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13-04-2017 : Artículo

El extraño caso de la liana y su papel en el calentamiento global

La liana y otras enredaderas están proliferando en las selvas tropicales de Centro- y Suramérica y su propagación dificulta la capacidad de los árboles de absorber dióxido de carbono. Ahora, los investigadores intentan determinar el impacto de este fenómeno sobre el cambio climático.

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El ecologista Stefan Schnitzer con una liana, una especie de enredadera leñosa típica de la jungla, en la Isla Barro Colorado, en Panamá. SEAN MATTSON/SMITHSONIAN TROPICAL RESEARCH INSTITUTE

Una calurosa mañana de enero, infestada de toda clase de bichos, Stefan Schnitzer, un biólogo de la Universidad de Marquette, se echó repelente de insectos sobre los antebrazos, se puso sus pantalones caquis y encima las botas de goma, hasta la altura de la rodilla, y caminó tres millas desde su laboratorio del Smithsonian Tropical Research Institute hasta una zona de estudio en la selva panameña. Las garrapatas y, en ocasiones, los mosquitos que transmiten el dengue invaden la parcela de Schnitzer, en la Isla Barro Colorado, en el lago Gatún, Panamá. El sitio también alberga hormigas balas (paraponera clavata) que infligen una de las picaduras más dolorosa del mundo, y una multitud de enormes arañas de seda de oro. Schnitzer cogió un tubo de PVC de la longitud de un bastón para ir destruyendo las telarañas con las que se encontraba en su camino.

Schnitzer subía con agilidad una pendiente fuerte, donde los trabajadores habían tallado unos peldaños en la ladera de la colina y colocado adoquines de cemento para facilitar el acceso a la selva. El camino se allanaba, los peldaños se suavizaban y la senda se estrechaba. Un mono aullador advertía desde la distancia a los posibles intrusos.

Una vez que alcanzó su zona de estudio, tras dos horas de caminata, Schnitzer, uno de los mayores expertos del mundo en ecología de los bejucos selváticos, se paró y estudió una maraña de enredaderas de casi dos metros de altura y el doble de ancho, compuestas principalmente de lazos de la especie Coccoloba excelsa. Estas son las lianas más abundantes en la isla, y brotan de una manera tan promiscua que echan raíces en el suelo, generando una profusión de nuevos tallos. Docenas de cintas de color naranja estridente meciéndose marcan los espirales del matorral.

Todo esto forma parte de la investigación de Schnitzer de un fenómeno poco conocido pero no por ello menos importante que podría afectar al ritmo del cambio climático: en las selvas de Centro- y Suramérica, los bejucos son cada vez más comunes y, a medida que proliferan, obstaculizan la capacidad de las selvas tropicales para absorber el dióxido de carbono y retenerlo como madera.

Por razones no demasiado claras, en las últimas décadas la cantidad de lianas se ha duplicado.

Por razones no demasiado claras, en las últimas décadas la cantidad de lianas se ha duplicado, según las investigaciones de Schnitzer y otros estudios anteriores. Como resultado de ello, estos bejucos leñosos que se expanden rápidamente, tapando los árboles de las selvas tropicales y asfixiándolos, lo que reduce la cantidad de carbono capturado de la atmósfera. En el área de selva en la que lleva a cabo su estudio, Schnitzer trata de entender por qué las lianas proliferan más rápido que los árboles de los que se nutren y cuánto carbono almacenan las lianas en comparación con ellos. Los árboles y otras plantas absorben alrededor del 25% de las emisiones de CO2 que los seres humanos desprenden de los tubos de escape y chimeneas.

El Smithsonian ha gestionado el bosque de Barro Colorado, en medio istmo de Panamá, desde 1920. La selva tropical es una de las más estudiadas del mundo. En 1980, dos ecologistas pioneros, Stephen Hubbell y Robin Foster, presentaron lo que en aquel entonces era el plan más ambicioso a nivel mundial sobre selvas tropicales para una investigación exhaustiva y a largo plazo. Contiene aproximadamente 50 hectáreas e incluye alrededor de 250.000 árboles, todos marcados con una placa de aluminio numerada. Varios miles de ellos son demasiado grandes como para que un par de adultos los puedan rodear con los brazos abiertos y tocándose las manos. Con un equipo de ayudantes, Hubbell y Foster han medido el diámetro de cada árbol. Cada cinco años realizan un nuevo censo del sitio, añadiendo “nuevos fichajes” –árboles que han crecido lo suficiente como para ser incluidos en su estudio– y eliminando los que han caído.

Los bejucos tropicales, como la bauhinia (arriba), están desbancando cada vez más a los árboles, reduciendo la cantidad de carbono de la atmósfera que absorben las selvas. BETH KING/ SMITHSONIAN TROPICAL RESEARCH INSTITUTE

Durante años, a Hubble y Robbins no les preocuparon las lianas. “Las lianas son una pequeña parte de lo que se ve cuando se mira alrededor”, comenta Schnitzer, señalando que contienen menos del 5% del carbono permanente del bosque tropical.

Pero los ecologistas han comenzado a preguntarse si las lianas podrían desempeñar un papel protagonista en la selva. Schnitzer está especialmente interesado en cómo los bejucos colonizan los claros que dejan los árboles caídos. En 2007, él y Hubbell, por entonces su mentor, empezaron un censo de las lianas de la zona de Barro Colorado. Fue, y sigue siendo, el estudio más exhaustivo de lianas que se ha llevado a cabo en un único sitio. Fueron necesarias 14 personas trabajando a jornada completa durante 12 meses para marcar, medir y registrar 65.000 bejucos. Un botánico identificó cada espécimen, llegando a detectar hasta un total de 162 especies.

Los silvicultores tradicionalmente han calculado el número de tablones que pueden obtener de los árboles usando alometría, la ciencia que determina cómo las dimensiones de un objeto, como por ejemplo la medida lineal y el volumen cúbico, se correlacionan entre sí. Los biólogos adoptaron la misma técnica para calcular el carbono almacenado en los árboles y las lianas. El proceso es sencillo para los árboles. Los investigadores registran una sola medición —por convención, el diámetro del tronco a unos cuatro pies del suelo— en una simple fórmula que han elaborado durante años de investigación.

Pero cuantificar el volumen de carbono que almacenan las lianas es algo más complicado. En su parcela objeto de estudio, Schnitzer observó un crecimiento equivalente al de los árboles con hojas cerosas que muchos pensarían que se trata de un árbol, pero no los expertos especializados. En realidad se trata de un pequeño bejuco, Connarus panamensis. “Crece como un árbol hasta que es suficientemente alto”, antes de agarrarse a las ramas y troncos de apoyo como hace una enredadera normal, comenta Schnitzer. Señala que, a diferencia de los árboles, que tienden a crecer hacia arriba, con su copa, las lianas siguen una ruta más errática en espiral alrededor del sotobosque. Estos factores, junto con la relativa escasez de estudios de lianas, han agravado las dificultades de la investigación sobre el bejuco y el almacenamiento de carbono. No obstante, Schnitzer ha desarrollado protocolos —que actualmente se aplican ampliamente— para medir lianas.

En 2015, Schnitzer publicó un informe en las Proceedings of the National Academy of Sciences, en el que revelaba nuevas evidencias que indicaban que el bejuco podía reducir la capacidad del bosque tropical para absorber CO2 y ralentizar el calentamiento global. Machetes en mano, él y un grupo de cinco eliminaron completamente todas las lianas de ocho parcelas de bosque en una franja de tierra cercana a Barro Colorado. Tardaron una semana. Contabilizaron cuánto carbono contenía la madera y las hojas de la selva libre de bejucos y también en un terreno normal de dimensiones comparables con bejucos.

Los bosques sin bejucos habían absorbido un 75 por ciento más de carbono que las áreas de control en las que los bejucos crecían libremente.

Schnitzer había pronosticado que los árboles, sin bejucos alrededor que los taparan y estrangularan, crecerían más vigorosamente. Como los árboles apoyan sus coronas con troncos robustos y ricos en carbono que las lianas no necesitan, Schnitzer lanzó la hipótesis de que la selva libre de bejucos podía contener mucho más carbono que la selva de comparación. Tras tres años, un nuevo censo lo confirmó. Las zonas podadas habían absorbido el 75 por ciento más de carbono durante un año que las áreas comparadas en las que las lianas y otros bejucos crecían libremente. “Fue impresionante”, comenta Schnitzer.

En respuesta al informe de Schnitzer que recoge estos hallazgos, Hans Verbeeck, biólogo de la Universidad de Gante, Bélgica, escribió en un número posterior de las Proceedings of the National Academy of Sciences que la “proliferación de la liana tiene un alto impacto potencial sobre el ciclo futuro del carbono en los bosques tropicales”. Exhortó a los investigadores del cambio climático que incluyeran la prevalencia cambiante de las lianas en los futuros modelos climáticos, algo que él mismo ha empezado a hacer.

A pesar de las sólidas pruebas que demuestran que los bejucos son cada vez más comunes, Schnitzer dice que no está seguro de que su proliferación siga aumentando en los bosques tropicales del mundo. Una previsión requeriría una explicación —hasta ahora inexistente— de lo que hay detrás del aumento de los bejucos que él y otros han observado. Schnitzer sospecha que una posible causa podría ser la mayor frecuencia de árboles caídos y muertos debido a estos cambios, que incluyen una mayor intensidad de las tormentas. Otros científicos creen que el aumento de CO2 en la atmósfera podría favorecer las lianas en detrimento de los árboles. Pero hay al menos un estudio, de Dabejuco Marvin, un ecologista de The Nature Conservancy y antiguo alumno de Schnitzer, que sospecha que puede haber otras causas. Marvin cultivó plantón de árbol y liana juntos en espacios con aire que contenían el doble de la concentración normal de CO2. Las lianas crecieron más rápidamente que las del grupo de control, pero lo mismo pasó con los árboles. Prácticamente no hubo ninguna diferencia entre ellos. No obstante, el experimento se realizó en un reducido número de especies y duró menos de un año. Quizás una prueba de una duración más larga y con una variedad más amplia habría arrojado resultados distintos.

El terreno de unas 50 hectáreas de Schnitzer contiene tantas lianas que, una vez finalizado el recenso, debería poder determinar qué especies en concreto son las responsables del aumento observado en la biomasa de las lianas. A continuación, pretende investigar qué características dan ventaja a estos bejucos. Pero incluso con sus experimentos, dice, es difícil formular estas determinaciones. En los bosques tropicales, la enorme diversidad de especies y la variación infinita en cómo interactúan pueden frustrar los experimentos científicos más contundentes.

¿Y si al final su estudio acaba en nada?

“Tendremos el no descubrimiento más riguroso que jamás haya existido en la historia de la ecología”, responde.

VER UN REPORTAJE SOBRE LA INVESTIGACIÓN DE LAS LIANAS:

El Pulitzer Center on Crisis Reporting aportó financiación para publicar este artículo. 

Rising Vines: The Effects of Jungle Vines on Global Warming from YaleE360 on Vimeo.

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Daniel Grossman

ACERCA DEL AUTOR
Daniel Grossman, periodista de prensa escrita y productor de radio y web, ha informado desde los siete continentes. Es autor de Deep Water: As Polar Ice Melts, Scientists Debate How High Our Oceans Will Rise. Este artículo se ha escrito en colaboración con la Food & Environment Reporting Network, una organización sin ánimo de lucro de periodismo de investigación. Para este proyecto, Grossman ha recibido el apoyo de la Whole Earth Foundation, la Society of Environmental Journalists y el International Centre for Integrated Mountain Development.