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06-06-2013 : Opinión

El aumento de fenómenos meteorológicos extremos hace temer lo peor a Bangladés

Los científicos prevén que el calentamiento provocará fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes e intensos. Sus advertencias hacen hincapié en Bangladés, un país con una alta densidad de población y que ha sufrido devastadoras marejadas y ciclones a lo largo de la historia.

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Las capas de hielo se funden, los glaciares se rompen y sube el nivel del mar: las inundaciones inminentes protagonizan las noticias. Al mismo tiempo, quienes no creen en el cambio climático nos aseguran que se trata de problemas a largo plazo, parte del ciclo natural de la vida. Lo que está claro es que dichos cambios se prolongarán durante décadas en un mundo en proceso de calentamiento que pretendemos que hereden las generaciones futuras.

No obstante, tal y como nos recordaron a la fuerza el Huracán Katrina y el Huracán Sandy en Estados Unidos, el calentamiento provoca un mayor número de fenómenos meteorológicos extremos, acompañados de inundaciones catastróficas. A corto plazo, la subida del nivel del mar tiene como consecuencia inmediata las marejadas destructivas que suelen ir acompañadas de importantes daños económicos. Los increíbles ciclones que suelen acompañar estos oleajes en Bangladés nos sirven como un aleccionador recordatorio de nuestra vulnerabilidad.

Bangladés se encuentra en el estuario de la Bahía de Bengal, el mayor delta del mundo formado por los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna. El agua cubre una superficie de 10.000 km2 del país, situado en su mayoría cerca del nivel del mar. Un entramado de vías fluviales de todos los tamaños atraviesa la llanura costera. En el pasado, el mosaico único de bosques de playas y mareas, y los densos manglares mitigaban el impacto de oleajes y ciclones. Hace 200 años, más de 11.000 km2 de manglares y bosques protegían la costa. Hoy en día, esta barrera natural de la costa se ve amenazada por la indiscriminada tala de árboles con fines agrícolas, la cría de camarones y la construcción de presas para irrigación, lo que ha supuesto la desaparición de la mayor parte de la protección natural costera.

Entre 1947 y 1988, 13 violentos ciclones asolaron las tierras bajas de Bangladés y dejaron miles de víctimas a su paso.

Los ciclones y sus temibles oleajes llegan a Bangladés con una fuerza vertiginosa que, a lo largo de los siglos, ha acabado con la vida de millones de personas. Solo entre 1947 y 1988, 13 violentos ciclones asolaron las tierras bajas, dejando miles de víctimas a su paso, y arrasaron pueblos y diques defensivos. En 1970, el Ciclón Bhola azotó con vientos de hasta 185 kilómetros por hora: murieron al menos medio millón de personas y un millón de cabezas de ganado, desaparecieron más de 400.000 casas, perdieron la vida 46.000 pescadores.

Bhola afectó a más de tres millones y medio de personas en mayor o menor grado. A raíz de esta catástrofe, el gobierno de Bangladés y las agencias internacionales organizaron redes de voluntarios, construyeron refugios contra ciclones y desarrollaron planes de evacuación; estrategias que han salvado innumerables vidas en los últimos años.

Aumento de fenómenos meteorológicos

Wikimedia commons

Aumento de fenómenos meteorológicos

¿Qué ocurrirá en el futuro si, tal y como prevén los científicos, el aumento de las temperaturas produce ciclones más fuertes y frecuentes, y los glaciares del Himalaya al norte se derriten más rápido con sus consecuentes crecidas en los grandes ríos cientos de kilómetros más abajo? La mayor parte de Bangladés yace sobre fértiles llanuras aluviales de los ríos Ganges y Brahmaputra. ¿Se podría solucionar con las obras convencionales de prevención de inundaciones?

El Banco Mundial ha propuesto costosos planes internacionales por valor de 10.000 millones de dólares que prevén la construcción de unos 8.000 km de diques para controlar los ríos. Sin embargo, numerosos agricultores de la zona se oponen ya que dicha construcción les obligaría a cambiar los métodos de cultivo. Los diques de grandes dimensiones como los de los Países Bajos tampoco solucionarían el problema ya que el subsuelo está compuesto de arena y barro, y se mueve constantemente. En cualquier caso, Bangladés no cuenta con los fondos necesarios para financiar proyectos tan costosos.

Parece que las mejores soluciones recaen en manos de la población y en sensatas inversiones públicas en infraestructuras y viviendas con protección contra inundaciones (muchos agricultores están construyendo casas sobre pilares que se mantienen por encima incluso de las peores inundaciones). También hay soluciones a más pequeña escala, como la edificación de modestas viviendas construidas sobre un soporte de plintos de hormigón de medio metro con paredes asequibles hechas de yute que pueden reemplazarse fácilmente tras una inundación.

Al mismo tiempo, CARE y otras organizaciones están alentando a los agricultores bangladesíes a emplear técnicas agrícolas ya en desuso como los jardines flotantes, una buena solución para las zonas que se inundan durante largos periodos. El bambú y los densos lechos de jacinto, junto a la vegetación descompuesta del año anterior, permiten el cultivo de verduras para su posterior venta en los mercados durante la mayor parte del año. También resultan una buena opción las variedades de arroz resistentes a la sal ya que son cultivos de crecimiento rápido que pueden cosecharse antes de que lleguen las lluvias monzónicas. Una política para romper los diques de tierra y facilitar el depósito de sedimentos cuando se retira el agua ayuda a elevar la tierra y contrarresta los efectos de las subidas del nivel del mar.

A muchos bangladesíes solo les queda una opción: marcharse definitivamente.

Si se materializan las previsiones actuales de las consecuencias de las subidas del nivel del mar, se calcula que entre 17 y 40 millones de la población se verían afectados. La tierra se va perdiendo gradualmente debido a la salinidad y al océano por lo que, ante la ausencia de perspectivas de recuperación, la única opción que les queda a los bangladesíes es marcharse definitivamente. Los efectos son en cierta manera similares a los experimentados en islas pequeñas de litoral bajo como las Maldivas o Tuvalu en el Pacífico Central. Sin embargo, en el caso de Tuvalu, el número de emigrantes asciende a unos 10.000. Bangladesh contaría con decenas de millones de potenciales refugiados en caso de que, en la práctica, no hubiera lugar alguno donde pudiera reasentarse la población.

Inundaciones del monzón en Bangladés

Adi Shah/AFP

Un rickshaw en una de las calles inundadas de Daca tras las lluvias monzónicas.

Para la población que reside en áreas amenazadas de Bangladés se cuadruplica el peligro puesto que sus ingresos son limitados, presentan una baja resistencia y, sobre todo, su capacidad de adaptación es muy reducida, especialmente teniendo en cuenta el rápido crecimiento de la población y la gran disparidad en la distribución de la riqueza y los medios de sustento.

Tradicionalmente, la población rural se desplazaba a la capital Daca y a otras ciudades en busca de trabajo. Sin embargo, en las ciudades de Bangladés, uno de los países con mayor densidad de población del mundo, ya no cabe un alfiler y hay pocas oportunidades de trabajo. Dada la lentitud con la que se están implantando los cambios medioambientales, es probable que tanto la migración interna como la externa será voluntaria y, al principio, a escala relativamente reducida. Dentro de unas décadas, cuando aumente la presión, surgirán problemas políticos y de seguridad, especialmente en un país rodeado de vecinos, en especial India, con los que guardan una relación de cierta tensión.

Bangladés no es el único país que se enfrenta a este problema. A nivel mundial, se estima que 200 millones de personas viven a cinco metros del nivel del mar, incluidas numerosas metrópolis. Shanghái, una de las ciudades más grandes del mundo, está construida al nivel del mar o casi. La ciudad se está hundiendo y las autoridades, aunque están invirtiendo en defensas marinas, se empeñan en rellenar la costa a baja altitud para continuar con el desarrollo. Florida, con sus rascacielos a la orilla del mar, invierte millones de dólares en defensas costeras que son, en el mejor de los casos, medidas paliativas temporales ante oleajes destructivos. El gobierno de Dubái ha construido islas artificiales en la región del Golfo, un ilusorio orgullo desmesurado ante las subidas del nivel del mar. Tan solo es cuestión de tiempo hasta que un auténtico desastre de dimensiones históricas destruya grandes extensiones de una metrópolis costera y mueran decenas de miles de personas.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE YALE e360

En Bangladés, con su baja altitud, el mar tiene graves consecuencias para la población (Artículo en inglés)

La población de Bangladés, cuya vida se desarrolla sobre terrenos movedizos formados por los deltas de los ríos, apenas ejerce control sobre el medio ambiente: los ciclones azotan las zonas costeras y las subidas del nivel del mar suponen una amenaza inminente. Como pone de manifiesto este vídeo de e360, muchos bangladesíes ya está pasando por una situación difícil ante el aumento de la población que ocupa terrenos cada vez más vulnerables.
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Los ciclones y las mareas tormentosas no son algo nuevo para el ser humano. Sin embargo, lo que no se había experimentado hasta ahora es la dimensión de los daños que pueden ocasionar en un lugar costero con una gran densidad de población y la cantidad ingente de personas que sufren las consecuencias, a menudo de manera catastrófica.

La inminente crisis no solo es un problema de los bangladesíes sino que nos afecta y afectará a todos. No debemos olvidar el artículo 2.1 del Pacto de las Naciones Unidas, según el cual todos los pueblos tienen derecho a “medios de subsistencia”. Las subidas del nivel del mar y sus consecuencias ponen en peligro ese derecho en Bangladés y en el resto del mundo.

La última estrategia de defensa posible —el reasentamiento gestionado no de miles de personas sino de millones— tal vez pase a encabezar la lista de prioridades. Actualmente, no existen políticas internacionales que regulen los movimientos involuntarios de población ocasionados por el cambio climático pero no cabe duda de su futura necesidad en una o dos generaciones. Cuanto antes empecemos a pensar en el problema, mejor.

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Brian Fagan

ACERCA DEL AUTOR
Brian Fagan es Catedrático Emérito de Antropología en la Universidad de California (University of California), Santa Bárbara, y autor del libro recientemente publicado The Attacking Ocean: Sea Levels Past, Present, and Future. Entre sus obras se encuentra El Gran Calentamiento: cómo influyó el cambio climático en el apogeo y caída de las civilizaciones.