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11-03-2014 : Informe

Criar insectos: los agricultores pueden ayudar a recuperar a los polinizadores

Con una gran reducción en el número de insectos polinizadores, se anima a los agricultores a cultivar plantas de flor capaces de retener a estos insectos tan importantes. Se trata de un nuevo movimiento que podría ayudar a recuperar a los polinizadores, imprescindibles para la producción mundial de alimentos.

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En los últimos años, Richard Rant ha permitido a los investigadores introducir hileras de flores silvestres entre las plantas de arándanos de su granja familiar de West Olive, en Míchigan. Esta práctica forma parte de un experimento para comprobar si las flores silvestres pueden estimular a estos insectos polinizadores y, de algún modo, empezar a invertir la reducción mundial de insectos beneficiosos. Se trata también de un esfuerzo pionero en el movimiento emergente para persuadir a los agricultores para que críen insectos como si se tratase de un cultivo.

Las malas noticias, incluso desde la pesimista óptica medioambiental, son las que impulsan este movimiento. Los insectos polinizan el 75% de las cosechas destinadas directamente a la alimentación humana mundial y suponen unas ganancias para la agricultura de 210 mil millones de dólares. Sin embargo, ahora las abejas no abundan, según un estudio de la Universidad de Reading (University of Reading), que señala que en Europa faltan 13,6 millones de colonias para polinizar sus cosechas. Los agricultores tampoco cuentan con los polinizadores naturales como un sistema seguro. Un estudio de 2011 tomó muestras de cuatro especies de abejorros de Norteamérica y detectó que se habían reducido un 96% en el último siglo. En China, la disminución de abejas silvestres ha forzado a los agricultores a polinizar a mano la flor de los manzanos con la ayuda de pinceles.

abeja en una flor de Calliopsis

Ashley Bennett, MSU

Las plantas autóctonas entre las cosechas pueden atraer a polinizadores como esta abeja en una flor de Calliopsis.

La gran reducción del número de insectos beneficiosos también ha afectado a especies que consideramos parte de nuestra herencia cultural. La pasada semana, los investigadores anunciaban que la cantidad de mariposas monarcas, que ya se encontraba bajo mínimos históricos, de nuevo se reducía a la mitad en el recuento anual en lugares de hibernación de México, lo que dejaba la migración emblemática de las monarcas ahora “en serio peligro de desaparición”.

Actualmente, el movimiento para hacer que los agricultores aumenten la población de insectos beneficiosos, en los Estados Unidos, a no más de algunas decenas de millones de hectáreas de plantaciones de polinizadores, está subvencionado en gran parte por los gobiernos federal y estatal. A través del Natural Resources Conservation Service, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) actúa conjuntamente con la Xerces Society y otros grupos de conservación para transmitir el mensaje a los agricultores y ayudarlos con los aspectos técnicos: cómo aumentar los insectos beneficiosos y cómo conseguir que les paguen por ello. El USDA añadió hace poco un componente polinizador a las explotaciones agrícolas además de pagar a través de su Programa de Reservas para la Conservación. Hay otros programas parecidos que también se están desarrollando como parte de los proyectos agroambientales de la Unión Europea, el programa Landcare en Australia y la Iniciativa Polinizadora Internacional de las Naciones Unidas.

Un agricultor de Míchigan ha detectado que en sus nuevos terrenos de flores silvestres hay gran cantidad de abejas y otros polinizadores.

El experimento que se llevó a cabo en la finca de arándanos de Richard Rant —parte de un estudio de investigación del entomólogo Rufus Isaacs, de la Universidad Estatal de Míchigan (Michigan State University)— es un ejemplo de lo que puede suceder cuando los esfuerzos obtienen buenos resultados. No se espera que se publiquen los resultados del estudio hasta finales de este año, pero, como mínimo para Rant, parece que la plantación para los polinizadores ha funcionado. Este observó que los terrenos de flores silvestres se llenaban no solo de abejas y otros polinizadores sino también de avispas, mariquitas, crisopas y escarabajos depredadores conocidos por atacar al tipo de plagas de insectos que dañan los arándanos. Por su cuenta, empezó a añadir cultivos de cobertura floral —alforfón, soya, mostaza, alfalfa y trébol— en los espacios de 3 metros de ancho que había entre las hileras de arándanos, de modo que algo florecería durante el periodo de crecimiento.

Como pocos insectos dañinos se dejaron caer en estas trampas, Rant fue reduciendo gradualmente los insecticidas; de 10 o 12 veces por estación pasó a utilizarlos de 2 a 3 veces algunos años. El 80% del ahorro en insecticidas, comenta, fácilmente sumaba entre 5.000 y 6.000 dólares al año. Y no solo redujo la factorización del trabajo y el combustible del tractor, sino que también redujo a más de la mitad el número de colmenas de abejas que necesitaba alquilar durante el periodo de polinización —un gran ahorro ya que los precios de alquiler se han disparado desde que la población de abejas se ha desplomado. Rant está ahora tan emocionado con la idea de criar insectos que le gustaría que floreciera algo directamente debajo de sus arándanos, de modo que los insectos beneficiosos no tuvieran que viajar tan lejos.

Sin embargo, otros agricultores todavía no se han hecho a la idea, y la superficie protegida o mejorada para los insectos beneficiosos es todavía insignificante en el contexto de la expansión global y la intensificación de la agricultura. En los Estados Unidos, la superficie protegida por el Conservation Reserve Program, por ejemplo, se ha continuado reduciendo de manera espectacular, tanto por el recorte de gastos del Congreso como por el mandato federal para el combustible de etanol, que ha hecho aumentar el precio del maíz y ha animado a los agricultores a labrar en sus terrenos más marginales cultivos en hileras. Desde 2008 hasta 2011, de acuerdo con un estudio elaborado por el Environmental Working Group, esta expansión acabó con 9,55 millones de hectáreas de pradera, humedales y montes —un área superior a Indiana— que producía insectos beneficiosos de manera natural.

Las mariposas monarcas han perdido 68 millones de hectáreas de hábitat en América del Norte desde 1996.

Además de la creciente enorme dependencia a los herbicidas para eliminar la mala hierba, Orley R. “Chip” Taylor de la Universidad de Kansas (University of Kansas) calcula que las mariposas monarcas —el ejemplo modelo de los insectos beneficiosos— han perdido 68 millones de hectáreas de hábitat en Norteamérica desde 1996. En muchos sitios, el algodoncillo que necesitan para producir la siguiente generación simplemente ha desaparecido.

Gary Nabhan, ecologista de Arizona y coautor de Forgotten Pollinators, dice que la población de Estados Unidos está dispuesta a pagar por la recuperación de los insectos beneficiosos, aunque el Congreso no piense lo mismo. Se refiere a un estudio de 2013 en el que los americanos indicaron que estaban dispuestos a realizar aportaciones familiares que en total sumarían 6,6 mil millones de dólares únicamente para evitar la migración de la mariposa monarca. “Pero los consumidores, los abogados de la conservación y grupos de agricultores todavía no tienen claro qué mecanismos son los mejores para invertir en los polinizadores y otros insectos beneficiosos que afectan a su propia producción de alimentos y salud.”

Puede resultar caro. Conseguir la mezcla adecuada de semillas de flor silvestre y preparar un sitio puede llegar a costar entre 1.500 y 2.000 dólares un acre, según Mace Vaughan, director del programa sobre polinización para Xerces. Dependiendo del estado, los programas del gobierno pueden cubrir el 50-75% del coste, pero aun así todavía es necesaria una gran inversión por parte de los agricultores.

Las plantaciones de flores silvestres no son la única técnica de la que disponen los agricultores. En la Universidad de California (University of California) en Berkeley, una investigación dirigida por Claire Kremen ha demostrado que los setos vivos de arbustos autóctonos y flores silvestres también son un gran salto para la abundancia y variedad en la polinización, con el efecto de que se extienden 100 metros hacia los campos adyacentes. No obstante, alcanzar el punto de equilibrio de los setos vivos puede suponer ocho años, y solo entonces el agricultor puede empezar a ver alguna recompensa. Y todo ello incluyendo las subvenciones del gobierno, comenta Kremen. Algunos agricultores experimentan con técnicas más simples —por ejemplo, proporcionando tubos de bambú, o bases con agujeros perforados, como hábitat para las abejas cortahojas, abejas Osmia lignaria, abejas de las orquídeas, y otros polinizadores salvajes.

El policultivo, al contrario que el monocultivo, también debería conseguir una amplia recuperación de los polinizadores, pero requeriría más cambios en la agricultura moderna. Ya funciona a pequeña escala en el valle de Salinas, en California, comenta Kremen, donde los productores se dedican a abastecer los mercados de agricultores y tienden a “tener algunas hileras de esto, algunas hileras de aquello”, con igual 20 cultivos distintos creciendo en un terreno de 4 hectáreas. Sin embargo, la venda es mucho más dura en el valle Central de California, donde la agricultura intensiva a gran escala significa que puede haber floración casi durante una semana, pero ni una flor en 8 quilómetros en ninguna dirección dos semanas más tarde. Así pues, los abejorros y otros polinizadores autóctonos escasean en esa zona. Una solución práctica podría ser organizar plantaciones de cultivo convencional en zonas contiguas más pequeñas, de modo que siempre haya algo floreciendo desde la primavera hasta el otoño. Pero esto conllevaría ajustar el régimen de pesticidas convencional y reconsiderar un sistema de distribución de alimentos que ahora se dirige a la agricultura de monocultivo. Y estos cambios solo son probables si los agricultores ven que los beneficios dependen de ellos.

El simple hecho de pagar a un agricultor para producir polinizadores no lo compromete realmente con la conservación.

“Lo que necesitamos ahora son estudios como los que está llevando a cabo Rufus Isaacs [de la Estatal de Míchigan (Michigan State University)]” con los agricultores de arándanos, “que demuestran que si los agricultores aplican planes de biodiversidad, se beneficiarán de ellos sin que los ciudadanos tengan que pagar por ello”, afirma David Kleijn, de la Universidad de Waginengen (Waginengen University).

“El simple hecho de pagar a un agricultor para que produzca polinizadores no hará que se implique de lleno en la conservación”, según Kleijn, “pero si puede demostrar a sus vecinos que mejorando el hábitat para los polinizadores en sus tierras es capaz de incrementar su cosecha en un 5%, podrá alardear de ello. Por eso, al tratar la biodiversidad, debemos servirnos mucho más de estos aspectos psicológicos”.

Los incentivos motivados por el mercado, como el programa Conservation Grade de Gran Bretaña, serían un medio de pago alternativo para la recuperación de los polinizadores. Las empresas de cereales que llevan a cabo este programa pagan a los agricultores para que les cedan un 10% de sus tierras y acuerdan un meticuloso protocolo de plantación para el hábitat de los polinizadores, los pájaros, etc. Por los inconvenientes, los agricultores obtienen un precio más elevado por su cosecha y el comprador vende el producto a los consumidores con la etiqueta “respetuoso con el medio ambiente”.

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Pero hasta ahora, este tipo de programas parece que solo funcionan en empresas pequeñas. Se necesitan empresas más ambiciosas para afrontar lo que se ha convertido en un reto mundial.

“Esto es totalmente distinto a lo que los conservacionistas habían propuesto a la gente hasta ahora”, dice Gary Nabhan, y añade: “No tiene nada que ver con salvar pandas o ballenas grises, ni con hábitats impecables. Es mucho más sutil y complejo. Se refiere a interacciones y relaciones ecológicas, no solo a especies. No puedes salvar a las mariposas monarca sin salvar también a los algodoncillos. Y eso a la gente le cuesta de entender.”

Hay gente, especialmente los agricultores, a quien le cuesta mucho poner las palabras “beneficioso” e “insecto” en una misma frase. En este sentido, Nabhan afirma que conseguir que los agricultores y la gente en general se impliquen en la recuperación de los polinizadores significaría un verdadero punto de inflexión para el movimiento conservacionista, y mucho más para los agricultores modernos.

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Richard Conniff
ACERCA DEL AUTOR Richard Coniff es un escritor ganador del premio National Magazine Award, cuyos artículos han aparecido en las revistas científicas Time, Smithsonian, The Atlantic, National Geographic, así como en otras publicaciones. Ha escrito varios libros, entre ellos The Species Seekers: Heroes, Fools, and the Mad Pursuit of Life on Earth. En artículos anteriores para Yale Environment 360, ha escrito sobre el precio de los servicios del ecosistema y sobre los nuevos avances que podrían ayudar a producir cultivos de alimentos que pudieran prosperar pese a los cambios climáticos.