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17-10-2017 : Artículo

Cómo los grandes proyectos hidrológicos han ayudado a desencadenar la crisis migratoria de África

Los grandes proyectos de presas y de irrigación están secando los humedales que sustentan la vida en la árida región del Sahel africano. El resultado ha sido una ola de refugiados medioambientales con miles de personas que huyen, muchas de ellas en barcos, hacia Europa

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El humedal de Hadejia-Nguru fue una vez una gran mancha verde en el límite del Sahara, al noreste de Nigeria. Más de 1,5 millones de personas vivían pescando en sus aguas, pastando el ganado en sus pastizales húmedos y regando sus cultivos gracias a su compleja red de canales y lagos naturales. Más tarde, en la década de 1990, el gobierno nigeriano finalizó dos presas que en conjunto retuvieron el 80% del agua que desembocaba en el humedal.

El objetivo era abastecer de agua Kano, la ciudad más grande del norte de Nigeria. Pero las dos presas dejaron secas cuatro quintas partes del humedal, destruyendo su abundancia natural y el modo de vida que se había organizado a su alrededor. Actualmente, muchas de las personas que perdieron sus medios de subsistencia viven en Kano, se han unido al grupo terrorista islámico Boko Haram —que está aterrorizando al noreste de Nigeria— o han pagado a los traficantes de seres humanos para que los lleven a Europa.

Durante los últimos tres años, Europa se ha visto convulsionada por una crisis de inmigrantes, algunos procedentes de Siria y del destruido Oriente Medio por la guerra, pero también por cientos de miles procedentes de la árida región del Sahel africano, entre los que se encuentran Nigeria, Mali y Senegal. Huyen de la pobreza y de la desintegración social causadas por grupos insurgentes como Boko Haram. Pero los ecologistas y otros grupos de la región afirman que detrás de este caos social se esconde una mala y grave gestión del agua en la región expuesta a la sequía.

Las grandes presas, destinadas a desarrollar económicamente la zona del Sahel, están provocando el efecto contrario. Al bloquear los ríos, se están secando los lagos, las llanuras aluviales y los humedales de los que dependen muchos de los habitantes más pobres de la región. El resultado final ha sido que cada vez más jóvenes se ven empujados a arriesgar sus vidas para abandonar la región.

Se estima que la presa de Manantali ha causado la pérdida del 90% de la industria pesquera y de hasta 618.000 hectáreas que antes estaban cubiertas por agua

El año pasado, con Wetlands International, una ONG dedicada al medio ambiente con sede en los Países Bajos, visité el valle del río Senegal, que forma la frontera entre Senegal y Mauritania. Agricultores, pastores y pescadores relataron sus batallas contra la degradación ecológica que siguió a la construcción de la presa de Manantali, situada río arriba en Mali y que se finalizó en 1987. La presa retiene una gran parte del caudal de crecida estacional del río para generar hidroelectricidad para las ciudades y abastecer de agua de riego a algunos agricultores. Pero esto ha conllevado más perdedores que ganadores.

Seydou Ibrahima Ly, profesor en la aldea de Donaye Taredji, en el distrito de Podor, explicaba que cuando era joven, “el caudal del río inundaba los humedales donde crecían los peces”, pero “ahora no hay tal inundación debido a la presa… En comparación con el pasado, no hay muchos peces. Nuestros abuelos pescaban mucho, pero nosotros no”. Sin sus medios de vida, más de 100 personas han abandonado la aldea, dijo. “En algunos pueblos, se han ido casi todos.”

“Las personas que emigran saben que los barcos [que viajan a Europa] son peligrosos, pero están decididos a ir en busca de una vida mejor”, comenta Oumar Cire Ly, jefe adjunto del pueblo vecino de Donaye, que también ha vivido el éxodo de sus jóvenes.

Burros en una zona seca del delta interior del Níger, en Mali. FRED PEARCE/YALE E360

Antes los agricultores sembraban sus cultivos en los suelos húmedos cuando las aguas retrocedían. Los pastores dejaban a sus animales pastando donde los bosques y la vida silvestre florecían. Pero se estima que la presa y sus proyectos relacionados provocaron la pérdida del 90% de la industria pesquera y de hasta unas 250.000 hectáreas de campos que antes estaban cubiertos por el agua del río durante la estación húmeda, un sistema de riego natural conocido como agricultura tras la retirada de las inundaciones periódicas.

La Organización para el Desarrollo del Río Senegal —organismo intergubernamental responsable del proyecto de la presa conocido con el acrónimo francés OMVS— admitió en 2014 que la pérdida de la crecida anual del río “ha provocado que los cultivos y la pesca en la llanura tras la retirada de las inundaciones sean más precarios, lo que hace que los sistemas de producción rural del valle medio sean menos diversificados y, por lo tanto, más vulnerables”.

Sin embargo, Amadou Lamine Ndiaye, director de medio ambiente y desarrollo sostenible de la OMVS, me comentó que su organización consideraba que los humedales, como las llanuras inundables, eran principalmente una fuente de ingresos para los turistas, más que el sustento para las comunidades rurales.

Hasta un millón de nigerianos han perdido sus medios de subsistencia por culpa de las presas que una vez alimentaron un humedal que desembocaba en el lago Chad

Peor aún es la crisis que afecta a la región existente alrededor del lago Chad, que hasta hace medio siglo era el cuarto lago más grande de África, que cruzaba la frontera que separa Nigeria, Níger, el Chad y Camerún. El lago ha perdido más del 90% de su superficie desde entonces. Inicialmente, esto era debido en gran medida a las persistentes sequías en el Sahel, que a menudo secaban los ríos que le aportaban agua. Desde 2002, las precipitaciones han sido notablemente más abundantes, pero el lago Chad no se ha recuperado, lo cual es culpa de las presas de los ríos que desembocan en el lago desde el sur más húmedo, principalmente en Camerún y Nigeria. La presa de Maga, en Camerún, ha desviado el 70% del caudal del río Logone hacia las explotaciones de arroz, lo que ha conllevado que parte de los pastizales de la llanura aluvial que una vez sustentaron a 130.000 personas se secaran, y ha reducido drásticamente la afluencia al lago Chad.

En el norte de Nigeria, hasta un millón de personas han perdido sus medios de subsistencia por culpa de las presas en el río Yobe, que una vez alimentó el humedal de Hadejia-Nguru y desembocaba en el lago Chad. En ambos casos, indica Edward Barbier, economista ambientalista de la Universidad Estatal de Colorado (Colorado State University), las presas han tenido un efecto total negativo en las economías locales, ya que las pérdidas que han sufrido pescadores, pastores y otros colectivos han sido superiores a las ganancias procedentes de la agricultura de riego.

Principales humedales y cuencas hidrográficas de la región del Sahel, en África. WETLANDS INTERNATIONAL

La pobreza está impulsando la crisis social y el conflicto alrededor del lago. Hace dos años, Mana Boukary, funcionaria de la Comisión de la Cuenca del Lago Chad, un organismo intergubernamental, comentaba en Deutsche Welle: “Los jóvenes de la cuenca del lago Chad se unen a Boko Haram por culpa de la falta de empleo y las difíciles condiciones económicas consecuencia del desecamiento del lago”.

El coordinador humanitario de la ONU para la región del Sahel, Toby Lanzer, comentó en una cumbre Unión Europea-África que todo ello también estaba impulsando la migración: “La búsqueda de asilo, las crisis de refugiados, las crisis medioambientales, la inestabilidad que siembran los extremistas —todas estas cuestiones convergen en la cuenca del lago Chad”.

Una auditoría del gobierno nigeriano de la cuenca del lago en el 2015 le dio la razón. Concluyó que “la falta de coordinación en la retención y extracción de agua río arriba” se situaba entre los factores que habían “creado una alta competencia por la escasez del agua, lo que había provocado conflictos y migraciones forzadas”. Más de 2,6 millones de personas han abandonado la región del lago Chad desde mediados del 2013, según la Organización Internacional para las Migraciones.

En su mayor extensión, los humedales cubren una décima parte del Sahel, la región árida que se extiende a lo largo de unos 5.472 quilómetros a través del norte de África, justo al sur del desierto del Sahara. Son paraísos naturales, especialmente notables por su avifauna. El delta interior del Níger en Mali, por ejemplo, es una de las paradas estacionales más importantes del mundo para las aves migratorias, ya que cada invierno alberga alrededor de 4 millones de aves acuáticas procedentes de Europa. Además, estos humedales son una fuente de alimentación para los pobres de la región y la principal fuente de productividad económica de la región fuera de la corta estación húmeda, de junio a septiembre.

A menudo se señala a los humedales desecados como causantes del cambio climático, cuando la causa real suele ser una mayor interferencia humana en los caudales de los ríos

Sin embargo, el declive de los humedales y las consiguientes consecuencias sociales y económicas siguen siendo una historia en gran medida desconocida. Esto se debe en parte a que los humedales secos son acusados, a menudo y con frecuencia erróneamente, del cambio climático, cuando la verdadera causa suele ser una interferencia humana más directa en los caudales de los ríos. También se debe en parte a que muchos organismos de desarrollo todavía piensan mayormente en las presas como un desarrollo de infraestructura que fomenta la actividad económica y la riqueza, en parte porque muchos grupos medioambientales se concentran en los impactos ecológicos de los humedales secos, mientras ignoran las consecuencias humanas.

En este clima de ignorancia, hay más humedales amenazados. La próxima víctima probablemente sea el delta interior del Níger, un humedal situado en el norte de Mali que cubre un área del tamaño de Bélgica. El delta se forma donde el río más grande de África Occidental, el Níger, se extiende por el desierto llano cerca de la antigua ciudad de Timbuktu.

El delta es un imán para las aves acuáticas migratorias europeas. Actualmente es también una de las zonas más productivas de uno de los países más pobres del mundo. Proporciona el 80% de los peces y pastos de Mali para el 60% del ganado vacuno del país, genera el 8% del PIB de Mali y sustenta a 2 millones de personas, el 14% de la población, comenta el hidrólogo holandés Leo Zwarts. Sus peces se exportan a África Occidental desde Mopti, una ciudad comercial situada a orillas del delta.

En los últimos años, el gobierno de Mali ha estado desviando agua del río Níger en la presa de Markala, justo río arriba del delta, para irrigar campos desérticos de cultivos sedientos como el arroz y el algodón. Estas desviaciones han reducido el área del delta inundada anualmente hasta en un 7%, indica Zwarts, causando la disminución de bosques, zonas pesqueras y pastos. Como resultado de ello, algunas personas han abandonado el delta, aunque no está claro si han sido los malienses que, según se informa regularmente, se encuentran en barcos de emigrantes que se dirigen de Libia a Italia.

La presa de Markala en Malí, que desvía agua del río Níger para regar cultivos como el de arroz y el de algodón. FRED PEARCE/YALE E360

Pero este goteo de gente del delta pronto podría derivar en una avalancha. En julio de este año, Guinea, la vecina de Malí aguas arriba, anunció la autorización a empresas chinas para construir una nueva presa hidroeléctrica gigante, la presa Fomi, en las cabeceras del río. Su construcción podría empezar ya en diciembre.

La operación de la presa Fomi reemplazará el pulso anual de inundaciones que sostiene la fecundidad del humedal con un flujo más regular que el gobierno de Mali pretende aprovechar para triplicar el riego planeado a lo largo del río. Wetlands International estima que el impacto combinado de la represa y los esquemas de irrigación podrían reducir las capturas de peces y pastos en el delta en un 30%.

“Menos cantidad de agua desembocando en el delta significa un menor nivel de inundación y una menor extensión inundada”, indica Karounga Keïta, de Wetlands International en Mali. “Esto tendrá un impacto directo en la producción de alimentos, incluyendo peces, ganado y arroz flotante.” Teme que el resultado inevitable sean nuevas migraciones humanas, lejos del humedal.

Los eslabones de la cadena que van desde la manipulación del agua, pasando por la salud de los humedales, hasta la desintegración social y la migración internacional son complejos. La pérdida de humedales no es ciertamente la única razón del éxodo humano del Sahel. La migración es una estrategia de supervivencia a largo plazo para las personas que viven en una región de extrema variabilidad climática.

Pero el lamentable estado de los humedales del Sahel está cambiando la región. En el pasado los humedales eran refugios en tiempos de sequía o conflicto. Eran seguros, y el agua persistía incluso en las peores sequías. Pero hoy, con sus aguas en retroceso, estos humedales se han convertido en fuentes de emigración. Ahora, las migraciones que antes eran temporales y locales son ahora permanentes e intercontinentales.

El viaje del autor a Senegal para escribir este artículo contó con el apoyo de Wetlands International.

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Fred Pearce

ACERCA DEL AUTOR
Fred Pearce es un periodista y escritor autónomo asentado en Reino Unido. Colabora como consultor medioambiental para la revista New Scientist y es el autor de numerosos libros, como When The Rivers Run Dry y With Speed and Violence. En sus artículos anteriores para Yale Environment 360, Pearce abordó la cuestión de cómo los pueblos indígenas están usando la tecnología GPS para proteger sus tierras y sobre la promesa de una agricultura climáticamente inteligente“.