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09-02-2017 : Artículo

Descifrar las innumerables causas de la cortina de contaminación del norte de la India

Una nube de polución de color marrón cubre con frecuencia gran parte del norte de la India. Es un creciente problema medioambiental y de salud, y los científicos están trabajando para entender sus múltiples causas, que van desde la quema de residuos agrícolas hasta las emisiones de los automóviles.

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En una reciente mañana de invierno, la carretera de salida de Varanasi, la ciudad más sagrada de la India, era un remolino formado por el humo de los tubos de escape y el polvo de las obras. La niebla que ha paralizado el tráfico durante un par de días se ha levantado y todo el mundo vuelve a ponerse en marcha. Pero sigue habiendo una neblina, los campos de trigo se extienden bajo la sombría contaminación. A medida que nos acercamos a la ciudad industrial de Kanpur, a unos 320 km al noroeste, el aire se vuelve más espeso por la contaminación. Por el camino pasamos por hornos de ladrillos y montones de basura. A lo lejos se divisan algunas chimeneas. La vegetación al lado de la carretera estaba recubierta de polvo y ceniza.

Durante años, la contaminación atmosférica en la India ha sido vista como un problema, principalmente en Nueva Delhi, sobre todo después de que en el 2014 la Organización Mundial de la Salud situara a la capital de la India en la cima de su lista de ciudades mundiales más contaminadas. Pero, como muestran los nuevos datos, los habitantes de Delhi no están solos. Un informe de diciembre del IndiaSpend, una iniciativa periodística independiente basada en datos, descubrió que Varanasi tenía el aire más tóxico del país, seguida de cerca por otras ciudades del norte de la India como Allahabad, Patna y Kanpur. El aire es tan malo en Varanasi que de los 227 días en los se midió la calidad del aire en el 2015, ninguno cumplió los estándares de calidad atmosférica nacional.

La combinación de una geografía única y el aumento de las emisiones ha contaminado el aire en la mayoría de las ciudades del norte de la India y, de hecho, también a lo largo de toda la llanura indogangética, que se extiende desde Pakistán por toda la India hasta Bangladesh. Esta cortina de contaminación no es ningún descubrimiento nuevo, los científicos identificaron por primera vez un manto de neblina en esta región en la década de los noventa. Pero los estudios han demostrado que la contaminación aumentó dramáticamente durante la pasada década, con alarmantes efectos sobre la salud humana, lo que supone una disminución considerable de la esperanza de vida.

La nueva investigación también sugiere que el problema es más complejo de lo que se había creído. La mezcla tóxica emana no solo de los principales contaminadores como los vehículos y las centrales eléctricas de carbón, sino también de una sorprendente variedad de fuentes; entre ellas, la quema de residuos agrícolas y de desechos así como la combustión de estiércol y otros combustibles para cocinar y calentar. Todo ello contribuye a elaborar “una sopa regional de contaminación atmosférica”, explica Chandra Venkataraman, especialista en aerosoles del Indian Institute of Technology de Bombay.

Esta vasta nube marrón de contaminación se desplaza por lo alto de la atmósfera y se extiende hasta Nepal e incluso a través de la gran barrera de los Himalayas hasta el Tibet. Y lo está afectando todo, desde las cosechas locales del trigo hasta las lluvias monzónicas. La nueva investigación también muestra que los contaminantes de esta neblina regional podrían incluso llegar hasta la baja estratosfera, lo que para el clima regional supondría unos efectos aún desconocidos.

Las vidas de los habitantes de Nueva Delhi se han reducido en una media de 6,3 años por culpa de la contaminación atmosférica.

El coste de esta nube tóxica se ha convertido ahora en el foco de atención. La contaminación atmosférica acorta la vida de los habitantes de la India en una media aproximada de 3,4 años, según un estudio realizado el año pasado por el Indian Institute of Tropical Meteorology y el National Center for Atmospheric Research, en Colorado. Esa cifra era mayor para el norte de la India, lo que incluye a los habitantes de Nueva Delhi, cuya expectativa de vida se han reducido en una media de 6,3 años por culpa de la contaminación atmosférica. Según el estudio, la exposición a las materias particuladas con un tamaño de 2,5 micrones o inferior —partículas finas que se infiltran en los pulmones fácilmente— ocasionó unas 570.000 muertes en la India en el 2011, de las cuales un 42% se produjeron en la región indogangética. Otro estudio realizado en Nueva Delhi reveló que la contaminación atmosférica puede tener efectos irreversibles en la función pulmonar de los niños.

Los estudios muestran que el incremento de contaminación en el ozono también está destruyendo millones de toneladas de cultivos en el norte de la India, ya que el ozono a nivel del suelo penetra en las hojas y daña el metabolismo de las plantas. También existen indicios de que la contaminación atmosférica pueden estar afectando al clima local: el aumento de las emisiones se ha relacionado con un aumento de la niebla, la causa de los colapsos de tráfico tan habituales en los últimos inviernos.

Varanasi se encuentra en el estado de Uttar Pradesh, en el centro de la densamente poblada cuenca indogangética. El rápido desarrollo económico y el crecimiento de la población han aumentado los niveles de contaminación en el pasado decenio. Gran parte de la población rural de la cuenca, donde reside más del 40% de las 1.200 millones de habitantes de la India, aún quema leña y estiércol para cocinar, lo que emite hollín y otras partículas.

Datos de la NASA indican que las emisiones de dióxido de nitrógeno de vehículos, plantas eléctricas e industrias en el sur de Asia han crecido vertiginosamente entre el 2005 y el 2014, aunque los aumentos más altos se han producido en la llanura indogangética. Los niveles de dióxido de azufre se han duplicado en el mismo período debido al número creciente de centrales eléctricas de carbón.

La geografía también supone un factor importante en este foco de contaminación indogangética. La llanura es interior, con los Himalayas evitando que gran parte de dicha contaminación atmosférica se extienda hacia el norte, lo que crea un efecto de valle, indica Sachchidanand Tripathi, científico en el Indian Institute of Technology de Kanpur.

Las estaciones aportan su propia influencia. En primavera, el polvo irrumpe desde el desierto de Thar, añadiendo grandes partículas naturales a la mezcla. En invierno, todo se junta para crear picos de contaminación. Dominan las finas partículas de la quema de cosechas y las industrias. Los vientos fríos del noroeste hacen bajar las temperaturas. El aire se calma y la capa límite —la parte de la atmósfera más cercana a la tierra— cae, lo que confina la contaminación a la superficie de la tierra. La gente pobre empieza a quemar leña y basura para calentar su hogar, lo que sigue alimentando la neblina. “Cada ciudad es una columna de humo, atrapada”, dice Tripathi.

Un espeso río de neblina en la llanura indogangética en enero del 2016, el resultado de una combinación de contaminación urbana e industrial, agrícola y de los fuegos para cocinar, y un fenómeno meteorológico conocido como inversión térmica. NASA

En el pasado, la acción del gobierno se ha centrado en reducir la contaminación industrial y vehicular. Pero últimamente, otras fuentes se han sometido a escrutinio. Una es la quema de basura y hojarasca, una práctica muy presente en las ciudades indias. La quema de basura en las carreteras de la India genera un “arco iris” de toxinas debido a la variedad de materia orgánica y material plástico, según un estudio realizado en el 2016 por investigadores de la Universidad Duke (Duke University). Otro estudio, publicado en octubre, descubrió que la quema de residuos municipales era el principal responsable de la sedimentación de las partículas y la decoloración de la superficie del Taj Mahal.

La quema generalizada de biomasa por parte de los agricultores produce algunos de los mismos gases tóxicos que las emisiones industriales y vehiculares, afirma Vinayak Sinha, profesor asociado de Ciencias de la Tierra y Química en el Indian Institute of Science Education and Research. “La quema de combustibles fósiles al menos se trata antes de su emisión, existen depuradoras”, explica. Y añade: “Pero con la quema al aire libre no hay una pérdida real entre lo que se emite y lo que se transfiere a la atmósfera”.

Al monitorizar durante dos años el aire alrededor de los campos de la región del Punjab, cerca de Delhi, Sinha y su equipo han descubierto que las quemas tras la cosecha generan casi el doble de la media diaria de concentraciones de un tipo de gases conocidos como compuestos orgánicos volátiles, como el benceno y el tolueno. El estudio constató que las concentraciones anuales de benceno, un conocido carcinógeno, habían sobrepasado los límites de seguridad, aumentando así el riesgo de padecer cáncer tanto en niños como en adultos.

El equipo llevó a cabo otro estudio, en el que descubrió que la quema de cosechas también generaba unos niveles más altos de ozono superficial. La sustancia es perjudicial para la salud de las vías respiratorias; lo que también es una mala noticia para la agricultura en una región conocida como el “granero de la India”. Un estudio del 2014 del Indian Institute of Tropical Meteorology estimó que en el 2005 los estados con mayor producción agrícola —incluidos los estados del norte de la India— perdieron 3,5 millones de toneladas de trigo y 2 millones de toneladas de arroz debido al daño causado por el ozono. El estudio calculó que los daños en los cultivos causados por el ozono provocaron una pérdida equivalente a lo supondría alimentar a 94 millones de personas.

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Las emisiones urbanas contribuyen al ozono superficial, lo que, por supuesto, también destaca la naturaleza interconectada del problema. “Mientras que el foco se encuentra principalmente en las ciudades, las emisiones procedentes de las zonas circundantes también afecta a la ciudad”, afirma Prakash Bhave, experto en calidad del aire del International Center for Integrated Mountain Development, un instituto de investigación intergubernamental en Katmandú. Y añade: “Y las emisiones procedentes de las ciudades de la planicie afectan a toda la región”.

Por ejemplo, una parte significativa de la contaminación atmosférica de Lumbini, en Nepal, el lugar de nacimiento de Buda y una importante atracción turística, proviene de la India, según un estudio realizado el año pasado. En ese caso, indica Bhave, “reducir las emisiones locales no va a servir de mucho”.

Nuevas investigaciones también apuntan a un intrigante, y provisional, vínculo entre la contaminación y la niebla invernal. Los estudios realizados por el laboratorio de Tripathi en el Indian Institute of Technology de Kanpur indican que los altos niveles de finas partículas podrían estar aumentando la frecuencia y la densidad de la niebla. Las partículas contaminantes tienden a formar gotas de niebla más finas, lo que dispersa más la luz y reduce la visibilidad. Pero la niebla parece que también está modificando dichas partículas para que absorban más humedad, explica Tripathi, lo que forma más gotas de niebla.

La investigación sugiere que los aerosoles de la neblina que cubre esta región están alterando la cantidad de lluvia y los lugares donde llueve.

También se está estudiando el posible vínculo con las lluvias monzónicas. La investigación sugiere que los aerosoles —partículas sólidas y finas y gotas líquidas que incluyen polvo, hollín y sulfatos— de la neblina que cubre esta región están alterando la cantidad de lluvia y los lugares donde llueve. Los aerosoles, como por ejemplo los sulfatos, desvían la luz solar, por lo que se enfría la tierra y se debilita el monzón. Pero otros, como el hollín, absorben la radiación, lo que a su vez calienta la atmósfera y contribuye potencialmente a incrementar las precipitaciones. El impacto global puede ser un incremento de la lluvia monzónica temprana en el norte de la India, mientras que se observan sequías en algunas partes de la India central. Dichos cambios podrían ser fatales: la agricultura de la India es fundamentalmente de secano.

Estos aerosoles también están llegando a más altura de lo que se esperaba. Recientemente, los científicos de la NASA han confirmado la existencia de una capa de aerosol que se extiende a través de la India y China, a la altura de la tropopausa, en la frontera entre la troposfera y la estratosfera. Los científicos suponen que los contaminantes que se acumulan en verano a lo largo de los dos países se arremolinan y alcanzan hasta la estratósfera inferior por la fuerza masiva del sistema de convección del monzón de verano. Dicha capa se disipa después de las lluvias. Antes, según el científico de la NASA Jean-Paul Vernier, se pensaba que solo las erupciones volcánicas podían lanzar los aerosoles a tanta altura.

En un seminario sobre la calidad del aire que se celebró en Varanasi en diciembre, un administrador de la ciudad se quejó a los expertos que estaban reunidos: “No necesitamos más datos que nos digan cuál es el problema. Lo vemos todos los días. Lo que queremos saber es: ¿cuál es la solución?”.

Pero los investigadores afirman que los nuevos datos son clave para encontrar soluciones. “Lo que no se estudia, no se entiende”, dice Sinha.

Por ejemplo, en Nueva Delhi, que ha vivido repetidas restricciones en el uso de vehículos, un informe encargado por el gobierno el año pasado reveló que, en invierno, la quema de biomasa genera un 26% de pequeñas partículas; el polvo del suelo y las carreteras genera un 27% en verano, y la quema de basura representa del 7% al 9% durante todas las estaciones.

Por ello, combatir las emisiones de las industrias, los vehículos y las centrales eléctricas es solo parte de la solución, afirma Venkataraman. Otras soluciones serían eliminar la quema de los residuos de la cosecha y la basura, y promover la energía limpia para cocinar, ya que la quema de biomasa para cocinar en las casas no solo contamina el aire, sino que representa un gran peligro para la salud.

“Nuestras unidades de monitoreo del aire están ubicadas en centros urbanos”, comenta Venkataraman. Y concluye: “El historial de los lugares en los que realizamos las mediciones nos está llevando a ciertas conclusiones. Pero esas suposiciones deben verificarse”.

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Vaishnavi Chandrashekhar

ACERCA DE LA AUTORA
Vaishnavi Chandrashekhar, que vive en Mumbai, ha trabajado como periodista y editora en The Times of India y en The Christian Science Monitor. Su trabajo también se ha publicado en The Daily Beast, The Guardian y en la versión en línea de The New York Time. Chandrashekhar colaboró en 2012 con Panos South Asia como experta en el cambio climático.