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17-12-2015 : Análisis

El boom de la minería indonesia del carbón deja un rastro de destrucción

Desde el año 2000, la producción indonesia de carbón se ha multiplicado por cinco para cubrir la creciente demanda nacional de electricidad y abastecer los mercados de exportación de Asia. La minería intensiva está provocando la eliminación del bosque tropical y la contaminación de los ríos y los arrozales.

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Sobre la cima de una colina de Kerta Buena, pueblo indonesio de la isla de Borneo, los granjeros del lugar observan un paisaje lunar ennegrecido. En los años ochenta esta tierra estaba cubierta de bosque, pero ahora está lacerada por cráteres en los que los mineros han arañado carbón del suelo. En una tarde reciente de noviembre, los camiones avanzaban en zigzag hacia y desde las barcazas de carbón de la ribera del río de la cercana capital provincial de Samarinda. El sonido de sus motores reverberaba por el yermo paisaje.

Dadang Tri/Bloomberg mediante Getty Images

Las excavadoras trabajan en una mina de carbón a cielo abierto en la propiedad de PT Exploitasi Energi de Kalimatan Meridional, en Indonesia.

Kerta Buena se extiende por el noreste de Borneo, una isla más grande que Francia que se encuentra dividida principalmente entre Indonesia y Malasia. ITM, la compañía indonesia propietaria de la mina, afirma que produce 29 millones de toneladas de carbón al año en ubicaciones de la parte indonesia de Borneo que cubre unas 80.900 hectáreas, la mitad de las cuales incluye tierras que el gobierno designa como bosques “de producción”. Aunque un portavoz de ITM declaró que las minas de la empresa cuentan con planes de recuperación de cinco años de conformidad con la legislación indonesia, algunos granjeros de Kerta Buena se han quejado de que las aguas residuales procedentes de la actividad minera del carbón se están filtrando a los arrozales y dañando sus cosechas. El drenaje ácido de la minas en Borneo ha matado peces de explotaciones de acuicultura, y las comunidades agrícolas —a menudo situadas junto a minas de carbón— tienen que lidiar con el polvo de carbón que suele cubrir las cosechas y que se cuela en sus hogares.

“No tengo voz para expresar mis preocupaciones”, declaró una agricultora, Made Sari. La reducción de las cosechas le cuesta cientos de dólares al año, según sus propias palabras, y la contaminación provocada por la minería de carbón puede forzarla a volver al pueblo de sus ancestros de la isla indonesia de Bali.

En las últimas décadas, la industria maderera de Indonesia ha ganado notoriedad internacional por destruir bosques tropicales para obtener madera y extensas plantaciones para producir aceite de palma. Sin embargo, la producción de carbón del país —que se ha quintuplicado en los últimos años, de unos 90 millones de toneladas en 2000 hasta los 458 millones de toneladas en 2014— también está haciendo pagar un peaje muy alto, si bien menos obvio, a los paisajes, la cuencas fluviales y la salud de los seres humanos. Ese daño se evidencia cada vez más en la parte indonesia de Borneo, conocida como Kalimatan Meridional, que contiene aproximadamente el 60 por ciento de las reservas de carbón de Indonesia.

Un experto sostiene: ‘Los agentes de la industria de explotación forestal no hacen más que sustituir su objeto de negocio… por las minas de carbón’.

La extensión de los daños es difícil de documentar porque el sector del carbón de Indonesia es tristemente conocido por su corrupción y su opacidad. JATAM, grupo activista indonesio, ha informado de que en 2010 se reservaron para la minería del carbón unos 6,5 millones de hectáreas de tierras en las provincias de Kalimantan Oriental y Kalimatan Meridional: una superficie que es el doble del tamaño de Bélgica. En la provincia de Kalimatan Meridional, alrededor del 14 por ciento de toda la superficie forestal se encuentra en concesiones de carbón, según un análisis realizado por Greenpeace en 2014 sobre datos gubernamentales y estudios de viabilidad de minas.

Indonesia cuenta con una larga historia de extracción imprudente de recursos naturales que alcanzó dimensiones desorbitadas durante el mandato de 31 años del anterior presidente Suharto, afirma Siti Maimunah, del Sajogyo Institute, organización de investigación indonesia. El país se convirtió en una democracia tras la finalización del gobierno de Suharto en 1998, pero Maimunah dice que la relación íntima entre el gobierno y las industrias de extracción persiste. “Los agentes de la industria de explotación forestal no hacen más que sustituir su objeto de negocio”, aseguró Maimunah. “Lo cambiaron por minas de carbón”.

Tras más de una década de crecimiento explosivo en el sector de la minería del carbón de Indonesia, el país es en la actualidad el cuarto mayor productor de carbón del mundo, el mayor exportador de carbón térmico para centrales eléctricas y una fuente clave de combustible para las centrales eléctricas de carbón de China, la India y otros países. El carbón indonesio representa el 7,2 por ciento de la producción mundial, y por tanto desempeña un papel significativo en el calentamiento del planeta con las emisiones que retienen el calor de las centrales eléctricas de carbón.

La demanda de carbón de China —el cliente más importante de Indonesia— está descendiendo con el desplome de la economía china. Sin embargo, el presidente indonesio Joko Widodo ha prometido compensar una reciente caída de las exportaciones de carbón añadiendo 35.000 megavatios de capacidad eléctrica nacional en 2019 para ayudar a cubrir las crecientes necesidades de energía de los 253 millones de habitantes de su país. Alrededor de 20.000 de esos megavatios provendrían del carbón, y las minas de Borneo suministrarían una gran parte de estos.

La descentralización ha permitido a los responsables locales intercambiar con más facilidad las concesiones mineras por dinero en efectivo o favores políticos.

El sector del carbón indonesio se ha disparado aparejado a un proceso de descentralización administrativa que sobrevino tras la transición del país en 1998 de un gobierno autoritario a la democracia. A medida que los distritos locales asumían más poder a principios de este siglo, el número de permisos de ámbito nacional para actividades de minería local se disparó: de 650 en 1999 a más de 8.000 en 2010, según un informe elaborado por el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), con sede en Indonesia.

Según los activistas medioambientales, la descentralización ha permitido a los políticos de los distritos intercambiar con más facilidad concesiones de carbón y otras concesiones mineras por dinero en efectivo o favores políticos, a menudo sin la bendición del gobierno central. Además, algunas empresas han extraído carbón de “bosques protegidos”, tierras silvestres especialmente reservadas por el gobierno central para la protección de los ecosistemas y la biodiversidad. Por ejemplo, según informes de CIFOR de 2012, las concesiones mineras cubren una superficie de unas 1200 hectáreas en el bosque estatal Bukit Soeharto de Kalimantan Oriental.

Cuando las empresas mineras de carbón llegan a un bosque indonesio, suelen eliminar la capa de árboles y dejar el terreno pelado, según Tessa Toumbourou, especialista en gobernanza medioambiental que estudió el sector minero de Kalimantan como consultora para Asia Foundation, fundación sin ánimo de lucro con sede en Washington. A menudo, según Toumbourou, las empresas no eliminan los desechos mineros contaminados ni recuperan el suelo destruido que apilan durante el proceso minero, y la reforestación se realiza frecuentemente con las especies incorrectas.

Estos abusos afectan a las cuencas locales ya que, según los expertos y varios estudios, el drenaje ácido de las minas vierte residuos tóxicos en los ríos. En la provincia de Kalimatan Meridional, un estudio de Greenpeace de 2014 de muestras de la superficie y de las aguas residuales recogidas en zonas mineras de carbón detectó niveles de hierro y manganeso en arroyos y ríos siempre por encima del límite legal indonesio, y detectó que 7 de las 29 muestras tenían lecturas de pH por debajo de 3, el nivel de acidez del vinagre. Un estudio publicado en febrero en la revista Environmental Contamination and Toxicology concluyó que los suelos de un distrito minero de carbón de Kalimatan Meridional estaban contaminados con hidrocarburos aromáticos policíclicos, grupo de productos químicos asociados a la contaminación minera de carbón y que han causado tumores y problemas reproductivos en animales de laboratorio, según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE. UU.

Las exportaciones de carbón representan 900 millones de toneladas de CO2 al año, el equivalente a las emisiones anuales de CO2 de Alemania.

En Samarinda, los granjeros y los residentes afirman que las minas a cielo abierto han drenado los mantos freáticos —esenciales para el cultivo del arroz— debido a las grandes cantidades de agua utilizadas en los procesos de minería. La minería también ha aumentado las inundaciones porque deja a las colinas sin su capa superior de suelo, lo que vierte con rapidez las lluvias torrenciales en los cauces fluviales. El grupo de conservación WWF informó en 2012 de que las inundaciones se había convertido en un fenómeno habitual en Samarinda desde que empezó su boom minero en los primeros años de este siglo, y que era probable que hubieran causado una sedimentación enorme en tres lagos de la cuenca del río Mahakam, un terreno inundable que es el hábitat de 147 especies endémicas de peces de agua dulce. Las informaciones de la agencia medioambiental de Kalimantan Oriental han atribuido el empeoramiento de la calidad del agua y una extinción a gran escala de la fauna acuática a los trasvases de agua y a los vertidos de aguas residuales en el río, dos actividades dominadas por la industria local del carbón.

Las exportaciones de carbón del país representan aproximadamente 900 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, más o menos el equivalente a las emisiones de dióxido de carbono anuales de Alemania, según un análisis de datos de la industria de extracción elaborado por Lauri Myllyvirta, activista de Greenpeace de Pekín. Por el momento, según Myllyvirta solo se queman en el país unos 200 millones de toneladas adicionales de carbón. Pero a medida que las empresas indonesias construyan más centrales eléctricas de carbón, pueden socavar el reciente compromiso asumido con la ONU por el gobierno de Indonesia de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 29 por ciento en 2030.

Los riesgos sanitarios para los indonesios aumentarán de forma inevitable a medida que se construyan más centrales eléctricas de carbón. Investigadores de Greenpeace y la Universidad de Harvard estimaron este año que las centrales eléctricas de Indonesia ya causan 6.500 muertes prematuras al año, y que la tasa de fallecimientos anual aumentaría hasta los 28.300 si el gobierno seguía adelante con su plan de construir más de 100 nuevas centrales eléctricas de carbón.

Eve Warburton, doctoranda de la Universidad Nacional Australiana que estudia las políticas energéticas de Indonesia, afirma que hay un margen considerable de crecimiento para el sector de las energías renovables de Indonesia, que en la actualidad representa solo el 5 por ciento de su producción energética. Sin embargo, añade que el carbón es muy atractivo para las compañías indonesias porque ya está disponible y es de fácil transporte. Indonesia también puede convertirse en importadora neta de gas natural el año 2020, lo que dejaría al gobierno a la merced de las oscilaciones de los precios mundiales del gas y necesitado de un suministro estable de combustible en su territorio.

Las repercusiones del sector de la minería del carbón de Indonesia podrían atenuarse si las empresas hicieran un mejor trabajo de recuperación.

Las compañías indonesias de minería del carbón “confían en que la industria gozará de una vida larga”, afirmó Warburton. “Creo que tienen razón: eso es lo frustrante”.

Las repercusiones sobre el terreno del sector de la minería del carbón de Indonesia podrían atenuarse si las empresas hicieran un mejor trabajo de recuperación. Pero incluso aunque la legislación indonesia exija a las empresas que destinen dinero a actividades de recuperación antes de que comience el proceso de extracción, a menudo rehúyen estas obligaciones. Luthfi Fatah, economista de recursos de la Universidad de Lambung Mangkurat de Indonesia, explica que en un caso típico, una compañía minera tomará una concesión de 405 hectáreas del gobierno y dejará intacta una parcela de 10 hectáreas. Fatah afirma: “Cuando el gobierno les pide que efectúen la recuperación, declaran: ‘Aún no hemos terminado: aún nos quedan 10 hectáreas por explotar’”.

En Samarinda, 76 permisos de minería cubren el 70 por ciento de la superficie del suelo de la ciudad. Merah Johansyah de JATAM indica que a los agricultores de la periferia rural de la ciudad les suelen quedar pocas opciones en cuanto a la venta de su tierra a las compañías mineras, porque la actividad minera cercana a las explotaciones agrarias normalmente afecta al manto freático y al riego. Las normativas medioambientales del gobierno se aplican con tan poca determinación que las compañías de carbón tienen de facto licencia para contaminar con impunidad.

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Un símbolo de esa impunidad son los pozos mineros abandonados que laceran los vecindarios de Samarinda. En mayo, un niño de 13 años con necesidades especiales se ahogó en un pozo de Samarinda que no tenía vayas protectoras. Según JATAM, el pozo pertenecía a una compañía indonesia que vende carbón a la empresa con sede en San Luis Peabody Energy, la mayor compañía de carbón privada del mundo. Un portavoz de Peabody no respondió a una solicitud de entrevista o a una lista de preguntas por escrito sobre su trabajo en Indonesia.

En noviembre se ahogó otra niña, que fue uno de los 12 ahogados en pozos de minas de carbón desde 2011. “Las niñas jugaban por aquí, y no entendían que es muy peligroso”, tal como me contó Fatamsyah, profesora de la escuela primaria femenina del distrito Lok Bahu la mañana después de la muerte de la pequeña. “El gobierno debería cerrar este pozo con celeridad, pero solo piensa en el dinero que proviene de las extracciones, nunca en las consecuencias sociales y medioambientales”. El pozo es mucho más grande que una piscina y tiene bordes empinados y escarpados. Su agua de color azul claro parecía limpia, pero JATAM la había supervisado y había descubierto un nivel de pH de 4,3, muy por debajo del estándar legal indonesio de 6, y suficientemente bajo, según los estándares de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE. UU., para inhibir la reproducción de los peces. Había una señal de peligro junto al pozo, pero Fatamsyah dijo que lo colocaron allí después del accidente. Un representante de una agencia local de protección medioambiental no respondió a las preguntas enviadas por correo electrónico.

“El carbón se extrae del sufrimiento de las gentes de Kalimantan Oriental”, afirmó Johansyah de JATAM. “Y el carbón no solo contamina el medio ambiente, sino que también mata niños”.

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Mike Ives

SOBRE O AUTOR
Mike Ives é um jornalista baseado em Hanói, Vietnã, e correspondente da The Associated Press. Também escreve para o The International Herald Tribune, The Economist e outras publicações. Em artigos anteriores para o Yale Environment 360, escreveu sobre o impacto ambiental do aumento da mineração de minerais raros, e sobre o degelo de glaciares aumentar a falta de água no noroeste da China.