English

18-04-2017 : Análisis

Como siempre, negocios: el resurgimiento de la deforestación en la Amazonia brasileña

Después de años de signos positivos, la deforestación en la Amazonia brasileña está avanzando, con un fuerte aumento en el 2016. Mientras que las poderosas fuerzas económicas promueven el desarrollo, el Gobierno debe adoptar medidas para proteger la selva tropical más grande del mundo.

por

Una zona de selva amazónica recién talada en el norte de Brasil. DANIEL BELTRÁ / GREENPEACE

La Amazonia brasileña tiene el tamaño de Europa Occidental, y en los 41 años que he vivido en la región y trabajado en los problemas de la deforestación, se ha arrasado un área más grande que Francia. A lo largo de décadas, he visto como los ciclos económicos, las oscilaciones en los precios de las materias primas y la especulación del suelo han supuesto altos y bajos en la tala de la Amazonia, alcanzando el récord de destrucción en 1995: unos 30.000 kilómetros cuadrados, un área del tamaño de Bélgica sacrificada a las madereras, los ganaderos y los agricultores.

Cuando la tasa anual de deforestación de la Amazonia brasileña cayó de unos 30.000 kilómetros cuadrados en el 2004 hasta los 4.400 kilómetros cuadrados en el 2012 —una disminución del 84%— sentía sin duda cierto alivio. Pero había visto demasiada destrucción en el Amazonas para celebrarlo. Lamentablemente, estos descensos ampliamente publicitados han creado no solo la impresión entre la comunidad ecologista internacional de que la deforestación amazónica finalmente fuera disminuyendo. También ha generado una peligrosa ilusión en la capital, Brasilia: la creencia de que la deforestación estaba completamente bajo control y que, por lo tanto, el gobierno podía construir carreteras, presas y otras infraestructuras en la Amazonía, sin consecuencias para la mayor selva tropical del mundo.

Claramente, eso resultó no ser así. La deforestación ha continuado al alza desde el 2012, con un notable aumento del 29% en la tasa de talas en el 2016. Ahora, una vez más, poderosas presiones económicas y de desarrollo se ciernen sobre la Amazonia brasileña, agravadas por una preocupante realidad: el impresionante auge del poder político de los ruralistas, una coalición de terratenientes, productores de soja y otros pesos pesados en la economía con un gran interés en adentrarse en la Amazonia con proyectos de “desarrollo” y de infraestructuras.

Es cierto que las tasas de deforestación en la Amazonia brasileña suben y bajan, pero las diversas fuerzas políticas y económicas que constantemente están deteriorando la selva suelen ser las mismas. Y no cambiarán hasta que el Gobierno de Brasil en conjunto muestre una verdadera determinación para proteger esta región vital, que juega un papel esencial en la regulación del clima de la tierra, lo que queda corroborado por el actual resurgimiento de la deforestación.

Si bien el control de la deforestación hoy en día es indudablemente mejor de lo que era en el 2004, gran parte de la disminución de la deforestación desde el 2004 hasta el 2012 puede explicarse por otros factores, y no es atribuible a una mejor gobernanza. El descenso hasta el 2007 —un 70% del total hasta el 2012— está causado prácticamente por las fuerzas del mercado, principalmente por la caída de los precios de los principales productos de exportación como la soja y la carne de vacuno. Esta situación se ha visto agravada por un 80% de aumento en el valor del real brasileño respecto al dólar estadounidense, lo que ha hecho que las exportaciones sean menos rentables para los terratenientes, cuyos gastos se pagan en moneda brasileña mientras que las ganancias de las exportaciones son en dólares.

En la Amazonia brasileña, se ha perdido un área del tamaño de Francia a causa de la deforestación desde el 2016. PHILIP FEARNSIDE

A partir del 2008, los precios de las materias primas se recuperaron, pero la deforestación continuó su descenso en el 2012, lo que indica que algo había cambiado. El cambio más obvio fue la resolución que en 2008 adoptó el Banco Central de Brasil de conceder créditos para la agricultura y la ganadería, con la condición de no tener multas pendientes por deforestación ilegal. A diferencia de las multas, contra las que, según parece, se puede interponer un recurso tras otro y que a menudo no se pagan nunca, la denegación del crédito es inmediata, no se puede recurrir, y afecta directamente a los principales actores más ricos en el proceso de deforestación. La desaceleración de la deforestación fue sobre todo resultado de la reducción de las talas que llevaban a cabo los grandes terratenientes, que tenían que arreglárselas con restricciones de crédito de los bancos públicos, a diferencia de los pequeños agricultores.

Así pues, ¿qué hay detrás del constante aumento en la deforestación desde el 2012? Ese año se caracterizó por la promulgación de una ley que socavaba en gran medida el Código Forestal de Brasil, eliminando restricciones importantes sobre la deforestación, especialmente en la Amazonia, y hacía más fácil obtener el permiso oficial para talar legalmente los bosques. Y debido al aumento sin precedentes de la influencia política de los terratenientes ruralistas, el código indultó las talas ilegales realizadas hasta el 2008, lo que creó la expectativa de futuras “amnistías”. Los precios de la soja también repuntaron en el 2012, alcanzando brevemente el nivel (corregido por la tasa de inflación) del 2004 y alentando a los agricultores a despejar más tierras.

TAMBIÉN EN YALE E360

Los proyectos emprendidos por China en materia de energía, minería, explotación forestal, agricultura e infraestructura están teniendo un impacto medioambiental sin precedentes en el planeta, incluido en el Amazonas.
LEER MÁS

El aumento de la deforestación en los últimos cinco años no debería cogernos por sorpresa, dado que los factores subyacentes a la tala de bosques continúan creciendo año tras año. Cada año hay más gente en la región amazónica, puesto que hay más carreteras que penetran en la selva, más inversiones en agricultura y ganadería, y más proyectos de gran envergadura, como las presas hidroeléctricas. Las áreas alrededor de las presas en el río Madeira (Santo Antônio, cuyo embalse se llenó en el 2011, y Jirau, llenado en el 2013) y el río Xingu (Belo Monte, llenado en el 2015) han sido lugares de gran deforestación. También lo ha sido la carretera de Santarém a Cuiabá, que está siendo reconstruida para transportar la soja de Mato Grosso a los puertos con acceso al río Amazonas.

Aunque continúan existiendo los antiguos motivos de la deforestación, como la especulación de las tierras, el blanqueo de dinero y la adquisición de tierras, ya sea obteniendo el título legal de propiedad de la tierra o bien ocupándolas y evitando que sean invadida o confiscadas, con o sin un título legal. Todo ello se suma a una economía libre para vender productos agrícolas con fines de lucro. Durante ese período se abrieron nuevos mercados internacionales para la carne de Brasil, con un constante aumento de las exportaciones hasta el 2016, antes de que estallara el escándalo a raíz de una inspección de la carne y se prohibiera su comercialización (presumiblemente temporal) en el 2017. El avance de la soja en los antiguos pastizales para el ganado en el estado de Mato Grosso, incluidas algunas zonas que originariamente eran sabanas en lugar de selva tropical, ha inducido a los ganaderos a vender sus tierras y reinvertir las ganancias en comprar y talar zonas forestales donde la tierra es barata, adentrándose en la región amazónica.

Comprender el aumento de deforestación del año pasado es importante para prever qué medidas tendrán que adoptarse para limitar la tala de bosques. Un factor importante en el 2016 fue la incertidumbre política durante y después del procedimiento de destitución de la presidenta Dilma Rousseff, que se vio obligada a dar un paso al lado cuando empezó su juicio en mayo del 2016, el cual culminó en su acusación formal en agosto pasado por manipular el presupuesto federal para ocultar los problemas económicos del país. Esta convulsión abrió la puerta a la rápida promulgación de iniciativas legislativas para eliminar las restricciones ambientales, una tendencia que ha continuado después de la transferencia formal de poderes presidenciales al actual líder de Brasil, Michel Temer.

‘Es una prioridad urgente establecer áreas protegidas, y estas deben crearse ahora, antes de que los colonos y los inversores lleguen a las regiones hasta ahora imperturbadas.’

Aunque otros factores económicos pueden haber contribuido al aumento de la deforestación, su magnitud permite concluir que también tiene que ver con el rápido crecimiento del poder político de los ruralistas, que ya había empezado mucho antes del derrocamiento del Gobierno liderado por Dilma Rousseff. El actual ministro de Agricultura, Blairo Maggi, es el mayor productor de soja de Brasil. En el 2005, cuando era gobernador de Mato Grosso, Greenpeace lo distinguió con el premio “Motosierra de oro” por ser la persona más culpable de la deforestación amazónica.

El Ministro de Justicia, Osmar Serraglio —que controla el organismo responsable de las tierras indígenas—, fue el congresista más poderoso detrás de una enmienda constitucional propuesta para despojar a la agencia de la autoridad para crear reservas indígenas, una iniciativa ampliamente considerada como un revés para los esfuerzos de conservación de las selvas tropicales. Serraglio también ha luchado para arrebatar al Ministerio de Medio Ambiente la facultad de crear reservas naturales. La facción ruralista también controla ambas cámaras del Congreso Nacional y lidera la coalición gubernamental en ambas cámaras.

No existe única solución para la incesante destrucción de la selva amazónica. Se necesitan una serie de medidas, que se dividen en tres categorías: los esfuerzos para prevenir la deforestación; la detención de las acciones gubernamentales que fomentan la deforestación y la oferta de alternativas para los que dependen de la agricultura para subsistir —un grupo que no incluye a la industria agraria, los ganaderos o a los “grileiros” (grandes usurpadores ilegales de tierras). El valor de los servicios ambientales de la región es una fuente potencial de fondos que he estado promoviendo durante más de tres décadas. Estos servicios incluyen mantener la biodiversidad, evitar el calentamiento global y reciclar el agua que proporcionan las lluvias no solo en la Amazonía, sino también en São Paulo y los países vecinos de Brasil. Pero a pesar de algunos progresos conseguidos, esta alternativa a la actual economía destructiva, necesaria para cambiar el curso del desarrollo, aún se encuentra en una fase incipiente.

Es una prioridad urgente establecer áreas protegidas, y estas deben crearse ahora, antes de que los colonos y los inversores lleguen a las regiones hasta ahora imperturbadas. Pero en lugar de crear reservas, el gobierno y sus aliados ruralistas están reduciéndolas y revocándolas. Un ejemplo de ello es el estado de Amazonas, donde los representantes del Congreso están trabajando para rescindir partes de un mosaico de reservas en la parte sur del Estado, uno de los puntos más importantes de la deforestación.

El Ministerio de Medio Ambiente y otros organismos necesitan refuerzos, ayuda financiera y respaldo político. El fracaso en conseguirlo es una de las razones que explican el actual resurgimiento de la tala de bosques. El Ministerio de Medio Ambiente siempre está en la cola de las prioridades cuando se asignan recursos del escaso presupuesto estatal. Esto ha reducido las inspecciones de la deforestación ilegal y ha dificultado los esfuerzos por crear y defender las áreas protegidas.

‘El gobierno brasileño subvenciona la deforestación ofreciendo préstamos a bajo interés para la agricultura y creando poblados.’

Pero el problema va más allá. Responder a las malas noticias sobre la deforestación siempre significa pasar el problema al Ministerio del Medio Ambiente, mientras que el resto del Gobierno se muestra impasible. Pero una multitud de acciones gubernamentales han llevado a una mayor deforestación, y estas acciones deben reconocerse y detenerse. El Gobierno subvenciona la deforestación ofreciendo préstamos a bajo interés para la agricultura y la ganadería (y perdonando las deudas cuando surgen problemas); creando poblados; eximiendo de impuestos a las exportaciones sin importar los daños; ofreciendo más terreno e investigación para ampliar el cultivo de soja, el pastoreo del ganado y favoreciendo una “gestión” forestal insostenible, así como construyendo y manteniendo carreteras y otras infraestructuras para transportar los productos.

La apertura de carreteras desata inevitablemente una masiva invasión de tierras, una especulación con tierras y deforestación que rápidamente se escapa del control del gobierno. Un claro ejemplo de ello es la reapertura prevista de la abandonada carretera de Manaus a Porto Velho, que, junto con las carreteras de enlace existentes y planificadas, abriría aproximadamente la mitad de lo que queda de selva amazónica en Brasil a los productores de soja, los ganaderos, los madereros y otros partícipes en el infame “arco de deforestación”, que se extiende a lo largo del borde meridional de la región.

Por lo tanto, la respuesta a la intensificación de la deforestación debería incluir la cancelación de algunos importantes proyectos de infraestructura, con un alto potencial para catalizar una mayor tala de bosques. Desgraciadamente, frenar estos proyectos de desarrollo no es la tendencia actual, que se caracteriza por una explosión de propuestas legislativas para debilitar o suprimir las licencias ambientales a favor de proyectos de infraestructura “estratégicos”, como las carreteras y presas.

Si el gobierno brasileño, con la ayuda de la comunidad internacional, no se toma en serio el hecho de controlar las fuerzas de desarrollo destructivo, entonces, independientemente de los periodos de crecimiento y descenso de la deforestación, esta magnífica selva tropical —década a década— continuará desapareciendo.

, , ,

Philip Fearnside

ACERCA DEL AUTOR
Philip Fearnside, ecologista del Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia (INPA) de Manaos, Amazonas, Brasil. Ha vivido y trabajado en Brasil durante más de 30 años y es una de las autoridades más destacadas en materia de deforestación en el bosque tropical más grande del mundo