba y abajo ayudaron a regular las inundaciones que llegaban río abajo desde Camboya. Y en todo el delta, los llamados “diques elevados” fueron construidos por encima del nivel medio de inundación, lo que minimizó aún más el impacto de las inundaciones y la intrusión salina en la agricultura y permitió el cultivo durante todo el año, a pesar de un clima de monzones.

Hoy en día, Vietnam produce más arroz que necesita para alimentar a sus 90 millones de habitantes, mucho más que en los años de posguerra a finales de los setenta, cuando el Gobierno comunista tenía miedo a la hambruna. (A pesar de que el Estado es técnicamente el propietario de todos los terrenos de Vietnam, una gran cantidad de arroz del país es producida por agricultores que cultivan pequeñas parcelas de acuerdo con una ley de 1993 que les concede derechos condicionados para explotar la tierra.) “Pero los costes ecológicos están subiendo”, afirma Jake Brunner, coordinador del programa Mekong de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, y continúa: “Un declive a largo plazo en la calidad del agua ha provocado el colapso de varias poblaciones de peces nativos. Y en la medida en que disminuye el flujo de agua río abajo, más agua salina fluye río arriba la temporada seca.”

Vietnam produce más arroz del que necesita para alimentar a sus 90 millones de habitantes, mucho más que en los años de posguerra.

“Construir diques elevados en una llanura inundada tan rica también impide el flujo de nutrientes del suelo. Cuanto más lejos esté un arrozal de donde el agua entra en un dique, menos materia orgánica contendrá el agua”, explica Charles Howie, un biólogo residente en Vietnam, afiliado a la Royal Agricultural University de Inglaterra. Además de perjudicar la calidad del suelo, la falta de nutrientes acabará haciendo que la tierra se ahonde porque no recibe sedimentos suficientes. El aumento del arroz cultivado en tres cosechas en An Giang ha incrementado la producción anual de 2 o 3 toneladas por hectárea en 1970 a 22 toneladas por hectárea en la actualidad. Pero Charles Howie, asistente académico en la universidad de An Giang, afirma que esto también ha requerido un aumento constante del uso de productos químicos y concluye: “Al final, el suelo no puede dar lo que se quiere de él”.

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Un “dique elevado” evita que las crecidas inunden los arrozales en el delta del Mekong

Andrew Wyatt

Dique marítimo de hormigón construido en 2012 en la provincia vietnamita de Tra Vinh.

A lo largo de la costa, la construcción de diques también permitió que los agricultores del litoral pasaran del cultivo de arroz a la cría de camarones, lo que requiere un entorno de aguas salobres. Ahora las dos prácticas agrícolas coexisten en un equilibrio precario: la cría de camarones a menudo se lleva a cabo en diques anulares, por lo que los efluentes se concentran en vez de fluir hacia el mar. Según un estudio realizado por Le Anh Tuan de la Universidad de Can Tho (Can Tho University) y por un equipo de investigadores internacionales, a medida que el agua salobre es bombeada cada vez más hacia el interior, el agua salina penetra río arriba a través de una red de canales de irrigación y contamina campos de arroz y pozos de agua y hace necesaria una perforación más profunda para llegar a las aguas subterráneas del delta.

Para contrarrestar la muerte de los manglares en los bordes costeros del delta, los gobiernos alemán y australiano –trabajando en cooperación con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural– destinaron 28 millones de euros (36,2 millones de dólares) a proyectos de adaptación a cambios climáticos. Uno de los proyectos apoyará los esfuerzos para crear una protección litoral basada en árboles, con el objetivo de reducir la erosión de la costa por la acción de las olas y permitir que manglares jóvenes echen raíces a pesar de las tempestades de mar. No obstante, el Gobierno construyó recientemente algunos diques marítimos de hormigón en áreas costeras donde la erosión había destruido diques de tierra, y la construcción de más diques de hormigón en los próximos años supondrá una grave amenaza para los ecosistemas de manglares, como señala Andrew Wyatt, un investigador del Instituto de Biología Tropical en Ho Chi Minh City (Institute of Tropical Biology in Ho Chi Minh City).

El delta del Mekong aún está un tanto subdesarrollado en comparación con el delta del Mississippi y de otros ríos donde infraestructuras a gran escala han provocado un hundimiento de tierras y una serie de otros problemas ecológicos. Pero los científicos están preocupados por el hecho de que el delta pueda empezar a presentar problemas similares a los deltas más desarrollados en los Estados Unidos y los Países Bajos, donde los ingenieros solo ahora se dan cuenta de los inconvenientes de los grandes proyectos de construcción de sistemas de irrigación y control de inundaciones. Y aunque los efectos ecológicos del cultivo de arroz con tres cosechas anuales sean cada vez más evidentes en el curso superior del delta del Mekong, no está claro si las alertas dadas por los científicos para que las autoridades vietnamitas abandonen su tradicional política, que consiste en dar prioridad al arroz, van a ser escuchadas por un Gobierno autoritario atormentado por la ineficiencia y la corrupción. Algunos observadores dicen que el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural normalmente persigue políticas que favorecen el crecimiento económico, haciendo caso omiso a los problemas ecológicos.

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La ironía, según los expertos, es que los productores de arroz del delta del Mekong apenas obtienen beneficios económicos de la cosecha adicional: su arroz es de baja calidad y alcanza actualmente un precio de venta de tan solo 16 céntimos por kilo, y cualquier ingreso adicional se ve mermado por la necesidad de comprar más pesticidas y fertilizantes, a pesar de que su eficiencia se ha reducido tras el cambio de dos a tres cosechas, según datos del Banco Mundial.

“Existe una política que prioriza el arroz y sacrifica el interés de los más pobres en beneficio de los más ricos”, afirma Jake Brunner de la IUCN, y concluye: “Desde el punto de vista económico, no tiene ningún sentido. Pero esta estrategia de ‘arroz a cualquier precio’ está profundamente arraigada, y hay fuertes intereses comerciales.”

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Mike Ives
ACERCA DEL AUTOR Mike Ives es un periodista residente en Hanoi, Vietnam, y corresponsal de The Associated Press. También escribe para The International Herald Tribune, The Economist y otras publicaciones. En artículos anteriores para el Yale Environment 360, escribió sobre el impacto ambiental del auge de la minería de minerales raros, y sobre cómo el derretimiento de los glaciares está agravando la escasez de agua en el noroeste de China.