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08-10-2013 : Informe

Con el aumento de las arenas bituminosas crece la preocupación por el uso del agua

Las cuestiones ambientales en cuanto al incremento masivo de las arenas bituminosas en Canadá se centraron durante mucho tiempo en la emisión de gases con efecto invernadero. Actualmente, la preocupación por las enormes cantidades de agua usadas por la industria petrolífera y su impacto en la vasta cuenca de río Mackenzie va en aumento.

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La oposición a la extracción minera de las arenas bituminosas de Alberta –y a los oleoductos de Keystone y Gateway, que transportarían el petróleo al Golfo de México y al océano Pacífico– se ha centrado en las emisiones de gases con efecto invernadero de ese proyecto y amenaza a los entornos intactos por donde pasa el oleoducto.

Pero todavía hay otra cuestión muy seria que está ganando importancia: las enormes cantidades de agua dulce usadas por la industria. En 2011, las compañías que exploraban las arenas bituminosas drenaron cerca de 370 millones de metros cúbicos de agua solo del río Athabasca, agua calentada y transformada en vapor para separar el aceite viscoso, o betún, de las formaciones arenosas. Esta cantidad excede el volumen de agua que la ciudad de Toronto, con una población de 2,8 millones de habitantes, usa anualmente.

Pero, a diferencia de los habitantes de Toronto, las compañías que extraen las arenas bituminosas no pagan nada por esa agua. Todo lo que necesitan es una licencia de la provincia de Alberta. Ni siquiera la limpian después de reciclarla y bombearla a los acuíferos subterráneos o balsas de residuos, que ahora cubren un territorio de 170 kilómetros cuadrados –66 millas cuadradas– en el norte de Alberta.

“En ningún lugar del planeta se está usando tal cantidad de agua subterránea para el desarrollo industrial.”

Un número creciente de científicos y economistas cree que la industria de las arenas bituminosas ya alcanzó un punto de inflexión en su dependencia tanto del agua de superficie como la subterránea. Argumentan que la duración y la dimensión de esas desviaciones están secando zonas húmedas, interrumpiendo flujos de agua y, potencialmente, amenazando los hábitats ribereños a lo largo de miles de kilómetros de la corriente de la cuenca de río Mackenzie, que drena un 20 por ciento del agua de Canadá.

“En ningún lugar del planeta se está usando tal cantidad de agua subterránea para el desarrollo industrial”, afirma William Donahue, un científico especializado en agua dulce, abogado y consejero especial de Water Matters, un comité de expertos basado en Alberta. “La escala de ese consumo es enorme y completamente insostenible”.

Henry Vaux, economista de recursos naturales de la Universidad de California (University of California), en Riverside, y autor principal de un informe reciente sobre la cuenca del río Mackenzie, publicado por el Foro Internacional Rosenberg sobre la política hidrológica, señala que ha llegado la hora de afrontar el problema de la explotación del agua por parte de la industria de las arenas bituminosas.

“Es un escenario alarmante”, comenta Henry Vaux, cuyo informe relaciona el elevado uso del agua por las compañías de arenas bituminosas con las alteraciones perjudiciales en la cuenca del río Mackenzie, incluyendo la contaminación del agua, la destrucción de humedales y las alteraciones en los patrones de drenaje en la cabecera del río Mackenzie. “Teniendo en cuenta el ritmo de expansión de la industria, será mucho peor en el futuro”.

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Balsa de residuos

David Dodge/Pembina Institute

Una balsa de residuos relacionados con las actividades del gigante de la exploración de arenas bituminosas Syncrude Canada, de Alberta.

Para producir un barril de petróleo a partir de las arenas bituminosas, la industria afirma que, normalmente, necesita entre 0,4 y 3,1 barriles de agua dulce. En 2008 se alcanzó una producción diaria de 1,31 millones de barriles de petróleo, a partir de arenas bituminosas. Se prevé que la producción se duplique hacia 2018, ascendiendo a tres millones de barriles por día, con el consecuente agotamiento del agua en el río Athabasca y en los acuíferos del norte de Alberta. Además de retirar agua de otras fuentes, las empresas de arenas bituminosas están autorizadas a desviar 652 millones de metros cúbicos de agua del Athabasca, el doble del volumen usado actualmente.

Hasta hace algunos años, la mayor parte del betún de las arenas bituminosas se obtenía a través de la minería a cielo abierto, que implica el secado de pantanos, la desviación de corrientes, la tala de bosques y residuos de extracción. Según los últimos cálculos, se estaban minando más de 640 kilómetros cuadrados de tierra de esta forma. Las arenas llenas de betún se transportaban a una fábrica de extracción, en la que se usa agua caliente para separar el petróleo.

Sin embargo, en los últimos años, aumentó la minería de arenas bituminosas in situ, que requiere la inyección de vapor en depósitos de arenas bituminosas demasiado profundos para la minería en superficie. El petróleo se recupera a través de un proceso de drenaje de gravedad asistida en el que el vapor y los disolventes se bombean a la zona superior del depósito de arenas bituminosas. Una vez ahí, el betún se calienta, se diluye y, a continuación, fluye hacia la parte inferior del depósito, donde es bombeado de nuevo a la superficie.

La minería a cielo abierto de arenas bituminosas no devuelve casi nada del agua que usa al ciclo natural, porque es tóxica y, por consiguiente, objeto de una política de cero vertidos. Aunque se recicla un gran porcentaje de aguas residuales, la mayor parte acaba en balsas de residuos. Las aguas residuales de los procesos in situ se reinyectan rutinariamente en acuíferos más profundos.

Hay indicios de que se están contaminando las reservas de agua de superficie y subterránea.

Steve Wallace, jefe de la Unidad de Gestión de Aguas Subterráneas de la provincia de Alberta, dice que el agua extraída del río Athabasca por esta industria es de cerca del 1 % de la corriente del río, pero se prevé que esta cifra ascienda a un 2,5 % con el aumento de la producción. Reconoció que este porcentaje es generalmente mucho más alto en los períodos de bajo caudal, y un informe del Pembina Institute, una institución sin fines lucrativos indica que la minería de arenas bituminosas puede llegar a consumir un 25 % del agua del río en estos períodos de escasez de agua.

Wallace señala que se lograron grandes progresos en cuanto al almacenamiento y conservación del agua en la zona de las arenas bituminosas desde que el Gobierno provincial aprobó nuevas leyes en 2006. Una de estas leyes limita la cantidad de agua que la industria puede usar en períodos de bajo caudal. El año pasado, los gobiernos de Alberta y Canadá anunciaron un plan conjunto para promover el control medioambiental de la contaminación del agua, aire y tierra de la región de las arenas asfálticas hacia 2015.

Los representantes de la industria y del gobierno han sostenido durante mucho tiempo que los contaminantes de las balsas de residuos no se filtran a las aguas subterráneas, como afirman algunos científicos, ecologistas y líderes de comunidades indígenas. Pero el número de pozos de control de aguas subterráneas que el gobierno de Alberta tiene en la región de las arenas bituminosas es insuficiente. Y, según un informe reciente de un grupo de expertos de la Royal Society of Canada, tampoco existe en el lugar una estructura regional hidrogeológica que evalúe los impactos acumulativos de la industria de las arenas bituminosas sobre la calidad del agua subterránea.

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Balsa de residuos

David Dodge/Pembina Institute

Una balsa de residuos, en primer plano, y una fábrica de procesamiento de arenas bituminosas de Syncrude Canada, al fondo.

En cambio, hay indicios de que se están contaminando las reservas de agua de superficie y subterránea. Un memorando interno del Gobierno de Canadá, preparado por el Ministerio de Recursos Naturales, en junio de 2012, describe como la geocientífica Martine Savard y 18 colegas detectaron “contaminantes ácidos orgánicos relacionados con la minería, potencialmente peligrosos, en el agua subterránea procedentes de una balsa de residuos creada hace mucho tiempo”. En el estudio, Savard y sus colegas señalan que los ácidos pueden llegar al río Athabasca en pequeñas cantidades.

Donahue, de Water Matters, afirma que la limpieza de las aguas subterráneas contaminadas es a veces imposible o excesivamente costosa, debido a la complejidad de los acuíferos y a la naturaleza dinámica de los canales subterráneos, algo que la Agencia de Protección Medioambiental de los EE. UU. aprendió cuando intentó limpiar varias zonas contaminadas (Superfund).

Henry Vaux, de la Universidad de California, en Riverside ( University of California, Riverside), apunta que el posible colapso o ruptura de un dique de las balsas de residuos es otra amenaza importante.

“Uno de esos diques va a acabar cediendo; no existe ningún dique que dure para siempre”, dice y continúa: “Si eso pasa durante el invierno, cuando el río Athabasca está cubierto de hielo, no habrá forma de remediar la situación. El agua contaminada fluirá por un largo camino”.

“Uno de esos diques va a acabar cediendo; no existe ningún dique que dure para siempre”, afirma un experto.

En las últimas semanas, Canadian Natural Resources Ltd. no ha sido capaz de parar las fugas subterráneas de petróleo de una explotación in situ. La fuga ha contaminado un lago, un  bosque y humedales en sus plantas en Cold Lake.
En julio, Peter Lee, de Global Forest Watch Canada, y Kevin Timoney, de Treeline Ecological Research, publicaron un estudio, en el que demostraron que los registros de contaminación medioambiental por arenas bituminosas de la provincia son incompletos y están repletos de errores. Dicen que se aplicaron medidas coercitivas en menos del uno por ciento de los más de 4.000 casos de infracción de una condición operativa cometida por una planta de arenas bituminosas.
David Zetland, autor del blog Aguanomics y economista del agua, defiende el proyecto del oleoducto Keystone XL, porque cree que el petróleo de las arenas bituminosas se transportará de una forma u otra; el oleoducto, argumenta, es mejor que usar camiones o trenes. Pero cree que permitir que la industria de las arenas bituminosas use el agua gratis y que las compañías reinyecten el agua contaminada en el suelo o en las balsas de residuos es un error muy grave.

“Los días de las reservas de agua en abundancia están acabando, incluso en Canadá”, dice Zetland. “La solución es hacer que las personas paguen por el agua”.

A principios de este año, dos satélites operados por la NASA y por el Centro Aeroespacial Alemán revelaron, como dato sorprendente, que la región de las arenas bituminosas y una gran área aguas abajo aparecieron como zona de pérdidas significativas de agua. Los satélites gemelos forman parte de un programa conocido como GRACE, Gravity Recovery and Climate Experiment, que mide el campo de gravedad de la Tierra de una forma que, entre otros aspectos, permite a los científicos estimar mejor las ganancias y las pérdidas de reservas de agua, incluyendo el agua subterránea.

James Famiglietti, director del Centro de Modelos Hidrol ógicos de la Universidad de California (University of California Center for Hydrologic Modeling) y autor de un mapa de la zona de depleción, advirtió de que se tenía que hacer más para determinar lo que está provocando la depleción. Entre las causas posibles se encuentra el consumo excesivo de agua por parte de la industria de las arenas bituminosas, pero también el rebote posglacial, que se encuentra activo en la región, así como la disminución de las reservas de agua subterránea debido a las alteraciones climáticas. Pero Famiglietti observó que “si el volumen de agua usado por la producción de arenas bituminosas es tan grande como admite la industria, es muy probable que los satélites GRACE puedan detectarlo”.

Incluso las personas relacionadas con la industria apuntan a una posible escasez en el suministro cuando la producción se triplique.

Incluso personas relacionadas con la industria apuntan a una posible escasez en el suministro cuando la producción se triplique. Clement Bowman es exvicepresidente de Esso Petroleum y expresidente del Alberta Research Council así como exdirector de Investigación del gigante de arenas bituminosas Syncrude Canada. Recientemente ha sido coautor de un documento en el que él y sus colegas examinaron los problemas relacionados con la calidad y cantidad de agua en las zonas de arenas bituminosas de Canadá.

“Hay que resolver los problemas del agua relacionados con la industria canadiense de arenas bituminosas, como el uso a gran escala del agua y la eliminación problemática del agua contaminada”, afirman Bowman y sus coautores. Concluyen que cobrar por el agua y vender derechos sobre su uso son la mejor forma de garantizar la seguridad del agua para la industria, lo que contribuye a un equilibrio entre los impactos medioambientales y sociales. Afirman que el status quo “no anima a las compañías privadas a desarrollar y usar nuevas tecnologías para reducir el consumo del agua”.

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El Aumento de la producción de petróleo a partir de arenas asfálticas impulsa la construcción de un oleoducto septentrional (Artículo en inglés)

El rápido desarrollo de las arenas bituminosas de Alberta condujo a la presentación de la propuesta de construcción de un oleoducto de aproximadamente 1.175 km de longitud, que transportaría petróleo a la costa de la Columbia Británica. Tal como Ed Struzik informó el año pasado, el proyecto ha sido cuestionado por ecologistas y líderes de las comunidades indígenas, que temen los riesgos medioambientales que conlleva.
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Vaux duda que el Gobierno de Alberta esté dispuesto a fijar un precio por el agua. Señala que “los representantes del Gobierno y de la industria no se pronuncian cuando se habla del asunto”.

Vaux dice que es necesario establecer fianzas de cumplimiento, en las que la industria reserva dinero para arreglar futuros daños ambientales. Vaux también defiende que, considerando el actual sistema fragmentado y a veces autorregulado, el Gobierno federal de Canadá, el Gobierno de Alberta, los Territorios del Noroeste y las comunidades indígenas necesitan adoptar una estrategia coordinada y científica para la gestión del agua en la zona de las arenas bituminosas.
Comenta: “No se presta suficiente atención al problema del agua en la cuenca del Mackenzie. Es una pena porque las desviaciones afectan a una gran parte del territorio. No es solo el norte de Alberta, sino también el sistema de la cuenca del río que sustenta a los indígenas y los hábitats de peces y de fauna silvestre hasta el mar de Beaufort”.

Corrección, 5 de Agosto de 2013: Una versión anterior de este artículo contenía una información incorrecta sobre el volumen diario de producción de petróleo a partir de arenas bituminosas en la región de Alberta en 2008. La producción, en aquel año, fue de 1,31 millones de barriles de petróleo por día.

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Ed Struzik

ACERCA DEL AUTOR
El escritor y fotógrafo canadiense Ed Struzik lleva tres décadas escribiendo sobre el Ártico. En artículos anteriores para Yale Environment 360, escribió acerca de cómo el deshielo marino podría ejercer nuevas presiones en la pesca en el Ártico y cómo el deshielo del Ártico está cambiando el modo de vida del pueblo inuit, los esquimales canadienses.