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08-12-2016 : Informe

Cómo puede ayudar el rastreo del origen de los productos a salvar los bosques del mundo

Cada vez son más las empresas mundiales que se comprometen a obtener productos básicos clave únicamente procedentes de fuentes que no contribuyen a la deforestación. Ahora, grupos sin ánimo de lucro están implementando herramientas de datos que ayudan a estas empresas a mantener sus promesas gracias al rastreo del origen de los productos, desde la soja o la madera hasta la carne de vacuno.

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Ulet Ifansasti/Greenpeace

Bosques preparados para las plantaciones de aceite de palma en el centro de Kalimantan, Indonesia.

Me encontraba a solo 20 minutos de vuelo, tierra adentro desde la costa norte de Borneo, pero el cambio en el paisaje desde mi anterior viaje, 20 años atrás, en la misma ruta fue sorprendente. La última vez era todo selva. Pero en noviembre del 2016 los árboles habían desaparecido. Casi todo el camino entre Miri, una ciudad portuaria en el estado malasio de Sarawak, y la remota ciudad de Marudi en el interior estaba formado por rectángulos llenos de plantaciones de aceite de palma.

¿Quién es el culpable de esta transformación? ¿Es mi pote de margarina o tu frasco de cosméticos elaborados a partir del aceite de palma que crece allí? Y, si lo supiésemos, ¿podríamos poner fin a la continua carnicería tropical?

La semana anterior había estado en Marrakech, en la conferencia sobre el cambio climático de la ONU, donde las ONG lanzaron un nuevo intento para responder a estas preguntas, anunciando el primer sistema mundial de rastreo ecológico de los productos que impulsan la deforestación de los bosques tropicales, de Borneo a Brasil y del Congo a Camboya.

Trase (Transparencia para una economía sostenible, del inglés Transparency for Sustainable Economies) es la creación del Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI) y del Global Canopy Programme (GCP) británico. “Durante los próximos cinco años, aspiramos a cubrir más del 70 por ciento de la producción total en la mayoría de los productos que ponen en riesgo los bosques, poniendo por primera vez al descubierto los flujos de los productos que se comercializan mundialmente y que son responsables de la deforestación”, comenta Toby Gardner, investigador del SEI al frente del proyecto.

Gardner confía en que gracias a la transparencia se rindan cuentas. Y si los deforestadores son responsables, espera que se detengan o que alguien los obligue a parar.

Actualmente la amenaza que recae sobre las selvas tropicales por culpa del comercio internacional de productos agrícolas supera con creces a cualquier otra. Al menos dos tercios de la deforestación se reducen a unos pocos productos básicos esenciales —aceite de palma, soja, madera, papel y pulpa de madera, carne y cuero— de acuerdo con Forest 500, un programa del GCP que clasifica las empresas y otras entidades de acuerdo con sus progresos en cuanto a las cadenas de suministro libres de deforestación. “Todos formamos parte de la economía de deforestación”, indica Forest 500 en su sitio web.

Según un estudio realizado por el proyecto sin ánimo de lucro Carbon Disclosure Project publicado este mes, el cultivo, comercio, fabricación y venta de estos productos representa casi un billón de dólares en ingresos en un año para las empresas.

Bajo la presión de los consumidores y de los inversores para desvincular sus cadenas de suministro de esta destrucción, algunas empresas se han comprometido a cumplir con las cadenas de suministro libres de deforestación. Docenas de ellas se comprometieron, en la Declaración de Nueva York sobre Bosques, en el 2014, a reducir a la mitad la deforestación hasta el año 2020 y a eliminarla hacia el 2030. Y los más de 400 miembros del Consumer Goods Forum —liderados por multinacionales de gran consumo de materias primas como Unilever, Walmart y Procter & Gamble— fueron más allá y se comprometieron a eliminar la deforestación hasta el 2020.

Las grandes empresas, dispuestas a cumplir sus promesas, admiten que no saben qué pasa en los bosques.

¿Sabían lo que estaban haciendo? Para tener alguna esperanza de conseguir tal objetivo, debían saber cómo es su cadena de suministro. Pero incluso las grandes empresas que quieren cumplir sus promesas, como Unilever, admiten que desconocen a sus propios proveedores y lo que sucede en los bosques.

Seguramente no todo el mundo se creerá el argumento de la ignorancia. Pero Gardner insiste en que es verdad. Por ejemplo, Indonesia tiene más de 2 millones de pequeños agricultores que generan aproximadamente un 40 por ciento de la producción nacional de aceite de palma. En cualquier caso, Gardner dice que Trase se desarrolló como respuesta directa a los compromisos de Nueva York de cubrir la falta de información —para las empresas, pero también para aquellos que quieren obligar a las empresas a asumir su responsabilidad. Gardner lo llama “transparencia radical”.

Varias ONG han emprendido esfuerzos sistemáticos para seguir la huella ecológica de los principales comerciantes y procesadores de materias primas. Entre ellos se incluyen, por ejemplo, el Carbon Disclosure Project y la inciativa Behind ther Brands de Oxfam para las empresas alimentarias. Katie McCoy, jefa de asuntos forestales para el Carbon Disclosure Project, ve la “trazabilidad” como la clave para fomentar la sostenibilidad. “Las empresas… realmente deben implicarse con mayor rigor con su cadena de suministro”, comenta.

Los optimistas esperan que pronto se establezca la norma en el mundo corporativo. Los inversores la reclaman ya que, según James Zhan, un funcionario de la UNCTAD, organización sobre el comercio y desarrollo de las Naciones Unidas, “los analistas ven cada vez más posible una correlación positiva entre el rendimiento sostenible y un rendimiento financiero sólido”. Este mes, la UNCTAD informó de que 38 mercados bursátiles de todo el mundo ya disponían o estaban en proceso de introducir normas de responsabilidad en materia de sostenibilidad.

Algunas empresas se han mostrado decididas a controlar sus cadenas de suministro. Entre ellas se encuentra Danone, una de las mayores empresas de productos lácteos del mundo. “La transparencia es el primer y mayor paso para emprender el desafío de eliminar la deforestación de nuestra cadena de valor”, me comentó en Marrakech Lucas Urbano, director del área de sostenibilidad de Danone. Él ve que Trase “se aleja del juego de las acusaciones recíprocas, para iniciar un debate práctico sobre problemas y soluciones”.

Entonces, ¿qué trata de hacer exactamente Trase? El objetivo es hacer un seguimiento de cadenas de suministro complejas aprovechando los datos públicos disponibles como los recibos de embarque, las declaraciones de las empresas o los registros aduaneros y fiscales, junto con información publicada por las empresas de transporte, almacenes, refinadores, productores y comerciantes y superponer los mapas de la geografía de la producción y el comercio con los mapas de la geografía de la deforestación. Entonces se podrá ver quiénes son los culpables y avergonzarlos para que pongan fin a sus acciones.

La primera cadena de suministro en el punto de mira de Trase es la soja procedente de Brasil. La soja es uno de los productos internacionales más comercializados del mundo. Brasil produce alrededor del 30 por ciento de la cosecha mundial, y exportó 73 millones de toneladas el pasado año, más que cualquier otro país. En un mundo con un rápido aumento de la demanda de carne y de productos lácteos, la soja es una fuente esencial de alimento para animales de granja, y en ningún lugar más que en China, que se lleva más de la mitad de las exportaciones de Brasil, 43 millones de toneladas el pasado año.

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Un mapa con los datos de Trase muestra los orígenes de las exportaciones de soja del Cerrado en Brasil.

Foto: Trase

Hasta ahora, muy interesante. Pero ese nivel de detalles en los datos no es suficiente para alguien que esté interesado en el impacto ambiental de dichos comercios. Una parte de la soja de Brasil se produce de manera sostenible; pero la mayoría no. Gardner quiere conocer con exactitud el origen de la materia, y cómo era la tierra antes de que sembraran la soja.

“Los datos de la cadena de suministro están ahí. Nosotros simplemente los juntamos”, comenta Sara Lake, del Global Canopy Programme. “Por ejemplo, los documentos del puerto detallarán que Cargill está exportando un cargamento de soja que procede del estado brasileño de Mato Grosso. Con los datos de la titularidad de los silos de soja en ese estado, podremos conseguir otros datos sobre el comercio para delimitar el origen de la soja a un municipio en concreto.”

En total, Trase ha rastreado 320.000 cadenas de suministro de soja únicas en Brasil, que implican a más de 400 empresas, docenas de puertos y centenares de importadores, todos vinculados a uno de los 2.000 municipios aproximadamente que cultivan soja, y cada uno de ellos con su propia historia ecológica. Los datos todavía son incompletos, confiesa Gardner, “pero ahora podemos empezar a vincular los agentes específicos a la deforestación. Partimos de una cadena de suministro de soja y acabamos en una cadena de suministro causante de la deforestación”.

La primera conclusión es que el Amazonas, considerado desde siempre el mayor blanco de la deforestación, ya no es la principal preocupación en Brasil. Una moratoria entre muchos productores y comerciantes de soja de zonas deforestadas del Amazonas ha reducido de forma espectacular la deforestación en esta región. “La frontera de la soja se sitúa ahora fuera del Amazonas”, indica Lake. La expansión de la soja está ahora en la región del Cerrado del país, una matriz de bosques y praderas que ocupa un ancho cinturón en la parte sur y este de la selva del Amazonas.

Una parte importante del sur del Cerrado ha sido arado. Se han conseguido miles de millones de dólares gracias a los reyes de la soja como Blairo Maggi, en el estado de Mato Grosso. Pero no se puede hacer mucho más daño ecológico. Hoy la frontera de la soja, donde se están despejando nuevas tierras ricas en biodiversidad para producir más cultivos, se sitúa en el noreste de Brasil, una zona conocida como Matopiba, que abarca los estados de Maranhao, Piauí, Tocantins y Bahía.

Un informe del 2016 seguía señalando la industria ganadera como “el principal causante de la deforestación”.

“Podemos ver, en las imágenes de satélite y en los datos obtenidos por detección remota, dónde se produce la deforestación y, a partir de los datos que tenemos de la cadena de suministro, podemos identificar a los comerciantes de materias primas que operan en ese espacio”, dice Lake. Trase ha identificado el municipio con mayor pérdida de bosque por culpa del cultivo de soja. Se trata de Baixa Grande do Ribeiro, en el estado de Piauí, donde los principales comerciantes, Cargill y Bunge, se erigen como los mayores compradores.

Con muchos grandes comerciantes —incluyendo Cargill y Bunge— comprometidos con la deforestación cero, el siguiente paso es desvelar si esas promesas son falsas o verdaderas. Las señales no son tan buenas. “Estamos descubriendo que, cuando te acercas al mínimo detalle, los compromisos de la mayoría de las empresas solo se aplican en el Amazonas —no en el Cerrado, aunque tiene muchas zonas boscosas, así como praderas”, comenta Lake. “Esas mismas empresas que compraban soja de la deforestada Amazonia la compran ahora en los nuevos territorios arrebatados al Cerrado para el cultivo de soja”.

Por ejemplo, Cargill y ADM, otro gran operador comprometido con la deforestación cero, operan en los municipios donde 72.400 hectáreas de deforestación están “específicamente vinculadas a la expansión de la soja en el Cerrado”, según el análisis Trase, lo cual no significa necesariamente que sean responsables de la deforestación, pero plantea interrogantes acerca de su papel en la expansión de la soja. Estas son cuestiones que, gracias a los nuevos datos, tanto las organizaciones no gubernamentales como las mismas empresas pueden abordar.

Los organismos reguladores del gobierno también podrían utilizar esa información en el futuro. La Unión Europea está estudiando un plan de acción sobre la deforestación contra productos agrícolas involucrados en la deforestación desde los mercados europeos. La aprobación de este plan es urgente. Quizás Europa está bien vista por su preocupación por el medio ambiente, comenta Lake, “pero nuestro análisis muestra que el impacto de la deforestación de la UE por el cultivo de soja en el Cerrado, Brasil, es tan grande como el que provoca China, del que se habla mucho más”.

¿Qué es lo siguiente? Durante el año 2017, Trase tiene previsto iniciar el rastreo de la soja procedente de países vecinos de Brasil, Argentina y Paraguay. Los objetivos serán conocidos. Oscar Rodas, del grupo medioambiental Guyra Paraguay, comenta que cuando se intensificaron las regulaciones sobre el cultivo de soja en el Amazonas hace una década, muchas empresas brasileñas cruzaron ilegalmente la frontera y empezaron la tala de bosques en Chaco, Paraguay.

Lo siguiente es la carne de vacuno. Forest 500, en su informe del 2016, señalaba que la industria ganadera seguía siendo “la principal causante de la deforestación”; solo el 16% de las empresas encuestadas poseían políticas para evitar que la carne de vacuno procediera de pastos recién deforestados.

Después de esto, Gardner se centrará en las plantaciones de aceite de palma, primero en Indonesia, después en Malasia, y quizá seguirá después por la nueva frontera de la cosecha, en África. Mientras que Indonesia está dispuesta a cumplir con la trazabilidad, Malasia será un hueso más duro de roer, según Lake, especialmente el estado hermético de Sarawak.

Lo recordaba mientras sobrevolaba las extensas plantaciones de aceite de palma de Sarawak. Es demasiado tarde para Sarawak. Los bosques que una vez cubrieron este estado han desaparecido. Pero las empresas de aceite de palma de Malasia se expanden ahora por África, donde los datos sobre quién es el responsable del desmantelamiento de las selvas tropicales son difíciles de conseguir. Parece que se sigue un patrón aquí. Pero si Trase consigue romper las cadenas de suministro de esas empresas, quizás entonces podremos salvar los bosques de África.

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Fred Pearce

ACERCA DEL AUTOR
Fred Pearce es un periodista y escritor autónomo asentado en Reino Unido. Colabora como consultor medioambiental para la revista New Scientist y es el autor de numerosos libros, como When The Rivers Run Dry y With Speed and Violence. En sus artículos anteriores para Yale Environment 360, Pearce abordó la cuestión de cómo los pueblos indígenas están usando la tecnología GPS para proteger sus tierras y sobre la promesa de una agricultura climáticamente inteligente“.