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22-04-2014 : Informe

Consumo insostenible de pescado y marisco: medidas más severas contra la pesca ilegal

Un informe reciente nos revela que una gran cantidad de pescado y marisco que se vende en los mercados de Estados Unidos se pesca de forma ilegal. En los últimos meses, gobiernos y reguladores internacionales han llevado a cabo una serie de medidas con el objetivo de detener el contrabando de pescado en el mercado ilegal.

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Cuando hablamos de tráfico ilegal de animales salvajes, seguramente toda esa mercadería brillante apelotonada sobre el hielo del mostrador del mercado de pescado —desde el salmón hasta el cangrejo ruso— no es lo primero que nos viene a la cabeza. Pero el 90% del pescado de los Estados Unidos es importado, y según un nuevo estudio de la revista Marine Policy, hasta un tercio de ese pescado se pesca de forma ilegal o sin la documentación pertinente.

El término técnico es pesca IUU (por sus siglas en inglés, que significan: ilegal, no documentada y no regulada), pero organizaciones tan dispares como Greenpeace y el Partido Republicano de los Estados Unidos, todo menos aliados, lo denominan pesca pirata. Empresas de pescado, supermercados y consumidores se ven envueltos en este comercio tan problemático como lo es el tráfico de colmillos, de cuernos de rinoceronte o de huesos de tigre.

Richard Conniff/Autoridad australiana de gestión pesquera

Tripulación de una embarcación de pesca ilegal en la costa australiana pintando un nombre nuevo para evitar acciones judiciales.

Dicho estudio nos indica cuáles son algunas de esas atroces violaciones: hasta un 40% del atún importado a los Estados Unidos desde Tailandia es ilegal o no documentado, seguido de un 45% de las importaciones de abadejo desde la China y de un 70% de las importaciones de salmón. (Ambas especies posiblemente se han pescado en aguas rusas y se han trasportado por mar hasta China para ser procesadas.) Es muy probable que el camarón salvaje de México, Indonesia y Ecuador sea ilegal, y que parte del camarón salvaje ilegal se comercialice como camarón de cultivo.

La Unión Europea ha prohibido recientemente la importación de pescado desde Belice, Camboya y Guinea

En los últimos meses, agencias del Gobierno y reguladores marítimos internacionales han empezado a aplicar contramedidas para detener el comercio ilegal. A finales del mes pasado, la Unión Europea prohibió la importación de pescado procedente de Belice, Camboya y Guinea, alegando que estos países venden banderas de conveniencia —unos registros que no tienen nada que ver con la ubicación de los propietarios reales— y encima se niegan a cooperar en la lucha contra la pesca ilegal. La Unión Europea también ha sacado “tarjeta amarilla” a Curasao, Ghana y Corea del Sur en señal de advertencia.

A principio de mes, el Senado de los Estados Unidos, país que se sitúa detrás de Europa en la lista de importadores ilegales, aprobó cuatro tratados con el objetivo de limitar las importaciones ilegales de pescado. El más importante es el acuerdo adoptado por 11 estados costeros que se comprometen a bloquear la entrada a sus puertos a barcos extranjeros sospechosos de practicar la pesca ilegal. Este tratado aún requiere la aprobación de otros 14 países, lo que significa que pasaran algunos años antes de que surta efecto.

Finalmente, la Organización Marítima Internacional (IMO) aprobó en diciembre el siguiente requisito: cada pesquero de 100 toneladas o más debe tener un número de identificación, como el número de identificación de vehículo de los coches. Los cargueros ya poseen números IMO, que los acompañan desde que reposan sobre la quilla hasta que terminan en el desarmadero. “Aplicar dicho sistema a los pesqueros dificultaría el camuflaje de las capturas ilegales mediante el intercambio con otras embarcaciones de distintas compañías o con diferentes banderas de conveniencia”, afirma Tony Long, director del proyecto para detener la pesca ilegal (Ending Illegal Project Fishing) para The Pew Charitable Trusts. También supondrá cerrar la laguna legal que ha permito utilizar los pesqueros para el contrabando de droga, el tráfico de armas y otras actividades criminales.

El número de identificación permanente y el cierre de los puertos a algunas embarcaciones se consideran dos de los tres pasos más importantes que hay que aplicar para reducir el comercio ilegal. Pero el tercer paso —crear un sistema internacional de seguimiento de embarcaciones para controlar dónde y cuándo dichas embarcaciones están pescando— será más complicado de lograr.

El objetivo de un sistema internacional de seguimiento sería asegurarse de que los minoristas pudieran decir qué pesca cada barco y dónde

“Los sistemas de seguimiento de embarcaciones (o VMS) ya existen en algunos sectores pesqueros,” informa Long, y añade: “pero crear un VMS a nivel global significaría un gran avance.” La mayoría de barcos ya disponen de sistemas de información automatizados que notifican sus datos básicos (como el nombre, el rumbo y la velocidad) a los barcos cercanos. Pero a menudo los pesqueros los apagan cuando están trabajando en aguas ilegales. Transbordar la pesca ilegal en alta mar de una embarcación a otra con el objetivo de hacerla pasar por legal es también una estrategia habitual. Un sistema satelital a escala mundial facilitaría bastante la detección de este tipo de engaños.

“Ahora, todos nuestros esfuerzos están puestos en atrapar a los malos. Nos pasamos el 80% o el 90% del tiempo intentando atrapar al 10% o al 20% de los que no cumplen las normas. Por eso queremos un sistema en el que la gente que cumple la ley y no realiza transbordos en alta mar, pueda trabajar sin problemas. Es todo cuestión de transparencia”, indica Long. Por otro lado, si una embarcación que no cumple las normas “llega con la bodega llena de pescado y todos los puertos le prohíben la entrada, esto les supone dinero. Se tendría que invertir la carga”.

“El último objetivo”, según Long, “es implementar un sistema en el que los vendedores al por menor puedan decir qué y dónde pesca cada barco. Hoy en día esto no es posible, pero no es imposible en el futuro.” Su equipo está trabajado actualmente en la “trazabilidad” con las cadenas de supermercados, incluyendo Metro Group. También espera cooperar con los bancos y las compañías de seguros para que comprueben que las embarcaciones que financian o aseguran no estén involucradas en la pesca pirata.

A falta de control en todo el proceso desde la pesca hasta la cocina, el estudio de la revista Marine Policy sobre la ilegalidad generalizada en los mercados de pescado importado añade más confusión para los consumidores. Un gran número de estudios llevados a cabo en el código de barras genético han demostrado que el pescado que se vende en Estados Unidos muchas veces no procede de las especies que se indican en la etiqueta —el pez de roca se sustituye por pargo rojo o el marrajo por pez espada. Hace poco, la preocupación por la desaparición del bacalao y otras especies en peligro de extinción ha empujado a los consumidores a adaptar sus compras a los índices de sostenibilidad, como el del Consejo de Gestión Marina (Marine Stewardship Council) o el Acuario de la Bahía de Monterey (Monterey Bay Aquarium). Pero el estudio de Marine Policy nos desvela que las variedades de pescado que pensábamos que se pescaban de forma sostenible, en realidad podrían proceder del contrabando.

El estudio nos desvela que las variedades de pescado que pensábamos que se pescaban de forma sostenible, en realidad pueden proceder del contrabando

Por supuesto, todo esto es importante principalmente por los posibles efectos que podría tener en el sector pesquero. Aproximadamente un 85% de toda la pesca comercial está siendo explotada hasta su límite biológico máximo o incluso superándolo, según Tony J. Pitcher, investigador pesquero de la Universidad de Columbia Británica (University of British Columbia) y coautor del nuevo estudio. El hecho de no poder calcular la cantidad de pesca ilegal, y mucho menos detenerla, hace imposible imaginarse cuál debe ser el porcentaje de pesca legal. Aparte de eso, los pesqueros ilegales suelen saltarse todas las limitaciones sobre el tipo de engranaje, los métodos y sitios de pesca, lo que la mayoría de veces provoca un gran número de muertes de delfines, tortugas, tiburones y demás pesca accidental.

Según el nuevo estudio, los pequeños barcos que trabajan con redes agalleras capturando camarones en las aguas de Baja California (México) son la principal causa de muerte de la marsopa de California, una pequeña marsopa endémica del golfo de California conocida por ser el mayor mamífero en peligro de extinción del mundo, con una población de solo unos 200 ejemplares.

El tráfico ilegal también puede tener graves consecuencias para los pescadores legales. En 2012, por ejemplo, la captura ilegal del cangrejo ruso no solo sobrepasó el total de la captura de Alaska, sino que suscitó las quejas de los pescadores de Estados Unidos por la caída de su precio en un 25%. En lo que llevamos de siglo, solo los pesqueros rusos han supuesto un coste aproximado de 560 millones de dólares al sector pesquero de Estados Unidos. Los expertos han calculado el coste total de la pesca ilegal entre 10 y 23,5 mil millones de dólares al año.

Los expertos afirman que los consumidores pueden colaborar exigiendo a las pescaderías que indiquen la procedencia del pescado que venden

La alta participación de informantes en el nuevo estudio de la revista Marine Policy sugiere que la industria pesquera está preparada para incrementar su transparencia. “Había un sorprendente número de persones de la industria que sentían cierta incomodidad al verse involucradas en el comercio ilegal”, afirma Pitcher. Esto es debido, en parte, a la preocupación por el futuro del sector pesquero.

Según el autor Pramod Ganapathiraju: “Todos los minoristas tienen el mismo problema. ‘Actualmente capturo unas 20.000 toneladas de pargo de Indonesia y no sé qué cantidad capturaré dentro de 5, 10 o 20 años, porque hay muchos países pescando ahí y muy poco control sobre la pesca ilegal. Pero no tengo ningún otro lugar donde poder conseguir este tipo de pescado’, afirman los pescadores.”

Ganapathiraju opina que los consumidores pueden colaborar exigiendo a las pescaderías que indiquen la procedencia del pescado que venden y que documenten la legalidad de sus capturas. En los Estados Unidos también es de gran ayuda comprar a proveedores nacionales, incluso locales, ya que la pesca de Estados Unidos se gestiona de forma más sostenible que en muchos otros países. “Sabes qué pesquero está pescando o bien es fácil rastrearlo. Se parece bastante a un mercado agrícola.”

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Finalmente, afirma que el gobierno de Estados Unidos necesita incrementar la mano de obra en los principales puertos para controlar las importaciones de pescado. Todo el pescado que llega en contenedores requiere un control especial, puesto que los traficantes a menudo utilizan las importaciones legales para esconder en el mismo contenedor las que son ilegales. “Los importadores y los vendedores serán más cuidadosos sobre el origen del pescado que venden, ya que aumentan las posibilidades de ser atrapados y considerados culpables de quebrantar la ley, intencionadamente o no”, afirma Ganapathiraju.

En 2011, por ejemplo, agentes federales llevaron a cabo una redada en una importante empresa de pescado en Seattle y confiscaron 112 toneladas de cangrejo ruso capturado de forma ilegal en Rusia. Aunque no confesó el hecho, al final la empresa Harbor Seafood renunció a 2,75 mil millones de dólares por su participación en la transacción. En otra ocasión, en 2004, los Estados Unidos llevaron a prisión a los propietarios de un negocio pesquero de Georgia por realizar capturas ilegales de langosta de roca en Sudáfrica durante más de 14 años. El año pasado, después de una década de apelaciones sobre este caso, por primera vez un juez de Estados Unidos ordenó el pago de una indemnización a un gobierno extranjero. Los culpables, que han escapado del país, se enfrentan ahora a un pago de 29 millones de dólares al gobierno de Suráfrica.

Este tipo de imposición podría conseguir que, al final, el mar abierto estuviera menos abierto, y que la pesca pirata fuera el equivalente moderno de un crimen antiguamente castigado con la horca.

Corrección: 23 de abril de 2014. Una versión anterior de este artículo apuntaba erróneamente que el Proyecto para detener la pesca ilegal (Ending Illegal Fishing Project) colaboraba con Whole Foods, Costco y Trader Joe’s.

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Richard Conniff

ACERCA DEL AUTOR
Richard Coniff es un escritor ganador del premio National Magazine Award, cuyos artículos han aparecido en las revistas científicas Time, Smithsonian, The Atlantic, National Geographic, así como en otras publicaciones. Ha escrito varios libros, entre ellos The Species Seekers: Heroes, Fools, and the Mad Pursuit of Life on Earth. En artículos anteriores para Yale Environment 360, ha escrito sobre el precio de los servicios del ecosistema y sobre los nuevos avances que podrían ayudar a producir cultivos de alimentos que pudieran prosperar pese a los cambios climáticos.