English

12-11-2015 : Artículo

El imborrable legado de las minas de oro en Sudáfrica

Existen miles de minas de oro abandonadas por toda Sudáfrica que contaminan el agua y el aire con sustancias tóxicas y polvo nocivo. La salud de los millones de personas que viven cerca de esos lugares en ruinas puede verse gravemente afectada.

por

El nombre viene de la expresión “buena expectativa” en afrikáans y, efectivamente, hubo un tiempo en el que tanto la vida como las reservas de oro eran buenas en la mina de Blyvooruitzicht, a unos 80 km al oeste de Johannesburgo. Pero, dos años después de que sus propietarios la abandonaran debido a su escasa rentabilidad, las aguas residuales recorren las calles del viejo pueblo minero, el polvo de los depósitos de residuos cubre las ciudades cercanas y los mineros ilegales campan a sus anchas por los pozos abandonados.

“Solo voy a pegar uno o dos tiros para mantenerlos a cierta distancia” dice Louis Nel, jefe de seguridad de la actualmente abandonada Blyvooruitzicht. Levanta su pistola y el estruendo de varios disparos rompe la calma de la tarde. Algunos zama zamas — mineros ilegales cuyo nombre significa “¡Lo intentamos! ¡Lo intentamos! en zulú— corren a esconderse.

Blyvooruitzicht es solo una de las miles de minas abandonadas por toda Sudáfrica, muchas de ellas relacionadas con la industria del oro. Las minas cerradas recientemente, sumadas a las que fueron abandonadas hace años, han provocado que el país se enfrente ahora a una crisis medioambiental, sanitaria y social derivada de una industria del oro en decadencia y de una supervisión insuficiente.

El Ministerio de Recursos Minerales de Sudáfrica, o, por sus siglas, el DMR, maneja un listado de 6.000 minas “abandonadas y sin propietario” que, con los años, se han ido convertido en un problema del Gobierno a medida que los propietarios iban desapareciendo. Aunque el DMR rehabilita esas minas lentamente –alrededor de 10 al año- las empresas continúan abandonando su actividad, como en Blyvooruitzicht, y tanto las empresas mineras como el Gobierno tardan demasiado en aceptar su responsabilidad.

Entre tanto, millones de sudafricanos viven cerca de instalaciones residuales y, muchos de ellos, tienen que lidiar con problemas respiratorios, dermatológicos o con otros efectos sobre la salud de los que culpan a los residuos mineros que se amontonan cerca de sus hogares.

Según la Cámara Minera de Sudáfrica, en 2013 las empresas mineras produjeron 562.000 veces más residuos que oro. Diez años antes esa cifra era de 212.000, muy inferior a la mitad. La actividad minera está generando un incremento de residuos debido a que el oro se está agotando en Sudáfrica y las reservas que quedan se encuentran a varias millas bajo tierra. Esto, además de generar más residuos, eleva los costes de producción y aumenta la cantidad de escombros y de drenaje de ácidos procedentes de la mina. Las empresas sudafricanas han sacado ahora residuos que pesan más de 15 millones de libras –más que 38 boeing 747- con el fin de obtener el valor de un lingote de oro estándar como producto final.

El antiguo gobierno del apartheid creó muchos asentamientos cerca de vertederos de residuos mineros, o incluso sobre ellos

En los alrededores de Johannesburgo, unas 270 montañas de residuos, muchas de ellas sin revestimiento alguno, acumulan esos deshechos cuyo peso aproximado es de 6.000 millones de toneladas. Según el Departamento de Agricultura y Desarrollo Rural de Gauteng, la provincia a la que pertenecen Johannesburgo y Pretoria, los residuos tóxicos y radiactivos de las minas ocupan una superficie de unos 200 km cuadrados.

“No queremos esos enormes sumideros, no queremos incendios subterráneos ardiendo para siempre, no queremos que los niños se caigan a los pozos”, dice Caroline Digby, Directora del Centro de Sostenibilidad para Minería e Industria de la Universidad de Witwatersrand. “Son cosas que pasan a menudo porque esos lugares no se han cerrado correctamente.”

En el área de Johannesburgo, con 10 millones de habitantes, al menos el 15 % de la población vive en asentamientos ilegales, muchos de los cuales fueron creados por el antiguo Gobierno de apartheid en los alrededores de esos vertederos, o incluso sobre ellos. En Blyvooruitzicht, unos 11.000 habitantes viven en los alrededores de la mina abandonada y muchos de ellos son mineros sin trabajo que no pueden permitirse vivir en otro lugar.

Mientras estuvo activa, la mina produjo unos 2,5 millones de libras de oro, plata, uranio y otros minerales. Pero ahora es solo un páramo peligroso. Justo al lado del principal núcleo minero de población, y sin que nadie ponga remedio, las montañas de residuos se extienden como monstruosas playas de arena. Los niños nadan en los charcos de agua de los vertederos. Los habitantes viven con miedo constante a los cortes de luz y de agua y, a menudo, se producen tiroteos entre los mineros ilegales y los responsables de la seguridad de la mina.

Sikeme Lekhooana, presidente del Comité Comunitario de Blyvoor, asegura que su hijo de cinco años conoce bien el sonido de los disparos. “Mi hijo te dice: papá, eso que se oye fuera es un disparo”, asegura.

Blyvooruitzicht estuvo en funcionamiento desde 1937 hasta 2013, cuando la caída del mercado y los conflictos laborales provocaron su cierre 14 años antes de lo previsto. Dos empresas, DRDGOLD y Village Main Reef, explotaron la mina hasta el final de sus días. Pero, desde que la abandonaron, cada una de esas empresas sostiene que la otra es la propietaria y, por tanto, la responsable de su limpieza.

Uno de los principales problemas para la salud y el medio ambiente es la gran cantidad de drenaje ácido procedente de las minas.

Lekhooma trabajó en la mina durante 32 años hasta que fue despedido cuando ésta dejó de funcionar. Más de 1.000 empleados se encuentran ahora en esa situación, incapaces de encontrar trabajo en un sector venido a menos.

Desde 2007, los propietarios de Blyvooruitzicht han reservado un fondo de 1.000 dólares para limpiar la enorme cantidad de residuos. Dicho fondo se ha aumentado hasta los 3 millones de dólares, pero DRDGOLD asegura que el coste real de la rehabilitación sería de al menos el triple.

“Siempre hay déficit”, afirma Nikisi Lesufi, alto directivo de Sanidad y Medio Ambiente de la Cámara de Minas.

Incluso cuando las minas están en funcionamiento, ni el DMR ni otros organismos abordan adecuadamente las consecuencias para el medio ambiente. Entre noviembre de 2007 y febrero de 2008, por ejemplo, en cuatro ocasiones se derramaron miles de toneladas de una balsa de residuos de Blyvooruitzicht, llegando a afectar a las cercanías de una zona residencial.

Estos vertidos eran bastante frecuentes y, aunque los informes de la mina en aquel momento dicen que se enviaron equipos a limpiar las carreteras y que se avisó a las autoridades competentes, no se menciona que se tomara ninguna otra medida para proteger a la población.

Uno de los principales problemas para la salud y el medio ambiente es la gran cantidad de drenaje ácido procedente de las minas, especialmente en los alrededores de Johannesburgo, que sería de hasta 92 millones de galones al día, según el Departamento de Aguas. El drenaje ácido de las minas provoca la aparición de metales pesados en el medio ambiente, crea sumideros y contamina los suministros de agua.

El Consejo de Investigaciones Científicas e Industriales calcula que ya en el año 2000, hasta el 20 % del caudal alrededor de Johannesburgo procedía de aguas subterráneas contaminadas, en parte, por las minas. Todavía hasta el año pasado, al menos 39 compañías mineras trabajaban sin licencia de aguas, según la Comisión de Derechos Humanos de Sudáfrica.

El distrito que limita al oeste con Johannesburgo registró en el aire 42 toneladas diarias de polvo procedente de las montañas de residuos.

Y el aire no está más limpio. El distrito que limita al oeste con la ciudad registró en el aire 42,24 toneladas diarias de polvo procedente de las montañas de residuos, aire que afecta al ganado y los cultivos.

Los habitantes aseguran que esas montañas provocan problemas de salud como sarpullidos, asma o cáncer, pero la falta de estudios epidemiológicos locales ha hecho imposible que esas poblaciones cercanas a los vertederos pudieran demandar a las compañías mineras.

Tudor Shaft es una de esas poblaciones, un asentamiento ilegal situado en parte sobre un antiguo vertedero al oeste de Johannesburgo. Unas 1.800 personas viven en chabolas construidas sobre terreno tóxico y radiactivo. Una colina anaranjada de residuos minerales marca el centro del poblado, y el fango baña todo el asentamiento cuando llueve.

Los metales pesados y otras sustancias contaminantes procedentes de los residuos son la amenaza más inmediata para la salud, pero los expertos aseguran que la exposición constante a grandes cantidades de baja radiación puede tener también efectos a largo plazo.

“Cuando vives en una población que ya está saturada y expuesta a varios contaminantes medioambientales, incluso la baja radiación que no sería tóxica en personas saludables puede tener un impacto significativo en la gente” afirma André Swart, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Johannesburgo.

Algunos habitantes de Tudor Shaft mezclan el lodo con loción y se lo extienden por la cara como si fuera crema para la piel. Algunos son bautizados con agua contaminada y otros (normalmente mujeres embarazadas) siguen la tradición de comer pasteles hechos con barro tóxico.

“Pueden inhalarlos (los contaminantes), ingerirlos o absorberlos a través de la piel así que, en realidad, se están exponiendo a las tres vías principales de contaminación,” asegura Swart. “Como la situación va a más, los niveles de exposición son cada vez más y más elevados y puede haber verdaderos problemas de salud.”

Según los informes, solo se han rehabilitado 10 minas al año en los últimos cinco

Con las medidas de mitigación adecuadas se podrían reducir los riesgos para la salud, pero la legislación actual para la clausura de minas solo estuvo en vigor entre los años 70 y los 90, así que los gobiernos están ahora poniéndose al día, según Digby.

“Antes los propietarios de las minas pensaban que esto consistía en explotarla y luego cerrar la puerta, echar la llave y deshacerse de ella” afirma Digby. “Así que este es el legado que han dejado en todas las regiones mineras.”

El DMR pretende rehabilitar 50 minas al año en el futuro y asegura que ya ha alcanzado esa cifra este año, pero los informes dicen que solo se han rehabilitado 10 minas al año en los últimos cinco. Una rehabilitación adecuada supone sellar los pozos para impedir la entrada, vegetar los vertederos de residuos o cubrirlos con redes para que el polvo no contamine el aire, así como utilizar revestimientos o fosas para que el agua contaminada no se filtre en los acuíferos, arroyos y ríos.

Los datos del Consejo Minero destacan la caída de la industria minera, que en los últimos años ha sido ahogada por la bajada del precio del oro, los conflictos laborales, la intromisión del Gobierno y el incremento de los costes como consecuencia de tener que perforar a más profundidad para encontrar un filón. La cantidad de oro obtenido en el país ha disminuido de 395 toneladas en 2002 a 168 toneladas el año pasado. La cantidad de mineral ha ido disminuyendo anualmente desde 2005.

Con unos márgenes de beneficio tan ajustados, las empresas tienen difícil financiar la rehabilitación.

“El que aún se mantiene, no es capaz de asumir responsabilidades por los que se han ido,” dice Lesufi. “Es posible que tengan planes, que actúen de forma adecuada, pero en el momento en el que la mina cierra, los ingresos llegan con cuentagotas.”

En el sector del oro existen lugares en los que las cosas se han hecho bien, plantando vegetación en las montañas de residuos para eliminar el polvo, vallando y señalizando correctamente para evitar que la gente se acerque y poniendo revestimiento bajo los vertederos de residuos para que no existan filtraciones.

Pero la gran mayoría de las minas y vertederos de residuos no se han cerrado y rehabilitado correctamente y, cuando se pregunta en qué se han utilizado los 3.000 millones de dólares que se destinaron a la rehabilitación de minas, el DMR no responde. La normativa sobre el cierre de minas está a punto de ser revisada y los expertos creen que esto podría reducir los problemas de contaminación. Como ejemplo, desde finales del año pasado, es el Ministerio de Medio Ambiente el que se encarga de redactar gran parte de las leyes para el cierre de minas, en lugar del DMR.

TAMBIÉN EN YALE e360

Debate sobre las minas de los Andes en las incomparables tierras del páramo

Los ecosistemas neotropicales a gran altitud, conocidos también como páramos, corren cada vez más peligro en Colombia y en toda Sudamérica ya que las grandes empresas mineras pretenden explotar los ricos yacimientos de oro y otros minerales. De llevarse a cabo estos proyectos, los científicos advierten del grave impacto que podrían tener en suministros de agua fundamentales.
LEER MÁS

Los urbanistas, en cambio, creen que ni el dinero ni la política podrán reparar la imagen de cientos de vertederos amarillentos poblando el paisaje. Así lo cree Tahira Toffa, diseñadora urbanística de Iyer Urban Design Studio que trabaja en el Área Estratégica Minera de Johannerburgo, que afirma que es necesaria una red de trabajo interdisciplinar para dirigir el futuro de las minas abandonadas.

“La mayoría de las zonas mineras de este tamaño están en la periferia, pero como esta está situada estratégicamente, es el centro de la ciudad,” explica.

Existen numerosos proyectos para integrar de manera productiva la ciudad con su pasado minero, desde convertir las montañas de residuos en un parque solar, a promover el desarrollo de un nuevo distrito económico en la zona de la mina rehabilitada. Según Toffa, que se refiere a estas montañas de residuos como “nuestros montes y nuestra playa”, los habitantes de Johannesburgo tienen que concienciarse en primer lugar de que esos vertederos no van a desaparecer y de que, un vez limpios, pueden ser reconvertidos para otros usos.

“[Los residuos mineros] son una parte fundamental de nuestra historia y de la identidad de Johannesburgo, y la gente no está sensibilizada ni con el impacto negativo, ni con el posible impacto positivo que pueden tener,” asegura.

, , , , , , ,

Mark Olalde
SOBRE EL AUTOR Mark Olalde es periodista medioambiental que ha escrito sobre minas, política energética y sostenibilidad en África, el Caribe y Estados Unidos. Para la redacción de este artículo ha contado con el apoyo financiero del Fondo para Periodismo de investigación y ayuda a la investigación de la Federación por un entorno sostenible.