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25-10-2017 : Artículo

Después de restablecer la paz, Colombia recobra la esperanza de salvar sus tierras silvestres

Después de medio siglo de conflicto, Colombia está recuperando el control de vastas zonas de riqueza biológica que habían sido refugios para los grupos rebeldes. Ahora, algunos científicos se apresuran a crear planes para su conservación y desarrollo sostenible antes de que sean invadidas por madereros y mineros ilegales

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Blandiendo rifles automáticos, los guerrilleros ordenaron a Andrés Cuervo que dejara su equipo de camping y apuntes de investigación en la casa de madera abandonada donde había estado alojado. Uno de los insurgentes escribió “No tocar: ELN” —las iniciales del Ejército de Liberación Nacional— en una hoja de papel y la clavó en la puerta con un tenedor como advertencia.

Así se secuestró al estudiante de ornitología, que llevaba a cabo una investigación de campo en plena jungla colombiana.

El hecho sucedió en el 2001, y era la tercera que tomaban a Cuervo como prisionero mientras estudiaba aves. Durante décadas, los grupos militantes —sobre todo las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)— han tenido sus campamentos base en las regiones remotas de Colombia desde donde luchaban contra el Gobierno. Cuervo había albergado la esperanza de poder abstenerse del conflicto cuando inventariaba especies de aves en las laderas altas de la Serranía de San Lucas, una zona montañosa aislada en el norte de Colombia conocida por su rebosante biodiversidad. En otros territorios, Cuervo solía pedir permiso a los comandantes locales de la guerrilla para llevar a cabo sus investigaciones de campo, y en la mayoría de los casos esa estrategia funcionaba. Pero esta vez el permiso nunca llegó, y estuvo cautivo durante 15 días.

Un tucanete culirrojo, observado por científicos durante un estudio realizado en el valle del río Magdalena en Colombia el pasado diciembre. FELIPE VILLEGAS / COLCIENCIAS / INSTITUTO HUMBOLDT

Ahora, después de 52 años de guerra, Colombia está recuperando el control de grandes extensiones de tierra —muchas de ellas ricas en biodiversidad— que antes habían sido zonas de guerra. En el pasado mes de junio, las FARC renunciaron a las armas tras firmar un histórico acuerdo de paz con el Gobierno colombiano. El Ejército de Liberación Nacional, la última fuerza rebelde activa, sigue negociando. Y a medida que regresa la paz, científicos como Cuervo salen a bandadas hacia regiones remotas para llevar a cabo investigaciones y lanzan iniciativas de conservación.

Mucho depende de los esfuerzos que se están llevando a cabo después del conflicto para proteger los bosques y las tierras silvestres de Colombia mientras se explotan de forma sostenible sus recursos naturales. Los científicos que colaboran con las principales instituciones de investigación, universidades y ministerios de medio ambiente colombianos están trabajando rápidamente para inventariar y proteger estas áreas para la conservación y el desarrollo sostenible, lo que podría beneficiar a la necesitada población rural, antes de que una avalancha de madereros y mineros ilegales invada estas regiones recién accesibles.

Durante los últimos 18 meses, nueve grandes expediciones de observación biológica se llevaron a cabo en zonas claves de todo el país —algunas de ellas inexploradas— como parte del proyecto BIO en Colombia. Otras 11 expediciones más están previstas para el próximo año. El objetivo es estudiar e inventariar aves, mamíferos, insectos, plantas e incluso microbios del suelo en estas regiones poco estudiadas, así como establecer bibliotecas genómicas. Los científicos afirman que el fin del conflicto ha puesto de relieve una paradoja medioambiental en Colombia: aunque la guerrilla causó daños ecológicos al destruir bosques para plantar drogas y al hacer volar conductos de petróleo y gas, su presencia también protegió grandes territorios de Colombia del desarrollo.

Aunque la guerrilla causó daños ecológicos, su presencia también protegió grandes territorios de Colombia del desarrollo

“La vuelta al campo nos ayuda a enviar un mensaje a la sociedad de que todavía tenemos una biodiversidad saludable”, señala Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, una fundación de investigación con sede en Bogotá, y añade: “Podemos crear cambios desde cero. También tenemos la oportunidad de eliminar prácticas que eran claramente insostenibles, pero que no pudimos abordar por el conflicto”.

La identificación de la riqueza biológica de las muy diversas regiones de Colombia —desde sus costas tropicales y selvas amazónicas hasta los ecosistemas altoandinos— es esencial para ayudar a los dirigentes del país a tomar decisiones fundamentadas respecto a la conservación y el desarrollo sostenible. Según estimaciones por parte de científicos, cerca de un tercio de las plantas de Colombia tienen valor económico —principalmente en el desarrollo de productos farmacéuticos—, lo que podría beneficiar a las economías rurales a medida que los investigadores llevan sus descubrimientos al laboratorio. Los ecologistas afirman que Colombia también cuenta con un enorme potencial de ecoturismo.

Cuervo, actualmente director de colecciones biológicas del Instituto Humboldt, pasó en abril del 2017 10 días con otros 30 científicos y residentes locales en una expedición de biodiversidad en Vichada, una llanura en la cuenca oriental del Orinoco en Colombia. Mailyn González, bióloga del Instituto Humboldt, cuenta que en Santander, una zona montañosa en el noreste de Colombia que alguna vez fue una zona de penetración de los combatientes antigubernamentales, se sentía segura entre los residentes locales durante una expedición enmarcada en el proyecto BIO en el 2016. “Lo podías leer en sus ojos”, comenta, destacando la acogida que recibió de los ganaderos y labradores, que ahora trabajan como guías.

En una expedición a la región montañosa de Santander en el noreste de Colombia, los científicos exploran una de sus numerosas cuevas. FELIPE VILLEGAS / COLCIENCIAS / INSTITUTO HUMBOLDT

González dejó Colombia a los 16 años por el conflicto guerrillero. Obtuvo su doctorado en Europa y regresó hace unos pocos años. Manifiesta: “Ya no tenemos miedo. Nos gustaría generar una nueva identidad [para Colombia], que se vea de otra manera, y no como un país marcado por la violencia. Así que tenemos que informar a la gente local de que tiene otras oportunidades”.

Los resultados preliminares de las recientes expediciones de investigación han documentado muchas especies nuevas y endémicas. Durante una expedición de 10 días a un ecosistema único del cañón del río Melcocho en Antioquia, en el centro-norte de Colombia, un equipo de 37 científicos y locales descubrió seis especies que no habían sido descritas previamente, entre ellas una rana y un ratón de bosque; redescubrieron dos especies consideradas extinguidas y 16 especies endémicas. En Caquetá, en una zona de transición entre las montañas y la selva amazónica, investigadores del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas de Colombia – Sinchi registraron 41 especies endémicas y 47 posibles nuevas especies.

Los nuevos descubrimientos contribuyen en gran medida a llenar las lagunas de conocimiento. Colombia tiene en total solo 4,4 millones de registros en la Infraestructura Mundial de Información en Biodiversidad (GBIF: Global Biodiversity Information Facility), pero el número aumenta cada día. En cambio, México, que ocupa el quinto lugar en el mundo por su biodiversidad, detrás de Colombia, tiene 13 millones de registros en la GBIF, lo que indica cómo la guerra civil colombiana afectó a la investigación. Descubrir las zonas inexploradas es importante porque Colombia es el segundo país del mundo en biodiversidad (después de Brasil), con un asombroso 10% de todas las especies de fauna y flora del planeta. Colombia tiene 311 zonas ecológicas diferentes y la mitad de sus hábitats naturales permanecen intactos.

En las antiguas zonas de conflicto, los grupos armados causaron importantes daños ecológicos, principalmente como consecuencia de la deforestación para la producción ilegal de drogas, de la extracción de oro y la consiguiente contaminación por mercurio, así como de las voladuras de oleoductos y gasoductos. Pero la presencia de los rebeldes también limitó la invasión humana. En algunas zonas, las guerrillas —a menudo con violencia y estrictos códigos de conducta— administraban bosques y protegían ríos.

Muchos ecologistas temen que la preservación de las zonas naturales pueda salir perjudicada ante la presión por explotar sus recursos

Hoy en día, muchos ecologistas temen que la evaluación ambiental y la preservación de las zonas naturales puedan salir perdiendo frente a la presión por explotar sus recursos. La deforestación y la minería ilegal de oro están avanzando en todo el país, y la construcción de carreteras que acompaña a estas actividades probablemente contribuirá a su desarrollo posterior. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) de Colombia, la deforestación aumentó un 44% en 2016 después de que las FARC dejaran de controlar los bosques, especialmente en la región amazónica.

La especie de rana Boana wavrini, encontrada en la región Vichada de Colombia. FELIPE VILLEGAS / COLCIENCIAS / INSTITUTO HUMBOLDT

En Guaviare, una provincia escasamente poblada que se extiende por las llanuras orientales y partes de la selva amazónica, la deforestación ha sido rampante a medida que unas facciones renegadas de las FARC, poderosos intereses económicos y narcotraficantes han llenado el vacío dejado por los rebeldes. Los bosques se están talando para cultivos de coca y extensos ranchos de ganado, según el Instituto de Investigaciones Amazónicas de Colombia – Sinchi. Nuevas leyes para proteger la selva existen solo sobre el papel pero no se cumplen.

“Creemos que podemos frenar la deforestación para la ganadería e impedir que la agricultura penetre aún más en la selva”, señala Marco Antonio Fonseca, que asesora al Gobierno en la administración posterior al conflicto en Guaviare e intenta proveer ingresos alternativos a los cultivadores de coca. “Pero no es la ganadería ni la agricultura la enemiga de la selva. Se trata de cómo organizar a la gente en proyectos productivos en esta zona. No se hace simplemente con decretos gubernamentales, sino que hay que cambiar la mentalidad de la sociedad. Es necesario dar poder a la gente”.

A pesar de las protecciones nuevas y existentes, se ha producido una degradación en algunas de las zonas más vulnerables. En Chocó, en la costa del Pacífico de Colombia, los pequeños mineros criban metales preciosos junto con excavadoras industriales; al menos el 60% de ellos operan ilegalmente. Los mineros han destruido 1.700 hectáreas de selva tropical a lo largo del río Quito desde el 2014, contaminando las aguas con sedimentos y mercurio, según un equipo internacional de científicos y ONG. En Putumayo, en el suroeste de Colombia, la deforestación contribuyó a que se produjeran deslizamientos de tierra que mataron a 254 personas en abril. Y en la reserva forestal de la Serranía de San Lucas, donde unas 30.000 personas viven de la minería, la policía nacional cerró el año pasado minas ilegales de oro y esmeraldas, destruyó excavadoras y confiscó fusiles AK-47.

Colombia es el segundo país con mayor número de desplazados internos, después de Siria, y mucha gente se gana la vida en las zonas rurales

Uno de los retos en la realización de investigaciones o en el intento de proteger zonas de conservación, como los parques nacionales, es la creciente presencia humana. Durante medio siglo de conflicto en Colombia, se calcula que unas 220.000 personas fueron matadas; 35.000, secuestradas, y 5 millones de colombianos se vieron obligados a huir de sus hogares. Es el segundo país con el mayor número de desplazados internos, después de Siria, y mucha gente se gana la vida en las zonas rurales, aprovechando cualquier recurso a su alcance. La mitad de los parques se encuentran en tierras de posconflicto, y muchos de ellos todavía no están asegurados porque siguen siendo refugios para los desplazados por la guerra. Los residentes locales que viven en los parques continúan cultivando coca y pastando su ganado. Reubicarlos es un objetivo clave del Gobierno.

“Aún no estamos en paz”, explica Julia Miranda, directora del Sistema de Parques Nacionales de Colombia, que cuenta con apenas 1.000 empleados, y agrega: “Tenemos problemas con los guerrilleros y disidentes de las FARC que no fueron parte del acuerdo. También preocupan las guerrillas que no aceptaron el acuerdo, el ELN y los narcoterroristas. A mediados de septiembre, las cabañas en el parque nacional natural de Tinigua fueron incendiadas y los agentes guardabosques recibieron amenazas de muerte, al parecer de miembros renegados de las FARC”.

HAGA CLIC EN EL MAPA PARA AMPLIAR. Muchas de las reservas nacionales de Colombia se encuentran en áreas donde tuvo lugar el conflicto durante los 52 años de guerra civil. DEPARTAMENTo administrativo de ciencia, tecnología e innovación de colombia (COLCIENCIAS)

 

Desde el 2010, el Gobierno ha duplicado la superficie de los parques nacionales a casi 285.000 km2. Prevé proteger la Serranía de San Lucas para enero y ampliar el parque nacional de Chiribiquete en el sur de Colombia para finales de año. Chiribiquete, con un tamaño comparable al de Bélgica, ya es el parque nacional más grande de Colombia; es conocido por sus paisajes escarpados, especies de aves y mariposas, arte precolombino y tribus indígenas. El aumento propuesto coincidirá con la ampliación de una reserva indígena que mejorará la conectividad biológica en el Amazonas.

Baptiste, la directora del Instituto Humboldt, está trabajando para integrar la ciencia y la conservación en la reforma rural. “La conservación durante los tiempo de conflicto en Colombia se basó en la idea clásica de áreas protegidas sin gente, de paisajes prístinos donde toda la vida silvestre pudiera prosperar”, arguye. Disponemos de un sistema de zonas protegidas interesante y bien diseñado, pero gran parte de las tierras salvajes está densamente poblada. Esa gente vive allí a causa del conflicto y el desarrollo la pasa por alto. Así pues, lo que hay que hacer es crear una alianza y llegar a un acuerdo con la población local para proporcionarles ingresos y medios de vida básicos”.

Se espera que los resultados obtenidos de los hallazgos del proyecto BIO de Colombia se completen en dos años. Los patrocinadores internacionales que trabajan con los parques nacionales están creando un fondo llamado Patrimonio Natural (Heritage Colombia) para apoyar el desarrollo del turismo, asegurar una gestión sensata de la tierra y promover la conservación a largo plazo.

Miranda, la directora de los parques nacionales naturales, no está de acuerdo con quienes proponen contratar a excombatientes de las FARC para proteger parques y reservas forestales hasta que los proyectos de desarrollo rural se hayan cumplido. “No estoy del todo convencida de que los excombatientes serán las mejores personas para trabajar con los agentes guardaparques”, opina. Si pienso en la mejor gente para contratar y formar parte de los parques nacionales, pienso en los campesinos residentes en el parque, para que abandonen o cambien sus actividades y trabajen para su conservación”.

 

El Centro Pulitzer para la Cobertura Informativa de Crisis (Pulitzer Center on Crisis Reporting) contribuyó a este artículo con una ayuda financiera.

 

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Lisa Palmer

ACERCA DE LA AUTORA
Lisa Palmer es periodista freelance y escritora, y vive en Maryland. Escribe sobre energía, Cambio Climático, medio ambiente y empresas sostenibles para publicaciones como Slate, Scientific American y The Guardian. Los fondos para redactar este artículo provienen de una subvención de la Solutions Journalism Network Palmer ya escribió para e360 el artículo Peabody Energy’s expansion into an uncertain overseas coal market